Placentofagia: ¿Beneficios reales o moda pasajera?
La placentofagia, el acto de comer la placenta después del parto, parece estar ganando popularidad, aunque hay poco apoyo clínico para las mujeres que ingieren su propia placenta tras dar a luz. La placenta es un órgano complejo que actúa como interfaz entre la madre y el feto.
Aunque la placentofagia es un instinto maternal bastante común entre los mamíferos no humanos, la placentofagia humana, comer la placenta para ingerir hormonas es más polémico. Muchos obstetras no recomiendan la placentofagia, defendiendo la teoría de que no aporta beneficios.
Popularidad y testimonios
El protagonismo entre los medios de comunicación ha aumentado y el apoyo de las celebridades parece que está influyendo en la percepción de la gente sobre la placentofagia, y los profesionales entrenados en encapsulación destacan un aumento de demanda por el servicio.
Por ejemplo, la estrella de la serie Mad Men, January Jones admitió haber ingerido su placenta por medio de la encapsulación como método contra la depresión y fatiga, y lo mismo hizo Coleen Rooney tras el nacimiento de su tercer hijo.
Otro indicador de la subida de la placentofagia es el aumento de información disponible en internet. Por ejemplo, una búsqueda llevada a cabo en junio 2012 en Youtube utilizando la frase “encapsulación placenta” dio lugar a 97 resultados. La misma búsqueda llevada a cabo en octubre de 2017 dio 5.340 resultados.
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¿Por qué comen placenta algunas madres?
Este órgano hormonal que alimenta y conecta al feto con su madre se consideraba beneficioso y mágico en algunas culturas antiguas. Hoy en día, incluso, en China, la placenta se vende como un tipo de medicina tradicional, aunque la mayoría de países consideran que se trata de una práctica revulsiva e innecesaria.
William Ober (1979) realizó una investigación antropológica y determinó que, a lo largo de la historia, se le han otorgado a la placenta ciertas propiedades curativas, aunque también es posible que la práctica se realizara en mayor medida en épocas de hambruna.
Investigación y posibles beneficios
La investigación ha reportado beneficios potenciales para la placentofagia en mamíferos no humanos, tales como mejora en la unión entre la madre y la cría, aumento neuroquímico del umbral dolor y mejora del comportamiento maternal.
La placentofagia humana es un campo que se está empezando a estudiar. Investigadores que han estado estudiando placentas desde 2008 añade el médico antropólogo Daniel Benyshek, la estudiante de doctorado Sharon Young y la asistente de profesor graduada Allison Cantor. Con Jodi Selander, fundador de la organización Placenta Benefits, la cual publicó el primer estudio de placentofagia humana que examinó la motivación y experiencias de las mujeres al consumir placenta.
El estudio fue llevado a cabo utilizando los resultados de una encuesta hecha a 189 mujeres mayores de 18 que ingirieron su placenta después de dar a luz. La mayoría de mujeres han declarado la ausencia de efectos negativos al consumir su placenta. Sin embargo, algunas experimentaron un aumento de calambres uterinos y sangrado vaginal, problemas digestivos, sofocos, lactación excesiva, aumento de acidez, manchas en la piel y náuseas.
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Incluso con los efectos negativos sufridos por algunas, 98% de los participantes indicaron que volverían a ingerir la placenta. Con la mayoría de las mujeres informando de los beneficios y pocas sobre los efectos negativos, el estudio indica que esas mujeres habían tenido una experiencia positiva consumiendo su placenta.
Algunos de los beneficios que reportaron las mujeres incluyen: anemia prevenida o curada, recuperación acelerada, apego con el bebé, mejoría de la duración y calidad del sueño.
Sin embargo, los responsables de la encuesta se muestran escépticos sobre este particular. Se nota de lo lindo cuando se preguntan: “¿En qué medida las experiencias subjetivas positivas reportadas por las mujeres en nuestra encuesta van más allá de las relacionados con los efectos del placebo?”. Y también cuando afirman: “Hacen falta más estudios que determinen si los beneficios descritos se extienden más allá del efecto placebo, o están distorsionados por la naturaleza de la muestra estudiada”.
Esto último es una manera fina de decir que, como las mujeres “placentofágicas” lo hacen convencidas de que ello les va a proporcionar beneficios, es posible que omitan cualquier efecto adverso y magnifiquen la experiencia. De hecho, Selander y colaboradores indican que “las mujeres que han participado en nuestra encuesta probablemente representan una muestra sesgada de las madres que han participado en placentofagia, ya que reclutamos a las participantes en sitios de apoyo a esta práctica”.
En consecuencia, no es posible determinar si los beneficios reportados fueron debido al consumo de la placenta o un efecto placebo causado por la creencia de la mujer en que los beneficios ocurrirían. El tamaño del ejemplo y la falta de comparación del grupo también dificulta sacar conclusiones claras.
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Aunque aún falta la evidencia científica en el campo de la placentofagia, muchos afirman que la ingesta de placenta puede prevenir la depresión posnatal. Si esta afirmación es apoyada por evidencia de investigación, los servicios de encapsulación podrían llegar a estar más aceptados y reducir parte del coste del tratamiento de depresión posnatal.
Riesgos y consideraciones
A pesar del hecho de que muchos apoyan los beneficios de la placentofagia, no está claro que su consumo sea una ventaja. Se ha expresado preocupación por el riesgo de contagio de enfermedades tales como SIDA, hepatitis y otras enfermedades transmitidas por la sangre.
La placenta no es estéril y hay elementos como el selenio, cadmio, mercurio y plomo, que junto con bacterias, han sido identificados en tejidos de placenta tras el parto. Se desconocen los posibles efectos adversos de estos elementos en las mujeres que consumen la placenta. Además, un riesgo que no se ha considerado es la seguridad de la placentofagia para los fumadores.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU. Identificaron el riesgo de erradicación inadecuada de patógenos infecciosos durante el proceso de encapsulación.
Vamos a ver: si la placenta filtra y retiene las sustancias nocivas (que lo hace), comérsela no parece lo más sensato, por más “neuroendocrinorestauradora” que sea. ¿Han oído hablar del mercurio, del cadmio, de la acrilamida, de la solanina, de las dioxinas, de los furanos o de las sustancias perfluoroalquiladas? Yo sí. Les aseguro que muchas de dichas sustancias se quedan en la placenta. Eso por no hablar de compuestos presentes en los fármacos que haya podido tomar la madre durante la gestación. Comerse la placenta encapsulada, guisada con patatas o, mucho peor, cruda, es una muy mala idea.
Formas de consumo
La forma en que las mujeres toman la placenta depende de la elección personal: batidos de placenta, cápsulas de placenta (se seca la placenta, se muele y se encapsula), comerla directamente cruda o entera, o bien cocinarla.
Para consumirla en cápsulas, debes consultar con profesionales que refrigeren, deshidraten y muelan la placenta.
Alternativas para preparar la placenta
- Batidos de placenta: Licúa dos o tres trozos del tamaño de una nuez de placenta fresca junto con frutos rojos frescos.
- Batido con papaya y plátano: Mezcla una taza de papaya, un plátano batido, una taza de leche de nueces de almendra, avellana o coco y los dos o tres cubos de placenta congelada.
- Placenta cruda con cebolla: Corta unos trocitos pequeños o tiras de placenta. Lávalos y colócalos crudos en un plato. Después, corta unas rodajas finas de cebolla cruda, que distribuirás por encima de la placenta.
- Placenta guisada: Trocea una patata, una cebolla, una zanahoria, un pimiento, un ajo y otras verduras que sean de tu agrado. Mezcla todos los ingredientes y añade tomate triturado.
Conclusiones
Ninguno de los beneficios reportados de placentofagia está respaldado por evidencia científica. Sin embargo, algunos hallazgos de investigaciones tempranas sobre las experiencias de las mujeres sugieren que puede haber algunos beneficios al ingerir su propia placenta, y existe la necesidad de realizar estudios de investigación controlados para confirmar o refutar las opiniones de estas mujeres.
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