La Casa Donde Nació Hitler: Historia, Controversias y Transformación
Ubicada en la pintoresca localidad de Braunau am Inn, Austria, la casa donde nació Adolf Hitler es un testimonio silencioso de una historia compleja. Este edificio discreto, con su estilo arquitectónico Biedermeier, lleva consigo el peso de un pasado que sigue provocando fuertes emociones y debates. Su historia es una de transformación, desde una simple posada cervecera del siglo XVII hasta convertirse en un sitio de importante discusión histórica.
La Importancia Histórica
La casa, originalmente parte de una cervecería conocida como Zum braunen Hirschen, data del siglo XVII. Fue a finales del siglo XIX cuando la casa se hizo notable, ya que aquí, el 20 de abril de 1889, nació Adolf Hitler. Sus padres, Alois y Klara Hitler, eran inquilinos en uno de los apartamentos del edificio. La ubicación exacta de su nacimiento dentro de la casa sigue siendo un tema de debate histórico, con algunos sugiriendo que fue en el ahora demolido edificio trasero.
Después del Anschluss en 1938, el edificio fue adquirido por el Partido Nazi y transformado en un centro cultural. Esta adquisición marcó el comienzo de su significado simbólico durante la era nazi. Sin embargo, la casa en sí no fue un lugar de actividad política o planificación durante ese tiempo.
Una Evolución Postguerra
Después de la Segunda Guerra Mundial, la casa se salvó por poco de la destrucción cuando una unidad alemana intentó demolerla, solo para ser frustrada por las tropas estadounidenses. En los años que siguieron, el edificio experimentó varias transformaciones. Sirvió como biblioteca, escuela y más tarde como un centro para personas con discapacidades. Cada fase de su uso reflejó las actitudes cambiantes y los intentos de redefinir el legado del edificio.
Controversias y Debates Modernos
La casa natal de Adolf Hitler ha sido el centro de numerosos debates sobre su futuro. Las propuestas han variado desde convertirla en un centro de paz y reconciliación hasta demolerla por completo. En 2016, el gobierno austríaco dio un paso significativo al expropiar el edificio, con el objetivo de evitar cualquier forma de peregrinación neonazi o mal uso.
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Los planes para convertir la casa en una comisaría de policía han generado críticas y retrasos, con discusiones en curso sobre cómo transformar mejor el sitio en un símbolo de aprendizaje y recuerdo. Los debates resaltan los desafíos de tratar con lugares de significancia histórica oscura.
La determinación del Gobierno quiere evitar que el inmueble sea un lugar de peregrinación de seguidores del nazismo y pone fin a un largo tira y afloja sobre el uso que se debía hacer de la casa. «Este es el uso más apropiado para el edificio ya que la policía es la defensora de los derechos y libertades fundamentales», añadió Nehammer en una conferencia de prensa en la que además anunció que el diseño ganador fue adjudicado, entre doce propuestas, al estudio austriaco de arquitectura Marte. Marte.“Fascismo nunca mas”
El ministro, asimismo, anunció que serán eliminados todos los cambios hechos por los nazis en la fachada del inmueble y dejó claro que no habrá ninguna sala ni monumento conmemorativo. «Austria ha tardado mucho tiempo en este camino de confrontación con la propia Historia pero ahora estamos en el camino correcto», subrayó.
Actualmente hay poco que indique que el edificio fue el hogar del niño que se convertiría en líder del Tercer Reich, desencadenaría la Segunda Guerra Mundial y llevaría a cabo el Holocausto. Una piedra procedente de una cantera del campo de concentración de Mauthausen, que recuerda a las víctimas del nazismo y que tiene grabada la inscripción «Fascismo nunca más» sin mencionar a Hitler por su nombre, será trasladada ahora a un museo en Viena.
«El objetivo no es crear un espacio conmemorativo que se relacione con este nacimiento», dijo Hermann Feiner, jefe de departamento del Ministerio del Interior, a la vez que indicó que la arquitectura de la casa con dos frontones debe ser muy sencilla y discreta. Los costes de las obras de renovación y conversión, que finalizarán en 2023, se han estimado en cinco millones de euros y mantiene la estructura original del lugar, pero con «una apariencia muy reducida, neutralizada», en palabras de Feiner. «La neutralización de todo este sitio fue en última instancia el corazón de este resultado», añadió. De hecho, las fotografías del proyecto ganador muestran una nueva fachada con un sótano casi inalterado y un nuevo techo.
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El Gobierno austriaco sostiene que el mejor uso para el edificio es que precisamente la policía, como guardiana de las libertades civiles, se instale ahí. Pero la polémica se cierne sobre el uso acordado porque, según sostiene el recientemente estrenado documental ¿Quién teme a Braunau? , del cineasta Günter Schwaiger, este uso podría coincidir con el deseo expresado en su día por el propio Hitler.
Schwaiger localizó un reportaje periodístico de 1939, según el cual el dictador quería que su casa natal se convirtiera en sede de las oficinas de la jefatura del distrito, es decir, un uso administrativo. El cineasta Günter Schwaiger argumenta que el uso policial podría coincidir con el deseo expresado en 1939 por Hitler de que la casa se destinara a uso administrativo.
Aunque Hitler nació en esta casa durante la tarde del 20 de abril de 1889, su familia se mudó a otra dirección dentro de la misma ciudad, que finalmente abandonó tres años más tarde. Algo que sin embargo no ha dejado exenta de simbolismo a esta vivienda que ha estado desde entonces cargada de historia. En 1938, tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, el edificio fue comprado por Martin Bormann, un estrecho colaborador de Hitler, y los nazis convirtieron el lugar en un «centro cultural». La fachada del edificio fue adornada con esvásticas cuando alcanzó el poder y la calle fue rebautizada como Adolf Hitler Straße.
Después de la guerra, el edificio fue comprado de nuevo por la familia de los propietarios originales, que permitieron la instalación de una biblioteca. De ahí, paso a ser escuela, un banco, un instituto técnico y hasta 2001 un hogar para jóvenes discapacitados. Desde entonces, la casa estaba vacía y el Estado austriaco y el municipio de Braunau pagaban a la dueña 4.700 euros mensuales de alquiler para evitar un uso no deseado del lugar. Desde su expropiación por el Estado austriaco en 2016, empezó una disputa judicial con la anterior propietaria, que llegó incluso hasta el Tribunal Supremo. La corte rechazó la compensación millonaria exigida por la mujer y fijó una indemnización de unos 800.000 euros, con lo que el Ministerio del Interior austriaco pasó a ser definitivamente dueño del edificio.
Adolf Hitler nació en 1889 en una casa de la localidad austriaca de Braunau Inn, en la frontera con Alemania. Uno de los grandes dilemas ha sido siempre qué hacer con este edificio, la "cuna del mal", para no convertirlo en un punto de peregrinación para neonazis, pero al mismo tiempo dignificar el espacio sin olvidar el pasado. Uno de los proyectos que más fuerza cobró en los últimos años fue alojar en sus estancias una institución social que trabaja con personas con discapacidad cognitiva, a quienes Hitler habría querido "aniquilar", tal y como destaca el cineasta austriaco Günter Schwaiger.
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El gobierno austriaco, que expropió esta casa en 2016 por considerarla "peligrosa" ante la posibilidad de atraer la visita no deseada de fieles del "Führer", decidió finalmente descartar aquella idea para convertirla en una comisaría de policía, y este fue el detonante del documental que ahora llega a los cines, que toma como punto de partida este caso concreto para abordar la manera en la que su país se relaciona con el nazismo, desde las familias, que han mantenido un silencio de generación en generación, a las instituciones, que a su juicio no encaran el pasado con responsabilidad.
Schwaiger lamenta en declaraciones a Vozpópuli que en lugar de optar por una manera "nueva y fresca" de enfrentarse a su pasado y "resignificar un lugar muy cargado de una estigmatización muy negativa", se haya optado por una solución que, a su juicio, es un "déjà vu" de la Austria que él dejó hace años y que "no es capaz de enfrentarse a su historia". "Se cierra la casa, se intenta borrar cualquier recuerdo de Adolf Hitler y retirar la piedra conmemorativa. Es como volver a las recetas de los años 50: hacer como si no hubiera pasado nada", señala.
Para Schweiger, mantener la memoria de los verdugos en los campos de concentración, lejos de los núcleos de población, es solo una manera de no afrontar la cuestión. "Tachar el desagradable pasado parece seguir de moda hoy en día", señala en un momento del documental.
La casa natal de Hitler se encuentra en el número 15 de la calle Salzburger Vorstadt y justo delante se erige una placa conmemorativa en la que se lee: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo, advierten millones de muertos". Este recuerdo en memoria del Holocausto se intentó retirar, pero la población se negó y el ayuntamiento decidió mantenerlo en el mismo lugar. Sin embargo, a pesar de las voces discrepantes, el proyecto de utilizar la casa como comisaría de policía parece salir adelante, ya que el Gobierno cree que es la manera de que los nazis no instrumentalicen este espacio.
Esta postura, para este cineasta austriaco afincado en España, obedece a "recetas fracasadas como cerrar la puerta, no mirar y pensar que las cosas se resuelven por sí solas", muy alejadas de lo que en su opinión necesita la población. "Cuesta muchísimo enfrentarse a una pregunta: ¿por qué mis antepasados apoyaron ese régimen de forma directa o indirecta, a través del silencio, mirando a otro lado o aprovechándose? El pueblo austriaco somos en nuestra mayoría muy maduros y queremos enfrentarnos a ello de una manera más abierta y contestar esas preguntas", recalca.
Si bien hay unanimidad en apuntar el horror, no la hay, pues, en la manera de articular un diálogo e incluso, como señala este director, puede hablarse de cierta "torpeza", pero no solo a nivel institucional o social, sino también familiar, donde se ha mantenido un silencio tanto en Alemania como en Austria.
Schweiger hace referencia a un "caso clásico", una "mitificación intrafamiliar basada en la ignorancia absoluta y en el silencio que se instaló en la posguerra sobre lo que realmente había pasado" relacionada con la imagen del "abuelo" como alguien que había formado parte del partido nazi pero, sin embargo, había salvado "al menos a tres judíos". Lo que denomina "el cuento del buen abuelo nazi", el mito de alguien que "también ha sufrido y ha sido bueno", se ha extendido por toda Alemania y Austria y obedece, en su opinión, a una "duda" sobre los antepasados.
Hasta el 8 de mayo de 1945, fecha en la que se acepta la rendición de la Alemania nazi, Hitler fue un ídolo máximo y después se consideró un criminal. Schweiger destaca que a continuación "nadie les ayudó a desentramar ese cacao como era necesario, ese trauma del verdugo". "Es mucho mejor entender qué ha pasado, que tener esas dudas acerca de tus antepasados, porque lo trasladas a las siguientes generaciones. Solo así se pueden curar esos sentimientos de culpa, y entender cómo un régimen así llegó a las masas, las dominó y recibió un apoyo absoluto para hacer llegar ese horror que fue el nazismo a su expresión máxima.
El gobierno de Austria lleva siete años dándole vueltas a qué hacer con el edificio en el que nació Adolf Hitler en Braunau para evitar que se convierta en un centro de peregrinaje para neonazis de todo el mundo. El edificio, situado muy cerca de la frontera con Alemania, fue adquirido por el Estado austriaco en 2016 y hoy el gobierno ha confirmado que a partir de octubre empezarán las obras para convertirlo en una comisaría de policía. Las obras comenzarán el 2 de octubre y han causado revuelo en el país una vez que se descubrió un artículo del año 1939 en el que el propio dictador nazi mostraba su deseo de que la casa se convirtiera en oficinas para las autoridades regionales después de su muerte. Algunos usan este argumento para acusar al gobierno austriaco de no respetar esos deseos. El gobierno mantiene su plan de remodelación que costará unos 20 millones de euros y cuyas obras se alargarán hasta 2025.
Historia de la casa
En origen el edificio fue una cervecería que abrió ya en el siglo XVI y que se convirtió en residencia a finales del siglo XIX, momento en que nació allí Adolf Hitler, en concreto en el año 1889. Durante el gobierno nazi, el partido creó un centro cultural que incluía una biblioteca y después de la II Guerra Mundial fue utilizada como escuela y como taller para personas con discapacidad, función que cumplió durante 30 años hasta su cierre. La casa ha estado muchos años vacía hasta que fue expropiada por el gobierno austriaco y no puede ser demolida porque es un edificio con una protección arquitectónica especial.
Antes de que se procediera a eliminar a la población judía en campos de exterminio, el Gobierno y el partido nacionalsocialista alemán decidieron el asesinato (que Aly cuantifica en 200.000 personas entre 1939 y 1945) de aquellos ciudadanos que suponían un coste excesivo en términos de recursos presupuestarios e incluso de unidades de cama de hospital. Y así, enfermos crónicos e incurables, deficientes mentales, epilépticos, discapacitados, lisiados..., que suponían también un vergüenza racial para sus familias, fueron eliminados en hospitales diseñados para tal efecto, cuya técnica se ampliaría y perfeccionaría en los campos de la muerte en Polonia.
Por eso, cuando el cineasta austriaco afincado en España desde hace casi 30 años, Günter Schwaiger (Neumarkt am Wallersee, 1965), supo que la casa donde había nacido Hitler el 20 de abril de 1889 en la localidad de Braunau am Inn (un pueblo de la Alta Austria, en la frontera con Alemania, a unos 60 km. de Salzburgo y a unos 40 de donde nació Schwaiger), iba a ser el nuevo hogar de un grupo de discapacitados cognitivos, se propuso realizar un documental sobre el asunto. "Dar esa casa a las personas a las que habían perseguido los nazis y habían querido aniquilar", recuerda Schwaiger en conversación con EL MUNDO, "me parecía una idea fantástica, era un cambio simbólico, pero suponía un cambio radical para Austria. Por eso, yo que he realizado todas mis películas en España, decidí regresar a mi país para hacer un documental positivo sobre la memoria histórica".
Sin embargo, de un día para otro, el Ministerio del Interior cambió de opinión y anunció que en la casa natal del Führer se instalará la policía austriaca. "Finalmente", reflexiona Schwaiger, "no entrarán los descendientes de las víctimas, sino los descendientes de los verdugos. Eso fue para mí un schok enorme. Pero aun así decidimos seguir para filmar la reforma de la casa, reflejar cómo se instala allí la policía y recoger las impresiones de los vecinos del pueblo, ya que el proyecto incluía la retirada de un monolito en recuerdo de las víctimas del fascismo, elaborado con una piedra del campo de Mauthausen, un cambio absoluto de la fachada y la eliminación de cualquier referencia a Hitler, ni siquiera una placa". Es decir, borrar todo rastro del pasado para evitar que el edificio se convirtiera en un lugar de peregrinaje para los neo nazis. Por último, y esta es la razón por la que un proyecto que estaba pensado para dos años acabó consumiendo más de cinco, se convirtió en una película de ensayo, de reflexión, con una voz en off, la suya.
Cuando el Ministerio del Interior anunció sus verdaderas intenciones para la casa, los vecinos de Braunau se echaron a la calle. Como Thomas Bernhard cuando en 1988 puso a los austriacos ante el espejo de su pasado de colaboración con el nazismo en su obra teatral Plaza de los héroes, en la que denunciaba el silencio que reina en el país desde el Anschluss de 1938 (cuando más de 200.000 personas recibieron con vítores y entrega a la Alemania nazi que se acababa de anexionar el territorio), Schwaiger quiere con su obra, y de ahí la polémica que desató cuando se estrenó hace casi un año en Viena, hacer reflexionar a la sociedad austriaca sobre las necesidades terapéuticas de la memoria:
Lo que no pudo imaginar Schwaiger cuando inició el proyecto de la película es que esta acabaría siendo una de las más personales que ha realizado nunca. Porque la memoria de su familia, y en concreto la de sus padres, apareció también en escena. "De pronto", explica, "me enfrenté con mi propio pasado, con un país que no había cambiado en el fondo, que sólo lo había hecho en apariencia, pero que detrás de las cortinas lo mantenía todo igual. Tuve que tomar la decisión de ir a fondo y eso implicaba también ir a fondo con mi familia. Y recuperé unas grabaciones que hice a mis padres hace 15 años y nunca había vuelto a ver. Dudé mucho, porque no sabía si estaba incurriendo en un acto de narcisismo y si a la gente le iba a interesar mi propia historia. Y también por el hecho de exponerlos a ellos, contar que mi padre fue de las Juventudes hitlerianas. Y mi madre también. Que eran muy jóvenes, sí, casi adolescentes, pero que ya sabían de la existencia de los campos y que los que eran enviados allí no volvían. Y que luego, el resto de su vida lo habían ocultado, como la mayoría del país. Fue una decisión difícil, pero a la vez ha sido algo curativo, muy positivo, porque finalmente me pude reconciliar con mis padres, con los que llevaba distanciado muchos años, y entender por qué hicieron lo que hicieron".
La última sorpresa del documental, que llegará a las pantallas españolas a partir del próximo jueves día 25, fue el descubrimiento de un documento periodístico que abrió una nueva controversia entre historiadores y enemistó aún más a las autoridades de Braunau y del Ministerio de Interior austriaco con la producción de la película, a la que pusieron todas las trabas y obstáculos posibles. Poco después del Anschluss, en marzo de 1938, Hitler, en el marco de una visita a lo largo del país, fue a parar a la ciudad donde nació y en la que había vivido los primeros meses de su vida. Con motivo del viaje, su casa natal fue remozada y engalanada con banderas del partido, pero cuando la comitiva del Führer pasó ante ella, ni se detuvo ni prácticamente prestó atención al inmueble. No obstante, en declaraciones posteriores que un diario local recogió el 25 de mayo de 1938, Hitler declaró que le gustaría que su casa natal fuese destinada a "un uso administrativo del partido". De esta forma, con la decisión de no darle un uso social como residencia de un colectivo de discapacitados cognitivos y cederla a la policía austriaca se podía entender que el Gobierno estaba cumpliendo los deseos de Hitler. La polémica estaba de nuevo servida.
"El documento", explica Schwaiger, "lo encontramos en el archivo de la ciudad de Braunau cuando ya estábamos casi terminando la película, pero decidimos incluirlo porque tenía la virtud de responder a una pregunta que yo me había hecho desde que iniciamos el rodaje: ¿alguien sabe qué quería Hitler para el edificio? Y como el Gobierno es muy cobarde con este tema y no se quiere pronunciar para no perder votos, montó una comisión para que decidiera, algo muy típico de Austria. El historiador que presidía la comisión dijo que eso no era ningún testamento de Hitler, que era solo un artículo. Y la polémica sigue hasta hoy.
Características Arquitectónicas
El edificio en sí, con su fachada de seis tramos y su estilo Biedermeier simple pero elegante, ofrece un vistazo a las tendencias arquitectónicas de su época. A pesar de su apariencia ordinaria, el contexto histórico de la casa añade una capa intrigante a su estética. Se erige como un recordatorio de que los escenarios comunes pueden volverse extraordinarios debido a eventos históricos.
Visitando Braunau am Inn
Para los visitantes de Braunau am Inn, la casa natal de Adolf Hitler es un punto de reflexión más que una atracción turística típica. La ciudad en sí es encantadora, con sus calles pintorescas y su atmósfera serena. Explorar Braunau ofrece la oportunidad de reflexionar sobre las complejidades de la historia en medio de un hermoso paisaje austriaco.
La presencia del edificio en Braunau sirve como un recordatorio de la importancia de confrontar y entender la historia. Desafía a los visitantes a reflexionar sobre el pasado y considerar las formas en que los espacios pueden transformarse para promover la paz y la educación.
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