Joaquín Pajarón: Biografía y Trayectoria de un Humorista Asturiano

02.12.2025

El cómico Joaquín Pajarón, conocido por su humor asturiano y su capacidad de conectar con el público, ha recorrido un camino lleno de transformación personal y profesional. Su vida, marcada por desafíos y superaciones, le ha permitido desarrollar una perspectiva única que plasma en sus espectáculos.

Inicios y Transformación Personal

Sabedor de que su vida no ha sido un camino de rosas y que ha llegado hasta donde está tras vivir su particular transformación, Joaquín Pajarón ha aprendido a llevarse bien consigo mismo y a gestionar al personaje sin necesidad de pelearse con él, aunque reconoce que todavía se siente mal con el halago y aún le queda un trecho que recorrer para llegar a quererse. Como no quieres que todo el mundo sepa tus mierdas, de pequeño te inventas un personaje para que no te machaquen y no sufrir. Escondes en él todos tus miedos y tus complejos, te conviertes en el gracioso y todo el mundo quiere estar contigo y pasarte la mano por la espalda.

Totalmente y yo, hasta hace pocos años, llegué a odiar al personaje. Ahora sé que tengo que aprender a convivir con él y ser agradecido por todo lo que me ha dado, pero me odiaba a mí mismo, no quería ser nada en el mundo y me porté muy mal.

Cuando las cosas me iban bien siempre creía que no me lo merecía y me autodestruía. Mi psicóloga me enseñó a estar agradecido al personaje, pero a no vivir con él. Él me ayudó a pasar una infancia muy dura, por eso lo inventé, y ahora lo utilizo como a un muñeco.

Cuando veo que todo va bien y que todo el mundo me halaga es cuando me autodestruyo. Lo hice toda mi vida con parejas, familia, amigos… Yo decía: “no me lo merezco, no puedo tener a alguien tan maravilloso a mi lado”. Me llevé a morir con mi familia, pero ahora ya no. El año pasado murió mi papi en noviembre y yo hice todo lo que pude por él, me desviví con mi hermana con la que no me hablaba. Las invité a ella y a mi madre a marchar de vacaciones conmigo. Estuvimos los tres juntos y a mi hermana, ahora mismo, le doy todo lo que necesite porque me va bien en la vida y me lo puedo permitir. Antes sólo me preocupaba por mí y, en este momento, lo único que quiero, es ser buena persona en mi vida y un buen cómico en el escenario.

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Su Humor y Conexión con el Público

Es de verbo fácil y fluido. No rehúye ningún tema y dice lo que piensa directamente, sin necesidad de escoger ninguna palabra que le haga quedar bien. Es feliz siendo de pueblo, necesita poco para poder disfrutar de la vida y siente Asturias de una manera tan especial que parece llevarla tatuada en cada célula de su sangre.

No se parece en nada verme en el teatro, donde estoy cerca de dos horas, que ver un vídeo de dos minutos. Por parte de la gente que va a ver el espectáculo, tengo una crítica muy buena. No conozco absolutamente a nadie que no le haya gustado. Todo el mundo se ríe, que es lo más básico que hay. También lo bueno que tiene el humor es que conoces la reacción de manera instantánea.

Hago la broma, se rieron, funcionó. También te digo que muchas veces no oigo las risas, pido la luz baja y no dejo que haya aplausos, sólo al final. No quiero que lo hagan porque no me gusta que se frene el ritmo. Quiero ir tirando, ver que se ríen y que después de esa risa hay otra. El objetivo es darles mucha felicidad en ese momento y que dejen de pensar. Cuento las cosas que tengo escritas y luego voy improvisando y haciendo partícipe al sitio al que voy.

Si le pido a alguien que pague una entrada, tengo que saber algo sobre ellos, qué pasa en su tierra y cómo es su forma de ser. Intento investigar, saber mucho y luego aplicarlo al espectáculo para que ellos se sientan identificados y a gusto. Desde mi punto de vista es una señal de respeto. Si estoy allí quiero ir a dar un paseo, conocer los lugares emblemáticos o comer en algún sitio. Y esto te abre mucho la mente. Los asturianos siempre presumimos de que aquí lo tenemos todo y esto es una auténtica maravilla, pero también es una pasada probar un lechazo y no comer siempre cabritu con patatines.

Cuando llego a casa, miro el móvil y todos los mensajes son del tipo: “qué bueno eres”, “qué risas me eché” y siempre pienso que no me conocen de verdad, que valoran más al personaje. Tengo ese síndrome del impostor que voy mejorando con el tiempo. Me como mucho la cabeza porque, por un lado, quiero mantener mi vida alejada de todo esto y, cada vez que hago vida pública, me para la gente y parece que tengo que contestar todo el rato de manera ingeniosa y no siempre quiero serlo. A lo mejor me apetece más preguntarte cómo estás, pero parece que tengo la exigencia constante de tener que ser gracioso. También es cierto que cada vez hago menos vida social, me gusta estar aquí o en Piloña donde soy el hijo de Merceditas.

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Compromiso con la Realidad Social

Reírse es maravilloso y se lo digo a mis hijas y a todo el mundo. Muchas veces, cuando hay un problema hay quien dice: “La gente no cambia. Eso va a seguir así”. Yo no estoy de acuerdo. La gente cambia cuando quiere cambiar. Yo lloro mucho. Con las películas, un libro, con una canción o con las cosas tristes que pasan. Últimamente me quita la sonrisa el bullying. Me da mucha pena todo lo que les hagan a los peques. Me entristece la gente mayor cuando veo la vida que tienen. No sé cómo personas que hicieron todo por nosotros, sobre todo en el mundo rural, están abandonadas y dejadas de la mano de dios.

Tenemos miedo a hablar de ciertos temas y deberíamos hablar de ellos con normalidad porque son importantes y afectan a mucha gente de todas las edades, por ejemplo, sobre el suicidio. Hay muchísimo, cada vez más, y no se habla de ello. En la prensa siempre dirán que se precipitó por una ventana, pero no que se suicidó. En mi espectáculo hago una reflexión final sobre la salud mental que creo que es importantísima. Estoy todo el rato con un personaje imaginario que es mi psicóloga, a la que le estoy contando todos mis problemas y la reflexión es que la gente que tiene depresión, angustia o cualquier tipo de problema, no es gente débil. Es gente súper fuerte que ya no aguanta más. Le damos muchísima importancia a nuestro estado físico, pero la cabeza es muy importante. Tenemos por costumbre tragar todo, meterlo debajo de la alfombra y, al final, tropiezas en ella. Somos como el payaso que con el maquillaje está contento pero que, cuando se lo quita, está triste.

Tenemos que aprender a escuchar y a respetar la opinión de los demás. Mis amigos no piensan lo mismo que yo, no tienen mi misma ideología, pero son mis amigos y los quiero. Muchas veces, cuando hay un problema, hay quien dice: ‘La gente no cambia. Eso va a seguir así’. Yo no estoy de acuerdo. La gente cambia cuando quiere cambiar.

Su Visión sobre las Redes Sociales

Muchas veces pongo el móvil en silencio porque estoy hablando con las peques o comiendo. Me da mucha rabia que me escriban cuando estoy viendo una película o el capítulo de una serie. Me gusta mucho el cine y, si me siento a ver algo, quiero verlo sin tener que cortar a cada rato. Parece que estamos obligados a la inmediatez del móvil y no es así. Si es urgente, por supuesto, pero si es para saludar o preguntar qué hago, pues no pasa nada porque no te responda hoy y hablemos mañana. No quiere decir que no te eche de menos o que no te quiera, simplemente que estoy aquí sentado y estoy a gusto haciendo lo que estoy haciendo.

Estamos obsesionados con el móvil y yo también tuve una época que estaba pendiente todo el día de él. Me voy quitando el vicio, aunque hay veces que caigo. Ahora que puedo ver el tiempo que llevo sin usarlo, intento batir mi récord y que cada vez sea menos.

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En redes me corto. En el teatro no porque es el terreno histórico de la libertad. Las redes sociales son un veneno y un dolor. Me parece muy bien cuando alguien escribe algo en ellas alegando que es libertad de expresión. Perfecto. Pero si tú sabes que eso va a hacer daño a alguien y lo escribes igualmente, eres mala persona. Si pensases que lo que digas o lo que escribas, es como si se lo dijeses a tu hijo o a tu hermano, seguro que no te gustaría.

Que me digas que el humor que hago no tiene ni puta gracia me da igual, pero si intentas hacer un comentario para ofenderme o hacerme daño, igual te lo tienes que hacer mirar. Yo no quiero ser un ejemplo de nada en esta vida. No penséis que la vida me va maravillosamente bien porque tengo el teatro lleno. A lo mejor, llego a casa y estoy solo. Y tú, que trabajas en una carnicería, tienes al amor de tu vida en la cama, te llevas bien con tu familia y eres súper feliz. Muchas veces, todo lo que vemos en las redes es mentira.

Yo en las redes no vendo mi vida. Vendo comedia, pero, aun así, intento dejar siempre un mensaje con el que la gente pueda quedarse. No todo vale en esto. Hay cosas que no tienen ni puta gracia. ¿Qué nos pasa? Pues que la gente que es famosa o que tiene muchos seguidores, nos enseña una vida de lujo que es la que tienen o la que resulta atractiva. No nos van a vender cuando están tristes tomando pastillas, que también las toman, o cuando se están drogando en un baño, que también lo harán.

Su Rol como Padre

Yo hablo un montón con mis hijas, las escucho mucho y esto hace que todo sea más fácil. Cuando no te interesa lo que te cuentan, crees que es perder tiempo y le das un móvil para poder estar tú hablando en una terraza, la cosa no va bien. Yo muchas veces no voy con mis amigos porque estoy con ellas, salimos a tomar algo y estamos juntos. Estoy pendiente y, si se aburren, voy a estar con ellas para que se diviertan y no cojan el teléfono. Ven la tele a determinadas horas, pero no están todo el día pegadas a ella. Jugamos, les enseño cosas, les enseño a “aburrirse”, a que pueden estar sin hacer nada, porque ahí surge la posibilidad de tener espacios para pensar o hacerse preguntas; también pueden pasar el día haciendo actividades y yo con ellas o dejándolas tranquilas, mientras descanso o trabajo.

Cada vez que las recojo del colegio, les pregunto qué tal les fue y quiero que me cuenten todo. Si se sintieron mal en algún momento, si alguien se rio de ellas, si tienen alguna preocupación, si se sienten bien… Hay que empezar a preocuparse por ellos desde pequeños. Hay una cosa que siempre les digo, que es que a mí me pueden y me tienen que contar todo. Y, cuando estén en una situación en la que todo el mundo diga o ellas mismas piensen: “cómo se entere mi padre, me mata”, ahí es donde me tienen que llamar. Yo nunca les voy a juzgar ni a opinar sobre lo que hicieron. Les voy a ayudar y después ya hablaremos de la situación sea la que sea. Tienen que saber que a su padre sí lo pueden avisar.

Tengo la teoría de que ellos no te escuchan, te observan y te copian. Con lo cual, tu discurso tiene que ir acompañado de unos actos. A tu hijo no le puedes decir que cuando comemos no miramos el móvil, y tú cogerlo. Yo me siento con ellas a comer todos los días en la cocina, sin tele. Dejo el móvil, nos juntamos los tres y hablamos. Para mí es maravilloso. Mis hijas saben si la luna está creciente o menguante, si la marea sube o baja y todo porque pasamos tiempo sentados mirando, observando cosas y les surgen dudas y preguntas. Siempre les digo que no tienen que tener miedo, pero sí cuidado. Miedo tienes cuando no conoces y en este caso yo las conozco muy bien y ellas me conocen a mí. Hablo mucho con sus profes y quiero conocer a sus amigos, sus nombres, a qué jugaron, dónde. Que sientan que a su papá le interesa todo lo que les pasa y que no tengan vergüenza. Muchas veces cuando te pillaban bailando solo en la habitación, se reían de ti. Yo, cuando las veo, bailo con ellas.

Su Pasión por el Mundo Rural

A mí dame pueblo, lo natural, gente pura, de la de verdad, que te ven segando y te echan un cable. Quizá en la zona rural no podamos hablar de ciertas cosas porque la gente es más ruda, pero hay veces que no hace falta decirlo. Lo ves y ellos lo saben. Si uno está montando la carpa, otro lleva filetes empanados, otro tortillas, otro chorizos y acaban montando la fiesta. Nadie te juzga por la apariencia y todos nos ayudamos. Tú eso en una ciudad no lo vas a encontrar. Vas a ver a una señora fregando las escaleras en un portal de la calle Uría y vas a pasar por encima hablando por el móvil y no le vas a decir ni buenos días. Yo eso no lo quiero, yo quiero ver a alguien fregando decirle que vuelvo luego para no pisarle lo mojao. Y que me diga: “No fío. Pasa, que ya vuelvo yo a darle con la fregona”. Me gusta eso de que te sobren limones y los repartas. Hay una cosa que tengo muy clara: sé de dónde vengo. Soy de pueblo, mis abuelos y mis tíos son ganaderos y agricultores, crecí en un barrio y soy de una familia muy humilde.

El sector primario en general es el más abandonado, pero, como su propio nombre indica, es primario y sin él no podríamos vivir. Entonces, todo mi respeto a esas personas que se levantan por la mañana y tienen que llevar las ovejas al monte u ordeñar las vacas a las seis de la mañana. Donde hay agricultura y ganadería estamos cuidando el terreno. Yo no hablo de macroexplotaciones ganaderas, hablo de vacas que están por el monte libres todo el verano y que, cuando llega el invierno, las meten en la cuadra, las cuidan, las tienen limpias y cada una tiene nombre. Tampoco es cierto que gasten tanta agua como dicen. Un día una chavala me contradecía y me enseñaba una vaca que estaba agonizando. Vale, hay ganaderos que maltratan a los animales, que aprovechan y hacen trampas con el lobo o con determinadas cosas. Hijos de puta los hay en todos los lados, pero también hay gente que no hace nada de todo esto. Por lo tanto, no podemos demonizar y decir que el 80% es culpa de los ganaderos. Yo quemo en mi casa porque, si no lo hago y un día pasa algo más gordo, arde todo porque el de al lado no limpia y yo no lo puedo segar. Cuando lo haces intentas tener la inteligencia de que no haya viento o que no sean los días peores de calor.

Me preocupa mucho la gente del medio rural porque están olvidados. Pagan los impuestos como todos, tienen las mismas obligaciones que todo el mundo, pero no los mismos derechos. Obligamos a un paisano mayor a que vaya de tal a tal hora a actualizar su cartilla a un banco. ¿Por qué no puede hacerlo todos los putos días? Él es el que hace que se mantenga tu puesto de trabajo. No le puedes poner un QR para que vaya a comer porque ese señor no tiene ni idea de cómo usarlo, pero sí sabe cuándo tiene que plantar las cosas. Si cierran el Mercadona, tú no tienes ni idea de cómo darle de comer a tu familia y ese señor sí. Entonces no lo menosprecies porque no sepa utilizar la tecnología. Él sabe lo más importante en esta vida que es vivir y dar de comer. Somos muy egoístas con esta gente y no les ayudamos.

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