Eunucos que nacieron así: Causas y contexto histórico
La práctica de la castración, una mutilación que se remonta al año 5.000 antes de Cristo, ha marcado la historia de diversas civilizaciones. Un dato recogido en el libro, Eunucos (Ediciones Almuzara), del periodista y escritor José Antonio Díaz Sáez. En 1971, en Afganistán, todavía se utilizaba la castración en los niños, y en 2002 la BBC denunciaba que en Níger se emasculaba a los esclavos en áreas rurales. En 2012, varias ONG denunciaron la mutilación de genitales de albinos en países como Tanzania, Mali y Camerún, para ser utilizados en pócimas de brujería.
Díaz Sáez sitúa el origen de esta práctica en el Neolítico, alrededor del Creciente Fértil, una zona bañada por los ríos Nilo, Jordán, Éufrates y Tigris. Allí, el hombre comenzó a capturar animales, domesticarlos y controlar su reproducción. Para consolidar el dominio sobre las bestias, se realizaban mutilaciones para reducir la agresividad del animal, extendiéndose luego a los esclavos alrededor del año 2.000 antes de Cristo.
El papel social del eunuco
La figura del eunuco va más allá del mero castrado, adquiriendo un componente social más rico. El eunuco comienza a convertirse en una persona de confianza de las altas esferas, en el protector del harén, en el mediador entre el rey y sus inferiores. Esta figura surge en diferentes rincones del mundo, y en cada uno de ellos tiene un nombre propio: kurgarru para los sumerios, assinnu para los acadios, ishtaritu para los babilonios y galli para los romanos. A cambio de todo lo que se les quitaba se les otorgaba mucho poder y privilegios. Ellos, a cambio se convertían en leales hombres de confianza de reyes y emperadores.
Gracias a los eunucos se crea un grupo de funcionarios que no pueden dejar sus cargos en herencia a sus descendientes, evitando luchas y conspiraciones por el poder. El libro de Díaz Sáez cita a Lewis Coser para describir cuál era la función real del eunuquismo: cortar el ascenso al poder de la burocracia. A pesar de su fidelidad, los eunucos también intentaron sus propios motines. Uno de los más importantes tuvo lugar durante el reinado de Assarhaddon (Rey de Asiria) entre los años 671 y 670. Este intento de cambiar las normas establecidas no funcionó, y terminó con el jefe eunuco ejecutado y con una purga de aquellos que se encontraban sirviendo al rey en aquellos momentos.
Referencias bíblicas a los eunucos
En La Biblia se hacen constantes referencias al “tercer sexo”, con 47 menciones. Una de las más importantes figuras castradas es Noé, cuyos órganos sexuales fueron amputados por su propio hijo Cam. La ley de Moisés alejaba a los eunucos de Israel, aunque más tarde les pidió que no se alejarán de la fe cristiana. Muchos han visto en el gran número de referencias a los eunucos en la Biblia una intención de evitar llamar por su nombre a la homosexualidad, como ha publicado Faris Malik en su libro Homosexuality in the bible como cita José Antonio Díaz Sáez en su obra.
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Exactamente 47 menciones. Una de las más importantes figuras castradas es Noé, cuyos órganos sexuales fueron amputados por su propio hijo Cam, y eso que la castración está rechazada con fuerza en dos de los libros del Antiguo Testamento: el Levítico y el Deuteronomio, en este último de manera muy explícita: “El hombre que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en la asamblea de Yahveh”. La ley de Moisés alejaba a los eunucos de Israel, aunque más tarde les pidió que no se alejarán de la fe cristiana.
Eunucos en la música y la historia de España
España también tiene su momento ominoso en la historia de los eunucos, ya que los primeros Castratino pertenecen, como todo el mundo presupone, a Italia, sino a Huesca en el siglo XII. Aquellos niños que eran castrados para conservar su angelical voz fueron castrados por la Iglesia para rentabilizar la inversión que se había desembolsado en su educación musical. Esto se popularizó en el siglo XV, cuando se popularizan las prácticas polifónicas, que requieren de voces femeninas, y la mujer no puede cantar en un coro eclesiástico. Por lo que comienza a requerirse la voz de falsetistas y castrados. La España del Medievo, como apunta Díaz Sáez, tiene el dudoso honor de ser el primer país europeo que recurrió a la castración de niños para fines musicales.
Mucho revuelo ha causado la aparición de un fragmento de papiro en el que junto a la palabra Jesús aparece la palabra “esposa”, que ya está sirviendo a muchos para hablar de la prueba definitiva de que Jesús no era célibe, conclusión que es la contraria de la que con toda claridad cabe extraer de los evangelios canónicos y revelan las palabras salidas de su boca (pinche aquí si quiere profundizar en el tema): “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que fueron hechos tales por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda” (Mt. 19, 12).
Daniel, ¿el profeta eunuco?
A continuación, veremos un tema que la Biblia no señala abiertamente, pero nos da la suficiente información para inferir que el profeta Daniel fue privado de sus genitales en Babilonia. 1) Isaías le profetiza al rey Ezequías, cerca del año 700 a.C., que los babilonios invadirán Judá, saquearán Jerusalén y que de su linaje real tomarán jóvenes para hacerlos eunucos al servicio del Rey de Babilonia.
2) Daniel capítulo 1 nos conecta directamente con la profecía anterior por cuanto declara que Nabucodonosor rey de Babilonia tomó el control de Jerusalén, las cosas preciosas del templo fueron saqueadas y dio la orden al jefe de los eunucos “que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos”.
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En este punto, aunque no se dice explícitamente que Daniel y sus amigos hayan sido hecho eunucos, tenemos que señalar que era la costumbre de un imperio como el babilónico, castrar a los jóvenes que eran tomados para servir en palacio como una señal de dominación. 5) ¿Quién pone los reparos a la decisión de Daniel de no contaminarse con la comida del rey? Es Aspenaz, el jefe de los eunucos, el mismo ante quien había hallado gracia.
Además, estos jóvenes, escogidos, transculturizados y preparados por orden de Nabucodonosor, no pasaron este proceso para que desarrollasen sus vidas personales, sino para que sirvieran de lleno al imperio, desde esa perspectiva se entiende la necesidad de mutilarlos. 8) Cuando se condena a muerte a los tres amigos de Daniel en el horno de fuego, se les echa adentro solos, sin familia, no hay esposas ni hijos. Del mismo modo cuando a Daniel lo lanzan al foso de los leones.
En este punto de la historia, Daniel ya era avanzado en edad, pero aun así tampoco hay familia o descendientes. 9) Lo normal era que los profetas fueran casados, por ejemplo, todos los profetas mayores excepto en el caso de Jeremías a quien Dios le dijo que no tomara mujer. Los profetas de los que no se dice nada al respecto, es porque se habla lo mínimo de sus vidas personales, como ocurre con varios profetas menores.
Pero, de la vida de Daniel se dan muchos antecedentes y el hecho de que no se nombre nada sobre una familia propia que haya formado, ya habla por sí solo. La vida personal de los profetas es parte de su mensaje, de hecho, sus experiencias de vida les otorgan mayor sentido y fuerza a sus mensajes. 10) El rabino Louis Ginzberg (1873-1973) en su obra “The Legends of the Jews”. Vol. 4, p.
Comprendiendo este enfoque, tiene mayor sentido la decisión de Daniel en el 1:8 en cuanto a no contaminarse con la comida del rey. Era su acto de resistencia, en lo poco sobre lo que podía decidir. La decisión de Daniel nos muestra que, pese a todo su quebranto, él no estaba resignado a perder esa libertad esencial, sino que aprovechó la pequeña y gran oportunidad a la vez, para reivindicar quién es él y sus compañeros judíos. Aunque las circunstancias dicen que son propiedad del imperio babilónico, ellos le pertenecen al único Dios. El nombre Daniel “Dios es mi Justicia” cobra mayor significado al percibir el quebranto sufrido por Daniel desde su temprana juventud en su masculinidad por parte de un Imperio al que no puede rebelarse, por cuanto entiende que todo forma parte de la voluntad de su Dios para con él y su pueblo.
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La ley dada por Moisés excluía tajantemente del templo de Dios a los eunucos o cualquier hombre que tuviera una lesión en sus genitales “No entrará en la congregación de Jehová el que tenga magullados los testículos, o amputado su miembro viril.” (Deut. 23:1). Un dato curioso para considerar, es que en países notoriamente musulmanes se encuentran varios lugares donde presumen contar con la tumba de Daniel.
En el hebreo, la palabra que se traduce como eunuco puede entenderse como oficial del rey o como un hombre castrado al servicio del rey. La profecía de Isaías 53:3-5 no pierde fuerza, de no ser cierta esta hipótesis, si en nuestra fe reflejamos a un Dios que no hace acepción de personas. El mundo actual sigue imponiendo una forma predominante de masculinidad (lo cual sería tema para otro artículo), pero nuestro Señor y Maestro hablando de los hombres y su sexualidad dijo: “algunos son eunucos porque nacieron así; a otros los hicieron así los hombres; y otros se han hecho así por causa del reino de los cielos (NVI Mat.
Hay un tema para profundizar sobre los que han sido dañados sexualmente ¿quién dice que no pueden servir libremente al Señor? La Biblia es un libro para hacer inferencias y deducciones, porque estas son capacidades que Dios puso en nuestra mente para potenciar nuestra comprensión. En la Antigüedad, imperios como el babilónico hacían eunucos de sus sometidos de dos maneras: por castración que es la extirpación solo de sus testículos, o por emasculación que es la mutilación total de sus genitales.
Capar o castrar se ha practicado desde hace milenios: con los animales, para conseguir su engorde o docilidad; y con las personas, con distintos propósitos. El principal objetivo fue conseguir una casta de siervos que fueran leales a los gobernantes y que, al no tener hijos, no tuvieran intereses y lealtades familiares que compitieran con los de la dinastía real. De hecho, a los eunucos coreanos se les permitía casarse y adoptar pero si se trataba de varones debían ser castrados también. Otra de las funciones características de los orquidectomizados -con los testículos eliminados quirúrgicamente- era el cuidado de los harenes, donde salvaguardaban el honor de las esposas y concubinas reales.
La documentación más antigua que tenemos sobre los eunucos procede de China. Está fechada en el siglo XIII antes de nuestra era y hace referencia a una población de miles de hombres castrados de los que en el siglo XIX quedaban unos dos mil en la corte de Pekín, una larga trayectoria que llegó hasta el final del período imperial en 1912. El último eunuco chino, Sun Yaoting, murió en 1996 a la edad de noventa y cuatro años.
En China, la castración se realizaba en hombres adultos y no en niños, como en otros lugares. Los mejores ejemplos provienen de la dinastía Ming (1368-1644) y entre ellos destaca Liu Jin (1451-1510), el líder de los Ocho Tigres, un grupo de eunucos que controlaron al emperador y al imperio. Liu Jin aparece en los listados como una de las personas más ricas de la historia pues llegó a acumular 449 750 kilos de oro y 9 682 470 kilos de plata, una ingente fortuna que no evitó su caída en desgracia y ejecución.
En la cultura occidental, la castración aparece en varios de nuestros pilares culturales. En la Biblia, el código levítico indica que los eunucos no pueden acceder al sacerdocio al igual que tampoco se pueden usar animales castrados en los sacrificios en el templo. En la mitología griega, Gea, la madre Tierra, nació del caos, generó a Urano por un parto virginal y con él tuvo al titán Cronos.
Cuando Urano impidió que Gea tuviera hijos con Cronos, ella indujo al titán a que castrara a su padre. Los testículos de Urano fueron lanzados al mar y de esa espuma nació Afrodita, la diosa del amor. Los europeos no solo enviamos millones de esclavos a las Américas sino también exportamos esclavos a los países islámicos. La mayor parte de ellos eran capturados en Europa del este y Asia central, y muchos eran emasculados antes de ser enviados a sus países de destino.
La castración fue también un castigo penal. En la Escandinavia medieval, castración y cegamiento eran los castigos a la alta traición, en particular cuando el usurpador era un pariente cercano del rey y no se le quería matar directamente, por el tabú de derramar la sangre familiar. La castración también se ha aplicado a los enemigos vencidos, tanto como venganza como para eliminar al pueblo contrario sin exterminarlo directamente.
Hay también una castración por motivos religiosos, una forma de garantizar la castidad o conseguir una mayor pureza corporal. Uno de los primeros padres de la Iglesia, Orígenes (186-254), dedicaba los días a enseñar la palabra de Dios y la noche a estudiar la Biblia. Al parecer, se autocastró influido por el versículo de Mateo 19:12 que dice: «Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba».
En los siglos XI al XIV, los cátaros, implantados especialmente en el sur de Francia, promovieron la automutilación como camino hacia una vida más pura, al igual que hizo la secta de los escópticos en el sur de Rusia a lo largo del siglo XVIII. De hecho, la psiquiatría moderna ha definido el síndrome escóptico como un trastorno en el cual una persona se automutila los genitales, ya sea castración, penectomía o clitoridectomía.
Quizá la práctica más conocida en relación con la mutilación de los genitales sea la de los castrati, los muchachos que eran mutilados antes de la pubertad para desarrollar una carrera como cantantes. Muchas de las óperas de los siglos XVII y XVIII están pensadas para los castrati, que formaron parte de los coros vaticanos hasta el comienzo del siglo XX. El más famoso fue sin duda Carlo Farinelli, cuya historia ya conté en El escritor que no sabía leer y otras historias de la Neurociencia.
La castración ha sido, también durante siglos, un castigo para seductores y adúlteros. Uno de los castrados más famosos de los dos últimos siglos fue Thomas Corbett, que asesinó a John Wilkes Booth, que a su vez había asesinado a Abraham Lincoln. Corbett era sombrerero y estos profesionales tenían fama de locos -como nos recuerda Alicia en el país de las maravillas- quizá por el mercurio que se usaba en la preparación de los fieltros. Corbett había quedado viudo y tenía miedo a ser seducido por otras mujeres, por lo que se cortó sus partes con unas tijeras.
La castración sigue a nuestro alrededor. Por un lado, están los psicóticos que se automutilan por distintos motivos, como puede ser librarse de la fuente de un deseo sexual culpable, por motivos estéticos (por ejemplo, parecerse al muñeco Ken, el novio de Barbie, en ese concreto detalle) o como un caso de masoquismo extremo. En el ámbito médico, se practica la castración como parte de una cirugía de reasignación de sexo y hay casos en los que se realiza por motivos terapéuticos, por ejemplo, para detener el avance de algunos casos de cáncer de próstata.
Curiosamente hay estudios que indican que estos «hombres incompletos» consiguen, de media, mejores resultados profesionales que la población general. El grupo contemporáneo más numeroso de castrados es el de los hijras de la India, del que forman parte personas con trastornos del desarrollo sexual. Un aspecto discutido es si la castración aumenta la esperanza de vida. Hay un tipo de violencia institucional por el cual algunos países y estados utilizaron o utilizan la castración como castigo y más aún, como prevención de futuros crímenes que podrían ocurrir… o no.
En 1966 el médico americano John Money desarrolló la castración química, un procedimiento que inyecta cada tres meses hormonas femeninas sintéticas similares a las presentes en los anticonceptivos haciendo innecesaria la cirugía y, al parecer, resultando igualmente eficaz. Después de todo, está demostrado que nuestro principal órgano sexual no son los genitales sino el cerebro, lo que significa que la aparente fiabilidad de la castración es cuestionable.
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