Jane Goodall: Vida, Hijos y Legado de una Pionera

11.12.2025

Jane Goodall no solo fue la pionera que transformó la primatología y el estudio de los chimpancés, sino también una mujer que supo conjugar la pasión por la ciencia con una vida personal marcada por sueños infantiles, relaciones intensas y pérdidas dolorosas.

Infancia y Primeros Años

Nacida en Londres en 1934, registrada al nacer como Valerie Jane Morris Goodall, exbaronesa Jane van Lawick-Goodall, es una etóloga inglesa y Mensajera de la Paz de la Organización de las Naciones Unidas. Criada en Bournemouth en la posguerra, desde niña mostró un interés inusual por los animales.

Sus padres fueron Mortimer Herbert Morris-Goodall, un hombre de negocios, y Margaret Myfanwe Joseph, una novelista que escribía bajo el seudónimo Vanne Morris-Goodall. De niña, recibió de regalo un chimpancé de peluche al que su padre nombró «Jubilee». Su cariño al juguete fue el inicio de su amor por los animales. A la fecha, el juguete se encuentra en su casa en el sur de Inglaterra.

A los diez años ya imaginaba un futuro en África rodeada de fauna salvaje y escribiendo libros sobre ella. Ese sueño se hizo realidad cuando en 1960 llegó a Tanzania bajo la guía del antropólogo Louis Leakey. Instalada en la selva de Gombe con una tienda de campaña, la compañía de su madre y un cocinero, comenzó una investigación que cambió para siempre el conocimiento de los chimpancés.

Inicios en África

Goodall siempre ha sido una apasionada de los animales y de África, lo cual la llevó a la granja de una amiga suya en las tierras altas de Kenia en 1957. Allí consiguió trabajo de secretaria y, siguiendo el consejo de su amiga, llamó por teléfono al paleontólogo y arqueólogo keniano, Louis Leakey, para concertar una cita en la que conversar sobre animales.

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Leakey, que creía que el estudio de los grandes simios podría dar pistas sobre la conducta de los primeros homínidos, estaba en busca de un investigador de chimpancés, aunque esta idea la guardó para sí mismo. En vez de lo anterior, propuso a Goodall que trabajara de secretaria para él. Después de que su esposa Mary Leakey lo aprobara, Louis facilitó el viaje de Goodall a la Garganta de Olduvai en Tanzania.

En 1958, Goodall viajó a Londres para estudiar la conducta de los primates con Osman Hill y la anatomía de los primates con John Napier. Leakey recaudó fondos y, el 14 de julio de 1960, Goodall llegó a la Reserva de Caza de Gombe Stream (que luego se convertiría en el Parque nacional Gombe Stream), siendo la primera de las famosas científicas impulsadas por Dr. Leakey conocidas como «Las Trimates». Su madre la acompañó, pues su presencia era necesaria para satisfacer las exigencias de las autoridades. Tanzania era Tanganica en esa época, un protectorado británico.

Tras sus revolucionarios descubrimientos sobre la conducta de los chimpancés, Goodall fue aceptada en la Universidad de Cambridge donde obtuvo un doctorado (PhD) en etología. Fue la octava persona a la que se le permitió estudiar un doctorado sin contar con una licenciatura previa. En 1965, defendió su tesis bajo la tutela de Robert Hinde, antes profesor de St. John's College, Cambridge, titulada: «Comportamiento de los chimpancés en libertad», en la que detallaba los primeros cinco años de su estudio en la Reserva Gombe.

Vida Personal

La mujer detrás de la científica vivió también grandes momentos personales. El 28 de marzo de 1964 se casó con el fotógrafo y videógrafo de National Geographic que había ido a registrar su trabajo en Gombe, el barón Hugo van Lawick, en la Chelsea Old Church, Londres, y ella se hizo conocida con el nombre de baronesa Jane van Lawick-Goodall durante su matrimonio.

La pareja tuvo un hijo, Hugo Eric Louis (nacido en 1967), y se divorciaron en 1974. Al siguiente año, se casó con Derek Bryceson (miembro del parlamento de Tanzania y director de parques nacionales), quien falleció de cáncer en octubre de 1980. Con su posición en el gobierno de Tanzania como dirigente del sistema de parques nacionales, Bryceson consiguió proteger la investigación de Goodall, así como poner en marcha una prohibición al turismo en Gombe mientras estuvo vivo.

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Al ser preguntada si creía en Dios, Goodall dijo en septiembre del 2010: «No tengo idea de quién o qué es Dios. Pero sí creo en un poder espiritual mayor. Lo siento en particular cuando estoy en la naturaleza. Es algo que es más grande y más fuerte que yo o cualquiera. Lo siento. Eso es suficiente para mí.»

Hugo Eric Louis van Lawick

Jane siempre estuvo muy orgullosa de comentar que su hijo se había criado entre la naturaleza y los campamentos de investigadores. Durante casi una década, los Van Lawick vivieron una buena vida juntos. Pero cuando National Geographic dejó de financiar el trabajo de Hugo, él tuvo que empezar a buscarse la vida por otro sitio y la distancia hizo daño a su relación.

Sin buscarlo, comenzaron a apartar sus vidas, empezaron a discutir más de la cuenta y, finalmente, decidieron separarse. "Fue algo triste para la familia y para nuestro hijo, pero lo superamos", explicó, hace cinco años, a People.

Contribuciones Profesionales

Es considerada pionera en el estudio de los chimpancés salvajes y conocida por su estudio de más de sesenta años de duración sobre las interacciones sociales y familiares de los chimpancés salvajes en el parque nacional Gombe Stream en Tanzania. Es la fundadora del Instituto Jane Goodall y del programa Roots & Shoots (Raíces y Brotes). Ha hecho una gran labor en materia de conservación y bienestar animal.

Dado que el chimpancé es actualmente la especie genéticamente más cercana al Homo sapiens, sus hallazgos revolucionaron los conocimientos que se tenían no solo de los chimpancés, sino también del ser humano. Fue la primera persona en descubrir que los chimpancés eran capaces de fabricar y utilizar herramientas, algo que hasta entonces se consideraba exclusivo de los seres humanos.

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Investigación en el Parque nacional Gombe Stream

Goodall es conocida por sus estudios sobre la vida social y familiar de los chimpancés. Empezó a estudiar en la comunidad de chimpancés de Kasakela, en el parque nacional Gombe Stream, Tanzania, en 1960. Sin un trasfondo universitario que influenciara su investigación, Goodall observó cosas que las estrictas doctrinas científicas habrían pasado por alto. En vez de numerar a los chimpancés que observaba, les daba nombres, y notó que tenían personalidades únicas e individuales, una idea nada convencional para su tiempo.

Descubrió que «no solamente los seres humanos tienen personalidad, y son capaces de tener pensamiento racional y emociones como alegría y tristeza». Además observó conductas como abrazos, besos, palmadas en la espalda e incluso cosquillas, las cuales nosotros consideramos como acciones «humanas». Goodall insiste que estos gestos son evidencia de «las relaciones afectivas, cercanas y de apoyo que se establecen entre miembros de la familia y otros individuos dentro de una comunidad, que puede tener una esperanza de vida de más de cincuenta años».

Estos hallazgos sugieren que las similitudes entre humanos y chimpancés no solo son genéticas sino que pueden ser vistas en las emociones, inteligencia y relaciones familiares y sociales.

La investigación de Goodall en Gombe Stream es reconocida por la comunidad científica al contradecir dos creencias muy arraigadas en aquel entonces: que solamente los humanos podían crear y utilizar herramientas, y que los chimpancés eran vegetarianos. Observando a un chimpancé alimentarse de un termitero, pudo apreciar que colocaba repetidamente tallos de hierba en los hoyos del montículo y los extraía cubiertos de termitas, un procedimiento que recordaba la pesca. Los simios también tomaban ramitas de los árboles y les quitaban las hojas, para hacerlas más efectivas, una manera de modificar objetos, lo que es el inicio rudimentario de la construcción de herramientas.

Los seres humanos se habían distinguido por mucho tiempo a sí mismos del resto del reino animal, como «homo faber, el creador de herramientas». En respuesta a los hallazgos revolucionarios de Goodall, Louis Leakey escribió: «Ahora, debemos de redefinir al hombre, redefinir las herramientas ¡o aceptar a los chimpancés como humanos!»

En contraste con las conductas cariñosas y pacíficas que observó, Goodall también encontró el lado agresivo de la naturaleza de los chimpancés en Gombe Stream. Descubrió que estos animales hieren y cazan sistemáticamente a primates más pequeños, como monos colobos. Goodall observó a un grupo de caza aislar un colobo en la parte alta de un árbol y bloquear todas las posibles salidas, y después a un chimpancé trepar, capturar y matar al colobo. Entonces, los otros tomaron cada uno una parte del cadáver, y lo compartieron con los miembros restantes del grupo, en respuesta a conductas de ruego.

Los chimpancés de Gombe matan y devoran hasta a un tercio de la población de colobos en el parque cada año. Esto, hecho por su propia cuenta, fue un gran descubrimiento que desafió las concepciones previas sobre la conducta y dieta de los chimpancés.

Pero, tal vez aún más alarmante y perturbadora era la tendencia a la agresión y violencia dentro de los grupos de chimpancés. Goodall observó a hembras dominantes matar deliberadamente a hembras más jóvenes en el grupo para mantener su dominancia, a veces llegando al canibalismo.

Goodall describió la guerra Chimpancé de Gombe ocurrida en 1974-1978 en sus memorias, A través de una ventana: mis treinta años con los chimpancés de Gombe. Sus descubrimientos revolucionaron el conocimiento contemporáneo de la conducta del chimpancé, y fueron evidencia de las similitudes sociales entre chimpancés y humanos, aunque de una manera mucho más oscura.

Nombres y Personalidades

Goodall también se diferenció de las convenciones tradicionales nombrando a los animales en sus estudios en vez de asignarle un número a cada uno. La numeración era una práctica casi universal en ese tiempo y se creía que era importante para eliminar el propio apego emocional al objeto estudiado. Esto le permitió desarrollar una conexión cercana con los chimpancés y convertirse en el único ser humano aceptado en una sociedad de chimpancés, hasta la fecha. Ella fue el miembro con menor estatus de un grupo por un periodo de veintidós meses.

  • David Greybeard, un macho con mentón gris, que fue el primero en abrirse a Goodall.
  • Goliath, un amigo de David Greybeard, originalmente el macho alfa, nombrado así por su naturaleza audaz.
  • Mike, quien utilizando su astucia e improvisación desplazó a Goliath y se convirtió en macho alfa.
  • Humphrey, un macho alto y bravucón.
  • Gigi, una hembra grande y estéril quien se regocijaba en ser la "tía" de cualquier joven chimpancé o humano.
  • Mr. McGregor, macho mayor y beligerante.
  • Flo, una hembra maternal y con estatus alto, de nariz bulbosa y orejas rasgadas, y sus hijos: Figan, Faben, Freud, Fifi, y Flint.
  • Frodo, el segundo hijo de Fifi, un macho agresivo que atacaba frecuentemente a Jane y que, en última instancia, la forzó a dejar el grupo cuando se convirtió en el macho alfa.

Instituto Jane Goodall

En 1977, Goodall estableció el Instituto Jane Goodall (IJG), el cual apoya a la investigación de Gombe, y del cual ella es la líder global, en un esfuerzo por proteger a los chimpancés y sus hábitats. Con treinta oficinas alrededor del mundo, el IJG es altamente reconocido por sus programas de conservación y desarrollo en África, innovadores y centrados en la comunidad. Su programa global para la juventud, Roots & Shoots (Raíces y Brotes), se inició en 1991 cuando un grupo de dieciséis adolescentes locales se reunieron con ella en su porche trasero, en Dar es Salaam, Tanzania.

Ellos estaban ansiosos por discutir una variedad de problemas de los que sabían por experiencia y que les causaban gran preocupación. La organización ahora tiene más de diez mil grupos en más de sesenta países.

Debido a la excesiva cantidad de notas escritas a mano, fotografías e información apilándose en el hogar de Jane en Dar es Salaam a mediados de los 90, se creó el Instituto Jane Goodall para el Estudio de los Primates, en la Universidad de Minnesota, para organizar y almacenar esta información. Actualmente los archivos de información originales de Jane Goodall residen ahí y se han digitalizado, analizado y ubicado en una base de datos en línea.

Hoy en día, Goodall dedica todo su tiempo a la defensa de los chimpancés y su ambiente, y hasta antes de la erupción de la pandemia global de COVID-19, viajaba casi trescientos días al año. Goodall también es miembro del consejo del santuario de chimpancés más grande fuera de África, Save the Chimps (Salven a los Chimpancés), en Fort Pierce, Florida.

Activismo

Goodall fue presidenta de Advocates for Animals (Defensores de los Animales), una organización que se opone al uso de animales en investigación médica, zoológicos, granjas y deportes, cuya base está en Edinburgo, Escocia. Goodall es vegetariana, y propugna esta dieta por motivos éticos, ambientales y de salud. En El mundo interior de los animales de granja, Goodall escribe que los animales de granja son «mucho más conscientes e inteligentes de lo que nunca imaginamos y, a pesar de haber sido criados como esclavos domésticos, son seres individuales en derecho propio. Como tales, merecen nuestro respeto y ayuda. «¿Quién alegará por ellos si nosotros nos quedamos en silencio?»

Goodall también ha dicho: «Miles de personas que dicen "amar" a los animales se sientan una o dos veces al día a disfrutar la carne de criaturas que han sido tratadas con muy poco respeto y gentileza solamente para crear más carne.»

Rebeca Atencia: La Jane Goodall Gallega

Directora del Instituto Jane Goodall en Congo y responsable veterinaria del Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga, el más grande de África, Rebeca Atencia, conocida como la ‘Jane Goodall gallega’, ha hecho de su vida una auténtica aventura dedicada a la protección de los chimpancés y a la conservación de la naturaleza. Desde los bosques de Ferrol hasta la selva del Congo, esta veterinaria gallega, de 48 años, ha dirigido durante dos décadas un santuario de primates, enfrentándose a desafíos que parecen sacados de una película y compartiendo su pasión con quienes la rodean.

Rebeca, tu vida parece una película. ¿Cómo comenzó esa historia?Todo empezó en Galicia, en Ferrol, el lugar donde me crié. En aquella época veía esa zona como un paraíso. Ahora, cuando vuelvo, me encuentro eucaliptos por todas partes, pero entonces era mi mundo, una especie de selva propia, aunque hoy sean esos bosques gallegos que conocemos. Creo que muchas pasiones nacen en la infancia, cuando ves las cosas por primera vez y te marcan para siempre. A mí me ocurrió allí: nació mi amor por la naturaleza, por proteger a los animales. Me inspiró gente del entorno, especialmente un guardabosques al que observaba disfrutar paseando por el monte. Yo le veía y quería sentir esa conexión con la tierra.

De pequeños también pasábamos mucho tiempo en el campo y, sin darme cuenta, empezó mi obsesión: trabajar con animales, rehabilitarlos y reintroducirlos en la naturaleza. Después llegó la formación. Hice la carrera en Madrid e, incluso antes de terminarla, tuve muy claro que quería especializarme en fauna salvaje. Era mi camino. Entonces surgió la oportunidad de viajar al Congo. Fui primero de visita, pero, como ya tenía experiencia con animales salvajes, durante ese viaje me ofrecieron un trabajo en un proyecto para reintroducir chimpancés en la selva. Y me lancé a la aventura. En teoría iba a ir solo un año, pero África es así: llegas sin saber cuándo -o si- te irás.

Encuentro con Jane Goodall

Pues fue de repente, de la nada. Bueno, lo habían preparado antes, pero aun así era como irreal. Nos dijeron: “Va a venir Jane Goodall”. Y no te lo crees. Era 2005, hace ya veinte años, y yo pensaba: “¿Cómo va a venir aquí?”. Pero sí, llegó, aunque tardó varios días. Tuvo que pasar la noche en otro sitio, luego coger coche, barco… hasta entrar en el parque y llegar al campamento. Me acuerdo perfectamente porque nosotros nos comunicábamos con una radio de larga distancia. No había ni teléfono satélite, ni internet, ni nada. Solo esa radio. Cada noche hacíamos una llamada para confirmar que todo estaba bien. Durante dos días la radio no funcionó por una tormenta que movió la antena. Así que no sabíamos nada, si vendría o no. Y de pronto apareció en aquel barco.

Yo la había conocido ya en España, así, muy de pasada, en un centro que estaban creando para un santuario de chimpancés en Alicante. Ella había venido a apoyarlo, y, claro, yo era una más entre muchos, no tenía ninguna relación directa con ella. Pero realmente cuando la conocí de verdad fue en el Congo. Ahí fue cuando tuve ese contacto real, esas conversaciones, ese intercambio humano y profesional. Y claro que impresiona. De repente ver que una persona tan importante, tan referente, aparece allí, en mitad de la selva. Pero lo que más me impactó fue que fuese yo la que tenía que explicarle lo que hacíamos, cómo trabajábamos, cuál era el proceso, explicarle eso a ella, que era la mujer de los chimpancés. Esa mezcla de orgullo, responsabilidad y vértigo es una sensación muy fuerte. Era como decirme a mí misma: “Bueno, esto está pasando y te toca estar a la altura”.

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