Preocupación Maternal Primaria: Definición y Significado

21.11.2025

Dentro del psicoanálisis, y desde la perspectiva de las relaciones objetales, el rol de la madre ha sido un tema central de estudio. Donald Winnicott, un reconocido pediatra y psicoanalista, se interesó particularmente en los procesos y fenómenos involucrados en la constitución, desarrollo y funcionamiento del aparato psíquico de un individuo, así como en sus posibles desviaciones que dan origen a las patologías.

Winnicott decía que no existe bebé sin su madre, agregando que no hay madre capaz de cumplir con todos los requerimientos del bebé en sus primeras etapas si no hay un padre o un tercero que haga la función de contener a esa madre. Para Winnicott, la constitución del sujeto es una de las preguntas más importantes que surgen en el trabajo clínico. Parodiando con mucho respeto a Winnicott, se podría decir que “no hay niño que pueda avanzar o mejorar (si lo logra) en sus dificultades emocionales, en terapia, sin sus padres”, es decir, padres que estén dispuestos a recibir a este hijo en proceso de cambio, más sujeto de su vida que objeto de ellos, diferenciado, un poco más seguro, etc.

Desde el inicio de la vida del bebé, Winnicott se refiere a la necesidad de que el ambiente provea al niño de las condiciones mínimas para que pueda darse tanto su crecimiento y desarrollo físico como emocional. Desde recién nacido, el bebé está en una relación de dependencia absoluta y requiere de estabilidad y continuidad ambiental.

Funciones Maternas Clave Según Winnicott

Winnicott destaca varias funciones maternas esenciales para el desarrollo saludable del bebé:

  • Holding: La capacidad de sostener emocionalmente al niño en todo momento y en todos los estados por los que pueda atravesar su afectividad e impulsividad.
  • Handling: Se refiere a los soportes y cuidados concretos y reales que el niño necesita, al estar sintonizados y atentos a sus necesidades de manipulaciones de alivio sobre su cuerpo real.
  • Presentación del Objeto: La posibilidad de crear una ilusión en el niño, presentando el objeto (como el pecho o la mamadera) en sintonía con un momento en que el niño lo está deseando o necesitando.

En simultáneo a estas tres funciones desarrolladas por Winnicott, él hace hincapié en que en un inicio el bebé se relaciona con la madre en dos formas muy diferentes y muy necesarias para un buen desarrollo. Una es la madre ambiente, la madre del Holding y el Handling, la madre que sostiene desde lejos y no interrumpe al bebé ni es atacada por éste. La otra, su opuesto complementario, es la madre objeto (de la pulsión), es la madre que será atacada y usada, es la madre que el bebé querrá devorar, la que recoge las excitaciones del bebé (la crueldad primitiva, su aspecto despiadado, no intencionado).

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Otra función que Winnicott propone es el Rol de espejo de la madre y la familia, en este punto, él reconoce inspirarse en el concepto planteado por J. Lacan (1949), sobre la función del espejo, en donde ambos coinciden - tal vez con algunos acentos distintos - en que el sujeto se estructura y reconoce a través del otro. En el caso de Winnicott, él propondrá que la mirada de la madre le devuelve al bebé su propia imagen, a través del embelesamiento que él provoca en ella y del amor con que ella lo mira.

Existe una función que a mi me resulta particularmente interesante, por su acento en la constricción del actuar, por sobre el hacer algo. Las madres tendemos a pensar que nuestra tarea es hacer cosas para nuestra familia y en este caso Winnicott nos invita a pensar en la utilidad de la inhibición de la conducta materna activa. Por ejemplo, cuando el bebé necesita “estar solo en compañía de”, o también lo menciona con otro énfasis y lo llama El cuidado materno satisfactorio, no advertido.

Con todo lo anteriormente expuesto Winnicott llega a un concepto, para mi fundamental que es el de la madre suficientemente buena. Una madre insuficientemente buena será aquella que para el bebé resulta imprevisible, que pasa de una actitud a otra de manera súbita, sin que el niño pueda confiar en ella ni prever sus conductas.

Winnicott siempre rescatará la idea de que a medida de que el niño crece, existe un monto de displacer, dolor o incomodidad cada vez mayor que el niño podrá soportar, el punto está en que en cada momento estas experiencias desagradables no sobrepasen cierto umbral de tolerancia, que es dado a cada uno por su experiencias positivas con el ambiente y también por su potencial heredado.

El Maternaje y la Preocupación Maternal Primaria

¿Cómo logra una mamá reconocer las necesidades de su bebé recién nacido? El maternaje se compone de la atención, disponibilidad, amor, brazos, empatía, generosidad, paciencia, comprensión, leche materna, cuerpo, mirada y sostén recibidos desde el nacimiento y durante toda nuestra infancia. Maternaje que dejará sus huellas y que moldeará los posteriores vínculos amorosos.

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Donald Winnicott denominó a esta etapa de preparación mental característica en las mamás en la última etapa de la gestación y durante el puerperio como “preocupación maternal primaria”. Durante este período, la madre cuenta con una capacidad excepcional de identificarse con su bebé, de pensar en él, imaginar sus necesidades y adelantarse a ellas, recurriendo a sus propias experiencias como bebé. No se trata de una capacidad aprendida ni un instinto maternal, sino de una dedicación y atención consciente e inconsciente a las necesidades de su bebé.

«El bebé no existe sin su mamá» dirá Winnicott, ya que sólo existe inmerso en una relación con su madre. El grado de desvalimiento del recién nacido es tal, que sin un otro no podría sobrevivir. Por eso, la mamá tendrá que hacerse cargo -por un largo tiempo- de sus necesidades y deseos. Será ella, quién a través de su capacidad de maternaje, podrá servir de filtro protector al recién nacido - que experimenta los estímulos externos e internos por primera vez-.

Toda función materna es en cierta medida fallida, es decir, es humanamente imperfecta. No hay recetas infalibles que garanticen que en todas las ocasiones lo que lee o interpreta la mamá de las señales que le emite su bebé sean correctas. Por eso, Winnicott hablaba de «madres suficientemente buenas». Una buena madre es aquella que es confiable y previsible, a pesar de las inevitables fallas de su tarea.

La «falla materna» sólo indica el especial ritmo de una mujer para encarnar tareas, que sólo idealmente pueden ser pensadas como perfectas. El buen cuidado materno le da al bebé el estado de confianza necesario para tolerar -sin hundirse- en un estado insoportable de zozobra sus fallas. Cada vez que la mamá falla, se recorta como algo diferente al bebé, un no-yo y fuerza al bebé a tener que pensarla como algo distinto. Esa falla abre la percepción de ese algo como una madre. Fundando los cimientos de lo que será el reconocimiento como sujeto en su camino hacia la autonomía.

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