Ferretería García e Hijo: Una Historia de Tradición y Evolución

05.11.2025

¿Se imagina una ferretería en el siglo XIX? Útiles para el trabajo, herramientas, cerraduras y otros productos para el hogar desde un punto de vista decimonónico. Pues esa ferretería sigue viva, y coleando.

La Escurriura, un negocio mítico de Lebrija, acaba de cumplir 151 años de funcionamiento ininterrumpido en esta localidad. Ni el paso del tiempo, ni los cambios sociales, ni la nueva mentalidad de la sociedad contemporánea, ni siquiera, conflictos armados y épocas de gran carencia, han sido capaces de derrotar a un negocio conocido por todos en esta localidad del Bajo Guadalquivir.

Hasta cinco generaciones han guiado los designios de un coqueto rincón lebrijano donde el tiempo se para, pero el servicio y prestaciones progresa con la vertiginosa velocidad del cambio tecnológico.

Los Orígenes de La Escurriura

La Escurriura nació en el año de gracia de 1862, y se asentó en el mismo lugar donde parece ser que moraba una tasca, según vestigios encontrados. Por entonces, José García adquirió la casa donde estaba el local e inició el recorrido de este comercio.

"Le siguió su hijo que también se llamaba José García Falcón. Este hombre era casado con una maestra, pero no llegó a tener descendencia, por lo que son sus sobrinos los que trabajaban en la tienda con él", cuenta Francisco Javier Pacheco Hermoso, actual propietario del negocio.

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El gerente de la Escurriura continúa con un particular relato de las épocas de su ferretería: "entre los sobrinos había una mujer llamada María del Castillo, la cual se casó con Francisco Hermoso, comerciante y asiduo a las visitas a la tienda. En el año 1920, le compra el negocio a José García Falcón".

Así es como el negocio llega al abuelo del actual propietario. Posteriormente, fue heredado por los hijos de Francisco Hermoso, José y Cándido, que vendieron el negocio a los hermanos Pacheco Hermoso, José Luis y Francisco Javier, quien adquirió a su hermano su parte para convertirse en único administrador de La Escurriura.

Impulso y Anécdotas de un Negocio Familiar

Entre las historias más curiosas que jalonan la dilatada trayectoria de esta ferretería, se cuenta que el verdadero ímpetu del comercio llegó con la gestión de Francisco Hermoso, "un hombre emprendedor e inquieto", que introdujo nuevos artículos y convirtió a esta tienda en una referencia en Lebrija.

"Una anécdota de aquella época fue que cuando Francisco Hermoso iba a Sevilla a comprar artículos, se llevaba a sus hijas y les decía que se comprasen los zapatos que más les gustase, cuando se lo habían comprado, el compraba más zapatos de los modelos elegidos por sus hijas. Las hijas se paseaban por el pueblo con ellos y el los vendía en la tienda, y le puedo asegurar que tenía éxito. Esto ocurría antes de la guerra Civil", señala Francisco Javier, que trabaja en la ferretería desde hace más de 30 años y que destaca como aspectos similares que no han cambiado a pesar del paso del tiempo a "la honradez, amabilidad, servicio al cliente y seriedad", razones de ser de su ferretería.

Adaptación a los Nuevos Tiempos

La Escurriura sufrió un profundo cambio físico hace unos 15 años. Reformó el local, aunque guardando alguna relación con la primitiva construcción. Se trató de un cambio necesario para poder dar más calidad a sus servicios, que actualmente destacan por la especialización en cerraduras, con trabajos de aperturas de puertas, vehículos y cajas fuertes las 24 horas. También se distinguen en herraje de muebles y decoración, amén de todo tipo de artículos de ferretería.

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Además, la Escurriura ha llevado la apertura de una sucursal en otro barrio lebrijano, ampliando a dos las tiendas de la empresa en esta localidad.

Una empresa que lleva más de siglo y medio atendiendo a las necesidades del municipio, y que ha sido testigo del paso del tiempo y del cambio en nuestra civilización, y que además, supera, no sin complicaciones, la actual expansión de importantes distribuidoras y la tendencia de comprar en grandes almacenes.

"Es verdad que estamos llamados a desaparecer, salvo, que seamos capaces de reinventarnos cada día y dentro de nuestros pequeños márgenes de maniobra, ir abriendo camino en la relación comercial con nuestros clientes, ofreciendo siempre lo que una gran superficie no puede ofrecer: especialización, trato personal al cliente, asesoramiento o cercanía".

Esas son algunas de las claves que han hecho posible que un negocio flote frente al mar de figuradas inundaciones que ha sufrido nuestra civilización en los últimos 150 años. Ni guerras, ni carencias, ni cambio tecnológico, ni grandes empresas han sido capaces de derrotar a La Escurridura, comercio que además fue condecorado por el Ayuntamiento de Lebrija por su trayectoria empresarial a lo largo de cinco generaciones.

El Pasaje: Otra Historia de Éxito Familiar

Fernando García aún guarda cicatrices de las caídas que siendo pequeño tuvo jugando en el negocio familiar. En aquel entonces la ferretería El Pasaje abierta por sus abuelos, Andrés y Cándida, estaba presidida por un gran mostrador tras el que se abrían diferentes hileras de estanterías repletas de tornillos, martillos, cintas y un sinfín de herramientas.

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“En aquella época se vivía en el negocio”, recuerda. Una frase que en el caso de su familia tomaron al pie de la letra. Una pequeña puerta da a la parte trasera del inmueble, donde a través de unas escaleras se asciende a la que durante años fue la casa de sus abuelos. Eso les permitía poder estar en el local hasta altas horas de la noche sin tener que salir a la calle para regresar a su domicilio. Además, en el caso de que hubiese algún problema, tardaban solo unos minutos en llegar.

El matrimonio regentó durante años el negocio, abierto a principios de los años treinta y que tras su jubilación pasó a manos de su hijo, Andrés. El padre de Fernando fue el encargado de darle una nueva vida a la ferretería. La remodelo por completo y se deshizo del característico mostrador. Las obras fueron tan profundas que hasta descubrieron “tres puertas que no sabían que estaban”.

Con la nueva imagen lograron crear un ambiente más distendido, quitando ese “miedo” innato que existe en ocasiones entre los clientes a la hora de entrar en los pequeños negocios. “La gente quiere entrar y mirar, sin sentir el agobio de tener que comprar. A veces dan una vuelta por la tienda y ven otra cosa que les interesa”, indica. Eso sí, sin perder “el trato cercano que siempre ha habido”.

La última etapa de la ferretería comenzó hace cinco años, cuando Fernando decidió dejar su trabajo en Canarias para tomar el relevo de su padre. “Yo nací aquí, esta es nuestra casa”, asegura. De su mano han llegado las nuevas tecnologías. Automatizó todo el proceso de compra-venta y digitalizó la información. Atrás quedaba la imagen de su padre haciendo las cuentas a mano con la calculadora.

El empresario ha apostado también por abrir un nuevo local al otro lado del pasaje en el que se ubica la ferretería. El nuevo negocio está más enfocado a la decoración y a productos de menaje. “Si no avanzas te quedas atrás”, defiende.

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