Los Hijos de Ricky Martin: Nombres y Edades
Este verano ha sido inolvidable para Valentino y Matteo, los hijos mayores de Ricky Martin. Los adolescentes disfrutaron de un paseo en bote y asistieron a uno de los shows de Bad Bunny en Puerto Rico.
En la imagen se veía a ‘Tino’, luciendo con orgullo una camiseta con la leyenda San Juan, Puerto Rico’, además de unos pantalones y zapatos negros. Matteo llevó unos jeans holgados, camisa de mezclilla azul claro, camiseta blanca, botas marrones y una gorra.
El cantante de 53 años, lucía unos jeans deslavados de corte amplio y una camisa beige con estampado floral, así como unos zapatos de color claro y con una pequeña plataforma. Ricky confirmó que sus mellizos han crecido mucho, escribiendo: “Ya están más altos que yo”.
La foto fue publicada originalmente en la cuenta de la fotógrafa Cheery Viruet, quien está inmortalizando en imágenes los recientes conciertos de Bad Bunny en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. Ricky Martin y sus hijos fueron algunos de los invitados más especiales en la cuarta presentación del cantante urbano como parte de su residencia musical No Me Quiero Ir De Aquí.
Además del espectacular show de Bad Bunny, se incluyeron en aquel carrete varias fotos más de Ricky y sus hijos, incluida una en la que se veía al intérprete de La Mordidita tomándose una selfie con el llamado ‘Conejo Malo’. De hecho, el lugar en el que padre e hijos fueron retratados era parte de la escenografía del concierto del cantante de 31 años.
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“Es maravilloso, ellos no se quieren ir, ellos están conmigo en todo momento. Me voy de gira y ellos vienen conmigo porque tenemos los tutores que también viajan con nosotros.
Ricky Martin y Jwan Yosef anunciaron el 6 de julio de 2023 que se divorciaban. Cerraban así 7 años de relación, con boda incluida, aunque dejaban claro que seguirían siendo amigos y que seguirían compartiendo la crianza de sus hijos. El cantante y el artista tienen dos hijos en común, sumados a los dos que Ricky Martin tuvo antes de conocer a Jwan Yosef.
Casi un mes después del anuncio, el cantante concedió una entrevista a Telemundo de Puerto Rico en la que se sinceró sobre su separación. El boricua dejó claro que estaba soltero para expresar que sí, que la ruptura es una realidad y que no hay marcha atrás.
Además, señaló que va a seguir siempre unido al que fue su marido por los dos hijos que tienen en común: "Jwan y yo siempre seremos familia. Tenemos dos hijos que vamos a criar juntos ".
Lo más llamativo fue que confesó que la ruptura no fue reciente, sino que hace ya al menos 3 años que su matrimonio hizo aguas: "Y esto no es de ahora. Hemos estado planificando esta situación desde hace mucho tiempo, esto es prepandémico. Nos miramos a los ojos y sonreímos, y nos abrazamos, y pasamos por altos y bajos y lloramos juntos y nos reímos juntos".
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"Cuando el público se enteró de que nos estábamos divorciado nosotros habíamos pasado por un proceso de luto bastante sólido y estábamos firmes de que esto era lo que tenía que pasar por mi bien, por si bien y por nuestros hijos. Creo que estamos mejor que nunca... y soltero", añadió el cantante.
No terminó sin contar cómo se tomaron sus hijos esta ruptura: "La comunicación es lo más importante. Mis hijos nunca vieron una pelea entre Jwan y yo. Nosotros resolvíamos las diferencias con una buena plática a lo mejor en nuestra habitación. Cuando se lo dijimos fue: 'Papá, tú estás bien? ¿Tú estás feliz? ¿Esta es la decisión? No lo hagas por nosotros. Nosotros estamos bien'. Ha sido maravilloso. Le dije a Jwan que teníamos que escribir un libro sobre cómo se debe uno divorciar.
Hay un tipo que se pasea por un salón muy neoyorquino, muy años cuarenta. Va vestido de blanco, el cabello rapado en la nuca y un bigotito fino, estilo Clark Gable. Hay dos niños rubios y pálidos que observan a las ardillas del jardín. Y hay otro tipo, atlético y relajado, que los observa a ellos. El tiempo transcurre con lentitud zen.
No es exactamente la escena que uno se imaginaría al pensar en Ricky Martin. Al Ricky Martin adolescente, moviéndose sobre el escenario como una mezcla entre Michael Jackson y Duran Duran. Su grupo, Menudo, desatando avalanchas de niñas en toda Latinoamérica. Ni al Ricky veinteañero, sudoroso, tatuado, agitando las caderas ante miles de fans enloquecidas.
Pero, ¿qué debe imaginarse uno al pensar en Ricky Martin? Se lo pregunto al propio artista. “A mí me decían: ‘si tienes novia, no lo digas, porque entonces tus fans se van a desilusionar’. ¡Imagínate si fuera un novio! Crecí con ese código. Llevo en los escenarios desde los 12 años con Menudo. Entre nosotros, el más poderoso era el que más fans tenía. Si movías las caderas y las niñas gritaban, lo estabas haciendo bien. ¡Quién no quiere ser un Elvis, un Jim Morrison!”.
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El tipo a lo Clark Gable, Ricky, en realidad está caracterizado como un joven Che Guevara para el musical Evita que estrena en Broadway en abril. Sus hijos, Matteo y Valentino, de tres años, llevan un corte de pelo similar. Al principio están muy pendientes de su padre, lo siguen por la casa. Hasta que Carlos, el tipo atlético y pareja de Ricky, logra distraerlos. Se sientan los tres en un butacón, cada uno con su iPad. Matteo es más sociable y en cuanto se enciende la cámara, entorna sus grandes ojos azules. Valentino quiere salir al parque, no le quita la vista de encima a las ardillas.
-Se llevó a sus hijos de gira un año entero. ¿No es un poco desestabilizador?
-La estabilidad soy yo. Dentro de todo lo que puede ser inestable en una gira, buscamos la estructura. Viajamos a cuatro continentes y mis hijos, felices. Todas las decisiones que tomaba se basaban en su bienestar, desde a qué hora iba a pruebas de sonido hasta a qué hora despegaba el avión... Además, mi madre vino con nosotros.
-Lleva varios años de catarsis en catarsis: salir del armario, publicar su autobiografía...
-Me hacía falta. Como si te sentaras delante del diván del psicoanalista. Yo quería escribir las historias que he vivido en los escenarios y en mi trabajo filantrópico, pero siempre me faltaba un eslabón. Me hacía preguntas. ¿Por qué lo deje todo y me fui a la India? Porque quería desconectar del mundo artístico. Porque me sentía invadido. Porque todos los periodistas preguntaban por mi sexualidad.
Cuando Ricky habla agita sus grandes manos, las hace caminar sobre la mesa, dobla la cabeza, y sobre todo, mueve las cejas. Sus cejas pueden ser dos paréntesis, una interrogación o un borrascoso ceño fruncido. Es actor y bailarín. Actúa y se contorsiona. Sonríe, modula la voz, encoge y estira sus pies descalzos. Viene de ensayar -seis días a la semana, 12 horas al día- para el musical y se le nota. ¡Eh, aquí hay un chico sobre un escenario!
-En su autobiografía no critica a nadie, ¿no hay rencor?
-(Silencio, mira al techo) . Me encontré con gente malintencionada a la que no le gustaba mi trabajo o mi personalidad o mi mensaje. Trataban de meter el pie para ver si tropezaba. A los que me interesaba se lo dije: “No me gusta esto, quiero que lo sepas”. Me dijo: “Felicidades, qué bueno que has podido llegar hasta este punto de sinceridad”.
Ricky pronuncia el nombre de Carlos con cautela. El propio Carlos se mueve a nuestro alrededor con cautela. Silencioso, educado, en un segundo plano. “Nunca he hecho una sesión de fotos así. Yo me dedico a los números”, dice como disculpándose. “Vivo en Puerto Rico y cuando Ricky estaba en Miami, nos veíamos muy a menudo porque soy mi propio jefe y me organizo. Nueva York está más lejos”. Pausa. “Mis bisabuelos eran asturianos. Pasé un semestre en Madrid, estudiando en Icade. Me encanta España ”. Entonces, se gira: “¡Carlos, Carlos!”, le gritan los mellizos.
-¿Se arrepiente de las trampas que se puso a sí mismo para fingir que no era gay?
-(Toma aire) . En realidad nunca usé una máscara para subirme a un escenario. Quien estaba allí era yo y era lo que sentía según lo que me habían enseñado en mi hogar, mi religión y mi sociedad. Me aferraba a eso: este soy yo, tengo que ser yo. Y si tenía un encontronazo con alguien del mismo sexo, miraba para otro lado.
-¿Se ha acostado con mujeres?
-Sí, y me enamoré de ellas y sentí cosas maravillosas. Mucha gente dice que estaba con una mujer porque quería justificar mi masculinidad -pone voz de machito-, mira qué bien me iría en la familia, los fans, los medios.
-¿Enamorarse de una mujer era un sentimiento platónico?
-A lo mejor sí era platónico. Yo pensaba: ‘¡Guau!, ¡qué cómodo estoy con ella, es una amistad preciosa!”. Pero existe ese pensamiento machista: hombre y mujer no pueden ser amigos, tiene que haber algo sexual -en un tono fuerte-. Está ahí siempre y te dejas seducir por los códigos con los que naciste.
-¿Ellas no se daban cuenta?
-Parece que no. Había amor, pasión. No me arrepiento de nada, de ninguna de las relaciones que viví, me enseñaron mucho, tanto los hombres como las mujeres.
-¿Nunca intentaron chantajearlo?
-¿Eso de ir a la prensa sensacionalista? Nunca, te lo juro -voz muy suave-. Me considero afortunado porque topé con gente maravillosa. A lo mejor resulta que yo era selectivo y desperté en mis parejas sentimientos de lealtad y cariño.
Sesenta millones de álbumes como solista, 28 años en el show business, premios Grammy y Grammy Latinos, discos de oro. Ha cantado en grupo, en solitario; ha hecho musicales, teatro, series de televisión y cine. Ha llevado el pelo largo, corto, rubio, negro, con mechas. Ha recibido consejos de Madonna: “Si la música o tu carrera comienzan a descontrolarte, desconéctate ”.
Ha llegado a estar cuatro años seguidos de gira (con Livin´ la vida loca) , y ha caído después en periodos de desesperación e inactividad. Ha viajado por la India en tren con un monje budista. Ha visitado a los damnificados por el tsunami de 2004 en Thailandia, a los del terremoto de Haití de 2010. Ha puesto en marcha la Ricky Martin Fundation y People For Children para luchar contra el tráfico y la explotación sexual infantil. Fue un proceso en el que, poco a poco, pensamiento tras pensamiento, llegó la liberación.
-La primera persona que lo supo fue su madre.
-Yo tenía amistades con las que compartía cosas pero no les ponía título. Mi madre me preguntó: “¿Estás enamorado?”. “Sí”, le dije. Y luego: “¿Estás enamorado de un hombre?”. “Sí”. Y nunca mas se volvió a hablar del tema. Fue una manera de decir: “Ok, pero mamá no me preguntes más”. Tendría 21 años -justo después de ganar su primer disco de oro-.
-¿Y su padre?
-Me dijo: “Dame un abrazo, te quiero y quiero que seas feliz”. Más o menos a la misma edad.
-En España hemos avanzado mucho en ese camino.
-Qué suerte. Cada quien tiene su proceso de, ¿cuál es la palabra? Decodificación. Códigos que están en el ADN. Cuando vas al cole por primera vez en casa te preguntan: “¿Cómo te fue?, ¿cómo se llama tu maestra?, ¿ya tienes novia?”. ¿Y si no sientes eso? ¿Y si me gusta el nene, más que la nena? -ríe-.
-¿Lo ha hecho por usted o para ayudar a otros?
-Este proceso nació por mi necesidad de ser feliz. Y de autoaceptación y dignidad. Como proclamar: “Este soy yo, es parte de mi naturaleza”-silencio, mira al techo, se frota la cabeza-. Cuando lo conté se acercaron a mí tantas personas diciendo: “Gracias, por primera vez he podido darle un abrazo a mi hijo desde que dijo que era gay”. Lo hice por mí, pero ayuda a otros.
-¿Y ninguna reacción negativa?
-Los fundamentalistas de siempre que dicen: “Ahora Ricky esta reclutando homosexuales, quiere convertirlos” -tono sarcástico-.
-¿Y en Puerto Rico?
-El abrazo, el cariño, ha sido incondicional. En Puerto Rico los conservadores de extrema derecha tienen poder y le han puesto freno a un movimiento de derechos humanos que es imparable. Pero al amor no lo detiene nadie -dicho con un fuerte acento puertorriqueño-.
Flota en torno a Ricky y a su equipo algo parecido a... ¿ese amor? O quizá sea ¿adoración?, ¿entrega incondicional? José es su mano derecha, lleva casi 30 años con él. Enjuto, nervioso, da órdenes con una sonrisa y un “Dios mediante”. Rosa, que cuida ahora de sus hijos, lo asistió primero a él desde los 12 años. Y lo mismo sucede con Bruno, su representante, un mallorquín que trabajó antes con Madonna.
Y con el fotógrafo, amigo de toda la vida. Y con la dueña de la casa donde hacemos las fotos. Y claro, con su madre, Nereida. Una mujer sonriente, tranquila. “Me mudé a Miami para estar cerca de mis nietos. Y ahora, a Nueva York. Me encanta cuidarlos. Pronto irán al Liceo Francés y con sus amigos se comunicarán en inglés, pero en casa hablamos español”.
-En noviembre pasado se le concedió la nacionalidad española. Yo soy puertorriqueño, mis padres también, mi tierra es esa islita maravillosa. Pero mientras más respuestas tenga a sus preguntas, mejor. Somos españoles. Martín con acento, es una cuestión de identidad. Mis bisabuelos eran vascos, Arizmendi, de la frontera con Francia.
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