Geoffrey Lewis: Un Legado Familiar en Hollywood y sus Hijos

27.10.2025

A Geoffrey Lewis se le ha conocido sobre todo por dos cosas: por ser el padre de Juliette Lewis y por ser un habitual en las películas de Clint Eastwood, a quien conoció durante el rodaje de Infierno de cobardes. Allí vestido de forajido del oeste en un pueblo del desierto pintado de rojo, nació entre ambos un amor a primera vista en forma de amistad que duraría el resto de su vida.

Desde entonces, no hubo película, dirigida o no por Clint Eastwood, en la que el ex-alcalde de Carmel no enchufara a su amigo como secundario: Un botín de 500.000 dólares, Bronco Billy, El cadillac rosa, Medianoche en el jardín del bien y del mal... Pero Geoffrey Lewis hizo mucho más que eso: a partir de los años 70 fue una presencia fija en las series televisivas más míticas de la pequeña pantalla.

Clásicos que son historia de la televisión como Bonanza, Misión imposible, La ley del revólver, Cannon Kung Fu, Los Walton, Los hombres de Harrelson, Starsky y Hutch, Las calles de San Francisco, McCloud, La mujer policía, El hombre de los seis millones de dólares, Hawai 5-0, Lou Grant, La casa de la pradera, Falcon Crest, El espantapájaros y la Sra. King, El Equipo A, Magnum P.I., McGyver, Walker Texas Ranger, Se ha escrito un crimen, Expediente X, Nip/Tuck y Me llamo Earl.

Así como intervenir en títulos cinematográficos de éxito fuera de la tutela de Clint Eastwood como Sangre, sudor y pólvora, Dillinger, El viento y el león, La noche del cometa, La puerta del cielo, Tango y Cash, La asesina, Doble impacto, El hombre sin rostro, Maverick, Blueberry: La experiencia secreta o Los renegados del diablo.

Padre de otros nueve hijos además de Juliette Lewis y cienciólogo como ella, Geoffrey Lewis ha muerto a los 79 años por causas naturales. A sus espaldas deja un legado de más de 200 trabajos a lo largo de 45 años en los que ha tocado todos los géneros. Un secundario de presencia obligada en westerns, thrillers y actions que se marcha dejando un recuerdo imborrable con una frase que reza "Amigo de Clint Eastwood y padre de Juliette Lewis".

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De aspecto rústico, bonachón o malvado, Geoffrey Lewis se dio a conocer con un papel destacado en Sangre, sudor y pólvora (Dick Richards, 1972), brilló en Dillinger (John Milius, 1973) y también apareció en numerosas series de televisión, como la sitcom Flo, por la que recibió una nominación al Globo de Oro, o la adaptación de Stephen King El misterio de Salem's Lot, en la que mostró su faz más aterradora.

Otros títulos de su prolongada filmografía son La Puerta del Cielo (M. Cimino, 1980), Tango y Cash (Andrei Konchalovsky, 1989), El Hombre sin Rostro (Mel Gibson, 1993) o Maverick (Richard Donner, 1994), entre muchos otros. Entre cine y TV, intervino en más de 200 títulos. También tuvo tiempo de tener 10 hijos. Entre ellos, la famosísima Juliette Lewis.

Geoffrey Lewis también era un gran storyteller y como tal fundó el grupo de spoken word Celestial Navigations.

La Familia Lewis: Un Legado Artístico

Geoffrey Lewis no solo fue un actor talentoso, sino también el patriarca de una familia con varios miembros dedicados a las artes escénicas. De sus diez hijos, cuatro han seguido sus pasos en el mundo de la interpretación, incluyendo a la reconocida Juliette Lewis.

Hijos de Geoffrey Lewis que también se dedican a la actuación:

  • Juliette Lewis
  • Lightfield Lewis
  • Matthew Lewis
  • Dierdre Lewis

Juliette Lewis: La Musa de los 90

Deslenguada, rebelde, rara, conflictiva, loca, viciosa… pocas actrices han tenido que soportar sobre sus hombros la losa de una temprana y maliciosa leyenda que siempre ha sido objeto de escarnio y burla. Y no por falsa, que quizás es más que cierta y justificada esta fama de niña mala y casi absurda, pero sí que seguro no era más hiperbólica que la de cualquiera de sus contemporáneas a las que se les ha permitido la redención, el perdón y la siempre onanista conmiserización.

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Buscar documentación sobre esta actriz es toparse, más allá de con la ineludible sucesión de títulos, míticos en sus comienzos y olvidables los últimos veinte años, con una sucesión de lugares comunes y gracietas con las que despertar la risa del lector, como si Juliette hubiera nacido para divertirnos con su ridiculez y su falta de prejuicios para mostrarse tal y como es, véase: tonta o una chalada neurótica.

Quizás, y eso la hace más grande, es que esta actriz de ojos extraordinariamente vivarachos, casi como si estuvieran idos, nunca ha buscado nada. Ni la redención, ni el perdón, ni la siempre onanista conmiserización. Quizás es que Juliette se sabe por encima de esas gilipolleces y ese sentimiento, el de dar pena, se la trae floja porque no puede ser más lastimero y patético.

Quizás es que Juliette, candidata al Oscar con 17 años, prefiere hacer lo que quiere, como quiere y que los demás opinen y digan lo que les apetezca, aunque sea patética. Porque al final, una cosa es cierta, por muy delirada que sea, su nombre va unido a algunos de los mejores títulos de la década de los 90, que también es cierto que a grunge, no la gana nadie, y sin haber cumplido la mayoría de edad, ya era musa de Scorsese, Woody Allen y Tarantino, capaz de robarle el plano al mismísimo Robert De Niro sin decir ni mu.

Ser actriz era algo casi natural para Juliette, ni siquiera fruto de la predestinación, que sería demasiado fatuo denominarlo así. A los 7 años ya intervenía en capitulares y a los 12 tenía serie propia, Home Fires. “Mis padres me dieron mucha libertad. Jamás me dijeron: ‘vas a ser doctora o abogada cuando seas mayor. Serás lo que quieras’”. Y también hizo lo que quiso. Cuando tenía 2 años, la pareja se rompió y cuando tenía 14, consideró emanciparse.

“’Cariño, qué te gustaría hacer?’, me dijo mi padre. Y yo le contesté. ‘Quiero irme de casa. Vivir sola’”. Y se compró una casa de dos pisos en las montañas de Hollywood con sus propios ahorros. Era una niña con la cuenta corriente de un bróker de bolsa.

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“Una noche, con una amiga, cogimos el coche de su padre para ir a pasear por la ciudad. Teníamos 13 años. No sabíamos que había que echarle gasolina... Y nos quedamos tiradas en Rodeo Drive. Le pedí al mecánico que no le contara nada a mi padre y le di 1000 dólares para que tuviera la boca cerrada. Pero, cuando llegamos, papá estaba en la puerta de mi casa. ¿Cómo no se iba a dar cuenta de lo que había pasado si íbamos jugando encima de la grúa?”.

El Cabo del Miedo: Un Momento Decisivo

De Niro sería su gran valedor para conseguir el papel de Danielle Bowden en El cabo del miedo. Aunque Reese Witherspoon, Jennifer Connelly y sobre todo, Drew Barrymore tuvieron la oportunidad de arrebatárselo. Ahora son íntimas, pero Drew señaló que deseaba aquel papel más que a nada, pero que fue el peor casting de su carrera: "actué mal y fue el desastre más grande de mi vida".

Pero De Niro estaba fascinado por aquellos labios a lo Mick Jagger, tan carnosos como viperinos, porque ya entonces Lewis era un torbellino capaz de darle réplica sin temblarle el pulso y de conducir ebria con quince años y acumular multas de tráfico como si fueran cromos.

Tenía claro que aquella niña era de otra naturaleza o que en su naturaleza estaba eso de ser un bicho raro acostumbrado a romper moldes y que su falta de corrección, lejos de ser un defecto, era lo más arrolladoramente atractivo. Y tampoco le fue difícil convencer a Scorsese de que era la adecuada para el papel. La simbiosis entre Marty y De Niro estaba a prueba de bomba después de seis filmes juntos desde Mean streets (1973) pasando por Taxi driver (1976), New York, New York (1977), Toro salvaje (1980), El rey de la comedia (1982) y la recién terminada Uno de los nuestros (1990).

En su Cabo del miedo, todos los personajes estarían tan embarrados con culpabilidades, traiciones, mentiras y perversiones que al espectador le sería difícil calificar de víctimas y de verdugo a quien en un principio se presentan como tales. La decadencia moral de todos sería su común denominador y los secretos y las mentiras, sus patentes de corso.

La escena la rodaron sin que Lewis lo supiera. Como demostraría después, Lewis poseía un talento poco habitual, era una rara avis 3-60 como diría Paquita Salas, con una capacidad para sorprender y asumir la sorpresa asombrosa y una versatilidad que le permite moverse entre la comedia y el drama con una solvencia casi inexplicable, tan fácil como le resulta ser la más bella de la pantalla unas veces y su antónimo otras tantas o más.

Y esa verdad querían que se plasmara en la pantalla para, después, traspasarla. Y que también sabían que a Juliette se le había metido el miedo de la historia en el cuerpo y necesita dormir durante el rodaje con una pistola bajo la almohada.

Así que se planteó desde la improvisación. Scorsese usaría solo dos cámaras, apuntando a cada uno de los actores. De Niro y la niña. Se hicieron tres tomas. La primera de ellas fue la que finalmente se incluyó en la película. Lewis no sabía que De Niro le iba a meter el pulgar en la boca antes de besarla. Solo contaba con un aviso: De Niro iba a hacer algo.

“Fue muy intenso. Estábamos casi pegados el uno al otro y yo estoy mirando a Robert DeNiro fijamente. Él, como su persoanje, intenta meterle el pulgar en la boca y ella, yo, me aparto. Él insiste y por fin ella, yo, se lo permitimos. Después de hacerlo, la gente no paraba de hablar de la sexualidad de la escena, de la sexualidad que despedía yo para aquella edad, pero yo nunca lo vi de aquella manera”, le contó a Chuck Palahniuk, el de El club de la lucha.

Hollywood posó su ojo sobre ella y durante casi una década fue su hija, díscola, sí, pero predilecta y rentable. Era la antiestrella por excelencia. La voz, discordante, más atractiva de todos sus cachorros. La más fiera. Conquistaría a Woody Allen en Maridos y mujeres, que reflejaba la relación de Allen con Soon-Yi, la hija adoptiva de su esposa de ese entonces, Mia Farrow.

Protagonizó Asesinos natos, con Woody Harrelson quien, en la ficción, la obligó a cometer crímenes y parecía que disfrutaba en realidad. Tuvo un novio criminal en Kalifornia; enamoró al policía interpretado por Gary Oldman en Al filo del abismo; fue prostituta en Diarios de un rebelde cuando ese rebelde era Di Caprio y volvió a la inocencia en Quien ama a Gilbert grape, también con Leo y en Abierto al amanecer de manos de su factum factorum, Robert Rodriguez. Lo hizo todo y estuvo con los mejores.

Y además, fue la primera novia del rompecorazones Brad Pitt mucho antes de la existencia de Jennifer Aniston y qué decir de Angelina Jolie. De Di Carpio, Adam Sandler y le atribuyen Woody Harrelson y Johnny Depp, no era mayor de edad cuando fue candidata al oscar.

Era muy joven y de aquello casi ni se acuerda “no me percataba de la importancia del premio. En esa época estaba muy enamorada (de Brad Pitt) y esa era mi prioridad”. Y que fue un tiempo en que, pese en la discreción de sus relaciones, se volcó en los excesos con la actitud de una rockera que hace surfing sobre su fans, abandonada a su suerte y, como resultado, tuvo que ingresar en una clínica de rehabilitación para tratar su adicción a las drogas pero Hollywood nunca se lo perdonaría.

“No comulgo con la maquinaria de Hollywood, que trata a los actores como si estuvieran en el escaparate de una tienda de animales domésticos. Encuentro que la cultura hollywoodense es opresiva. Yo no soy parte del sistema. Felizmente descubrí otra forma de expresión a través de la música, aunque siempre he querido actuar. Lo que me interesa es el lado artístico. No me interesa el dinero. Los productores se inclinan por lo seguro, por lo que vende. Yo nunca he caído en eso”.

Filmografía Selecta de Geoffrey Lewis

Geoffrey Lewis tuvo una prolífica carrera, participando en numerosas películas y series de televisión. Algunos de sus trabajos más destacados incluyen:

Título
Infierno de cobardes (1973)
Un botín de 500.000 dólares (1974)
Duro de pelar (1978)
La gran pelea (1980)
La puerta del cielo (1980)
Los renegados del diablo (2005)

También fue una estrella invitada de televisión muy frecuente, apareciendo en series como Alias Smith and Jones, Gunsmoke, Starsky y Hutch, Barnaby Jones, Falcon Crest, Matlock, The X-Files, My name is Earl, la de vampiros Salem's Lot dirigida por Tobe Hooper, Ley y orden, Equipo A, Mork & Mindy, House M.D., y Mama's Family.

Fue también la voz de un personaje llamado Lenny en la película animada de Rob Zombie, The haunted world of El Superbeasto. Fundó una empresa dedicada a la producción cinematográfica y de televisión llamada Pistol Films LLC. La última película en la que apareció fue la comedia bélica Retreat! (2012), a las órdenes del director Scott Slone.

Legado Musical

Más allá del cine, Geoffrey Lewis también fue miembro del grupo musical Celestial Navigations con, entre otros, Geoff Levin.

La influencia de Geoffrey Lewis se extiende a través de sus hijos, quienes han continuado su legado en el mundo del entretenimiento.

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