Antonio Gades: Pasión, Arte y Compromiso de un Bailaor Inigualable
Es imposible separar la faceta artística de Antonio Gades de su profundo compromiso político. Consciente de su influencia como figura pública, nunca ocultó su ideología comunista y republicana hasta su muerte, ocurrida hace veinte años, el 20 de julio. La forma y el fondo fueron, por tanto, inseparables, mostrando frugalidad y clarividencia para un arte al servicio del pueblo.
Antonio Esteve Ródenas, su nombre real, nació en Elda, Alicante, el 14 de noviembre de 1936, en un contexto marcado por la Guerra Civil Española. Su padre, luchando en el frente madrileño, no pudo asistir a su nacimiento. Finalizada la contienda, la familia se trasladó a Madrid, donde su padre trabajó como portero.
Desde joven, Antonio comenzó a trabajar para ayudar a su familia. Pasó por el diario ABC, donde realizaba labores de impresión, y también fue repartidor de fruta. Pero faltaban años para que El Ródenas, como se le conocía en sus inicios como bailaor, se convirtiera en Antonio Gades, el artista total que asumía la responsabilidad de la producción, la coreografía, el papel protagonista y hasta la iluminación de la mayoría de sus espectáculos.
Inicios en el Baile Flamenco
A comienzos de los 50, en Madrid, conoció a Emilio de Diego, guitarrista que lo acompañaría durante tres décadas. En 1952, Pilar López lo descubrió bailando y lo llevó a su compañía. Fue la bailaora y coreógrafa, una referencia "ética" que se proyectaría en su conciencia desde entonces hasta su último aliento, quien lo bautizaría como "Antonio Gades". Aquí representa por primera vez el Amor brujo de Manuel de Falla y la Carmen de Bizet, títulos cruciales en su trayectoria posterior, y diseña su primera coreografía, Ensueño.
En 1963, Gades rodó con Carmen Amaya la mítica película de Francisco Rovira Beleta Los Tarantos, coescrita por su amigo Alfredo Mañas. Cuando muere su admirada Carmen Amaya, 'La Capitana', a la que un Gades con lágrimas en los ojos conoció en su camerino tras una de sus conmovedoras actuaciones, el bailaor se fue por todos los tablaos de Barcelona. "¡No tenéis vergüenza!".
Lea también: El líder de Vox, Ignacio Garriga
Cine y Consagración Artística
El cine se cruzó en su camino en 1955, cuando Francisco Rovira Beleta lo eligió para Los tarantos, nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Tras el éxito de Los tarantos, el cine volvería a llamar a su puerta muy poco después. Mario Camus lo dirigió en Con el viento solano (1967), película que compitió por la Palma de Oro en Cannes. Aquel viaje a Francia deparó uno de los momentos más intensos en la vida del bailaor, que cenó en un restaurante chino junto a Luis Miguel Dominguín y los artistas, entonces exiliados, Pablo Picasso, Rafael Alberti y María Teresa León. La película El amor brujo (1967), de nuevo con Rovira Beleta, logró otra nominación al Oscar en la misma categoría.
La colaboración con Carlos Saura comenzó con Bodas de sangre (1981). Saura quedó fascinado con el montaje de la pieza en versión danza y no duda en trasvasarlo al cine. La producción de Gades data de 1974. El bailaor se ocupaba de la coreografía y la iluminación, además del papel de Leandro, mientras que la escenografía era de Francisco Nieva. Carmen (1983), la segunda entrega de la trilogía cinematográfica, contó con la intervención estelar del guitarrista Paco de Lucía, que se ocuparía de la música y ejercería de intérprete.
Trilogía de Carlos Saura
La colaboración entre Antonio Gades y Carlos Saura dio como resultado una trilogía cinematográfica que revolucionó el género del baile flamenco:
- Bodas de Sangre (1981)
- Carmen (1983)
- El Amor Brujo (1986)
Compromiso Político y Cultural
Los posicionamientos políticos de Gades, siempre contundentes, llegaron a costarle su cargo al frente del Ballet Nacional Español, proyecto que con tanta ilusión encaró en 1978. Cuando lo expulsan del Ballet Nacional Español, lo acompañan 23 miembros -entre los que se encuentran Cristina Hoyos y José Mercé- y forma su propia compañía. Volvería a Cuba en 1978, donde afianzó su compromiso con los barbudos de la isla. Incluso su última gran producción, Fuenteovejuna (1994), constituye un homenaje a su patria adoptiva por su resistencia ante el imperialismo estadounidense. Los miembros del cuerpo diplomático de la embajada de Cuba asistieron a una velada íntima en el crematorio después de que se lo llevara un cáncer en 2004.
El bailarín llegó a la isla con su compañía en 1975, cuando había decidido dejar de bailar en protesta por los últimos asesinatos del franquismo en el año de la muerte del dictador. Suerte que Alicia Alonso logró convencerle de que el arte podría ser un instrumento de transformación social. Al día siguiente, las cenizas partieron hacia La Habana, en cuyo puerto había atracado Antonio Gades hasta en dos ocasiones, 1992 y 2003, cuando cruzó el Atlántico en barco -era un apasionado de la navegación- desde España.
Lea también: Familia y legado de Del Burgo
Vida Personal
Antonio y Pepa Flores (Marisol) compartían su vida desde 1973, habían tenido tres hijos y mezclado su talento artístico en las películas Los días del pasado (Mario Camus, 1977) y la mencionada Bodas de sangre, de la que sigue recordándose la interpretación de Pepa en la Nana del caballo grande.
Además de su relación con Marisol, Gades se casó en 1964 con Marujita Díaz, de la que se separó a los dos años, y tuvo dos hijos con Pilar San Segundo. Tras una fugaz boda con Marujita Díaz (1964), tuvo dos hijos con la bailarina Pilar San Segundo (Elsa e Ignacio), se separó en 1971, y en 1973 se emparejó con Pepa Flores, actriz, belleza y símbolo del tardofranquismo: Marisol. En 1986 se rompe la relación con la "niña prodigio" y empieza una con la suiza Daniela Frey, con quien también se casó en 1988 y de la que se separó en 1993.
María Esteve, hija de Pepa Flores “Marisol”, dice que mantuvo siempre una relación muy especial con su padre. Era muy estricto y exigente. “A las tres de la mañana, me sacaba de la cama para que bailara”. María también hace un repaso por la historia de amor de Gades con su madre. Cuenta que se casaron en Cuba, en una ceremonia a la que no invitaron a sus hijos.
Legado
Antonio Gades triunfó en todo el mundo y su último deseo, antes de fallecer, era crear una fundación para perpetuar su memoria y seguir enseñando el baile a los jóvenes. Esta idea la materializó su viuda, Eugenia Eiriz. Y, hoy en día, la Compañía de Antonio Gades y su Fundación es el mejor legado que nos dejó el bailarín. Siguen la estela del maestro y giran por todo el mundo.
Como coreógrafo fue poco prolífico, pero crucial, una especie de Juan Rulfo que cambió la forma de escribir el flamenco y, más allá, el ballet contemporáneo. “Fíjate si soy lento que he hecho cuatro ballets en cuarenta años”, decía. El sudor era la única estrella. Él siempre renegó de la palabra genio. “A mí me rascas y soy como la radio de mi casa, que se le caía el barniz y ponía Sidra El Gaitero.
Lea también: Vida y Obra de Ignacio González Vega
En resumen, Antonio Gades fue un artista completo, un revolucionario del baile flamenco y un hombre comprometido con sus ideales. Su legado perdura a través de su compañía, su fundación y sus inolvidables películas.
tags: #ignacio #esteve #hijo #antonio #gades #biografia