Acoso a clínicas de aborto: Una realidad persistente en España

27.10.2025

En España, a pesar de la legislación destinada a proteger a las mujeres que desean abortar, el acoso a las clínicas de interrupción del embarazo persiste. Este fenómeno, lejos de disminuir, se ha sofisticado y fortalecido, afectando directamente a la libertad y la seguridad de las mujeres.

La sofisticación de la red de acoso

La red de acoso contra la Clínica Dator, en Madrid, se ha sofisticado, a pesar de que el actual Gobierno endureció las penas contra quienes presionen a las mujeres que quieran abortar. La forma de operar de los rescatadores del conocido médico antiabortista Jesús Poveda se ha sofisticado mucho desde aquel lejano 2011 en el que empezaron a acudir a la puerta de la clínica todos los sábados. Ahora se puede hablar de una red de acoso.

Se trata de una red de hasta cinco locales comerciales reconvertidos en sedes de una estrategia antiabortista: El refugio Provida, Mi primera ecografía, Red Madre, La Fundación Madrina y La Asociación de Ayuda a la Mujer Embarazada. De esa manera, creen eludir la ley porque ya no están en la calle acosando, están en locales legalmente adquiridos o alquilados. El resultado es que pueden seguir tratando de interceptar a las mujeres que están a punto de entrar exactamente igual que han hecho siempre.

“Si yo me paro enfrente de mi local, como lo hace Telepizza, a distribuir mi folleto, no me pueden decir nada”, argumenta Poveda.

El caso de la Clínica Dator

En una esquina del distrito madrileño de Tetuán se ubica la clínica Dator, la primera acreditada en España para la interrupción voluntaria del embarazo. Su entrada, flanqueada por dos hileras de setos en la planta baja de un edificio, fácilmente pasaría desapercibida por cualquier viandante que rondara la zona porque en la fachada, oscura y discreta, únicamente figura un letrero con el nombre y el logo del centro sanitario. No hay alusiones a la especialidad ni carteles, más allá del que recuerda el uso obligatorio de mascarilla y el que indica que hay cámaras de videovigilancia.

Lea también: ¿Cómo actuar ante el acoso escolar?

Puro contraste con el local que se encuentra justo en la esquina de enfrente y que acapara, intencionadamente, todas las miradas; un espacio que ha sido bautizado como 'refugio provida'. El frontispicio de esta segunda nave, que está pintado de un llamativo rosa fucsia, lanza, ya desde lejos, algunos mensajes dirigidos a las embarazadas que puedan llegar hasta Dator. El que más se repite a lo largo y ancho de la fachada es este: "El aborto no es la única opción", aunque quizá el más punzante sea este otro que acompaña a la fotografía gigante de un bebé: ¿Te vas a perder mi sonrisa?

Se puede deducir sin esfuerzo cuál es la principal meta del "refugio": contener a las mujeres que lleguen al barrio con idea de parar su embarazo. Pero lo cierto es que el local funciona también como punto de encuentro y centro de operaciones para los grupos que se movilizan por las calles y frente a las clínicas abortivas.

La clínica Dator es considerada el buque insignia del aborto en España. Por eso, estos grupos antiabortistas, según ellos mismos explican, han creado esta red Provida a su alrededor. El centro médico se encuentra en la Calle Hermanos Gárate y a 30 metros, sobre la Calle Pensamiento, está el refugio ProVida en donde llevan a las mujeres que logran parar en primera instancia. A 180 metros está el local de Mi primera ecografía, donde las convencen de ir para que escuchen el latido del corazón. La fundación Red Madre, a 180 metros en otra dirección, trabaja de la mano con asociaciones provida en toda España. A 300 metros, en la Parroquia Santa Micaela se encuentra la Asociación de Ayuda a la Mujer Embarazada, en donde todos los jueves enseñan a las jóvenes a planchar, limpiar y cocinar para que puedan conseguir trabajo como empleadas domésticas y tener a sus hijos. Por último, la más lejana, pero también la más importante, a 500 metros, la Fundación Madrina presta atención a las mujeres en situación de vulnerabilidad.

“Me siento muy orgulloso de haber creado esta red en todos estos años”, dice Poveda mientras hace el recorrido por el barrio. Cada local tiene diferentes dueños y formas de financiación, pero comparten un objetivo en común: acabar con el aborto en España.

La ley y su ineficacia

Como respuesta, hace un par de años el Gobierno promulgó la Ley Orgánica 4/2022, que modifica el Código Penal para castigar precisamente este tipo de actos callejeros. Esta preveía penas de cárcel de entre tres meses y un año para quienes acosaran a las mujeres que pretenden abortar. Sin embargo, más de dos años después de su entrada en vigor, poco ha cambiado.

Lea también: Precios de tratamientos de fertilidad

Las mujeres que acuden a abortar siguen teniendo que atravesar su particular tortura, que se añade a dificultades como que pocos médicos se presten en los hospitales públicos españoles a realizar esta intervención: no da prestigio y puede levantar ampollas entre compañeros que sean creyentes, así que, ante la duda, cada vez hay más objetores de conciencia. Mientras, alrededor de las clínicas de interrupción del embarazo, los antiabortistas han refinado sus métodos para esquivar una ley bienintencionada pero, por ahora, ineficaz.

El Tribunal Constitucional (TC) ha avalado en una sentencia la reforma del Código Penal que penaliza el acoso a las mujeres que acuden a las clínicas a interrumpir de forma voluntaria su embarazo, aprobada en 2022 con los votos en contra de PP y Vox. ¿Por qué Vox recurrió? Según el partido, el texto no era lo suficientemente preciso, y por tanto impedía identificar claramente a los destinatarios de la norma y las conductas penalmente perseguibles. La sentencia rechaza todas las impugnaciones.

¿Qué dice la norma? La ley orgánica que modifica el Código Penal castiga a aquellas personas que comentan «actos molestos, ofensivos, intimidatorios o coactivos» que «menoscaben la libertad de las mujeres».

La Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI) denuncia que la norma no está funcionando y que los grupos 'provida' siguen rondando clínicas de diferentes puntos del país. Hablan de un "acoso" que es frecuente en ciudades como Sevilla, Málaga, Albacete o Madrid y que es especialmente intenso en la clínica Dator por su implicación pionera e histórica en la defensa del aborto voluntario, que es tanto un derecho como una prestación sanitaria que forma parte de la cartera de Servicios de la Sanidad Pública.

Según datos de ACAI, un informe elaborado en 2018 con entrevistas a 300 mujeres que acudieron a abortar a varias clínicas de toda España mostraba que un 89 % de las mujeres que acudieron a abortar se habían sentido acosadas y un 66 % amenazadas. Miles de mujeres, se han visto increpadas, insultadas, coaccionadas o amenazadas de algún modo, explica ACAI en su informe. Estos grupos organizados abordan a las mujeres con fotografías, fetos de juguete y proclamas contra el aborto antes de que entren en la clínica. El objetivo es que las mujeres modifiquen su decisión a través de coacciones, intimidación y hostigamiento.

Lea también: Clínicas de fertilidad dominicanas: ¿Cuál elegir?

Testimonios y tácticas de acoso

El sábado, a eso de las 10 de la mañana, Daniela, de 18 años, se acerca a la puerta de la Clínica Dator: tiene una cita para interrumpir su embarazo. Unos metros antes de llegar a la puerta se acercan a ella dos hombres con un folleto en la mano que dice: “El aborto no es la única opción”. Estos antiabortistas forman parte de los autodenominados rescatadores, un grupo liderado por el médico y profesor Poveda, de 65 años. Según el manual con el que operan, su deber es interrumpir el paso de las mujeres que acuden a la clínica y convencerlas de no ejercer su derecho a la interrupción del embarazo.

Las preguntas se suceden de inmediato. ¿Cómo te llamas? ¿Qué necesitas para no abortar? ¿Estás segura de lo que vas a hacer? ¿Cómo te podemos ayudar para que no lo hagas? La mujer, al verse abrumada, les explica que es extranjera, que ni sus padres ni su pareja la apoyan con el embarazo y que no sabe qué hacer. Cada día, desde tiempos inmemoriales, todas las mujeres que acuden a este tipo de clínicas deben atravesar este acoso organizado.

Después de un rato de preguntas, un grupo de hombres convence a Daniela de ir con ellos a un refugio que Provida tiene a escasos 30 metros de la clínica. Financiado por el grupo ultracatólico Hazte Oír, el establecimiento cuenta con su propia médica. Con ella habla Daniela. El local está pintado de rosa, y un letrero gigante que simula la voz de un niño dice: “¿Te vas a perder mi sonrisa?”. Está lleno de fotos con úteros que representan las diferentes semanas de gestación y de fetos de plástico. Una imagen de una Virgen preside la estancia. Pero, a pesar de la impresionante puesta en escena, Daniela parece seguir convencida de querer abortar. Después de 15 minutos de conversación, la médica llama a Poveda: necesita refuerzos. “Nos pillas en pleno rescate”, se excusa el profesor.

Estos grupos antiabortistas consideran que cada vez tienen más éxito. Un hombre de 28 años que ha parado a la mujer está muy emocionado por lo que acaba de conseguir. Esta es la sexta vez que logra un rescate. “Empecé a venir hace tres años, a rezar con el grupo de 40 días por la vida, y después conseguí el teléfono de Poveda porque quería tener un papel más activo y poder ayudar realmente”, asegura el ingeniero, que sabe que están jugando en el límite de la ley. “Nos estamos exponiendo, pero todo lo hacemos de forma altruista. Tenemos todo esto rodeado”, dice orgulloso mientras que empieza a apuntar a los diferentes locales.

La operación de rescate o acoso, según a quien se le pregunte, tiene varios pasos. El primero está a cargo de los voluntarios: su trabajo consiste en pararse en primera línea de la clínica para impedir a las mujeres entrar. Una vez las logran convencer, deben llevarlas al refugio ProVida y, de ahí, a Red Madre o la Fundación Madrina, que cuentan con la certificación de la Comunidad de Madrid, según indican en la fachada de sus locales, en el madrileño barrio de Tetuán. “Somos como el Samur. Nuestro trabajo es asistir la emergencia y derivar a la mujer al mejor lugar para que le ayuden a tener al bebé”, explica Poveda.

Sonia Lamas, una de las trabajadoras del centro y también portavoz de la Clínica Dator, explica que en las puertas de su lugar de trabajo se vive un acoso diario. “Después del cambio en la ley, nada ha cambiado. El acoso diario es continuo. Estos grupos contrarios al aborto siguen estigmatizando a las mujeres”, dice, y pone un ejemplo de su día a día. “Hace unas semanas, estos grupos estuvieron echando migas de pan enfrente de la puerta de la Clínica para impedir que las mujeres pudieran entrar. Llegaron más de 200 palomas y tuvimos que llamar a la policía. Esto se está convirtiendo en un tema de salud pública”, cuenta. Poveda reconoce que ese día fue él quien echó las migas delante de la clínica esperando precisamente que las palomas llegaran y obstaculizarán el paso.

Los antiabortistas, que se llaman a sí mismos "rescatadores", se despliegan por la zona de manera estratégica y actúan por turnos; varios se quedan en la puerta del "refugio" y otros se sitúan a las puertas de la clínica, de manera que puedan abordar a las pacientes a la entrada o la salida. En un momento, la mujer llegó incluso a perseguir calle arriba a una pareja que salió a toda prisa de la clínica para esquivar al grupo.

"Estas situaciones son incómodas, sobre todo si ya tienes la decisión tomada", cuenta una pareja. "Si ya están ahí enfrente y dan la opción de que si alguien tiene dudas se pueda acercar, no entiendo por qué tienen que venir también hasta la puerta”, opina otra mujer a la salida de su cita médica.

Eva Rodríguez, vicepresidenta de ACAI y directora médica de las clínicas Ginesur (Andalucía), explica en este sentido que el espacio físico es determinante para que haya o no concentraciones. Frente a la clínica en la que ella trabaja, en Sevilla, no se movilizan porque la acera es muy estrecha y no tienen sitio, pero, en cambio, a la Clínica Triana, de la misma ciudad, sí que van porque hay más amplitud. "En la clínica de Córdoba ahora se están poniendo solo dos personas pero son muy insistentes. Se ponen justo en la puerta de la clínica, de manera que las mujeres tienen que atravesarlas a ellas dos necesariamente para pasar. Después les dicen que no aborten, les intentan dar unos 'fetitos' de plástico y un folleto, y les dicen que las van a ayudar a tener el hijo (...) Las mujeres a veces entran bastante nerviosas después de lo que tienen que pasar", explica la doctora.

Una encuesta realizada en 2018 por esta asociación a mujeres que se habían visto afectadas por "acoso antielección" señala que al 73,33% le resultó algo molesto o muy molesto. Entre los testimonios literales que incluye el estudio hay algunos que revelan el estrés que añade a las mujeres la presencia de los antiabortistas en un momento que de por sí puede ser muy duro: “Me han hecho sentir como una asesina, me han dicho que iba a ir al infierno, que estaba matando a mi hijo (el niño venía mal), horrible, no sé si esto es legal”, expresó una mujer en aquel momento. "Me han sermoneado, me han enseñado fotos y me han dicho que aquí dentro mueren mujeres. He querido llorar y marcharme a casa. Entré en la clínica con un ataque de histeria que no se me pasó hasta que no hablé con el personal de la clínica", compartió otra encuestada.

Alternativas y soluciones propuestas

Por su parte, el abogado José Antonio Bosch, especialista en derecho al aborto, explica que “tendría que haber un perímetro o una zona de seguridad para que las mujeres que deciden abortar no se tengan que cruzar con ellos”. Esta medida se aplica en el Reino Unido desde marzo de 2023 en virtud de una Ley de Orden Público: allí, no se puede acosar a las mujeres en un radio de 150 metros. “La petición de establecer un perímetro de distancia es una demanda que las asociaciones por el derecho al aborto llevan años solicitando”, afirma Bosch.

Desde la Asociación de clínicas acreditadas para la interrupción del embarazo (ACAI) aseguran que es imprescindible abordar ministerialmente la no resolución del problema, junto a otros asuntos tan importantes como la falta de formación profesional o los registros de objetores que están procurando una objeción a la carta que vulnera los derechos de las mujeres. “No debemos silenciar ni este ni otros asuntos, ya que podría pensarse que el aborto como práctica sanitaria y como derecho no está en las agendas ministeriales. Legislar no es suficiente, hay que asegurarse de que las leyes funcionan”.

Tal y como está planteada la ley, Bosch ve poco probable alejar a los ‘provida’ de las inmediaciones de las clínicas y cree que, además, se trata de un tipo penal que "difícilmente" va a ser castigable: "Es un delito contra la libertad de la mujer que está dentro del capítulo de las coacciones. En el juicio necesariamente tú tienes que acreditar que esa mujer se ha visto compelida o que se ha vulnerado su libertad, y esa mujer lo último que quiere es ir a un juzgado". Frente a esto, lo que proponen desde ACAI es que se establezca un perímetro de seguridad. "Por ejemplo, que a 50 metros de la clínica tú no puedas ni repartir publicidad ni dar información ni nada. Sería un elemento objetivo que sirve para que intervenga la fuerza pública, porque realmente nuestro interés no es que castiguen a nadie, nuestro interés es que no se produzcan esas vulneraciones", indica el asesor jurídico.

Ambas expertas advierten además de que existen otra vías para actuar. Por ejemplo, a través de ordenanzas municipales, como ocurrió en Málaga donde, a raíz de una reunión entre representantes de ACAI y la delegada de participación ciudadana, la policía local empezó a vigilar el perímetro de Ginesur -lugar habitual de estas concentraciones- y a aplicar varias normativas locales para disuadir o alejar las concentraciones. En concreto, se aplicaban normativas sobre convivencia, movilidad o uso del espacio urbano.

Conclusión

Por ahora, la ley no se cumple en las calles. Daniela ha sido intervenida en su camino y ha perdido su cita para interrumpir su embarazo. Ha vuelto a casa con una cita para ir a buscar ayuda en Red Madre el lunes. “Funcionamos como filtros por los que tienes que pasar antes de poder entrar”, asegura Jorge, de 71 años, que lleva 10 años yendo todos los sábados a la Dator para impedir que mujeres como esta puedan ejercer su derecho. “Vine por primera vez porque Vox hizo una convocatoria y después ya quise volver por mi cuenta a ayudar con el movimiento”, dice.

tags: #acoso #a #clínicas #de #aborto #información

Publicaciones populares: