María Teresa de Austria e Hijos de Luis XIV: Un Legado en España y Francia
La biografía de María Teresa de Austria cuenta con episodios clave en la historia de los reinos de España y de Francia. Una mujer que estuvo casada durante más de dos décadas con Luis XIV, “el Rey Sol”.
Nacimiento y Familia de María Teresa de Austria
María Teresa de Austria y Borbón nació en Madrid el 10 de septiembre del año 1638. Era hija del Rey Felipe IV de España y de su primera esposa la princesa Isabel de Borbón. Era por parte de madre, la nieta del Rey Enrique IV de Francia y a su vez hermana del rey Carlos II de España. Nace en El Escorial en 1638, bautizada por el cardenal Gaspar de Borja y Velasco, fueron sus padrinos Francisco I, duque de Módena, y María de Borbón, princesa de Carignan.
Después de su fallecimiento, Felipe IV tuvo otros cinco hijos con su sobrina Mariana de Austria. Además, se sabe a ciencia cierta que tuvo otros ocho vástagos fuera de sus relaciones matrimoniales. Es curioso que, finalmente, su heredero al trono fuese el más joven de todos. Hablamos, cómo no, de Carlos II (1661-1700). Pero esa es otra historia.
En 1655 fue jurada princesa de Asturias y por tanto considerada sucesora de Felipe IV. Sin embargo, pierde su condición de heredera al trono al nacer su hermano Felipe Próspero en 1657.
Matrimonio con Luis XIV
El 7 de noviembre de 1659, Felipe IV y Luis XIV firmaron el Tratado de los Pirineos. Este texto puso fin al conflicto que entre España y Francia se derivó de la Guerra de los Treinta Años. Sin embargo, había algunas cláusulas adicionales. A cambio de que María Teresa renunciase a sus derechos hereditarios a la Corona de España, Francia exigió una buena suma de dinero. Se dice que el importe de la dote ascendió a 500 000 escudos. Una cifra muy importante para la época. Esto añadió otra cláusula al Tratado de los Pirineos.
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Finalmente, María Teresa se casó con Luis XIV, su primo-hermano, el 9 de junio de 1660.
La única condición que se le exigió cumplir a ella era la de no interferir en la política francesa. Solo hubo una excepción y fue obligada por las circunstancias. En 1672, Luis XIV emprendió una campaña contra Holanda. Hoy en día, este evento se conoce como la Guerra de los Países Bajos (1672-1678).
Resulta curioso que, a pesar de la unión entre ambas dinastías, Luis XIV no perdió la oportunidad de atacar a España en cuanto pudo. La excusa fue el impago de la dote citada anteriormente. En primer lugar, lo hizo en Flandes durante la Guerra de Devolución (1668-1669). Después, dio apoyo sostenido desde la Isla de la Tortuga a los piratas que atacaban los barcos españoles.
Hijos de María Teresa y Luis XIV
El matrimonio tuvo seis hijos: Luis, delfín de Francia, Ana Isabel, María Ana, María Teresa, Felipe Carlos y Luis Francisco. A lo largo de los siguientes 23 años, María Teresa de Austria dio un total de seis hijos a Luis XIV. Entre ellos, Luis de Francia, el “Gran Delfín”, que fue heredero legítimo a la Corona de Francia.
El que sí reinó fue Felipe de Anjou, segundo hijo de Luis y nieto de María Teresa de Austria. Pero no en Francia, sino en España con el nombre de Felipe V. Tanto Luis XIV como Luis de Francia renunciaron a sus derechos al trono español en su favor durante la Guerra de Sucesión (1701-1713).
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No olvidemos que Carlos II era hermano por parte de padre de María Teresa de Austria. Poco antes de morir, el monarca redactó su último testamento. En él reconoció a Felipe de Anjou como el legítimo heredero.
Muerte de María Teresa de Austria
A lo largo del reinado de Luis XIV hubo varias muertes sospechosas dentro de la corte. La mayoría de ellas ocurrieron en mujeres jóvenes, lo que despertó multitud de rumores. Pero ¿qué pasó con María Teresa de Austria? Los hechos se produjeron el 29 de julio de 1683, cuando la reina consorte de Francia no había cumplido aún los 45 años. Se dice que, tras tomar un vaso de achicoria, notó un fuerte dolor en el costado. En cuestión de horas, su estado empeoró sin que los médicos de la época pudiesen hacer nada.
Los rumores acerca de su muerte se fundamentan en varios relatos de la época. En ellos, quienes estaban con María Teresa de Austria afirman que, en su lecho de muerte, gritó que la habían envenenado. También señaló el vaso de achicoria que supuestamente contenía el veneno.
En cualquier caso, durante su reinado, María Teresa de Austria se mostró como una mujer devota y caritativa. De hecho, prestó innumerables servicios a los pobres y enfermos en los hospitales de París.
En definitiva, María Teresa de Austria ha pasado a la historia como la española que reinó en Francia. Pero no solo eso. También fue una figura clave para nuestro país por otros motivos.
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Luis de Francia, El Gran Delfín
Nace en Fontainebleau, Luis de Francia, conocido como El Gran Delfín (Grand Dauphin en francés) o Monseñor (Monseigneur), es príncipe de Francia, hijo mayor y heredero del rey Luis XIV y la reina María Teresa de España. Recibe el título de Delfín nada más nacer, siendo el primero en la línea sucesoria al trono francés hasta su muerte en 1711.
En su nacimiento es predicho que será «hijo de un rey, padre de un rey, pero nunca rey». El nombre de Gran Delfín se debe a que era grueso, no a que fuera «grande» en cualidades. El Delfín no participará demasiado en la vida política francesa, principalmente porque su condición de heredero sucesor hará que siempre esté rodeado de aduladores que traten de ganar favores en su futuro reinado.
Felipe V y la Sucesión Española
Habiendo fallecido el 1 de noviembre CARLOS II, rey de España, en la corte francesa se convoca el consejo al que asisten, entre otros, el gran delfín, LUIS, y sus tres hijos: el duque de Borgoña, el duque de Anjou y el duque de Berry. El rey Sol coge de la mano al duque de Anjou y dice: «Señores, he aquí el rey de España. Su nacimiento le ha llevado a ceñir esta corona. El pueblo español lo ha deseado y me lo ha pedido con anhelo. Yo se lo he concedido con placer, acatando así los designios de la Providencia». Y, dirigiéndose a FELIPE, continúa: «Sed buen español. Ese es desde este momento vuestro primer deber.
Luis de Francia conocido como Luis, el Gran Delfín (Grand Dauphin en francés) fue príncipe de Francia, hijo mayor y heredero del rey Luis XIV de Francia y de la reina María Teresa de Austria. Recibió el título de delfín al nacer siendo el primero en la línea sucesoria al trono francés hasta que murió en 1711 antes que su padre que lo hizo en 1715.
Se casó con María Ana Cristina de Baviera y tuvieron tres hijos: Luis de Francia (1682-1712), duque de Borgoña y Delfín; Felipe (1683-1746), duque de Anjou, Rey de España (Felipe V) y fundador de la Dinastía Borbón Española; y Carlos (1686-1714), duque de Berry.
Felipe II de Orleans
Hijo de Felipe I 'Duque de Orleáns' y de Carlota Isabel de Baviera. Nació en Saint Cloud en 1674 y murió en Versalles en 1723. En 1694 se casó con la señorita Blois (hija ilegitima de Luis XIV y de la Marquesa de Montespan). Sobresalió en la Guerra de los Augsburgo. En 1706 mandó el ejército francés de Italia, y entre (1707-1708) estuvo al mando de las operaciones militares en la Guerra de Sucesión, el sometimiento de Valencia, Aragón y Cataluña suscitaron en él la pretensión de remplazar a Felipe V. El testamento de Luis XIV le otorgaba la presidencia del Consejo de Regencia, cargo que no conlleva poder político alguno. Los primeros años de la regencia vinieron señalados por la extinción de una parte de la deuda, el continuo combate contra los jesuitas, el despido de veinticinco mil soldados y la partida de los 'Estuardo'.
Juan Law y la Crisis Financiera
Juan Law (1670-1729) fue un célebre hacendista escocés establecido en Francia. Después de ganarse la confianza del regente Felipe II de Orleáns, le hizo adoptar un nuevo sistema hacendista. En 1716 se le autorizo a crear un Banco de Descuento y Depósito, con la facultad de emitir billetes de banco. Un año más tarde el papel moneda comenzó a tener curso corriente con una extraordinaria aceptación por los recaudadores provinciales. En 1717 se convirtió en Banco Real y su papel moneda en los billetes más conocidos de todo el reino.
La Compañía del Oeste, dotada de amplios privilegios, compró al Estado el monopolio del tabaco, asimiló las otras compañías existentes (Compañía de las Indias Orientales, Compañía de Guinea, Compañía de Santo Domingo y Compañía Africana) y obtuvo el derecho a acuñar moneda por nueve años. La Compañía del Oeste se convirtió en la institución más poderosa de Francia. Para acabar con el problema del endeudamiento francés, Law propuso prestar al Estado más de ciento cincuenta mil libras con un interés del tres por ciento.
De este modo, los acreedores obtendrían una inversión lucrativa y el Estado podría reducir su deuda. Se crearon veinticinco millones de acciones y se hizo una inmensa emisión de billetes. Se apoderó el vértigo general, todas las clases se vieron acometidas del furor de especular y las acciones subieron cuarenta veces su valor primitivo. Cuando se dejaron ver los efectos de una emisión indiscriminada de acciones y papel moneda sobrevino la crisis. Tras el pánico generalizado se cerró el Banco Real por orden real.
A pesar de las indemnizaciones concedidas a los acreedores, se provocó la bancarrota, y el desastre económico alcanzó al regente y al propio Law. Juan Law fue perseguido por el Parlamento, teniendo que salir de Francia sin fortuna alguna. Su vida finalizó en Venecia, casi en la miseria.
Conspiraciones y Últimos Años de la Regencia
La conspiración tenía como objetivo dar la regencia a Felipe V, pero el cardenal Guillaume Dubois (1656-1723), primer ministro de Francia, descubrió la trama y expulsó al príncipe de Cellamare. Los últimos años de la regencia de Felipe II de Orleáns vinieron señalados por la peste de Marsella, el destierro del Parlamento y la rehabilitación de los jesuitas.
Luis XIV, El Rey Sol
Luis XIV está considerado uno de los monarcas más carismáticos de la historia. No en vano su figura se nos muestra esencial para comprender no solamente la Europa del siglo XVII a nivel político, social y artístico, sino también por su gran repercusión posterior. El protagonista del reinado más largo de la historia, 72 años y 110 días, fue el primogénito de Luis XIII y la infanta española Ana de Austria, hija de Felipe III, una pareja pésimamente avenida desde el comienzo de su matrimonio.
Tras veintitrés años casados sucedió el milagro y en 1638 vino al mundo el futuro Rey Sol que fue bautizado como Luis Diosdado (dado por Dios). Dos años más tarde nacería su único hermano, Felipe, duque de Orleans. Luis XIII falleció en 1643 en medio de una compleja situación política, cuando su primogénito contaba tan solo cinco años. En aquellos momentos Francia se vio sacudida por las guerras de la Fronda, una serie de insurrecciones civiles desatadas, en parte, por la fuerte carga impositiva que exigió la Guerra de los Treinta Años.
La Fronda (1648-1653), no solamente dispuso a importantes familias de la alta nobleza contra la monarquía, sino que incluso una parte de la propia familia real se sublevó. La regencia fue ejercida por la reina viuda Ana de Austria con el cardenal Mazarino al frente del gobierno. Luis XIV fue declarado mayor de edad en 1651 y coronado en la catedral de Reims en 1654. Seis años más tarde, y con motivo de la firma de la Paz de los Pirineos con España, contrajo matrimonio con su prima hermana por partida doble la infanta María Teresa de Austria, en la iglesia de San Juan de la preciosa localidad costera de San Juan de Luz.
En 1661 nació Luis, su primogénito, el llamado el Gran Delfín, único de los seis hijos de la pareja que llegó a la edad adulta. Ese mismo año falleció el cardenal Mazarino, el «Principal Ministro de Estado», que dejó un país en paz que, con sus diecinueve millones de habitantes, se convirtió en la primera potencia europea. Ante la estupefacción general Luis XIV decidió que él mismo se pondría al frente de los asuntos de Estado. Nos encontramos, por tanto, ante una nueva manera de ejercer la función real.
El Arte de Gobernar según Luis XIV
En sus Memorias sobre el arte de gobernar destinadas a guiar y aconsejar a su hijo, Luis XIV dejó un interesantísimo testimonio acerca de sus ideas e intereses. Así comienzan: «Hijo mío: Muchas razones, y todas muy importantes, me han decidido a dejaros, con bastante trabajo por mi parte y entre mis mayores ocupaciones, estas Memorias de mi reinado y de mis hechos principales».
Luis XIV era un hombre de apenas treinta años, pero ya había recorrido un largo camino. En sus memorias hace un exhaustivo repaso a la situación económica, social y política de Francia, sin olvidarse de sus propios fallos: «No sé si debo poner en el número de los míos el no haber tomado desde un comienzo por mí mismo la dirección de mi Estado. Si ha sido un error, he tratado de repararlo más adelante; y puedo aseguraros con toda resolución que jamás ha sido efecto de negligencia ni de blandura de ánimo».
A su juicio, la persona que detentaba el poder tenía ante sí una ingente tarea: decenas de decisiones que tomar y de peticiones que atender. El monarca debía ser autoritario, pero también razonable y su juicio no debería nublarse por los halagos y alabanzas que recibía constantemente.
El rey decidió que se pondría a trabajar asistido por profesionales competentes, atendiendo los asuntos durante unas ocho horas al día. Según sus propias palabras, «Dos cosas, sin duda, me eran absolutamente necesarias: un gran trabajo por mi parte y una buena elección de las personas que pudieran secundarme». Esta resolución no le provocó cansancio o hastío, sino que le dio ánimos para afrontar su destino: «Sólo entonces me pareció que era rey y nacido para serlo».
Rodeado de una serie de funcionarios eficaces, y a pesar de las continuas guerras, convirtió a Francia en un Estado absolutista y centralista con él mismo a la cabeza. Según expresaba, «Francia es una monarquía. El rey representa a la nación entera, y cada particular no representa otra cosa que un solo individuo respecto al rey. Por consecuencia, todo poder, toda autoridad reside en manos del rey, y sólo debe haber en el reino la autoridad que él establece. Sed el dueño; escuchad, consultad a vuestros consejeros, pero decidid. Dios, que os ha hecho rey, os dará las luces necesarias, en tanto que mostréis buenas intenciones».
Por desgracia, el rey Sol sobrevivió a su hijo, a su nieto y a su primer bisnieto, por lo que fue su segundo bisnieto fue el llamado a ocupar el trono bajo el nombre de Luis XV.
Escándalos Familiares en Versalles
El Palacio de Versalles fue durante siglos la Casa Real de la monarquía francesa. Desde 1682 hasta 1789, el palacio cobijó a los miembros de la corona y a sus lujosas y lujuriosas costumbres. Luis XIV, conocido como el Rey Sol y el hombre con mayor poder en Francia desde el año 1643 hasta el 1715, tuvo que lidiar con un entorno familiar que se veía envuelto en escándalo tras escándalo. El hecho de que se le conozca como Luis de Borbón en lugar de Luis de Francia responde a su origen bastardo. Ya desde su infancia, Luis de Borbón era conocido por su belleza. Había heredado los rasgos maternos y las mujeres aristócratas pronto se fijarían en él.
En aquella corte polémica conoció a su tío Felipe de Lorena, noble francés y miembro de la Casa de Guisa. De hecho, Felipe había mantenido relaciones homosexuales con otro miembro de la realeza: Felipe I de Orleans. El joven Conde de Vermandois se unió en ocasiones a un grupo secreto conocido como La Sagrada Fraternidad de Gloriosos Pederastas. El propio Luis de Borbón apenas tenía 15 años cuando acudía al céntrico barrio parisino de Le Marais junto con nobles y burgueses que pretendían pasar desapercibidos.
Finalmente, los rumores llegaron hasta el máximo responsable del reino. Luis XIV, siguiendo la rutina homófoba de aquellos siglos donde las relaciones con personas de mismo sexo eran repudiadas, y con el conocimiento de la existencia de aquellas inmorales y "sodomitas" fiestas, decidió tomar cartas en el asunto. "Indignado, lo mandó azotar en su presencia y lo exilió junto con Felpe de Lorena y varios otros nobles que también estaban involucrados", explica Bashor.
Así, en junio de 1682 Luis fue desterrado a Normandía. Arrepentido, trató de ganarse el aprecio de su padre y abandonó las fiestas que le habían llevado al exilio. Fue enviado como soldado a Flandes, tierras que en ese momento estaban ocupadas por tropas francesas. En 1683, con 16 años, Luis de Borbón murió sin haber recuperado el amor de su padre. Solamente su tía y su hermana Mademoiselle de Blois lloraron su muerte. Su cuerpo fue sepultado en la Catedral de Arras.
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