Legalidad del Aborto en Estados Unidos: Plazos y Repercusiones
El aborto está en el punto de mira de los ultras desde que los movimientos feministas de los años sesenta y setenta (sobre todo en Europa Occidental y América del Norte) lo situasen como una de sus prioridades. Antes de esa fecha estaba ampliamente criminalizado y únicamente era legal en algunos países y de forma muy restrictiva. La reacción conservadora contra estos avances impulsó el crecimiento de las organizaciones fundamentalistas, que descubrieron que estos temas eran de interés mayoritario y especialmente útiles para ganar adhesión.
Hoy, la sentencia judicial de 1973 que garantizaba este derecho en Estados Unidos ha sido anulada. Lo cierto es que el antiabortismo es uno de los aglutinantes de la extrema derecha internacional y el punto de apoyo de una lucha ideológica mucho más amplia y absolutamente decisiva: el grado de autonomía y de libertad sobre la capacidad reproductiva de las mujeres afecta al estatus social de todas las mujeres, aborten o no, como explican Violeta Barrientos y Beatriz Gimeno. Lo que han conseguido los fundamentalistas cristianos en estos últimos cuarenta años es engrasar una red de recursos, activistas, grandes organizaciones y abundante financiación -más de 280 millones de dólares desde 2007- destinada a luchar contra este derecho.
En realidad, este derecho sigue avanzando en buena parte del globo. En los últimos diez años -coincidiendo con el periodo de mayor ascenso de las derechas radicales-, más de sesenta países han ampliado el acceso al aborto, liderados especialmente por América Latina y Europa. En América Latina, el empuje del feminismo de los últimos años, la “Marea verde”, ha logrado la legalización en Argentina en 2020, en Colombia en 2022 y México lo despenalizó a nivel federal en 2023. En Europa, Irlanda lo legalizó por fin en 2018 tras un referéndum histórico, mientras que Francia se ha convertido en el primer país del mundo en 2024 en incluir explícitamente el derecho al aborto en su Constitución -algo que ahora propone Sánchez-. De hecho, a nivel mundial, solo cuatro países han retrocedido en derechos formales en esta última década, aunque algunos de estos casos son muy significativos: Estados Unidos, Polonia, Honduras (que blindó constitucionalmente su prohibición en 2021) y Nicaragua -donde se aprobaron, en 2013, penas más duras para las mujeres que abortan-.
En otros lugares como El Salvador, se están llevando al extremo los instrumentos existentes para reforzar el control sobre las mujeres. Recientemente, por ejemplo, se ha enjuiciado a mujeres que tienen abortos espontáneos. Durante esta última década no ha habido retrocesos legislativos importantes en África, Asia u Oceanía -donde las organizaciones antiaborto globales tienen gran actividad-. Sin embargo, tampoco se han conseguido avances significativos y se han invertido muchos recursos para que así sea.
La Anulación de Roe vs. Wade y sus Consecuencias
Desde que comenzó la campaña contra el aborto en los setenta, la derecha religiosa estadounidense se ha convertido en un poderoso agente político, capaz de influir en la política institucional local e internacional. Su mayor victoria fue la anulación en 2022 por la Corte Suprema de Roe vs Wade -la sentencia de 1973 que había legalizado de facto el aborto-. El principal problema consistió en que la defensa se basó en el derecho a la privacidad -no en la autonomía corporal o la libertad de elección de las mujeres-.
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El resultado es que al menos 18 millones de mujeres en edad reproductiva han perdido el acceso al aborto en sus estados de origen, 14 en total, que han implementado prohibiciones casi generales de manera inmediata, gracias a leyes que los legisladores conservadores habían preparado durante años, anticipando este momento. Algunas de ellas implican penas severas de cárcel de hasta 10 o 15 años a los servicios médicos o los acompañantes. Sin embargo, una mayoría de estadounidenses -el 63% en 2024- cree que el aborto debería ser legal en todos o en la mayoría de casos, datos que no se mueven desde los años noventa.
Además, el actual presidente estadounidense ha endurecido la conocida como “regla de mordaza global”, una política que afecta a la financiación internacional que proporciona EEUU. Si algunos gobiernos conservadores anteriores -como el de Bush- prohibían usar estas ayudas para financiar programas de salud sexual y reproductiva, actualmente estas prohibiciones se extienden al aborto. Hoy ninguna organización que reciba fondos estadounidenses para cualquier programa de salud puede proporcionar servicios de interrupción voluntaria del embarazo o incluso información, aunque estas sean legales en el país.
Después de 49 años, el aborto deja de ser universal en Estados Unidos. El Tribunal Supremo, que en 1973 había votado a favor de la legalización de la interrupción del embarazo en todo el país, ha dado marcha atrás y ha emitido una sentencia en la que declara que ésta es una decisión que compete exclusivamente a los estados. Dado que en EEUU no existe legislación sobre el aborto, y es imposible que eso se dé ya que no alcanzaría jamás el quórum necesario en el Senado, es el Supremo quien decide al respecto. Hasta la fecha, la decisión del Tribunal era que el aborto era legal en todo el país, aunque los estados tenían potestad para limitar su aplicación. A partir de ahora, los estados pueden prohibirlo. Y muchos ya lo han prohibido.
Nueve de los 50 estados que componen EEUU prohibieron la interrupción del embarazo este mismo viernes nada más conocerse la decisión del Tribunal Supremo. Los nueve estados que ya han prohibido el aborto son: Alabama, Arkansas, Kentucky, Luisiana, Misuri, Oklahoma, Dakota del Sur, Utah y Wisconsin. De hecho, el fiscal general de Missouri se apresuró este viernes a declarar que su estado sería el "primero" en prohibir las interrupciones voluntarias del embarazo tras la decisión de la Corte Suprema. "Este es un día monumental para la santidad de la vida".
Se trata de territorios en los que el aborto ya estaba muy limitado, tanto por los plazos de espera que las mujeres que querían llevarlos a cabo tenían que cumplir como por los procedimientos que estaban obligadas a experimentar y por la escasez de centros en los que se llevaban a cabo las interrupciones del embarazo.
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En Dakota del Sur, por ejemplo, solo hay una clínica que hace abortos, situada, además, en Sioux Falls, una ciudad situada en el extremo suroriental del estado, pese a que se trata de un territorio tan grande como Andalucía, Murcia, la comunidad valenciana, y Castilla-La Mancha juntas, con una población de 800.000 habitantes. Sioux Falls, además, está en el extremo opuesto a la mayor parte de las reservas indias del estado, regiones de pobreza extrema en las que se producen la mayor parte de los embarazos no deseados.
En muchos de ellos hay recursos ante los Tribunales Supremos de los estados contra la prohibición. En otros, las propias autoridades se niegan a poner en práctica la legislación estatal que lo prohíbe, lo que está creando intrincados problemas institucionales y legales. Finalmente, hay estados como Texas donde la jurisprudencia no aclara hasta qué punto la derogación del aborto decidida por el estado supone la prohibición de esa práctica o el retorno a la situación anterior a 1973, en la que era legal, aunque con una regulación diferente.
Algunos estados amenazan con emprender acciones legales contra las mujeres que viajen a otros estados para llevar a cabo abortos, una medida cuya legalidad es muy incierta. Numerosas grandes empresas, como Tesla, Apple, Amazon, Citigroup, Microsoft, Match, Netflix o Salesforce, van a pagar los gastos de sus empeladas que tengan que viajar a otros estados a que les realicen un aborto.
Reacciones Políticas y Sociales
La batalla por el aborto, así pues, continúa. La presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha calificado la sentencia de "bofetada a las mujeres", en línea con la opinión general de su partido. De hecho, de los 220 demócratas de la Cámara de Representantes, 219 apoyan el aborto. Curiosamente, el único que se opone, Henry Cuellar, se impuso en las primarias de su partido a una rival que defiende el aborto.
La división política en este punto es total. Apenas el 26% de los votantes demócratas se autodenominan 'provida', mientras que tan solo el 22% de los republicanos se declaran 'prochoice' (o 'pro-elección'). Eso ha quedado claro en la sentencia del Supremo. Cinco jueces nombrados por los presidentes republicanos Ronald Reagan, George W. Bush, y Donald Trump votaron a favor de derogar el derecho al aborto. Tres elegidos por presidentes demócratas - Bill Clinton y Barack Obama - votaron en contra. El único que no siguió esa 'disciplina de partido' fue el presidente del Supremo, John Roberts, que fue puesto en el cargo por George W. Bush y votó en contra.
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Curiosamente, cuando en 1973 el Supremo legalizó el aborto en todo el país, fue con el apoyo mayoritario de los magistrados republicanos. En aquella época, las iglesias evangélicas también estaban a favor del aborto. Ahora todo eso ha cambiado radicalmente. Aunque también hay un factor religioso. Cuatro de los cinco jueces que han votado a favor de derogar la universalidad del aborto son católicos, si bien es cierto que dos de los cuatro que quieren mantenerlo también lo son.
La opinión pública, sin embargo, está a favor del aborto. Según un sondeo del Centro de Estudios Pew, una organización independiente de estudios de la opinión pública, el 61% de la población está a favor del aborto, y el 37% en contra. La proporción a favor del mantenimiento de la legalidad de esa práctica lleva creciendo de manera ininterrumpida desde 2009. Sin embargo, los 'provida' están mucho más movilizados, y votan en las elecciones, al contrario que los 'pro-elección'). En EEUU se realizaron 930.000 abortos en 2020. La cifra ha ido subiendo en los últimos años, aunque aun está muy lejos del máximo de los más de 1,5 millones alcanzado hace dos décadas.
El presidente Joe Biden, por su parte, ha señalado a los jueces conservadores nominados durante la presidencia de Donald Trump como los responsables de que el aborto deje de ser un derecho constitucional. Biden ha considerado que la decisión es un "error trágico" consecuencia de "llevar a la práctica una ideología extrema". El pasado 24 de junio de 2022, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos revocó la sentencia que dictaminaba que un gobierno no puede interferir en decisiones personales de la persona, tales como la procreación o el matrimonio, poniendo así en tela de juicio, por tanto, el derecho al aborto en el país.
Plazos y Restricciones Estatales
Durante los doce meses que han transcurrido, 15 Estados (de un total de 50) han ilegalizado el aborto en prácticamente todas las circunstancias, mientras que cinco han limitado el derecho a las fases tempranas de la gravidez, siendo Florida el más extremo, ya que prohíbe terminar el embarazo a partir de las 6 semanas, cuando la mayoría de las mujeres aún no saben que están encintas. Según NBC News, más de 28 millones de mujeres viven en territorios donde el aborto está restringido o no es una opción legal, habiendo aumentado el tiempo de viaje hasta una clínica donde sí lo sea especialmente entre las minorías raciales.
La oleada de machismo en las instituciones no camina al compás de la opinión ciudadana, como aseguró una encuesta de Gallup: si el 61% de la población considera que haber derogado esta protección constitucional es “malo”, un 69% está de acuerdo con que debería ser legal hasta el tercer mes de embarazo, la cifra más alta en los últimos años.
En los testimonios recogidos por distintos medios abundan casos como el de Hollis, una mujer de Tennessee a quien la imposibilidad de acabar con la gestación le supuso dar a luz a un bebé prematuro, nacido con apenas medio kilo de peso y una salud tan frágil que arruinó la economía familiar a base de facturas médicas. En Oklahoma, a una señora cuyo embarazo no era viable le dijeron que esperara en el aparcamiento del hospital hasta que estuviera casi al borde la muerte para poder ingresarla. Esta reacción del personal sanitario obedece a la criminalización a la que está siendo sometido el colectivo pues, aunque los Estados donde el aborto está prohibido han aprobado cláusulas que permiten intervenir si la vida de la madre está en riesgo, no se esclarece el grado de peligro, lo cual deja a los médicos sin saber si están cometiendo un delito.
En un país que batió el récord en mortalidad materna en 2021 (los últimos datos disponibles), con 32.9 fallecimientos de la progenitora por cada 100.000 nacimientos, cuando en otras naciones ricas como Japón, Australia o España la cifra oscila entre dos y tres muertes, la eliminación de Roe supone otro hachazo no sólo a la libertad de las mujeres, sino a su propia vida. De hecho, algunos facultativos que están cursando la especialidad de Ginecología ya han criticado que no están recibiendo la formación adecuada para efectuar abortos en Estados donde está prohibido.
El derecho a decidir sobre el cuerpo propio, a la maternidad deseada, o a ser tratada con dignidad siguiendo una deontología médica que priorice la salud del paciente han sido borrados de un mapa donde 80.000 mujeres se enfrentaron a serias dificultades para acceder a un aborto, y aquellos Estados donde aún es legal no lograron compensar las prohibiciones del resto.
El Debate sobre los Plazos del Aborto
En cuanto al plazo en el que se permite la terminación voluntaria del embarazo de manera legal, el que más consenso mundial aglutina es el de hasta las 6 primeras semanas desde el comienzo de la gestación. Menor apoyo internacional obtiene el realizar un aborto durante las 14 primeras semanas del embarazo. En este caso solo la mitad (45%) de la población mundial comparte esta opinión. Sin embargo, en los países del entorno europeo consigue un respaldo mayor, aunque es cierto que pocos países consiguen que más de la mitad de su población lo apruebe, entre ellos Suecia (70%), Gran Bretaña (65%) y Holanda y Francia (63%). Por su parte, el plazo de las 20 semanas es el que menos apoyo recaba entre la ciudadanía mundial. Únicamente el 27% de la población cree que debería ser legal terminar con un embarazo en este periodo de tiempo.
Si revisamos los datos del Sistema de Vigilancia del Aborto de los CDC, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, sólo el 0,9% de los abortos en Estados Unidos se realizaron con más de 21 semanas de gestación en 2021 (el último año del que hay datos disponibles). Eso es, todavía dentro del segundo trimestre. Sin embargo, como la legislación del aborto y sus límites quedan a criterio de cada estado, hay algunos en los que no existe límite ninguno. En seis estados, además de en Washington D.C. y Puerto Rico, el derecho al aborto es libre sin importar la etapa de gestación en que se encuentre. Estos Estados son Alaska, Colorado, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón y Vermont, de acuerdo con datos recogidos por Abortion Finder y el Center for Reproductive Rights. En cualquier caso, las estadísticas muestran que las interrupciones del embarazo casi cuando este llega a término son mínimas.
Tabla Resumen de la situación del aborto en el mundo:
| Situación | Descripción | Porcentaje aproximado de mujeres en edad reproductiva afectadas |
|---|---|---|
| Prohibición total | Aborto prohibido bajo cualquier circunstancia | 6% |
| Riesgo vital para la madre | Aborto permitido solo en caso de riesgo vital para la madre | Variable, dependiendo del país |
| Circunstancias socioeconómicas | Aborto permitido considerando circunstancias socioeconómicas | Variable, dependiendo del país |
| Aborto libre (leyes de plazos) | Aborto permitido a demanda de la mujer hasta un máximo de semanas de gestación | 36% |
Es importante señalar que estas cifras y clasificaciones pueden variar y son aproximadas, basadas en la información disponible del Centro de Derechos Reproductivos y otras fuentes.
La Influencia de la Política Internacional
Este escenario no debe generar alarmismo, pero sí tenemos que estar alerta. Los próximos años serán críticos. Con la administración Trump presionada por sus socios fundamentalistas o los grupos antiabortistas intensificando su presencia en África o América Latina, el mapa global de los derechos reproductivos se encuentra en un punto de inflexión. La pregunta central ya no es solo si la tendencia liberalizadora global puede sostenerse, sino cómo: ¿podrá resistir el creciente impulso de movimientos antiderechos bien financiados y coordinados internacionalmente, o veremos más retrocesos siguiendo los “modelos laboratorio” de Estados Unidos, Hungría o Polonia?
De esta forma, se reactivaba un antiguo debate a nivel mundial sobre si debe ser o no legal el aborto, ya sea en cualquier supuesto o solamente en determinadas situaciones. De hecho, países como Francia, después del revuelo causado en el país norteamericano, han declarado que integrarán este derecho dentro de su constitución y, por ende, protegerlo por ley. A nivel nacional, un 70% de la población española respalda que este derecho sea legal en todos los casos o en una mayoría de situaciones, y solo un 16% se decanta por la ilegalización.
El aborto está permitido en alrededor de la mitad de países del mundo, si bien con diversos condicionantes. En muchos basta solamente con tomar la decisión dentro de un lapso de tiempo, contabilizado en semanas de gestación y recogido en la ley de cada país. Pasado este período algunos países siguen permitiéndolo, pero con condicionantes; por ejemplo, que exista riesgo para la salud de la madre o que el feto presente ciertas enfermedades congénitas.
También hay países que condicionan el derecho al aborto a determinados factores socioeconómicos; por ejemplo, en casos de que la mujer sea menor de edad o no cuente con recursos económicos para mantener a una criatura: es el caso de Etiopía, la India, Japón, el Reino Unido, Ruanda, Taiwán y Zambia.
Hay numerosos países (también cerca de la mitad a nivel global) que solo permiten el aborto por motivos de salud. Esto incluye generalmente si existe un riesgo para la madre o se detecta una enfermedad congénita en el feto, pero también hay legislaciones que tienen en cuenta el impacto para la salud mental de la mujer. Otros lo permiten solamente en casos de violación u otras formas de violencia sexual, y en algunos también se incluye el incesto.
Unos pocos países prohíben el aborto en todas las circunstancias: Andorra, El Salvador, Filipinas, El Vaticano, Honduras, Madagascar, Nicaragua, República Dominicana y la república de Abjasia (que legalmente forma parte de Georgia pero es independiente de facto).
Finalmente hay países - especialmente en África, Oriente Medio y el sudeste asiático - donde, aunque teóricamente es posible abortar en circunstancias muy concretas (como el riesgo para la salud de la madre), a la práctica resulta complicado ejercer este derecho porque los doctores se pueden negar a realizar la intervención.
En resumen, la situación del aborto en Estados Unidos es un tema complejo y polarizado, con implicaciones significativas para la salud y los derechos de las mujeres. La revocación de Roe v. Wade ha permitido a los estados regular o prohibir el aborto, creando un mosaico de leyes que varían ampliamente a lo largo del país.
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