Cómo limpiar la nariz de un recién nacido: guía completa
El lavado nasal es una maniobra para eliminar el exceso de moco del bebé o niño pequeño cuando este le dificulta la respiración. Es una práctica que hay que realizar a los bebés cuando tienen demasiados mocos ya que no saben respirar por la boca, y cuando se les tapona la nariz dificultan su respiración.
En Fisiotórax lo vemos a diario: padres y madres que llegan preocupados porque su bebé no para de moquear y no saben muy bien qué hacer. Es normal. Los mocos en los recién nacidos son algo frecuente, casi inevitable, y cuando empiezan con dificultad para respirar o mal descanso, es lógico buscar soluciones.
El lavado nasal en recién nacidos genera cierta inseguridad al principio, pero lo cierto es que bien realizado, no solo es seguro, sino también muy recomendable. La clave está en saber cómo hacerlo. No son pocos los que llegan a consulta abrumados por la cantidad de vídeos, consejos y tutoriales que circulan por internet. Información hay de sobra, pero muchas veces se contradice y acaba generando más confusión que otra cosa.
Desde nuestra experiencia en fisioterapia respiratoria pediátrica, hemos recopilado las dudas más comunes y los errores más frecuentes que vemos en consulta. Porque sí, hacer lavados nasales correctamente tiene su técnica: hay que conocer la postura ideal, cuánto suero utilizar y cómo manejar la situación para que el bebé esté lo más tranquilo posible.
Lavados nasales en recién nacidos: ¿sí o no?
La respuesta es un sí rotundo, si se hacen correctamente los lavados nasales son totalmente seguros y una herramienta indispensable en recién nacidos, especialmente en bebés que aún no saben expulsar los mocos por sí solos.
Lea también: Profundizando en la retórica del rap
Durante los primeros meses de vida, y esto es clave, los recién nacidos respiran casi exclusivamente por la nariz. Hasta los seis meses, de hecho, es su vía principal para coger aire. ¿El problema? Que los orificios nasales son muy pequeños y se obstruyen con facilidad, sobre todo cuando hay mucosidad de por medio.
¿Y qué beneficios concretos tiene?
- Limpia eficazmente las vías nasales, ayudando a eliminar el exceso de mucosidad.
- Facilita la respiración, lo cual se nota especialmente durante las tomas y el sueño.
- Previene complicaciones, como infecciones respiratorias, al evitar que los mocos se acumulen y estanquen.
¿Qué son las fosas nasales?
En concreto, las fosas nasales son las dos cavidades en las que el tabique nasal divide el interior de la nariz.
¿Para qué sirven las fosas nasales?
En el momento de nacer, ya desde la primera inspiración, el aparato respiratorio se pone en marcha para llevar aire a los pulmones. Pero esta corriente aérea debe reunir unas determinadas características de forma, dirección, velocidad, volumen, temperatura y humidificación.
Todas estas funciones las lleva a cabo la nariz y, en concreto, las fosas nasales, que son las encargadas de:
- Filtrar el aire de partículas nocivas para impedir que lleguen a los pulmones.
- Acondicionar el aire inspirado a una temperatura aproximada de 31ºC, para que llegue a los pulmones a unos 37ºC.
- Humidificar el aire inspirado para que alcance un 95% de humedad relativa.
- Desempeñar la función olfatoria, que está a cargo de la mucosa que se encuentra en la parte superior de las fosas nasales, llamada mucosa olfatoria o pituitaria amarilla, responsable del sentido del olfato.
- Proteger de las agresiones externas: la zona de entrada a las fosas nasales (llamada vestíbulo nasal) está recubierta por una piel que contiene gruesos pelos que atrapan las partículas más grandes suspendidas en el aire que inspiramos antes de que alcancen la mucosa nasal.
La parte restante de la fosa nasal está recubierta por la mucosa respiratoria nasal (también conocida como pituitaria roja), que contiene unas pequeñísimas proyecciones en forma de pelo denominados cilios y cuyas células producen una delgada capa de moco que atrapa las impurezas contenidas en el aire. Luego, este moco es transportado por los cilios hacia la garganta, desde donde pasa al tracto digestivo. Allí, los ácidos gástricos se encargarán de eliminar esas impurezas. Esta mucosa respiratoria tapiza todo el sistema respiratorio, desde las fosas nasales hasta los bronquios.
Lea también: Leche materna: composición y ventajas
Las fosas nasales y los senos paranasales también actúan como una cámara de resonancia para la fonación. Además, en las primeras se producen determinados tipos de reflejos que repercuten en otras partes del organismo, como el aparato respiratorio y el cardiovascular.
¿Es diferente el sistema respiratorio de los niños?
Hasta los seis meses de edad, los bebés no son capaces de respirar por la boca, dada la inmadurez de su sistema respiratorio, cuyo desarrollo no culminará hasta entre los 13 y los 16 años. Tanto a nivel anatómico (tamaño, forma y posición) como fisiológico, el sistema respiratorio del bebé es bastante diferente respecto al del adulto.
La nariz es en los niños, después de la glotis, el lugar con mayor resistencia al paso del aire, de ahí la importancia de mantenerla despejada, ya que cualquier obstrucción en la nariz puede impedir al bebé respirar correctamente, así como causarle dificultades para dormir o alimentarse.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que en los dos primeros años de edad la respiración es generalmente nasal, hecho que favorece la lactancia, pues la respiración se realiza de manera simultánea con la succión y deglución.
Además, entre otras diferencias, sus fosas nasales tienen un diámetro menor, la mucosa nasal tiene pocos vasos sanguíneos y los cilios están poco desarrollados, por lo que no son capaces de entibiar, humedecer o filtrar con eficacia el aire inspirado.
Lea también: ¿Problemas de popó en tu recién nacido?
¿Qué es la congestión nasal?
Como se describe también en el apartado específico de Congestión nasal, se trata de una percepción de obstrucción o una reducción del flujo de aire que entra por las fosas nasales. Al contrario de lo que podemos llegar a pensar, esta obstrucción no es consecuencia únicamente de un exceso de moco o tapón, sino que se produce cuando los tejidos que recubren la nariz se inflaman. Ello origina una obstrucción que impide respirar con facilidad a través de las fosas nasales y dificulta la eliminación del moco.
¿Por qué se produce?
Las causas de la congestión nasal son diversas:
- Infecciones de las vías respiratorias altas, como el catarro o la gripe.
- Cambios bruscos de temperatura.
- Ambientes demasiados secos. Por ejemplo, si la calefacción está encendida dentro de casa.
- Por inhalación de sustancias irritantes.
- La contaminación ambiental.
- En adultos, el tabaquismo.
¿Cuáles son los síntomas de la congestión nasal en los bebés?
En los bebés, la congestión nasal puede dar lugar a una serie de síntomas que no se suelen atribuir a la nariz, como por ejemplo:
- Molestias de garganta.
- Lagrimeo excesivo.
- Infecciones que se repiten en las vías respiratorias superiores.
- Dificultades para respirar.
- Neumonías.
- Mala tolerancia al esfuerzo.
- Somnolencia y alteraciones del sueño.
Por otro lado, si la mucosidad en la nariz es excesiva, los recién nacidos y niños pequeños pueden sufrir problemas para alimentarse.
Además, la congestión nasal puede interferir con los oídos, dificultar la audición y el desarrollo del habla.
Por otra parte, el exceso de moco provoca que los cilios pierdan su función protectora. La acumulación de mucosidad provoca más inflamación y acaba creándose un círculo vicioso.
¿Por qué son tan importantes los lavados nasales en los bebés?
Como hemos comentado, en los primeros meses de vida, una buena aireación nasal favorece no sólo una adecuada función respiratoria del bebé, sino que optimiza su sueño y alimentación y propicia una buena audición y desarrollo del habla.
Teniendo en cuenta, además, que hasta aproximadamente los cinco años, los niños no son capaces de sonarse la nariz, es crucial mantener sus fosas nasales limpias y libres de mucosidad. Para ello, cuando tienen abundantes mocos o les cuesta respirar, algunos especialistas y estudios recomiendan realizar regularmente lavados nasales con suero fisiológico para disolver y arrastrar los mocos y secreciones. También puede emplearse simplemente como hábito de higiene y humidificación en niños sanos.
Se trata de un tratamiento simple, seguro y relativamente bien tolerado por la mayoría de los niños, indicado concretamente para:
- Retirar la mucosidad y liberar de obstrucciones las fosas nasales.
- Humidificar las mucosas.
- Reducir la inflamación de las mucosas que están más gruesas por el resfriado
- Limpiar de polen, polvo y otros residuos los conductos nasales
- Mejorar la función de los cilios -expulsar al exterior los residuos y gérmenes-, gracias al aumento de fluido o humedad de la nariz.
- Ayudar a prevenir las infecciones de los senos paranasales (sinusitis).
¿En qué consisten los lavados nasales?
La anatomía de las cavidades nasales permite que un líquido que penetra por un orificio nasal circule por el interior de la nariz y salga al exterior por el orificio del otro lado, limpiando el interior de las fosas. Esta irrigación limpia el interior de las fosas nasales gracias a su efecto de arrastre, permitiendo eliminar las secreciones acumuladas y otros contaminantes que se depositan en la mucosa nasal durante la respiración.
Lo más aconsejable es emplear productos naturales como las soluciones salinas, ya sean de suero fisiológico o de agua de mar. El primero es una solución estéril de cloruro de sodio o sal común en agua al 0,9%, mientras que las aguas marinas son una solución con diferentes concentraciones de cloruro sódico, en la que el agua se obtiene directamente del mar y se somete a depuración y esterilización. De este modo, se conservan sus minerales y oligoelementos (potasio, calcio, magnesio, sulfatos, etc.), todos ellos considerados beneficiosos para la mucosa nasal.
¿Cuál es el mejor momento para llevar a cabo los lavados nasales?
Cuanto más tranquilo esté el niño, más fácil será realizarle el lavado de las fosas nasales. Puede llevarse a cabo varias veces al día; de hecho, todas las que se consideren necesarias para que el niño respire bien.
Un momento adecuado puede ser después del baño, pero cuando el niño ya esté seco y vestido para que se sienta más cómodo. También es importante hacerlo antes de la lactancia o de las comidas, puesto que comer le resultará más fácil si puede respirar bien, y también antes de acostarlo, para que pueda respirar mejor durante la noche.
Materiales y preparación del lavado nasal
- Suero fisiológico o solución salina estéril.
La cantidad de suero fisiológico dependerá de la edad del bebé, pero suele ser entre 1,5-2 ml para niños pequeños y hasta 5 ml para niños mayores. Antes de empezar, es preferible que el suero esté a temperatura ambiente para evitar molestias al bebé. Tenerlo preparado reduce los tiempos y ayuda a que el procedimiento sea más llevadero.
Postura recomendada
La posición del bebé es clave para que el lavado sea efectivo y seguro.
En lugar de tumbarlo, lo ideal es mantenerlo incorporado. Si es un recién nacido, puedes sujetarlo en brazos con la espalda bien apoyada contra tu pecho y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. Así el suero entra por una fosa y sale por la otra sin riesgo de que se vaya hacia atrás.
De este modo, se evita la postura tumbada, que puede resultar incómoda y favorecer otitis, y se asegura un lavado más eficaz.
Lavado nasal en bebés, paso a paso
Estos son los pasos clave para un lavado nasal eficaz en recién nacidos y bebes, sin sustos:
- Prepara la zona: Pasa una gasa humedecida por la nariz para retirar los mocos resecos del exterior. Así el suero hará mejor su trabajo.
- Postura correcta (nunca tumbado): Mantén al bebé incorporado: en brazos, con la espalda apoyada en tu pecho, o sentado si es más mayor. Inclina ligeramente la cabeza hacia delante para que el suero entre por una fosa y salga por la otra. Evita la postura tumbada para no favorecer atragantamientos.
- Carga la jeringa: Llénala con el suero fisiológico, a temperatura ambiente.
- Colocación en la fosa nasal del bebé: Introduce suavemente la punta de la jeringa en una de las fosas nasales de tu pequeño. No tapes la fosa contraria: debe quedar libre para que el líquido y los mocos drenen.
- Aprieta la jeringa con decisión pero sin brusquedad: Empuja el émbolo con confianza y a una presión continua. Es normal que parte salga y otra parte el bebé la trague: no pasa nada.
- Repite al otro lado: Con esta secuencia, el lavado resulta más eficaz y cómodo para el peque.
Y recuerda: si notas empeoramiento (dificultad respiratoria, fiebre mantenida o tos que no cede), prioriza la valoración pediátrica.
Diez consejos prácticos para la descongestión nasal de tu bebé
En primer lugar, se recomienda seguir los siguientes pasos para realizar un lavado eficaz de las fosas nasales:
- Coloca al bebé de lado. Pon al bebé preferiblemente de lado sobre el cambiador y coloca una toalla bajo su cabeza y cuello. Si el bebé estuviera boca arriba, el líquido podría arrastrar la mucosidad hacia el oído y provocarle una otitis. Además, respiraría peor y estaría más nervioso e inquieto durante todo el procedimiento.
- Evita que se mueva. Si es posible, pide a otra persona que sujete al niño mientras realizas el lavado. Si no lo es, inmoviliza las manos del bebé con una mano y utiliza la otra para limpiarle las fosas. Otra posibilidad es envolver al bebé con una toalla para inmovilizarlo durante la maniobra.
- Introduce suavemente la solución salina. Con el niño tumbado de lado, empieza introduciendo el agua de mar por la fosa nasal que queda arriba. Para ello, debes introducir la boquilla en el orificio nasal y apretar suavemente el pulsador. De este modo, el líquido entrará por una fosa y saldrá por la otra sin que pase al oído ni a la faringe. Se puede presionar con el dedo ese mismo lado de la nariz y esperar a que el líquido salga por el otro orificio.
- Repite la operación del otro lado. Tras limpiar la mucosidad con una gasa o un pañuelo, repite el procedimiento en la otra fosa nasal con el niño tumbado del otro costado.
- Limpia la boquilla. Después de cada uso, debes lavarla con agua y jabón y secarla adecuadamente.
También las siguientes medidas pueden ayudar a que tu hijo respire más fácilmente y hacer que las secreciones nasales regresen a la normalidad:
- Intenta que el ambiente esté bien ventilado. Evita la humedad excesiva, pero también que el aire esté demasiado seco. Puedes aumentar la humedad en el aire con un vaporizador o un humidificador, pero consulta antes al pediatra si puede ser beneficioso para tu bebé y cómo manejarlo.
- Anima a tu hijo a beber más líquidos. El moco será menos espeso y la humedad de las fosas nasales, mayor.
- Inclina ligeramente su cuna o cama. La congestión a menudo es peor cuando se está acostado, por lo que mantener la cabeza uno poco elevada mientras duerme puede ayudarle a respirar mejor. Puedes introducir una toalla bajo la parte superior del colchón, por ejemplo, para que este quede inclinado.
- Si tiene mucha congestión, dale baños de vapor. Lleva a tu hijo al baño, cierra la puerta y abre el agua caliente. Lugo permanece sentada o sentado con él durante unos quince minutos en ese ambiente lleno de vapor. Si se añaden compuestos aromáticos a un vaporizador o a un baño, se podría favorecer la descongestión. Pero consulta previamente con tu pediatra, ya que no todos son beneficiosos o aptos para bebés.
Trucos útiles para mocos espesos
Si la mucosidad es muy espesa, puedes usar un nebulizador con suerlo fisiológico para reblandecer esa mucosidad. Otra ayuda simple es esperar unos segundos entre un pase y otro para que el suero haga su trabajo. Mantener el ambiente templado también suma.
Sobre aspiradores y peras de succión
No se recomienda utilizar una pera de succión o aspirador para eliminar la mucosidad porque puede irritar la mucosa o generar un vacío molesto. Aun así, si en algún momento se recurre a uno por decisión familiar, limpia bien la pera de succión después de cada uso para evitar contaminación.
Los aspiradores utilizados para succionar el moco es mejor utilizarlos lo menos posible, tan solo cuando el exceso es notable. La fuerza de succión que tienen incomoda mucho, en especial a los más bebés, además de correr más riesgo de resecar demasiado la nariz.
Si tu bebé está resfriado o presenta la nariz tapada, puedes utilizar una pera de goma para aspirarle la mucosidad y realizarle un lavado nasal.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Colocar al bebé boca arriba o tumbado, dificultando el drenaje.
- Usar una jeringa normal sin boquilla de nebulización.
Tabla resumen: Lavado nasal en bebés
| Aspecto | Recomendación |
|---|---|
| Edad del bebé | Apto desde recién nacidos |
| Frecuencia | Según necesidad, puede ser diario |
| Cantidad de suero | 1.5-2 ml (menores de 6 meses), hasta 5 ml (mayores) |
| Postura | Incorporado, nunca tumbado |
| Cuándo realizarlo | Antes de tomas y antes de dormir |
| Aspirador nasal | Usar solo si es necesario, con suavidad |
El modo de hacerlo es lo que puede estresar, y mucho, a cualquier padre o madre ya que los bebés más pequeños suelen llorar mucho durante esta práctica.
Todo el proceso del lavado nasal se debe realizar de forma suave. Si el bebé pone resistencia, es mejor dejarlo e intentarlo en otro momento.
Es normal si tu bebé se traga parte de la mucosa junto con el suero.
Desde la SVP se recuerda que es común que tras esta maniobra el niño estornude o se trague algo de mucosidad junto con el suero, pero no hay por qué preocuparse.
Si a nuestro bebé le limpiamos la nariz cuando esté tapada probablemente le permita respirar, comer y dormir con mayor facilidad.
Lo más recomendable es emplear el suero fisiológico o la solución salina elegida en el formato que sea más cómodo, bien en spray o bien en forma de mono dosis.
Con esta secuencia, el lavado resulta más eficaz y cómodo para el peque.
tags: #como #limpiar #la #nariz #de #un