María Moliner: Biografía de una lexicógrafa excepcional

12.01.2026

María Moliner ha ‘descansado’ en las estanterías de millones de hogares españoles. Sin ser consciente de la trascendencia que tendría para la lengua y la lexicografía española, con unos 50 años y repudiada por el régimen franquista, empezó a escribir en casa el que ha sido durante décadas el diccionario de referencia a la hora de estudiar castellano. Su particular Diccionario del uso del español (Editorial Gredos) será siempre uno de los más peculiares, con una primera edición que rondaba las 80.000 entradas.

Primeros años y formación

Nacida en Paniza (Zaragoza) en 1900, María Moliner hubiera cumplido 125 años este 30 de marzo de 2025. De padre médico, ella y sus hermanos -Enrique y Matilde- pudieron cursar estudios superiores y fueron ‘hijos’ de la denominada entonces Institución Libre de Enseñanza. Tras ir superando los niveles, concluyó el Bachillerato y entre 1918 y 1921 cursó la Licenciatura de Filosofía -con excelentes notas y cuando pocas mujeres estudiaban-, y en 1922 ingresó, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, siendo destinada al Archivo de Simancas. A los 22 años ingresa en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos (1922), sería la sexta mujer que ingresaba en este cuerpo.

En Zaragoza, María Moliner fue una de las seis alumnas que se licenciaron en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital aragonesa. Se formó como filóloga y lexicóloga, y en 1921 se licenció en Historia, obteniendo el Premio Extraordinario por sus buenísimas notas. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza (ILE; Free Teaching Institute), donde Américo Castro ayudó a descubrir su interés en lingüística y gramática.

Trayectoria profesional y vida personal

A lo largo de su vida pasó por Soria, Madrid, Zaragoza y Murcia, y en esta última ciudad es donde conoció a quien en 1925 se convirtió en su marido, el catedrático de Física Fernando Ramón y Ferrando. Estos años en Murcia son muy importantes en la vida personal de María Moliner. En Murcia nacieron sus dos hijos mayores (Enrique y Fernando) y a principio de los años 30 los Ramón Moliner se trasladaron a València.

Su primer destino la lleva al Archivo de Simancas (Valladolid) en donde está pocos años; enseguida se traslada al Archivo Provincial de Hacienda de Murcia (1924) donde permanecerá hasta 1929, año en el que ocupa su nuevo destino en el Archivo Provincial de Hacienda de Valencia. En 1924, se trasladó al "Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia". Ella fue la primera mujer que pudo enseñar en esta Universidad. Tras un periodo de noviazgo, la pareja contrajo matrimonio el 5 de agosto de 1925. Uno año después, se mudó a Valencia donde trabajó para la misma institución.

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La etapa valenciana será la época de mayor plenitud vital de María Moliner, que tuvo dos hijos más -Carmen y Pedro- y se implicó en el impulso que la II República dio a la cultura y las Letras. Así, la vida de Moliner en València se construyó sobre estos pilares -la educación, la alfabetización y la democracia-, con el domicilio familiar ubicado en la Gran Vía Marqués del Túria.

Compromiso con la educación y la cultura

En primer lugar, hay que destacar su colaboración en la Escuela Cossío, inspirada en la Institución Libre de Enseñanza. Al ser una apasionada de las letras, María tenía una vocación: llevar a los lugares más recónditos el amor por la lectura. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas que se publicaron sin nombre de autor en 1937.

Además, María Moliner puso en marcha una biblioteca infantil, en otra sede de la época de Escuelas de Artesanos, en la calle Pintor Sorolla por dónde pasaban estudiantes y también los docentes de un tercer centro, la Escuela Normal que había en la plaza del Ayuntamiento. En la ciudad también creó una segunda biblioteca infantil; y tuvo una aportación fundamental a las Misiones Pedagógicas, además de dirigir la biblioteca de la Universitat de València (en 1936 y 1937) y colaborar en la creación de bibliotecas rurales.

Es este compromiso con la sociedad, y su profundo conocimiento en la gestión de bibliotecas, lo que la lleva a desarrollar su etapa más importante como bibliotecaria que tendrá lugar durante la Segunda República (1931-1939). Una de las grandes preocupaciones de la Segunda República era extender la cultura popular, por lo que se crea el Patronato de Misiones Pedagógicas (1931), cuya labor era acercar la cultura a los pueblos, desarrollando actividades como representaciones teatrales, charlas, proyecciones cinematográficas, etc. En 1935 ya se habían creado 5.000 bibliotecas.

María Moliner, por su implicación en este proyecto, es nombrada miembro de la Delegación de Valencia del Patronato de Misiones Pedagógicas. Ella fue la que, consciente de la importancia de este proyecto, desarrolló un plan para organizar una red en la que se integraran las bibliotecas creadas por el Patronato de Misiones en la región de Valencia. Sobre este proyecto presentaría su trabajo “Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España” en una comunicación al II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía, inaugurado por José Ortega y Gasset, que tuvo lugar en 1935.

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En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia, el Dr. Puche, para dirigir la Biblioteca universitaria. Antes de su publicación, en 1936, trabajó como directora de la Biblioteca Universitaria de Valencia. También escribió varios textos reflexionando sobre estos lugares de estudio y lectura, dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia y ayudó a la difusión internacional de libros editados en España, entre otras actividades.

Represalias y "exilio interior"

Tras la Guerra Civil, la familia y su entorno sufren represalias políticas y algunos de sus amigos se exilian. Termina la Guerra Civil y con ella empieza la depuración de cargos, establecida a través de la formación de las “Comisiones depuradoras”. Ni María Moliner, ni su marido se verían libres de este “castigo”. Su marido es suspendido de empleo y sueldo y es enviado a Murcia, y ella es ‘depurada’ y relegada en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios.

Su labor durante la II República le costó ser apartada a la fuerza de una vida que le apasionaba. En 1946 su marido fue rehabilitado, pasando como catedrático de Física a la Universidad de Salamanca. La familia se traslada a Madrid y María Moliner retoma, en la capital, su actividad como bibliotecaria, incorporándose como directora de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales que sería su último destino como bibliotecaria. Y, ya en 1946, pasará a dirigir la biblioteca de la E. T. Será entonces cuando comience, hacia 1950, el Diccionario de uso del español que le tomó 15 años de trabajo en solitario.

Aquí arranca la etapa del llamado “exilio interior”. Para Inmaculada de la Fuente, “resistió el ostracismo al que fue conducida por su pasado republicano, resistiendo elegantemente, en silencio, y creando”.

El Diccionario del Uso del Español

Sobre su mayor legado, el diccionario, empezó a escribirlo en 1951 -aunque ya lo esbozaba desde 1946 según algunas fuentes-, y lo publicó en 1967. En el año 52, su hijo Fernando le trajo de París el ‘Learner’s Dictionary of Current English ‘de A. S. Hornby, lo que le despertó las ganas de mejorar el ya existente Diccionario de la Lengua Española. María Moliner pensó en trabajar en “un pequeño diccionario” durante dos años sin ser consciente de que estaba comenzando a elaborar el Diccionario del Uso Español. La obra le llevó 15 años de trabajo desde el salón de su casa, en las horas libres de su trabajo, escribiendo de forma manual sobre un papel y con la ayuda de su pluma Mont Blanc y su máquina de escribir Olivetti.

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Se trata de una obra considerada titánica, que se publicó por primera vez en 1962, con 80.000 entradas, y que en total supuso 16 años de trabajo de la perfeccionista bibliotecaria. Este diccionario fue un referente por un sistema de definiciones único, ya que su intención no es que fuera normativo, sino que reflejara el uso real de las palabras. Además, incluía sinónimos y las preposiciones que acompañan a las palabras; y también agrupaba todos los vocablos de la misma raíz léxica, sin ceñirse al orden alfabético, entre otras curiosidades.

Según manifestó, en su diccionario las palabras estaban «vertidas a una forma más actual, más concisa, despojada de retoricismo» y por eso era «más ágil y más apto para la función práctica asignada al diccionario». La obra terminó teniendo 3.000 páginas divididas en dos volúmenes que incluían definiciones, expresiones, sinónimos, frases hechas y familias de palabras, además de anticipar el uso de palabras que aún no estaban aceptadas por la RAE, de hacer aportaciones en cuanto a gramática y sintaxis, y anticipar la ordenación de la Ll en la L, y de la Ch en la C. Se publicó en 1966.

Reconocimiento y legado

Pese a este trabajo, en 1972 la Real Academia Española decidió no incluir su candidatura a un ‘sillón’, pese al respaldo del propio presidente de la institución. Hubiera sido la primera mujer en formar parte de la RAE. Ante tal injusticia, para compensar a la autora, la Real Academia le concedió un año después, en 1973 y por unanimidad, el premio ‘Lorenzo Nieto López’ por sus trabajos en pro del idioma, aunque María Moliner lo rechazó.

Inteligente, intelectual, generosa, sencilla, exigente, metodológica, discreta, comprometida con la cultura y la educación y defensora de que esos eran dos pilares para la evolución social... Así se describe a una mujer que era admirada, entre otros, por el escritor Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura. Gabo dijo de ella que hizo «una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana». Su diccionario era, según el colombiano, «más de dos veces más largo que el de la RAE, y, a mi juicio, más de dos veces mejor».

María Moliner fue una pionera en el siglo XX: pertenece al grupo de las primeras mujeres universitarias que lograron tener una profesión. Y, dejó como legado una de las obras más importantes de la lengua española.

María Moliner murió en 1981 tras haber sufrido una arterioesclerosis cerebral que le quitó la posibilidad de realizar cualquier tipo de actividad intelectual. El hecho de no haber sido la primera mujer en ocupar un sillón en la RAE desató polémica en la época, pero de igual manera su nombre ha pasado a la historia por el gran aporte que hizo a nuestra lengua con su trabajo.

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