El Nacimiento de Frankenstein: Historia de un Monstruo Literario
Doscientos años después de su publicación en 1818, Frankenstein ha demostrado poseer “una capacidad monstruosa para multiplicar sus significados” y se ha convertido “en uno de los mitos más perdurables del mundo occidental, trascendiendo su época histórica y enlazando con las inquietudes más contemporáneas”.
El título hace referencia a una frase que escribió la propia Mary Shelley en el prefacio a la tercera edición de su novela, publicada en 1831: “Y ahora, una vez más, permito que mi monstruosa progenie salga a la luz y prospere”.
El Verano Sin Verano y la Villa Diodati
La idea original de Frankenstein nació una noche del oscuro y lluvioso verano de 1816 cuando Mary Shelley tenía apenas 19 años, y Lord Byron le lanzó a ella y a su marido, el poeta romántico Percy B. Shelley, el reto de escribir el “cuento de fantasmas” más terrorífico que pudieran imaginarse.
Aquel verano de 1816, Lord Byron, el gran poeta inglés, alquiló una villa a las afueras de Ginebra, llamada Villa Diodati. En un rincón de los Alpes, conocido como “la Riviera suiza”, se dieron cita, durante el verano de 1816, un pequeño y selecto grupo de escritores.
Lo que nadie hubiera podido concebir entonces es que aquella historia se convertiría en uno de los grandes iconos de nuestro tiempo, al saltar de la novela al teatro y luego al cine, inspirando más de 100 películas.
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En abril del año anterior, 1815, tuvo lugar una potentísima erupción del volcán Tambora, en la isla de Sumbawa, en la actual Indonesia, que dejó doce mil muertos. Sus efectos fueron mucho más allá en el espacio y el tiempo, desencadenando una serie de fenómenos naturales que afectaron drásticamente a todo el planeta.
El año 1816 ha pasado a la historia como el "año sin verano". Varias alteraciones climáticas, incluyendo una enorme erupción volcánica, provocaron la caída de la temperatura del planeta. Este descenso, unido a unas intensas lluvias posteriores, hicieron que se perdieran muchas cosechas a lo largo y ancho de Europa que desembocaron en una gran hambruna en el siglo XIX.
En 1816, el tiempo se había tornado extrañamente frío y lluvioso en el hemisferio norte, Suiza incluida. A mediados de junio, la lluvia caía sin tregua sobre el lago Lemán donde pasaban sus vacaciones Byron, Godwin y los demás. Aquel clima adverso les imposibilitaba navegar o dar paseos, obligándoles a permanecer en la mansión.
En ella pasaron recluidos tres noches, las del 16 al 19. Como buenos ilustrados, hablaban de todo: filosofía, lenguas clásicas, matemáticas... Por supuesto, de los poetas románticos ingleses, como Wordsworth y Coleridge, y de los últimos avances científicos.
La Propuesta de Lord Byron
Precisamente aquel verano que no hubo verano, el poeta Lord Byron, que tuvo que abandonar Inglaterra debido a sus poemas antipatrióticos, reunió a varios de sus amigos en una mansión en Suiza. El mal tiempo no ayudó. No pudieron pasear por los jardines ni darse un chapuzón en el lago.
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Pronto el aburrimiento se hizo notar. Las horas pasaban, se contaban historias de terror, pero ya no sabían con qué matar el tiempo. Hasta que a Lord Byron se le ocurrió una idea. ¿Para qué contar historias ajenas si podían crearlas ellos mismos?
En la Villa Diodati, Byron tuvo la idea de que cada uno de los presentes escribiera un relato de miedo, cuanto más aterrador, mejor. Así se hizo, y el resultado fueron dos obras maestras de la literatura fantástica: El vampiro, de John Polidori -la historia de un seductor aristócrata que deja sin sangre a todas las mujeres que caen en sus redes, antecedente del Drácula de Bram Stoker (1897)-, y Frankenstein, de Mary Shelley.
Inspiraciones Científicas y Filosóficas
No cabe duda de que Mary Shelley conocía bien la ciencia de su época. “Sabemos por sus diarios”, explicó Burdiel, “que las conversaciones sobre descubrimientos científicos eran muy habituales entre los Shelley y Byron y en las tertulias de la casa de su padre, el filósofo William Godwin”.
En este contexto, la idea que más le fascinó e inspiró era que la electricidad podía ser el origen de la vida, y que podría reanimar a los organismos. Además, según destacó Burdiel, “Shelley también conocía el trabajo de Franck von Frankenau, que claramente inspiró el nombre del protagonista de la novela, un científico alemán que investigaban sobre la posible reanimación de tejidos biológicos.
Los residentes en Villa Diodati amaban la Naturaleza, estaban fascinados por los avances de la ciencia y adoraban las historias de terror gótico. También comentaban los avances de una ciencia que, por entonces, aún tenía un cierto tinte mágico. El experimento que inspiró a Mary Shelley. Desde 1780, el italiano Luigi Galvani empezó a hacer experimentos en los que provocaba convulsiones musculares en ranas muertas mediante descargas eléctricas.
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Según algunos expertos, para su personaje de Victor Frankenstein, Mary se inspiró en Luigi Galvani, un médico del siglo XVIII que planteaba que la electricidad era capaz de curar ciertas enfermedades y hasta de revivir cadáveres. Para otros se basó en el alquimista Johann Konrad Dippel (1673-1734), a quien se atribuían macabras pruebas con cadáveres humanos a los que intentaba reanimar y transferir el alma de otras personas.
El Legado Filosófico Familiar
Hay que tener en cuenta, destacó Burdiel, que Mary Shelley era hija de dos grandes pensadores “revolucionarios” de la época. William Godwin era un filósofo radical que defendió un extravagante proyecto de ingeniería social en su obra más conocida, Investigación acerca de la Justicia Política (1793). “Fue un utópico que postuló un mundo perfecto donde no habría conflictos ni desigualdades, una especie de socialismo utópico previo a Marx.
Su madre, Mary Wollstonecraft, fue la pionera del feminismo anglosajón y autora de su Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792). “No llegó a conocerla”, recordó Burdiel, “porque murió precisamente cuando dio a luz a su hija, pero ella misma dice que la presencia y el eco de la madre muerta, de su pensamiento y de su vida la acompañó siempre, no siempre en términos positivos o fáciles de sobrellevar”.
Desde una perspectiva distinta a su marido, como parte de su reflexión feminista, Wollstonecraft también se planteó el problema de los sentimientos y del amor como algo conflictivo potencialmente para las mujeres. “No creía que debieran dejar de amar, sino que debían pensar de qué manera librarse de concepciones del amor y del deseo que podían esclavizarlas.
Romanticismo y la Construcción de la Identidad
No hay que olvidar, recordó también la historiadora, el hecho de que Frankenstein surge en pleno apogeo del Romanticismo, y la influencia que ejerció Percy B. Shelley, uno de los poetas más destacados de este movimiento, sobre su esposa. “La ingeniería social que defendían los padres de Mary, típico de la Ilustración previa a la Revolución Francesa, es cuestionada para una generación Romántica que ha vivido los monstruos que ha construido la Revolución”, explicó.
“La idea de que pueda existir una sociedad perfecta o una solución final, que en el caso de sus padres tiene mucho que ver con la anulación de los sentimientos, es exactamente lo contrario a lo que plantean los Románticos de su generación, que es la exacerbación y la glorificación del sentimiento, el sentimiento como libertad y rebeldía”.
Precisamente la influencia del Romanticismo se percibe en otro de los grandes temas que aborda la novela: la construcción de la identidad, de lo que somos, y de cómo es la mirada de los demás lo que determina nuestra imagen de nosotros mismos. “Frankenstein refleja la idea Romántica de que los seres humanos se construyen en su relación los unos con los otros.
El monstruo no sabe que es un monstruo, simplemente percibe que es rechazado por los demás, y cuando mira su imagen en un estanque, reconoce que es el monstruo que dicen que es. Él reconoce su identidad porque se la han inculcado los demás al rechazarle”, explicó Burdiel. “La novela, por tanto, plantea una reflexión sobre cómo se construyen las identidades, y sobre todo cómo se decide que alguien es monstruoso y se le obliga a convertirse en un monstruo.
La criatura es buena y virtuosa, pero es el rechazo del que es objeto lo que le convierte en un monstruo. Por todo ello, más allá de sus advertencias respecto a los peligros potenciales de la ciencia o la ingeniería social “irresponsable”, para Burdiel “este cuento de fantasmas tuvo y todavía tiene una dimensión de viaje estremecedor a la propia identidad como la fuente (o no) de toda inquietud, de todo terror.
Es una reflexión sobre cómo se crean los monstruos, sobre la tenue línea que separa lo normal u ordinario de lo extraordinario o monstruoso.
Publicación y Legado
Frankenstein salió a la luz en marzo de 1818 como obra anónima y dedicada a William Godwin (el padre de Mary), a quien se atribuyó. Pero en 1822 Mary lo editó, y esta vez firmó con su nombre. Doscientos años después de su nacimiento, no cabe duda de que Frankenstein sigue siendo el icono de la ciencia que “juega a ser Dios”, una idea implícita en el subtítulo que la propia Shelley le puso a su novela: El moderno Prometeo.
Decía el gran antropólogo francés Claude Lévi-Strauss -en una frase que cita Burdiel en su edición crítica de Frankenstein, publicada por Cátedra- que “un mito es una mentira que dice una verdad”.
Según la historiadora, “la verdad -o más exactamente las verdades a veces contradictorias entre sí- que cuenta Frankenstein tienen que ver con las inquietudes del hombre moderno respecto a que las fuerzas políticas, económicas, tecnológicas y científicas convocadas en nombre del progreso puedan volverse incontrolables o convertirse en lo contrario de lo que se quería que fuesen.
Por todo ello, para Burdiel es evidente que “una parte fundamental de la energía que hay en Frankenstein y su capacidad para inquietar” tienen que ver con su lectura como fábula moral sobre los peligros potenciales de la ciencia, o más bien del científico irresponsable que se desentiende y abandona a sus creaciones.
Tabla de Personajes Clave en la Creación de Frankenstein
| Personaje | Rol |
|---|---|
| Mary Shelley | Autora de Frankenstein |
| Lord Byron | Poeta que propuso el reto de escribir historias de terror |
| Percy B. Shelley | Poeta y esposo de Mary Shelley, influyó en la obra |
| John William Polidori | Médico de Byron, autor de "El Vampiro" |
| William Godwin | Padre de Mary Shelley, filósofo |
| Mary Wollstonecraft | Madre de Mary Shelley, feminista pionera |
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