El impacto del estado de ánimo materno en el feto

26.09.2025

Seguro que lo has oído en más de una ocasión y te lo ha advertido alguna amiga o familiar: el embarazo hay que vivirlo sin estrés. En muchas ocasiones este consejo se da de forma intuitiva, porque el sentido común nos dice que un nivel elevado de estrés no puede ser bueno ni para la madre ni para el bebé que está creciendo dentro de ella.

La respuesta es sí: numerosos estudios científicos han confirmado esas sospechas. Estudiar cómo los aspectos emocionales y psicosociales asociados a las futuras madres pueden afectar al feto, se ha convertido en una de las principales líneas de investigación del profesor de Ginecología la UMA Ernesto González Mesa, quien, tras evaluar a unas 200 mujeres pacientes del Hospital Materno Infantil de Málaga, ha evidenciado cómo el estado de ánimo de las embarazadas influye en el peso de sus recién nacidos.

“Mientras más infelices se sienten las embarazadas, más pequeños nacen sus bebes”, afirma el profesor de la Facultad de Medicina González Mesa, del grupo de I+D+i de Obstetricia y Ginecología de la UMA, quien además señala que, según han identificado, en las futuras madres los síntomas depresivos empiezan ya aparecer en el primer trimestre.

El embarazo es una etapa emocionalmente difícil caracterizada por el desajuste de los niveles hormonales habituales, lo cual puede causar en la mujer una variación en su estado de ánimo. A lo largo del embarazo aparecen cambios físicos bastante evidentes, pero también a nivel psicológico. La salud emocional de la madre durante el embarazo es muy importante, ya que influye en el desarrollo del bebé. Sin embargo, hay que tener claro que la mayoría de los cambios emocionales durante el embarazo son temporales y completamente normales.

En este sentido, el experto reivindica la necesidad de abordar la depresión perinatal desde los propios hospitales, promover las Unidades de Salud Mental dentro de las Unidades de Ginecología. “Es fundamental hacer visible este problema a la sociedad, cambiar la mentalidad para poder tratarlo”, asegura González Mesa. Así, este estudio abre nuevas vías de estudio como la posible relación de la depresión durante la gestación con partos prematuros o los efectos en la salud posterior del bebé.

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Una investigación del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg en Alemania señala que el estrés de la gestante puede afectar al envejecimiento biológico de su bebé. En este estudio se analizó a más de 300 madres con entrevistas sobre sus hábitos de estilo de vida y la percepción del estrés en el embarazo y la aparición de algún trastorno psicológico durante el mismo. Encontraron que el estrés materno se asociaba con los telómeros más cortos en los bebés, pero no en los de la madre.

Pero también en esa conexión interviene el sexo del bebé. Un estudio de la Facultad de Medicina Charité University de Berlín publicado recientemente en la revista Biologycal Psychiatry, señala que las hijas de las madres con estrés pueden tener problemas de depresión y ansiedad en la infancia. El culpable es la hormona del estrés, el cortisol. Curiosamente, los varones no presentaron estos problemas.

La última investigación se ha realizado en Alemania, en el Centro Helmholtoz para la investigación ambiental-UFZ con 498 parejas de madres e hijos, analizados desde la gestación hasta que los pequeños cumplieron 5 años. Otros estudios, en cambio, señalan que el efecto puede ser el contrario, es decir, que cuando la madre se encuentra en un estado de tensión permanente el bebé tiene un crecimiento retardado.

Durante el embarazo la mujer vive una auténtica revolución hormonal que afecta a sus emociones, haciendo que experimente cambios de humor repentinos y que esté más sensible. Recientes estudios han demostrado que todas estas emociones afectan al feto ya que las diversas hormonas que se liberan al experimentar ciertas emociones llegan al bebé. Así, el estrés libera cortisol; la ira, adrenalina; la euforia, endorfinas, y el miedo las catecolaminas. Por eso, debemos cuidar el aspecto emocional durante estos meses tanto como el físico.

Hay que tener en cuenta que al nacer el feto entra en contacto con las bacterias que viven en la vagina materna. Ya muchos estudios han demostrado que ese roce sirve para una colonización intestinal normal, para reforzar su sistema inmune y que influye en el desarrollo del cerebro. En la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, los científicos encontraron que el estrés en la gestación puede provocar cambios en la microbioma vaginal de la embarazada: es decir, los genes de esas bacterias buenas se modifican. Esto a su vez influye en la microbiota intestinal de los bebés y en su cerebro en desarrollo.

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El aumento de los niveles de algunas hormonas que provoca el estrés en el embarazo, según un estudio que se publicó en The Journal Physiology realizado en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, afecta al normal desarrollo del feto. En las situaciones de estrés mantenido el organismo humano produce un aumento de las hormonas glucocorticoides. Cuando esta respuesta fisiológica ocurre en el embarazo puede provocar que disminuya la capacidad de la placenta para transportar glucosa al feto y causar por lo tanto un menor peso en el bebé. También se observó que en las situaciones de estrés algunos genes presentes en la placenta se modificaban y que uno de ellos, el REDD1 es el que interactúa con las vías intracelulares que regulan el crecimiento y la absorción de nutrientes en otros tejidos del organismo.

Un estudio que se realizó con monos, roedores, perros, gatos y humanos en la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos, y en la de Göttingen, en Alemania, concluyeron que las consecuencias del estrés dependían del nivel de estrés y de la etapa de la gestación. Si tenía lugar en el último trimestre del embarazo, se producía un crecimiento intrauterino más lento. Pero si ocurría en el primer trimestre del embarazo, el feto se “reprograma” porque la naturaleza intuye que algo malo va a ocurrir. De esta forma acelera el proceso de crecimiento y maduración para asegurarse la supervivencia.

Es importante poder detectar, de forma precoz, estos patrones de apego inseguro en la mujer ya que probablemente van a tener en ella una fuerte influencia a la hora de vincularse con su hijo, tanto durante el embarazo como después, generando un vínculo emocional negativo: evitativo, desde el miedo, el rechazo, la negación y/o las preocupaciones excesivas.

Si por tu forma de vida crees que estás sometida a situaciones de mucho estrés, no caigas en algunas conductas perjudiciales para el bebé como fumar, beber alcohol o seguir una dieta poco equilibrada. Ante todo, calma, tranquilidad y buenos alimentos, como dirían nuestras abuelas. Descansa todo lo que puedas. Debes dormir entre siete u ocho horas diarias.

Por ello, es muy importante evitar los cambios de humor y mantener el estado anímico saludable no solo durante los nueve meses del embarazo sino también tras el parto. Especialmente a partir del quinto mes, todo lo que suceda en la embarazada, sus emociones, sus sentimientos y, en general, su estado de ánimo, afectará al bebé incluso después del nacimiento.

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Obviamente, es imposible evitar las emociones malas durante tanto tiempo ya que a lo largo de estos meses sufriremos decepciones, tendremos inquietudes o miedos. Si desde el comienzo el pequeño vive en un ambiente armonioso, esto contribuirá al óptimo desarrollo de su carácter e inteligencia.

El embarazo es un largo camino de 40 semanas, con diferentes etapas. Y tus sentimientos cambian en cada una de ellas. “Cada trimestre del embarazo se caracteriza por unos pensamientos y por unos temores propios.

El padre o la pareja hoy tiene un papel primordial en el embarazo. Es cierto que en la gestación, el bebé está en íntimo contacto con su mamá, una unión que se prolonga tras el nacimiento, sobre todo si se alimenta con la leche de mami.

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