Django Desencadenado: Un Monográfico sobre la Película de Quentin Tarantino

10.10.2025

La 85ª Ceremonia de los Premios Oscar es una cita destacada e importante para los aficionados al cine. Este año, hay nueve nominaciones a Mejor Película. Hoy nos centraremos en una de las mejores películas presentes en el certamen y también una de las más destacables producciones de la temporada: Django Desencadenado.

El Cine Made in Tarantino por Jordi T.

El caso de Quentin Tarantino no es el de un director prototípico, ni el de un guionista convencional. Este obsesivo cinéfilo y aficionado al séptimo arte acostumbra en sus películas a ofrecernos un recorrido por la historia misma del cine adentrándose en esos recovecos en los que se encuentran los géneros y films más denostados y olvidados.

En una entrevista realizada en el año 1994, en el programa televisivo estadounidense de Charlie Rose, este atípico hombre de cine se abriría de par en par ante las cámaras para hablarnos de su particular visión del cine, sus preferencias, influencias y metas en el medio.

En sus años como aficionado, Quentin Tarantino, cuyos directores favoritos siempre han sido Howard Hanks y Brian de Palma, había dedicado muchas horas de su vida al estudio de la evolución de las trayectorias de los cineastas más destacados de la historia.

Este posible declive en la filmografía de Quentin Tarantino parece aún lejano, como demuestra el buen momento de forma exhibido en su actual etapa con su «duología del género», formada por su experiencia bélica en Malditos Bastardos y el presente coqueteo con el western en Django Desencadenado. Estas dos películas, con marca inconfundible de la casa, han conseguido aunar el beneplácito de crítica y público recolectando en el camino hasta trece nominaciones a los premios Oscar entre ambas películas aunque consiguiendo únicamente, por el momento y a la espera de ceremonia de este año, el premio al Mejor Actor de Reparto para el austríaco Christoph Waltz por su magnífico papel del coronel Hans Landa.

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Por lo tanto, en las manos y en la cabeza de Quentin Tarantino parece quedar aún mucho cine por mostrarnos, su fórmula, tan personal e inclasificable, sigue funcionando y pese a algún imitador no hay nadie mejor que él para explotarla. No obstante, a sus cuarenta y nueve años de edad, con su comentada intención de retirarse del mundo del cine a los sesenta, si no lo consigue antes la era digital como él mismo recalca, los aficionados adictos a su trabajo ya empezamos a temer la cercanía de su jubilación.

Lejos han quedado para Quentin Tarantino esos primeros años en los que junto a Roger Avary, director de la rescatable Las Reglas del Juego, escribía guiones, rechazados una y otra vez por Hollywood, mientras intentaba cumplir su sueño de convertirse en cineasta y seguir los pasos de sus héroes del celuloide.

La oportunidad le llegaría a nuestro protagonista cuando el productor Lawrence Bender y el actor Harvey Keitel, después de leer el guión de Reservoir Dogs, quedasen inmediatamente fascinados por la historia decidiendo apoyar y coproducir la película. La apuesta no saldría nada mal, la película adscrita al género negro, concebida casi como una pequeña obra de teatro centrada en los divertidos y ácidos diálogos de sus personajes, se convertiría instantáneamente en toda una película de culto avalada con su presencia en el Festival de Cine de Sundance.

No obstante, a pesar del éxito, nadie hubiese esperado que sus imitadores de Quentin Tarantino saliesen tan pronto a la palestra, ni menos que estos fuesen directores consagrados como Tony Scott y Oliver Stone que firmarían respectivamente las tarantinescas Amor a Quemarropa y Asesinos Natos. La explicación era sencilla, los guiones de estas películas llevaban un tiempo rodando por Hollywood, eran obra de Quentin Tarantino, y con el éxito de Reservoir Dogs estos pronto cobraron un nuevo interés para las productoras.

En estas historias se percibe claramente, pese a los cambios y la irregularidad de las propuestas, la huella de su creador pero Quentin Tarantino se había desentendido de ellos porque estaba más interesado en conseguir la financiación para su próxima película: Pulp Fiction.

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Esta sería la obra que acabaría por consagrarle, una película cuyas bases estaban sentadas ya en Reservoir Dogs pero que aquí serían llevadas a su máxima expresión, apostando por esa narrativa fragmentada y el tono de género negro que ya se había evidenciado en su anterior trabajo. El reparto plagado de estrellas como John Travolta, Uma Thurman, Samuel L. Jackson o Bruce Willis se luciría en una historia llena de diálogos y escenas emblemáticas que le acabarían sirviendo a su responsable para ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el merecido premio Oscar al Mejor Guión Original.

Luego llegarían pequeños proyectos en los que Quentin Tarantino se divertiría junto a su compañero Robert Rodríguez. De esta manera, tenemos su flirteo con el cine de terror de serie B, escribiendo y participando como actor en Abierto hasta el Amanecer, el que sería el salto definitivo a la gran pantalla de George Clooney, o su colaboración en Four Rooms, una película coral divida en cuatro episodios, rodada por diferentes directores y protagonizada por el británico Tim Roth.

Mientras, el director que se había convertido en todo un fenómeno para un sector de espectadores y nuevo enfant terrible de Hollywood, preparaba su siguiente largometraje. En este caso, por temor a repetirse, Quentin Tarantino decidiría hacer una adaptación de la novela Rum Punch de Elmore Leonard titulada Jackie Brown con Pam Grier como principal estrella de la función.

Esta nueva propuesta resultaba ser un homenaje a las películas del género blaxploitation de principios de los años setenta del pasado siglo cuyo mayor icono había sido Shaft el cual, ocasionalmente, a raíz de la película de Quentin Tarantino, acabaría volviendo a la gran pantalla en el año 2000 con Samuel L. Jackson en el papel principal.

Pero la verdadera fama, el principio de su romance con el gran público, le llegaría a Quentin Tarantino con su siguiente proyecto: Kill Bill. Este auténtico pastiche pulp dividido en dos volúmenes, con intención de convertirse en el futuro en trilogía, reverencia y homenajea las películas de artes marciales de Hong Kong y los spaghetti westerns de Sergio Leone. Estos géneros, tan influyentes en la filmografía de Quentin Tarantino, le sirven para contarnos una historia de venganza en la que su director volvía a contar con un reparto de lujo conformado por su musa Uma Thurman, Daryl Hannah, Lucy Liu, Michael Madsen y, fiel a su política de recuperación de viejas glorias, un David Carradine interpretando al malo de la función.

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Después de la experiencia en Kill Bill Quentin Tarantino apostaría por relajarse con otro proyecto de colaboración con su compañero Robert Rodríguez realizando entre ambos un ejercicio de nostalgia en Grindhouse a las películas de serie Z, gore, el llamado género exploitation y sexploitation, rodando dos películas en una, Planet Terror y Death Proof, e incluso proyectando algunos trailers falsos dirigidos por Eli Roth, Edgar Wright o Rob Zombie.

Para dirigir Grindhouse, la cual sería un fracaso en taquilla, Quentin Tarantino había aplazado su esperada intrusión en el género bélico: Malditos Bastardos. Esta acabaría estrenándose en 2009 y, sin lugar a dudas, significaría un punto de inflexión en la carrera de su director que ficharía como actor a Eli Roth, al que había producido Hostel, para unirlo a un casting en el que resaltan los nombres de Brad Pitt, Christoph Waltz, Michael Fassbender, Diane Kruger y Mélanie Laurent.

En esta historia, situada en la Francia ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el guionista y director se salta todas las reglas del género y añade a sus habituales planteamientos un trasfondo crítico y un discurso del cine dentro del cine hasta ahora inédito en su filmografía. Todos los elementos propios del estilo Quentin Tarantino adquirían aquí un nuevo nivel, destacando su mayor compenetración y utilización el humor negro y la música casi como dos personajes más del relato.

En Django Desencadenado, película en la que Quentin Tarantino repite esquemas y tono respecto a Malditos Bastardos, pero en este caso cambiando de nuevo de género, plantea un spaghetti western ambientado en el sur profundo de Estados Unidos. Esto es lo que el mismo director ha bautizado con el nombre de «southern».

La referencia más directa a Django Desencadenado es una película anterior y casi desconocida para el gran público, el film de 1966 Django del italiano Sergio Corbucci. Esta resulta ser una película de culto del género, empeñada en desmitificar las producciones de Estados Unidos de la década de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX que habían definido directores como John Ford o Howard Hawks. Curiosamente, el japonés Takashi Miike, realizaría un remake de la misma unos años antes, concretamente en 2007, titulado Sukiyaki Western Django y en cuyo desarrollo colaboraría el mismo Quentin Tarantino.

Esta epopeya anti-esclavista, inspirada también en El Anilllo de los Nibelungos, con unos inconmensurables Christoph Waltz, Jamie Foxx, Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson, sigue al Dr. King Schultz, un educado cazarecompensas alemán que libera a un esclavo negro llamado Django para ayudarle a atrapar a unos fugitivos y con el que acabará colaborando para rescatar a su esposa Broomhilda del encantador y cruel esclavista Calvin Candie.

Este proyecto responde al deseo de Quentin Tarantino de realizar un spaghetti western enfrentando un pasado y un tema del que cinematográficamente, según sus propias palabras, «Estados Unidos nunca se ha ocupado porque se avergüenza de ello, y otros países no tratan sobre ello porque no sienten que tengan derecho a hacerlo».

Pero lejos de adoptar un tono grave, la propuesta de Django Desencadenado, en la que Quentin Tarantino mantiene su dogma de que las reglas y convenciones están para romperse, se sirve en gran medida del humor y la parodia para llevar al espectador a su terreno porque, como ya ha confesado en alguna ocasión, uno de sus perseguidos objetivos con sus películas es «conseguir que la gente se ría de cosas que no son graciosas».

No es de extrañar, para este guionista y director estadounidense el humor «es una lupa con la que miramos la sociedad» y muy necesario a la hora de hablar de ella aunque sea en un western con la venganza en primer plano y con una banda sonora en la que podemos encontrar, sin ningún tipo de pudor, alguna pista de rap, canciones de James Brown y piezas originales como la magnífica Freedom interpretada por el dúo formado por Anthony Hamilton y Elayna Boynton.

Por su parte, la crítica especializada sólo ha tenido halagos la cinta de Quentin Tarantino; Peter Bradshaw de The Guardian considera Django Desencadenado «tan malsana, deplorable y deliciosa como un cigarrillo prohibido» mientras que en la revista Rolling Stone el critico Peter Travers la calificaba como «un relámpago de puro cine, deslumbrante, sinvergüenza y emocionantemente vivo». En términos parecidos hablaban en The New York Observer utilizando adjetivos como «desmedida, grosera, escandalosa, desagradable, exagerada» y, en nuestro país, Jordi Costa apuntaba certeramente en la revista Fotogramas como Django Desencadenado «es, quizá, el western que mayor atención jamás haya prestado al lenguaje verbal».

Todo alabanzas y elogios para la última película de Quentin Tarantino, una obra que basa su propuesta en «la desmitificación del viejo y caballeroso sur» realizando interesantes y bizzarros, en la acepción italiana original de la palabra, «paralelismos entre la cultura del ghetto negra y el salvaje oeste». A través de este planteamiento se mueve un personaje ya icónico en la filmografía de este director, un Django convertido en «el Sigfrido del Mississippi», acompañado por una multitud de referencias cinematográficas y musicales, así como un irreverente humor, que acaban de aderezar y definir un pastiche verdaderamente memorable.

Una de las etiquetas que más se han adherido a Django desencadenado ha sido la de “desmitificadora”. Don Quentin, que ya trató a su manera el exterminio de los judíos a manos del III Reich en Malditos bastardos, no ha tenido empacho en declarar que el trato que en Norteamérica se dispensó a los esclavos negros no distaba mucho del que en Europa se había procurado a los perseguidos hijos de Israel.

En estas dos películas no hay que llamarse a engaño: junto a la violencia, la sangre, la exageración y los homenajes y referencias a “los clásicos” tenemos una contundente y necesaria metida de dedo en el ojo a los movimientos neonazis que lo mismo comulgan con el más feroz antisemitismo que pretenden convencer (a base de palo) de las diferencias entre razas. En ambos casos el director estadounidense se empeña en ridiculizar a los personajes que sitúa en el lado del mal y en inevitables némesis de sus antihéroes.

Las aventuras del cazarrecompensas Django han sido definidas como un southern más que un western, al ambientarse parcialmente en los territorios esclavistas del sur de los Estados Unidos en los años previos a la guerra de secesión. Si pensamos en ese lugar y en ese tiempo ¿cuál es la imagen que nos viene a la mente en primer lugar? Yo diría que la mayor parte de los lectores pensarían automáticamente en el viejo sur, el paraíso perdido reflejado en la novela de Margaret Mitchell Lo que el viento se llevó. Mansiones señoriales, caballeros honorables ...

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