Orígenes y Creencias de los Antiguos Canarios: Cuevas del Viento, Fertilidad y los Guanches

08.01.2026

La historia de los antiguos canarios está llena de misterios y costumbres que aún hoy generan debate e investigación. Un aspecto particularmente intrigante es el tratamiento de los restos de recién nacidos en contextos domésticos, no funerarios, lo cual ha llevado a diversas interpretaciones sobre las prácticas de la población aborigen.

El Enigma de Cendro: ¿Infanticidio o Mortandad Perinatal?

La presencia de recién nacidos en los lugares funerarios de los antiguos canarios es tan escasa que, cuando en un yacimiento aborigen afloran los restos de bebés, se disparan las teorías. Es el caso de Cendro, en Telde, cuyo nombre se ha asociado con un supuesto sacrificio ritual de niños o, al menos, con un control de la población a base de infanticidios. Sin embargo, seis investigadores de la sociedad Tibicena Arqueología y Patrimonio, el Museo Canario, la Universidad de La Laguna y el Cabildo de Gran Canaria publican este mes un artículo en la revista "International Journal of Osteoarchaeology" que no solo refuta esas dos hipótesis, sino que formula una explicación alternativa sobre lo que evidencian esos restos óseos de bebés: Así de duro era nacer en la Canarias aborigen de hace mil años.

Las crónicas de la Conquista de Canarias recogen en varios pasajes el relato de cómo los primeros habitantes de las islas practicaban un control poblacional cuando la supervivencia del grupo se veía comprometida por una larga sequía o por una falta de alimentos, control que solía consistir en matar a las niñas recién nacidas.

Eso es lo que algunos historiadores han querido ver en los restos de Cendro, una de las "ciudades" más importantes de Gran Canaria cuando llegaron a la isla los castellanos en el siglo XV junto a su vecina Tara, con la que llegó a sumar 14.000 casas, parte levantadas sobre suelo, parte excavadas en cuevas (Leonardo Torriani, 1592). En ese lugar, hace años que el desplome del terreno en una zona de grutas ha dejado al descubierto numerosos restos humanos, todos de niños pequeños y recién nacidos, cuyos huesos fueron conservados en su día por sus familiares en un contexto doméstico, no funerario.

Teorías Refutadas: Infanticidio y Sacrificio Ritual

Para quienes sostienen la teoría del infanticidio, los recién nacidos de Cendro son las víctimas de uno de esos momentos en los que se asesinaba a las niñas para contener el crecimiento de la población. Los restos no presentan lesiones ni rastros de heridas, pero los autores admiten que se puede matar de varias formas a un neonato sin dejar rastro de esa acción en los huesos.

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Ahora bien, apuntan, el 75 % de los huesos de neonatos recuperados en Cendro corresponden a varones. ¿Cómo casa eso con la práctica del feminicidio infantil como fórmula de control de la población?

La segunda teoría sobre ese yacimiento de Telde lo describe como un "tofet"; es decir, como el lugar donde se depositaban los restos quemados de niños pequeños víctimas de un sacrificio ritual colectivo en las antiguas culturas fenicias y púnicas, con las que en ocasiones se ha pretendido relacionar a los antiguos canarios.

Los arqueólogos y especialistas en ADN antiguo que firman este artículo recuerdan que no solo el supuesto origen púnico de los canarios ha sido rebatido hace tiempo (la genética acredita que los aborígenes de las islas eran bereberes), sino que además los primeros habitantes de las islas llegaron a Canarias en el primer milenio de nuestra era, cuando ya hacía mucho tiempo que ese tipo de sacrificios infantiles rituales habían caído en el olvido en las culturas mediterráneas que los habían practicado.

Pero, además, ninguno de los huesos infantiles de Cendro está quemado. Otro detalle que no encaja en un supuesto "tofet".

Una Explicación Alternativa: La Dureza del Nacimiento

¿Qué muestra, entonces, ese yacimiento de Gran Canaria? Los autores de este trabajo ven en esos restos infantiles el reflejo claro de lo duro que era parir, y nacer, en aquellas sociedades aborígenes. A su juicio, esta tesis la apuntalan varios datos objetivos de contexto, al contrario que la de los infanticidios.

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Esos restos no están en urnas, ni junto a otros restos animales u objetos que delaten una finalidad votiva (no parecen "ofrendas" a los dioses); la mayoría corresponde a niños nacidos entre las semanas 36 y 37 de gestación, las mismas en las que la literatura médica sitúa la mayoría de las muertes naturales de neonatos; y el 75 % son niños, lo que concuerda con la mayor exposición genética y biológica de los varones a la muerte perinatal, "lo que parece ser un fenómeno universal y atemporal", subrayan los autores.

"Ante la falta de evidencias directas de infanticidio, teniendo en cuenta las elevadas tasas de mortandad natural que serían de esperar en esta población y la distribución de edades de muerte descritas, todo apunta a que los depósitos de Cendro reflejarían un patrón natural de mortandad perinatal. Individuos fallecidos en un rango muy concreto (mortinatos, fetos a término o poco después de nacer) a los que, además, se les confiere un tratamiento mortuorio particular, al ser inhumados en un contexto doméstico", exponen.

Hay estudios que sugieren que en aquellos siglos moría el 20 o 30% de los recién nacidos. ¿Por qué los enterraban "en casa"? Es un comportamiento habitual en las sociedades bereberes del norte de África de las que descendían los antiguos canarios, responden los investigadores, testimonio de "un sistema de creencias sobre fertilidad, protección y perpetuación del nexo con el grupo de origen". En la actualidad, Cendro no es ya un caso aislado y han aparecido en Canarias más restos de bebés conservados en contextos domésticos, no funerarios.

Este trabajo es el resultado de una investigación impulsada por el Museo Canario, a cargo de Verónica Alberto (Tibicena), Teresa Delgado (Museo Canario), Alejandra C. Ordóñez (ULL), Javier G.

Buenavista del Norte: Un Viaje a los Orígenes Guanches en Tenerife

“La historia la hace el pueblo y es de todos”. Con esta frase de Salvador Allende comienza Orígenes de Buenavista del Norte, un libro de 1999 editado por el ayuntamiento de un pueblo ubicado en el último confín de Tenerife, en su extremo noroeste, en la falda del imponente macizo de Teno, el lugar más antiguo de la Isla junto a la península de Anaga. Su nombre delata la belleza de su territorio. A su edad geológica hay que añadir que atesora la datación más añeja de la cultura guanche de Tenerife, entre los siglos II y III de la era común. Con esta primera entrega, iniciamos un reportaje de tres capítulos que se publicarán en sábados sucesivos y nos conducirá por su agreste geografía, desde el barranco de Masca al altiplano de Teno Alto, pasando por el camino indígena de la costa y culminará con la ruta de la cultura de muerte.

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Buenavista no es un lugar de paso. Es el fin de un camino, de los 71 kilómetros que separan la capital tinerfeña de un pueblito cuyo casco histórico está declarado BIC. La mayoría de los turistas que recorren el norte insular no pasan de Garachico, un pueblo con mucha historia y uno de los más hermosos del Archipiélago. Por eso, los viajeros que llegamos a Buenavista lo hacemos porque se trata de nuestro destino. Incluso así, miles de turistas que llegan al municipio ni siquiera se asoman al pueblo. ¿Por qué? Después del Teide y del parque temático Loro Parque, “Masca es el tercer lugar más visitado de la Isla”, afirma el concejal de Patrimonio Cultural y Medio Ambiente de Buenavista del Norte.

Hacia Masca nos dirigimos el primer día de estancia en el municipio. A finales del siglo XX estuvimos en esta aldea; y como ocurre con la mayoría de los turistas, accedimos por Santiago del Teide, en el oeste de Tenerife. En esta ocasión, en cambio, llegamos por el norte, desde el casco urbano de Buenavista, en la denominada Isla Baja, una plataforma originada por sucesivas coladas volcánicas. Nada más salir del pueblo, empezamos a escalar la TF 436, la carretera que atraviesa el Parque Rural de Teno. Tras dejar atrás el valle de El Palmar, llegamos al mirador de Baracán, en la vertiente oeste. En primer plano, un cruce de barrancos con diminutos caseríos en el fondo y con las laderas cuarteadas por bancales abandonados. Uno de ellos es Los Carrizales.

El Yacimiento de Yeje y su Significado Astral

La siguiente parada es el mirador de Hilda, orientado al sur. Desde aquí, se divisa perfectamente Masca y todo su entorno. También un farallón rocoso al que nos dirigimos caminando. Es un sendero de dificultad baja hasta llegar a un angosto paso que nos conducirá al lugar al que nos dirigimos: la Degollada de Yeje. Aquí sí tenemos que estar alerta ante el inquietante acantilado que tenemos a menos de un metro. Este yacimiento está vinculado a la cosmovisión aborigen, pero no hay ninguna prueba contundente, al menos hasta ahora, para calificarlo como un enclave arqueoastronómico. De lo que no hay duda es de su especial emplazamiento. Vas caminando por la cresta del promontorio y justo al llegar al grabado, junto a un conjunto de cazoletas, se atisba, al fondo, la cima del Teide.

Es un grabado circular muy pequeño. El catedrático y Premio Canarias Antonio Tejera Gaspar afirma en su libro Guanches: “De los yacimientos rupestres astrales conocidos en Tenerife (…), el de Yeje es el más relevante”. Tejera destaca su vinculación con “los tres recipientes excavados en la roca que se hallan asociados a la representación astral allí documentada”. Es indudable su significado astral y hay consenso que los conjuntos de cazoletas, en todas las islas, están vinculados a ritos cultuales, posiblemente para pedir agua u otras consideraciones relacionadas con la fertilidad.

Las Estacas: Cuna de la Cultura Guanche en Tenerife

De especial relevancia por la información que ha suministrado y por la que seguirá aportando es el yacimiento de Las Estacas, en la costa. Es una cueva de habitación y hay una segunda más pequeña -Las Estacas 2- en la que aparecieron restos humanos. Su estética no es nada singular y está lejos de la espectacularidad de yacimientos de Gran Canaria y de otros de Fuerteventura, La Palma o Lanzarote. Sin embargo, tiene una estratigrafía “que ilustra que estuvo habitada desde el inicio del periodo indígena y también durante las centurias previas a la Conquista”, según ha informado a Canarias Ahora-elDiario.es el doctor Cristo Hernández, codirector de las últimas campañas realizadas junto a la doctora Carolina Mallol.

¿Esta información implica que estuviera habitado el yacimiento durante los aproximadamente 1.300 años del poblamiento indígena? “No se ha podido probar aun”, señala el investigador. De lo que no hay duda es de su potencial arqueológico sobresaliente. Hay un dato que aun lo hace más importante: es la cuna de la cultura guanche en Tenerife. Con los nuevos sistemas de datación, a los que se aplican protocolos de higiene cronométrica, el vestigio arqueológico más antiguo es un hueso ovino caprino excavado en la cueva Las Estacas 1. “Da una edad entre el siglo segundo y el tercero”.

Teno Alto: Ganadería, Tagoras y el Tagoror Aborigen

Aunque son menos los automovilistas que en Masca, en Teno Alto aparentemente son más los senderistas. La red de senderos en este paraje del parque rural es notable. Se cruzan los caminos; algunos suben desde la costa, otros unen el valle de El Palmar con Los Bailaderos, el caserío principal de Teno Alto, otros van directamente a la punta de Teno descendiendo por un barranco y otros sencillamente recorren la vasta extensión del altiplano que sorprende al visitante al llegar a Los Bailaderos, a 770 metros sobre el nivel del mar. En Teno Alto se vive principalmente de la ganadería. Son mayoría las cabras pero también hay ovejas y alguna vaca. Los quesos de la comarca son muy apreciados en la Isla y en concursos internacionales; ahora sabemos por qué.

Esta área del parque rural no es abrupta como el resto del macizo de Teno. Se trata de un altiplano irregular, forrado de vegetación por el que pastan las cabras, generalmente está azotado por el viento. Para protegerse del alisio, los pastores construyeron unos refugios semicirculares de piedra denominados tagoras. De lo que no hay duda sobre su factura aborigen es el tagoror de Teno. Está en un emplazamiento privilegiado, al borde de uno de los acantilados del macizo y con vistas directas al Teide.

Este tagoror es uno de los más hermosos de Canarias y está en muy bien conservado.

El Paisaje Lunar y las Eras de Teno Alto

Otro lugar muy curioso y que jamás imaginas que encontrarás cuando caminas por el altiplano de Teno Alto es el denominado Paisaje Lunar. Es un lugar extraño, tremendamente seco. Yermo. Es un pequeño paraíso para los geólogos y, sin duda, pone de relieve que el macizo de Teno fue de las primeros lugares que surgieron del fondo del mar cuando se formó la isla de Tenerife.

Los senderos del altiplano nos muestran otros elementos de su patrimonio etnográfico, las eras. Hay decenas; están perimetradas por muros de piedras de unos dos metros de altura, con una zona abierta denominada aventadero para canalizar el aire. Durante la trilla, sobre un suelo perfectamente empedrado, el aventadero se tapaba con una lona; al concluir la tarea, se quitaba y el viento se encargaba de separar la paja del cereal. Aquí se cultivaba trigo, avena, cebada, centeno y lentejas.

Teno Alto todavía guarda en su memoria un pasaje de su valioso patrimonio etnográfico, propio de la Canarias profunda: los ataúdes comunitarios. Esta práctica estuvo presente hasta los años 70 del pasado siglo en varias islas, incluida La Graciosa.

Icod de los Vinos: Historia, Cultura y el Drago Milenario

El municipio de Icod de los Vinos está situado en el noroeste de Tenerife, y abarca una superficie de unos 95 km2 que se extiende desde el mar hasta las cumbres. Según la tradición, en esta comarca se asentaron los primeros pobladores de Tenerife, los guanches, hace más de 2.500 años, y desde allí fueron colonizando el resto de la isla. A finales del siglo XV, en tiempos de la conquista europea, Tenerife estaba dividida en nueve tribus o menceyatos, uno de los cuales era Ycoden, cuyo territorio ocupaba casi la misma superficie que el actual municipio.

Hoy en día, Icod de los Vinos es uno de los municipios más importantes de Tenerife, tanto por su relevancia histórica y cultural como por su gran actividad agrícola, comercial y turística. El Drago Milenario es el legendario árbol que más fama ha dado a la ciudad y que siempre ha sido el mayor reclamo para el turismo. Ya se menciona en una data o repartimiento de tierra que otorgó el adelantado Alonso Fernández de Lugo en 1503 a Pablo Martín, un aborigen de Gran Canaria que participó en la conquista de Tenerife: “Un asiento de colmenas en Ycode, atrás del drago grande en el camino hacia Daute”.

Después de la muerte del famoso Drago de La Orotava (1867), el de Icod comenzó a adquirir protagonismo y a ser conocido mundialmente a través de dibujos y fotografías publicadas en numerosas revistas nacionales y extranjeras. En 1916, la finca donde se encontraba fue adquirida por el ayuntamiento, y un año más tarde el drago fue declarado Monumento Nacional, al igual que el Árbol de Guernica (País Vasco), el Pino del Santuario de Queralt (Cataluña) y otros árboles notables que por su edad, simbolismo histórico, tradición religiosa, etc., son merecedores de esta distinción. Sin que sepamos la razón, en 1919 esta propiedad fue cedida al Estado, pero se recuperó en 1928.

“El drago de Icod de los Vinos es el más hermoso ejemplar de la especie Dracaena draco, y el único ejemplar existente de una flora antediluviana, según Alexander von Humboldt. Árbol histórico, a su sombra pactaron los cuatro menceyes guanches la sumisión a la corona de Castilla”.

Conservación y el Parque del Drago

A mediados de los años 80, el ayuntamiento contrató los servicios de Kenneth Allen, un especialista americano en arboricultura cuya experiencia estaba avalada por numerosos trabajos, varios de ellos realizados en el Jardín Botánico de Madrid. Éste llevó a cabo una importantísima labor en el drago de Icod en 1984 y 1985. Revisó concienzudamente la copa, podando algunas ramas que se encontraban en mal estado. Abrió un hueco por el lado norte para poder acceder a la cavidad. Allí efectuó una limpieza a fondo de la madera podrida y, posteriormente, instaló un ventilador para que circulara el aire y para controlar la elevada humedad ambiental del interior. Esta medida fue muy acertada, pues, al bajar la humedad, la madera se vio menos afectada por los hongos y bacterias que causan la podredumbre.

A principios de los años 90 se creó lo que hoy en día se conoce como el Parque del Drago. En la actualidad, el parque ocupa una superficie de unos 30.000 m2, donde se reflejan los diferentes tipos de vegetación natural propios de esta comarca. La flora del piso basal, que se extiende desde el nivel del mar hasta los 300 metros de altitud, está representada por diferentes especies de arbustos y plantas suculentas, la mayoría endemismos canarios, como cardones, tabaibas, balos, cardoncillos y verodes, entre otros. Entre los 300 y los 500 metros de altitud se desarrolla de forma natural el llamado bosque termófilo, que en el parque se manifiesta con árboles muy comunes y conocidos de la flora canaria, entre ellos palmeras, almácigos, acebuches, sabinas y, naturalmente, dragos, de los que se ha creado un pequeño vivero. Por último, existe una buena representación de la selva de laureles, la famosa laurisilva, que es un tipo de bosque subtropical de origen muy antiguo, cuyos límites potenciales se encuentran entre los 500 y los 1.200 metros de altitud en la vertiente norte de la isla.

Mortalidad infantil estimada en Canarias (Siglos X-XIV)
Periodo Tasa de Mortalidad Infantil
Siglos X-XIV 20-30%

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