La Quinta del Biberón: Niños en la Guerra Civil Española

06.11.2025

La Quinta del Biberón es el nombre que recibieron los nacidos en los años 1920 y 1921, que fueron reclutados para defender la Segunda República española en abril de 1938 y a principios de 1939. Al entrar en batalla, sin apenas instrucción ni equipamiento, la mayoría no había cumplido los dieciocho años.

Ante su movilización hubo un clamor de protesta por parte de los propios reclutas y de sus familiares, pues se anticipaba en tres años las levas de los años 1941 y 1942, cuando los «biberones» cumplirían los veintiuno. A pie de trinchera, los «biberones» enfrentaron las balas en una guerra que había comenzado cuando tenían catorce y quince años.

En abril de 1938, la Segunda República atravesaba uno de sus momentos más críticos de la Guerra Civil Española. El gobierno de Juan Negrín, acorralado por las derrotas en el frente, tomó una decisión desesperada: movilizar a miles de adolescentes para cubrir las enormes bajas y reforzar un ejército exhausto en retirada.

Así, con reclutamientos forzosos, cerca de 27.000 menores fueron arrancados de sus hogares y lanzados a la guerra. Les llamaron "La Quinta del Biberón", un nombre que nació de un grito de indignación. En Jaén, se les conocía también como "La Quinta del Chupete", una ironía macabra que escondía una tragedia: niños de 13, 16 o 17 años, con uniformes a los que les colgaban fusiles que apenas podían levantar, jóvenes que no sabían nada de la vida y que fueron enviados a morir en las batallas más cruentas de la contienda.

No hubo tiempo para instrucción. El historiador José María García Márquez documentó en su obra "Andaluces muertos y desaparecidos en el Ejército Republicano" que al menos 283 menores andaluces de menos de 16 años cayeron en combate. Algunos tenían incluso 13 años.

Lea también: Nombres de hijos inspirados en el Árbol de la Vida

La dirigente anarcosindicalista Federica Montseny puso nombre a la quinta cuando ironizó sobre la edad de sus integrantes y dijo que todavía deberían “tomar el biberón”. Aunque no hay cifras oficiales, fueron movilizados unos 30.000 menores, reclutas imberbes, la mayoría catalanes.

La Quinta del Biberón, las levas de 1938 y 1939, arrastró al combate a 30.000 menores de edad, algunos con poco más de 14 años, que fueron enviados luchar y morir por la República en el último año de la guerra. Al verlos uniformados dicen que Federica Montseny afirmó: «¿Diecisiete años? Pero si todavía deben tomar el biberón». Muchos, muchísimos de ellos, cayeron en la batalla del Ebro.

La batalla del Ebro fue el combate final que determinó de manera incuestionable la derrota del Frente Popular. A lo largo de 115 días de combate, entre el 25 julio y el 16 noviembre de 1938, los españoles se mataron en una gran batalla, la última de las reñidas en la larga lista de guerras civiles que habían asolado España a lo largo de su historia.

Arturo Pérez Reverte, en su novela «Línea de Fuego», ha puesto de actualidad y transmitido con acierto lo que fue el Ebro, un enfrentamiento que se saldo con más de quince mil muertos y sesenta mil heridos.

Fue un enfrentamiento entre hermanos cuyos protagonistas más tristes fueron los jovencísimos soldados movilizados a la carrera por la República para evitar una derrota que era ya imparable. La tragedia de la batalla queda bien representada por los soldados que han pasado a la historia como «La Quinta del Biberón».

Lea también: Nombres gallegos y su origen

En la batalla del Ebro combatió ‘La quinta del biberón’, 30.000 soldados reclutados con sólo 17 o 18 años que fueron puestos en la primera línea de fuego de la batalla que marcará la Guerra Civil española (1936-39). Como es de suponer, el nombre le venía de su corta edad que no superaba los 17 años.

Uno de los supervivientes de la Quinta del Biberón fue Joaquim, quien sobrevivió a la batalla del Ebro, donde combatió en primera línea. En octubre, cuando los sublevados estaban a punto de recuperar todo el terreno perdido en el Ebro, lo enviaron a un hospital de Valls, en Tarragona. En cuanto recobró un poco las fuerzas, desertó y regresó a Barcelona, donde se ocultó en el piso de unos amigos franceses hasta el final de la guerra.

En 1939, con las cicatrices aún abiertas, pintó un cuadro que destilaba sus pesadillas. Lo tituló La tragedia de la batalla del Ebro. Conservaba una reproducción del cuadro, pero regaló el original al Museo de la Batalla del Ebro de la localidad de Fayón, en Zaragoza.

Los éxitos y los años no le cambiaron. Nunca dejó de ser aquel niño que un día salió de su casa para ir a la guerra. Se fue con una chaqueta y una manta, una cuchara de alpaca, un cazo de aluminio, unas botas incomodísimas y una medalla de la Virgen (“muchos que blasfemaban se encomendaban a Dios al ver la muerte cerca”). Y cuando por fin regresó nunca dejó de inculcar a los suyos un valor.

Con estos materiales, Lluís Pasqual, director de Teatre Lliure y autor de In memoriam. La quinta del biberón, hace un «documental en teatro». Vuelve Lluís Pasqual a hacer teatro apegado a los hechos, cercano al deber de memoria, esto es, al deber de reparación y justicia.

Lea también: Descubre Nombres Italianos para Niñas

No menos urgente y necesaria es una visión realista sobre muchos de los episodios de la Guerra Civil española. Lluís Pasqual, atento a la historia viva de la generación que se acerca a los cien años, arrima el hombro para la recuperación de esa memoria colectiva que va muriendo de modo natural.

Gran parte del texto de In memoriam. La quinta del biberón está basada en los testimonios recabados por el propio autor mediante entrevistas a los «biberones» supervivientes. Seis jovencísimos actores encarnan a seis reclutas de la quinta del biberón.

La argucia dramática es coherente con el compromiso de Lluís Pasqual con la verdad, con su apuesta estética por la verdad sin filtros. Pero, además, In memoriam. La quinta del biberón es también un acto político.

Hay en In memoriam. La quinta del biberón, un rosario de atrocidades que describe perfectamente los horrores de la guerra. Pero, además, su materia y su forma de presentación -un conjunto de testimonios-, confiere a lo narrado la categoría de «verdad probada más allá de cualquier duda». En efecto, además de su calidad artística, el teatro de Lluís Pasqual tiene algo de prueba forense.

tags: #quinta #del #biberon #nombres

Publicaciones populares: