El Árbol de la Vida y el Significado de la Placenta

28.10.2025

La placenta humana, con su bella forma de árbol y sus colores vibrantes, es un órgano prodigioso. Unida a la pared interna del útero y al bebé en formación, representa el estrecho y delicado vínculo materno-fetal asegurando un flujo vital constante, como el árbol que hunde sus raíces en la tierra para nutrir al fruto.

Funciones Esenciales de la Placenta

La placenta desempeña una multitud de funciones esenciales para el desarrollo y la protección del bebé durante el embarazo garantizando la provisión de nutrientes, oxígeno, hormonas, anticuerpos, así como la eliminación de desechos, sin que la sangre de la madre y del bebé se mezclen. Además de las funciones nutricional, pulmonar, endocrina y de evacuación, la barrera placentaria asegura la protección física y biológica del pequeño humano durante su gestación.

La placenta protege al feto en sus membranas (“la bolsa de las aguas”), un envoltorio suave y resistente, a la vez que contiene el líquido amniótico, manteniéndolo estéril y a temperatura constante. Aunque algunos tóxicos como el alcohol, el tabaco o ciertos fármacos logran traspasarla, la placenta resguarda al bebé de gran número de sustancias nocivas y agentes patógenos actuando de filtro. También protege al feto enviando a la madre un mensaje inmunitario para “ocultarlo” de su sistema inmune, neutralizando posibles respuestas de rechazo por parte de anticuerpos maternos.

La placenta vela por la vida del nuevo ser desde su etapa embrionaria y hasta después de su nacimiento, permaneciendo unida a la matriz materna y proporcionando oxígeno y nutrientes no sólo durante el embarazo y el parto, sino también inmediatamente después. Cuando el cordón umbilical no se secciona de inmediato tras el nacimiento, puede seguir latiendo entre cinco y treinta minutos, suministrando un aporte extra de oxígeno al bebé que facilita su adaptación a su nuevo medio aéreo. Además, existe evidencia de que el corte tardío del cordón umbilical previene las deficiencias en hierro durante el primer año de vida del bebé.

Veneración Cultural de la Placenta

La placenta es un órgano único, esencial en la asombrosa formación de cada ser humano. No es de extrañar que sea venerada en muchas culturas y se ritualice la culminación de su labor, a menudo enterrándola junto a un árbol. En países de Asia, como Indonesia o Malasia, también es común honrar a la placenta como un hermano protector del bebé. Esta creencia no está muy alejada de las circunstancias biológicas en que se forma la placenta, pues se separa del primer grupo de células que forma al embrión y crece a la par con él, manteniendo su mismo ADN.

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También los indígenas americanos Quechua y Aymara en el sur, y los Navajo, en el norte, otorgan un carácter sagrado a la placenta. Las palabras que designan a la placenta también pueden evocar esta veneración ancestral: en Islandia es llamada “fylgia” que significa “ángel de la guarda” y para los maori de Nueva Zelanda es “whenua” la misma palabra que designa a la tierra. En nuestro idioma, “placenta” tiene origen grecolatino y significa torta redondeada y plana (y agradable, “placentera”), expresión que comenzó a utilizarse en los primeros tratados de medicina en latín, en el s.

La medicalización del parto ha favorecido que la placenta se considere un desecho orgánico más entre los residuos hospitalarios, e incluso que algunas clínicas se lucren con su venta a laboratorios de cosmética o que se utilicen para operaciones de córnea, dentro del mismo hospital, y muchas veces sin el consentimiento de la mujer. Muchas madres y padres que desean conservar la placenta -o tan solo mostrar agradecimiento tocándola y mirándola unos minutos-, a menudo se encuentran con obstáculos e incomprensión. Afortunadamente, son cada vez más las mujeres que exigen apropiarse de sus partos y también de sus placentas, tanto si dan a luz en casa como en el hospital.

El Árbol de la Vida y la Placenta

¿Conoces la costumbre de plantar un árbol para celebrar el nacimiento de un niño? Te explicamos en qué consiste esa tradición y te descubrimos qué tiene que ver con la placenta. Antes, este órgano incluso se enterraba junto a las raíces del árbol para que fuera especialmente fértil. El nacimiento de tu hijo es un acontecimiento muy importante en tu vida, tu familia crece. ¿Te gustaría plantar un árbol como símbolo de ese cambio? Crecerá junto con tu hijo, echará raíces profundas y se volverá grande y fuerte con el paso de los años.

Antes se solía enterrar la placenta junto al árbol, la placenta es un órgano fascinante con unas ramificaciones que le dan aspecto arbóreo. La placenta proporciona a tu bebé todo lo que necesita desde pocas semanas después de la fecundación y hasta el final del embarazo, desempeña las funciones de los pulmones, el hígado, los riñones y las glándulas endocrinas del bebé y constituye un nexo de unión y al mismo una separación entre madre e hijo. La bolsa amniótica se adhiere a ella formando una cubierta protectora junto con el líquido amniótico. Una vez concluido el alumbramiento, la placenta se desprende lentamente de la pared uterina, que encoge rápidamente, y se expulsa con ayuda de una contracción.

Hasta bien entrado el siglo XIX era normal enterrar la placenta. Una costumbre habitual en todas las épocas y en todo el planeta, hace milenios la placenta de los faraones se conservaba momificada. Durante los miles de años transcurridos antes de que la medicina analizara más a fondo este órgano, su significado se derivó también de su aspecto. Sus finos vasos sanguíneos se ramifican como un árbol de la vida de forma fascinante y enteramente individual. Se ha comprobado que el embrión y la placenta surgen a partir del mismo óvulo fecundado. Puede parecer que la placenta es un órgano materno pero tanto ella como la membrana que la rodea son en un 98 por ciento tejido del bebé y tienen su origen en él.

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Experiencias Personales y Rituales Modernos

Agosto de 2009. Entramos en el hospital con el plan de parto bajo el brazo donde decía, explícitamente, que queríamos que nos dieran la placenta. No conocía mucha gente que lo hubiera pedido pero teníamos claro que no queríamos que lo que había permitido que Laia creciera fuerte y sana dentro de mi vientre terminara en un contenedor. Debía tener un final más digno, después de todo lo que había hecho por nosotros. Y así, esa placenta terminó en el congelador de casa esperando su momento.

Un año después de mi primera contracción de parto, en un lugar del Bages que amamos mucho, mi marido, yo y algunas personas más escogidas cuidadosamente hicimos un ritual de unión, de agradecimiento por ese primer año con Laia con nosotros y de entrega de la placenta a la tierra. 4 años y medio después nacía Lua, tras una cesárea con menos efecto sorpresa y menos carga emocional pero que también me dejó bastante knock out. Y otra vez salía del quirófano habiendo explicitado que la placenta era nuestra y que nos la llevábamos.

Otra vez esperó pacientemente en el congelador de casa hasta llegar su momento, que fue el 31 de agosto, el día de nuestra boda. Una boda que hicimos en el mismo lugar del Bages que tanto ha significado para nosotros y allí, rodeados de familia y amigos nos dijimos «sí quiero» y muchas cosas más. Al final de la ceremonia, enterramos la placenta de Lua al lado de donde enterramos la de Laia. «Hoy, que es un día tan especial e importante para nosotros, también queremos enterrar la placenta de Lua, la placenta que le dio la vida y que le permitió crecer y venir a nosotros.

Y con mi marido, Laia y Lua colgada en la mochila, (los 4), pusimos la placenta donde tocaba y la fuimos cubriendo de tierra. Plantamos la lavanda y la regamos. Nos abrazamos fuerte y (yo y él), lloramos. Os cuento todo esto porque si sabéis nuestra historia con las placentas de nuestras hijas entenderéis lo atónita que me quedo cuando oigo expresiones de asco o de desprecio hacia esta parte de nosotras mismas.

Es más, me gusta celebrar, ritualizar y poner conciencia en los momentos o en los hechos importantes de nuestra vida. Y hacer todo esto que hemos hecho con las placentas para mí ha significado un montón: me han ayudado a ir integrando cada parto, a hacer las paces con todo lo vivido a veces, a palos. Por eso también han sido tan importantes: no sólo porque estas placentas han permitido que nuestras hijas estén hoy aquí. Y todo esto no es poco.

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Rituales con la Placenta Alrededor del Mundo

Hay distintos rituales de placenta que se practican alrededor del mundo porque en estas culturas se les otorga un significado especial. Desde centro energético o chakra a ángel guardian, hay multitud de interpretaciones. En las siguientes líneas quiero mostrar de forma resumida algunos de ellos alrededor del mundo.

La placenta en Chile

Los partos en los pueblos originarios mapuches son asistidos por una partera de la comunidad que hace una “lectura” de la placenta cuando la madre la alumbra. Como decía, una vez envuelta la placenta era enterrada al lado de un árbol nativo o se entierra y se planta un árbol sobre ella. A la vez que se le entrega a la tierra se le agradece haber protegido a la criatura.

La placenta en Costa Rica

En Costa Rica la placenta es envuelta en papel por las parteras y se deposita bajo tierra junto a cenizas de una hoguera. Se piensa que así se protege a la madre.

La placenta en Indonesia

En Indonesia, la placenta es vista como un hermano espiritual del bebé que le protege o ángel guardian. Recordemos que su material genético es idéntico. El cuerpo físico de este “angel” muere pero su espíritu acompaña a esa persona toda su vida para protegera. Por eso se le da ese tratamiento especial que se merece: es bañada en agua de flores y sellada en la cáscara de un coco para ser envuelta en paños sagrados y enterrada en la puerta de la casa junto a oraciones escritas en papel y buenos deseos. Cada luna nueva y luna llena se les realiza ofrendas.

La placenta para la cultura Maorí (Nueva Zelanda)

La palabra maorí que se usa para designar a la placenta es «whenua». Significa “Tierra”. Entierran la placenta porque, tal y como dice la antropóloga Noemí Villaverde Maza “refleja la visión filosófica maorí de que la tierra, al igual que la placenta, proporciona nutrición física, emocional, espiritual e intelectual y satisface todas las necesidades de la humanidad”.

La placenta para la cultura achuar en Perú

Entre los achuar (Perú), la placenta es la casa del niño. Después del parto, la placenta se entierra y se convierte en una forma sin ocupante. La misma antropóloga nos explica que cuando muere el jefe de familia se tienen que mudar de casa todos los habitantes porque el alma de éste también se va para reocupar su placenta bajo tierra (su antigua casa).

La placenta en China

En China se deseca y se procesa para poder ser ingerida. Se usa como parte de su medicina puesto que se le atribuyen propiedades fortalecedoras. De la ingesta de placenta o placentofagia hablaré más adelante.

La placenta en España

A lo largo de toda la geografía española encontramos rituales para la placenta que consisten en enterrarla o lanzarla al mar. Difieren entre sí en el lugar donde se entierra, la forma de hacerlo, el tratamiento previo… Explica que en algunos lugares se envolvía con un paño blanco antes de enterrarla y en otros, en lugar de hacerlo en el huerto o bajo un árbol, lo enterraban junto al montón de basura para que sirviera de abono a la tierra.

En todas ellas hay una cosmovisión donde la placenta es algo mucho más trascendental que algo material. La placenta: árbol de la vida, que ancla sus raíces y alimenta y provee. Eterna compañera en el proceso de crear vida. Como un mandala que nos recuerda que nuestro cuerpo es sagrado y poderoso.

Rituales Modernos con la Placenta

Además de las tradiciones culturales, existen rituales modernos que las familias pueden realizar con la placenta:

  • Nacimiento Lotus: Dejar el cordón umbilical sin cortar hasta que se desprenda naturalmente.
  • Quemar el cordón umbilical con una vela: Ritual simbólico para cortar el vínculo con la placenta de manera menos abrupta.
  • Impresión de la placenta: Crear una huella artística de la placenta en papel o lienzo como recuerdo único.

Impresión de la placenta

Con este órgano, la placenta, que ha sido absolutamente fundamental durante esos nueve meses para garantizar el bienestar del niño, se realiza una impresión en un papel o un lienzo para que su huella quede para siempre. “Es inigualable y única porque es la de ese bebé”, indica Virginia Ceballos, matrona del Hospital Costa del Sol.

Lo primero es limpiar bien la placenta y luego, teñirla. Se pueden utilizar distintos materiales para hacer la impresión, aunque se recomienda que sea un papel grueso, e incluso hay madres, ya advertidas, que se llevan su propio lienzo al paritorio. Así, se utilizan papeles de acuarela o cartulina. Con respecto a la tinta, en un principio se usaba la propia sangre que empapa la placenta. El problema es que al secarse el color se va oscureciendo y poniéndose marrón. Por eso, ahora se utilizan preferentemente acuarelas o tintes alimentarios, que se pueden mezclar entre sí para crear tonos y colores distintos e, incluso, si falta alguno de ellos, se puede emplear tinta de sellos.

La impresión de la placenta puede llevar, en total, unos 15-20 minutos de tiempo. Además, la impresión de la placenta no conlleva ningún riesgo. No hay peligro ni para la madres ni para el recién nacido y, suele llevarse a cabo fuera del paritorio. Tampoco influye en el corte del cordón. Una vez hecha la impresión, la placenta se desecha, a no ser que la madre la solicite o que haya que hacer una serología. En todos los demás casos, la placenta se descarta.

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