Definición de Nena Haciendo el Amor
La sexualidad es un aspecto central del ser humano a lo largo de la vida, incluyendo aspectos como el sexo, la identidad y roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. Se experimenta y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas y relaciones. Mientras la sexualidad incluye todas estas dimensiones, no todas son expresadas o experimentadas.
La sexualidad está influenciada por las interacciones entre lo biológico, lo psicológico, lo social, lo económico, lo político lo cultural, lo ético, lo legal, lo histórico, lo religioso y por factores espirituales”, según la Organización Mundial de la Salud.
Conceptos Generales
La Academia Americana de Pediatría y su Comité de Adolescencia han socializado algunas definiciones, que ayudan a la comprensión del desarrollo psicosexual:
- Sexo biológico: Está constituido por el sexo cromosómico, los genitales externos e internos y estructuras neuroencefálicas y neuroendocrinas. Generalmente se asigna con la apariencia de los genitales externos.
- Identidad de género: Es el autoreconocimiento y aceptación como varón o mujer; corresponde a la convicción íntima de pertenecer al género masculino o femenino. La mayoría de las veces la identidad de género coincide con el sexo biológico. Entre los 18 meses y los 2 años de vida los niños se hacen conscientes de las diferencias físicas entre los dos sexos. A los tres años se pueden identificar a sí mismos como hombres o mujeres y a los cuatro años la identidad de género es estable. La disforia de género es el estrés emocional de tener una identidad de género que es diferente del sexo de nacimiento. Muchos niños lo resuelven hacia la adolescencia, pero otros lo mantienen y desean la transición al otro género; son los denominados trans (transexual, transgénero).
- Rol de género: Constituye el conjunto de conductas a través de las cuales el individuo transmite a la sociedad en general que es hombre o mujer, habitualmente en concordancia con el sexo biológico y la identidad de género.
- Orientación sexual: Es el patrón individual de atracción sexual y emocional hacia otras personas. Contempla excitación física e interés emocional o romántico y sexual que involucra fantasías, imaginación, sueños de contenido sexual o erótico. Clásicamente se identifican las siguientes orientaciones:
- Heterosexual: Persona que se siente atraída hacia individuos del otro sexo
- Homosexual: Persona que se siente atraída hacia individuos del mismo sexo. Los hombres se denominan gay y las mujeres lesbianas o gay.
- Bisexual: Persona que se siente atraída tanto hacia mujeres como hacia hombres.
La orientación sexual es muy probablemente un continuo desde ser únicamente heterosexual a únicamente homosexual y la autoconciencia de la orientación sexual generalmente ocurre alrededor de los 9 a 10 años, aunque puede ser posterior. Los mecanismos de desarrollo de una orientación particular no son claros, aunque se acepta que no es una elección. Probablemente sea multifactorial, con influencias genéticas, hormonales y ambientales, sin embargo, no hay evidencia científica que estresores ambientales, abuso sexual, parentalidad anormal u otras experiencias adversas determinen la orientación sexual, aunque sí pueden determinar conductas de riesgo.
Conducta sexual: Es la manera de expresar los sentimientos sexuales. Incluye besos, caricias, masturbación, actos sexuales no penetrativos, sexo oral, vaginal y anal, sexo por teléfono, sexting (envío o recepción de mensajes de texto o imágenes con contenido sexual explícito), sexo por chat (con o sin cámara) y sexo virtual.
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La orientación sexual no está ligada necesariamente a alguna conducta sexual específica; la experimentación con parejas del mismo sexo ocurre en individuos que después se identifican como homosexuales o heterosexuales. La ambigüedad transitoria sobre la orientación sexual o “questioning” es relativamente frecuente en los adolescentes menores. Esto se refleja en las discrepancias entre atracción sexual, conductas y autoidentificación que muestran diversos estudios y refleja que la identidad sexual es un proceso interno y no una reacción a la conducta sexual.
Grupos Minoritarios y Especiales
Adolescentes con diversidad sexual
Para referirse a este grupo se utiliza el acrónimo inglés LGBTQ que incluye Gay (G), Lesbiana (L), Bisexual (B), Transgénero, Transexual, Travesti (T) y en Cuestionamiento (Q). Para los adolescentes que son o creen ser gay, lesbianas o bisexuales, el ambiente es crítico, ya que pueden sentirse profundamente aislados y temerosos de ser descubiertos, lo que interferirá con las tareas de la adolescencia relacionadas con la autoestima, identidad e intimidad.
Según la evidencia actual, la orientación sexual no afecta el funcionamiento psicológico de las personas y la mayor prevalencia de malestar psicológico y conductas de riesgo en la población LGBT sería consecuencia de la discriminación y hostilidad social a la cual está expuesta. Con frecuencia son víctimas de acoso y violencia. Un 45% de los hombres gay y un 20% de las lesbianas han sido víctimas de agresiones físicas y verbales en Educación Media, específicamente por su orientación sexual.
Tienen mayor riesgo de deserción escolar, expulsión de sus hogares e inicio de vida de calle, mayor uso de tabaco, alcohol y drogas, así como el inicio más temprano de actividad sexual, mayor número de parejas sexuales y mayor prevalencia de ITS. La suicidalidad es dos a siete veces mayor en comparación a los heterosexuales. La homonegatividad internalizada puede ser un factor muy importante en la mayor suicidalidad de los jóvenes GLBT.
La prevalencia de trastornos de conducta alimentaria, especialmente atracones y purgas, es mayor en hombres gay o bisexuales. Si a la estigmatización de la homosexualidad que experimentan estos jóvenes se le agrega ser minoría étnica o racial, el desafío para la formación de identidad puede ser aún mayor, conduciendo a confusión, frustración y aumento de conductas de riesgo.
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Para abordar adecuadamente la problemática que puedan presentar estos jóvenes, es importante conocer los estadios de adquisición de la identidad homosexual que planteó Troiden (tabla 1).
Adolescentes con necesidades especiales en salud
Constituyen entre el 7 y el 15% de la población adolescente, si se consideran condiciones menores como asma leve o uso de lentes ópticos.
Tienen tantas o más conductas sexuales que los sanos. En la corte de British Columbia el 22% de los estudiantes sanos de 7° a 12° tuvo al menos una relación sexual penetrativa versus 30.5% de los jóvenes con discapacidad física, 28.5% de aquellos con enfermedad crónica y 40.3% de los que tenían alguna condición emocional o mental. Cerca de uno de cuatro de estos jóvenes sanos tuvo sexo oral o penetrativo versus uno de cada tres con alguna condición crónica o discapacidad. En parte pueden tener actividad sexual antes de estar emocionalmente preparados por necesidad de validarse como normales.
Dependiendo de la condición, pueden tener maduración puberal retrasada (Síndrome de Turner, fibrosis quística) o adelantada (parálisis cerebral, espina bífida), malfuncionamiento (malformaciones urogenitales) o necesidad de asistencia (alteraciones de la motilidad) para ejercer la sexualidad.
Los adolescentes con deficiencias cognitivas, con un funcionamiento a menor nivel que la edad biológica, no necesariamente tienen el mismo grado de funcionamiento emocional o sexual. La fatiga, síntoma de muchas condiciones, puede interferir con el deseo y la actividad. Cualquier aspecto que los haga ver diferente, como acné, talla baja y diferencias faciales puede interferir para encontrar pareja. Incluso con condiciones invisibles los adolescentes suelen preocuparse de que su funcionamiento sexual es inusual o deficiente.
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Epidemiología
Edad de inicio de relaciones sexuales
La edad promedio de inicio en nuestro país es de 16,7 años en los varones y 17,1 años en las mujeres. En 2013 el 48.7% de los adolescentes entre 15 y 19 años ya se había iniciado sexualmente. Incluso, el 24.6% de los adolescentes de 13 a 15 años reportó haber tenido relaciones sexuales; 56.9% de ellos antes de los 14 años, aunque las cifras no distinguen entre sexo consentido y no consentido.
En Estados Unidos un 46.8% de los estudiantes de secundaria ha tenido relaciones sexuales: 30% en el equivalente en Chile a 1° Medio; 41.4% en 2° Medio, 54.1% en 3° Medio y 64.1% en 4° Medio. El 7.3% reportó haber sido forzado a tener relaciones sexuales, siendo esto más frecuente en mujeres (10.5%) que en hombres (4.2%). En Canadá, estudios en la población adolescente muestran que la edad promedio de inicio de relaciones sexuales es 16,5 años.
En Estados Unidos, el 68% de los sexualmente activos reporta sexo oral, 85% reporta sexo vaginal y 32% reporta uso de alcohol o drogas antes de la última relación sexual.
El sexo oral es una expresión común entre los adolescentes, con frecuencia precede al sexo vaginal, siendo su inicio a los 15 años y puede no ser visto como actividad sexual, si no como una forma de obtener placer sexual sin perder la virginidad. Otro estudio reporta aumento de 3% a los 12 años a 52% a los 18 años. El sexo anal es relativamente frecuente en los adolescentes hombres y mujeres (11%) y con éste aumenta considerablemente el riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual.
Conducta y/u orientación no heterosexual
En relación a reporte de conductas y/u orientación no heterosexual hay pocos estudios y muchos tienen sesgos por el tipo de preguntas que hacen.
Estudios en Estados Unidos reportan que 13.4% de mujeres y 4% de hombres de 15 a 24 años ha tenido relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, porcentajes mucho mayores al auto reporte de orientación homosexual.
En Chile, en el grupo de 15 a 19 años, el 84% manifiesta tener orientación heterosexual, 13% no contesta la pregunta, 2% responde tener orientación homosexual y 1% bisexual.
Uso de protección en relaciones sexuales
En Estados Unidos, del 34% de los estudiantes sexualmente activos, el 59.1% informó que ellos o su pareja usó un preservativo durante la última relación sexual y su uso disminuye de 1o a 4o Medio, pasando de 63 a 58%.
En Chile, en la población que tiene entre 15 y 29 años, el uso de algún tipo método anticonceptivo en la última relación ha ido en aumento; de 2009 a 2012 subió de 74 a 87.5%. Sin embargo, en los adolescentes de 13 a 15 años, sólo el 51.2% usó condón en su última relación. En varios estudios el uso de condón en las relaciones sexuales orales y anales es menor comparado a su uso en relaciones vaginales.
Infección de Transmisión Sexual (ITS)
Se estima que los jóvenes de 15 a 24 años adquieren el 50% de las ITS nuevas, aunque son sólo el 25% de la población sexualmente activa. En ello influyen diversos factores biológicos y psicosociales. La mayoría son asintomáticas, pero si no se pesquisan y tratan, pueden conducir a infertilidad, dolor pélvico y aumento de la infección por VIH.
El Virus Papiloma Humano es la ITS más frecuente adquirida en la adolescencia, ya que la posibilidad de infectarse después de la exposición es de 65 y 85%. No tiene tratamiento y aunque el 90% mejora de la infección en dos años con ayuda de sistema inmune local, los condilomas y el cáncer genital, especialmente de cuello de útero son consecuencias probables. Actualmente se dispone de un vacuna tetravalente que protege contra el 70% de los cánceres de cuello de útero y el 90% de las condilomatosis. La FDA acaba de aprobar una vacuna 9-valente que potencialmente previene el 90% de los cánceres de cuello uterino, vulva, vagina y ano.
La Chlamydia trachomatis es la ITS reportable más frecuente en Estados Unidos y es cada vez más común, en gran parte por los métodos de pesquisa actuales. El 70% de las infecciones reportadas por el CDC en 2012 correspondió a menores de 25 años. En adolescentes mujeres de 14 a 19 años su prevalencia en mujeres es alrededor de 7% y en hombres de 6%.
La segunda ITS reportable en Estados Unidos es la gonorrea, con la mayor prevalencia en mujeres de 15 a 19 años (521 casos por 100000 mujeres) y los hombres de 20 a 24 años.
Todas las ITS tienen mayor prevalencia en hombres que tienen sexo con hombres. A esto contribuyen factores individuales como mayor número y recambio de parejas sexuales, relaciones sexuales sin protección, etc.
Atracción Sexual hacia Menores
Si sientes atracción, deseos o tienes pensamientos o fantasías sexuales con menores y/o adolescentes, es importante que busques ayuda profesional especializada. Evita cualquier situación o circunstancia que pueda aumentar el riesgo o que facilite que estas “tentaciones” se conviertan en actos reales (p.ej. lugares donde hayan menores y/o adolescentes, ver pornografía, quedarte solo con un menor…). Pero sobre todo busca ayuda urgentemente.
El contacto sexual (o el intento de tenerlo) con menores y/o adolescentes constituye un delito en nuestro código penal que implica condenas de hasta 15 años de prisión. Además de las consecuencias legales, también es habitual la ruptura o pérdida de vínculos y relaciones (de pareja, familiares, de amistad, etc.), la pérdida de trabajo, la imposibilidad de llevar a cabo determinados oficios, el rechazo social, etc. Pero lo más grave es que puedes producir graves secuelas físicas y psicológicas sobre el menor o el adolescente a corto y largo plazo, que perdurarán durante su etapa adulta.
Independientemente de su comportamiento, el consentimiento de un niño, una niña o adolescente no se puede considerar válido o lícito. Es la atracción o deseo sexual recurrente hacia menores preadolescentes (generalmente menores de 10 años) y puede incluir deseos, pensamientos, fantasías y/o conductas. Está considerada como una parafilia o desviación sexual.
Pedofilia y Pederastia
La pedofilia es la atracción o deseo sexual hacia los menores preadolescentes (generalmente menores de 10 años). Puede implicar deseos, pensamientos, fantasías y/o conductas.
La pederastia es cualquier comportamiento realizado que implique a un menor y/o adolescente para obtener estimulación sexual, o para estimular sexualmente al menor o a una tercera persona. Es lo que comúnmente se conoce como abuso sexual infantil. La pederastia puede implicar un contacto físico directo (p.ej. tocar los genitales o los pechos de una niña) u otros tipos de comportamientos sin contacto físico (p.ej. reconducirlos).
No todos los pedófilos son pederastas. Algunos de ellos rechazan de forma activa y abierta cualquier tipo de contacto sexual con menores y son conocidos como pedófilos abstinentes. No obstante, junto con otros variables, la pedofilia es un factor de riesgo para la violencia sexual infantil.
Por tanto, hay pederastas que no son pedófilos, es decir, que no sienten atracción sexual hacia menores y/o adolescentes y que su motivación no es inicialmente sexual, aunque siempre está presente el desequilibrio de poder. Por tanto, es necesario intervenir adecuadamente para minimizar este riesgo o evitar nuevas víctimas.
Aún no está del todo claro cuál es la causa de la pedofilia. La evidencia disponible, hasta el momento, señala que algunos factores que pueden estar potencialmente relacionados con la pedofilia y la hebefilia son la exposición prematura a determinados patógenos, pequeñas anomalías en determinadas estructuras cerebrales, factores de riesgo prenatales o perinatales, déficits neurocognitivos o de funcionamiento cerebral, aprendizaje desviado o deficitario de la sexualidad o predisposición genética, entre otros. No obstante, los estudios disponibles son limitados y es necesaria una mayor investigación al respecto. Lo que parece más probable es que no haya una única causa de la pedofilia y que ésta se pueda desarrollar o manifestar a través de diferentes vías.
Tratamiento y Prevención
Los estudios señalan que la pedofilia es un factor de riesgo de la violencia sexual infantil y es necesario que se trate de manera adecuada para evitar o prevenir que estos pensamientos o fantasías pasen a la acción y generen nuevas víctimas. Los estudios señalan que la intervención especializada con abusadores de menores reduce su riesgo de reincidencia.
Así, las personas que participan en estos tipos de tratamientos aprenden nuevas habilidades para controlar su conducta y a evitar situaciones de riesgo. No obstante, no es necesario haber abusado de ningún menor para buscar ayuda. El hecho de tener deseos, pensamientos, fantasías o determinados comportamientos hacia menores y/o adolescentes aumentan el riesgo de violencia sexual infantil.
Para garantizar el tratamiento más adecuado y efectivo en este tipo de casos, es importante acudir a profesionales especializados que dispongan de formación específica.
Los tratamientos médicos o farmacológicos se centran en reducir el deseo sexual hacia los menores y/o adolescentes a través de la administración de diversos fármacos (p.ej. Los tratamientos psicológicos tienen como objetivo enseñar o consolidar las habilidades necesarias para prevenir nuevas situaciones de riesgo y aprender a controlar el propio comportamiento. La evidencia científica señala que los programas de base cognitivo-conductual son los que proporcionan los mejores resultados. Es importante que el tratamiento sea administrado por profesionales especializados y que se adapte a las necesidades de cada persona, ya que las circunstancias y los factores que influyen sobre su comportamiento pueden ser muy diversos.
El beneficio principal será prevenir que niños, niñas y adolescentes se conviertan en nuevas víctimas de violencia sexual. Cualquier persona que esté preocupada por sus pensamientos, fantasías, conductas, deseos y/o atracción sexual y que además esté motivada para recibir terapia y trabajar con un/a profesional especializado/a para aprender a cambiar y manejar todo aquello que le preocupa.
La duración del tratamiento es variable y depende de muchos factores relacionados con cada caso, como pueden ser las necesidades a abordar, las características de la persona, la evolución y logro de los objetivos, etc. En general, los programas específicos se alargan durante varios meses, con una sesión diaria, semanal o quincenal, dependiendo del contexto donde se lleve a cabo.
El coste es variable y lo establece el centro o profesional especialista al cual acudas. Algunos servicios son públicos o tienen convenios con entidades aseguradoras o mutuas, mientras que otras son privadas.
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