Proyecto Raquel: Un Camino de Sanación y Reconciliación tras el Aborto

23.11.2025

El Proyecto Raquel es la respuesta de la Iglesia Católica al drama del aborto. "Un aborto destruye dos vidas. Queremos ayudarte a recuperar una: la tuya". Esta es la tarjeta de presentación del Proyecto Raquel, un camino de sanación y reconciliación que ofrece la Iglesia católica a personas que sufren después de un aborto provocado.

Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano.

Los objetivos de este Proyecto son, por tanto, acompañar a estar personas heridas que, con frecuencia, caminan solas con ese peso, para indicarles caminos de sanación consigo mismas, con el hijo o hija perdidos y con Dios, mediante el perdón y la reconciliación.

¿Qué es Proyecto Raquel?

En Proyecto Raquel ofrecemos a las personas implicadas en un aborto provocado, una atención individualizada a través de una red diocesana de sacerdotes, consejeros, psicólogos y psiquiatras. Esta atención individualizada supone acompañar a la persona, en su integridad, en un proceso psicológico y espiritual de sanación y reconciliación.

La iniciativa surge en los años 70 en Estados Unidos, cuando muchos sacerdotes constatan que hay mujeres que «después de haber abortado se confiesan una y otra y otra vez», explica Isabel Muñoz-Cobo Cique, coordinadora de Proyecto Raquel en Burgos, ligado al COF, el Centro Diocesano de Orientación Familiar. «Es decir, aunque Dios ya las ha perdonado, ellas no se perdonan a sí mismas, hay una gran culpabilización o tienen un sufrimiento muy grande en el corazón, porque el problema no siempre es que no se perdonen, sino que sienten un peso muy grande y la única vía de desahogo que encuentran es la confesión. Es entonces cuando se diseña un itinerario con unas sesiones concretas, con un principio y un fin, en el que lo más importante es que la persona se sienta acogida, no juzgada, recalca Isabel.

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¿A quién va dirigido?

El Proyecto no está restringido a personas creyentes («al margen de religiones o creencias hay una conciencia, un arrepentimiento espiritual hondo, espiritual en cuanto que no es solamente psicológico, está en la naturaleza humana», apostilla Isabel) sino a todo aquel que está sufriendo el síndrome post aborto. Esto incluye también a hombres (una de cada cuatro personas que acude a proyecto Raquel es varón).

«El síndrome post aborto afecta a la pareja de la mujer tanto si intentó convencerla para que abortara como si intentó convencerla para no abortar, como si se entera posteriormente de que ha perdido un hijo… Y afecta a los hermanos del bebé abortado, si los hay o nacen posteriormente, y a los abuelos, que en muchos casos, sobre todo cuando se trata de chicas jóvenes, han presionado para acabar con ese embarazo. El síndrome se manifiesta a través de múltiples síntomas, muchos de ellos compartidos por los que han vivido la experiencia.

El Proceso de Sanación

El itinerario de sanación y reconciliación consta de unas fases definidas, pero que se van ajustando a lo que cada persona puede y quiere hacer, porque se respeta, sobre todo, su libertad.

«Si se le propone una tarea y esa persona tiene mucho bloqueo, no se la fuerza a cumplir ninguna fase. Sí que hay unos pasos que se ha comprobado que son efectivos para ayudar y para aliviar, pero nos da mucho respeto ponernos delante de alguien que sufre. ¿Quién soy yo para decir que yo te voy a curar? No, yo no te curo, yo te ayudo a que tú hagas un camino y aquella herida que tienes en el corazón se sane, el único que cura es Cristo».

Algo muy común al principio de vivir el síndrome post aborto es la negación del sufrimiento. «Lo típico de haber vivido una experiencia traumática es negar que sufres por ello. Y no solo cuando has vivido un aborto. En cualquier experiencia traumática se pasa por la fase de negación. Así pues, la primera tarea es mirar de frente la realidad y hacer entender a la mujer que lo que le ocurre a ella les pasa a muchísimas mujeres que han pasado por la misma experiencia.

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«El problema es que como legalmente se puede abortar, la gente que sabe que esa mujer ha abortado y la ve sufrir le dice que tiene que dejar de hacerlo, que ha sido su elección voluntaria, con lo cual todo se complica. Una vez aceptada esa realidad, la de la herida -«no se trata de regodearse en el propio dolor, sino de que el dolor que ya hay se integre»-, el segundo paso es el perdón y la reconciliación, con una misma y con los «facilitadores», ya que a menudo hay mucha ira hacia las personas que han tenido que ver con el aborto (muchos de los padres no se dan cuenta de la herida que puede nacer de ahí en la relación con su hija cuando han sido ellos quienes han presionado para que abortase) y lo mismo ocurre con las relaciones de pareja: es habitual que la mujer decida abortar presionada por su pareja y después del aborto se termine rompiendo esa relación. Incluso cuando una mujer ha puesto fin a a su embarazo porque pensó que su bebé podría dificultar sus estudios o su trabajo, a veces esas facetas también se resienten.

La última fase, como después de cualquier pérdida, es ayudar a pasar el duelo, un duelo no reconocido y que a menudo la persona no ha tenido herramientas para superar. «Para cualquier madre la muerte de un hijo, en las circunstancias que sea, provoca un gran dolor.

Un Testimonio de Esperanza

Un testimonio anónimo comparte su experiencia: "soy L. no sé si te acuerdas de mí, que hice el proyecto Raquel. Quería decirte el verano del año pasado fui a Medjugorge. Y a los días de llegar me dieron mi nulidad por fin. Y hace poco me casé con D. Fue un día maravilloso. Y lo mejor estoy embarazada. Y muy feliz. El Señor y la Virgen me han ayudado mucho en este caminar. Quería darte las gracias por tu granito de arena. Ya sabes si necesitas algo alguna vez dime. P.D. Conseguí que D. se confesara y comulgara. Ha sido un camino largo, pero al fin llegue. Y tú me ayudaste mucho. Por eso si alguna vez necesitas mi experiencia para algo me lo dices."

Por otro lado, también hemos recibido la grata noticia que un matrimonio que acompañamos, primero ella y al año y poco se decidió también él, acaban de ser abuelos por primera vez. Zamora, 4/3/2021.

Un Llamado a la Oración y la Vida

Cada año la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación el 25 de marzo. En la actualidad muchas son las difíciles circunstancias que rodean la concepción y el crecimiento de muchos niños, y muchas son las ocasiones en las que sus madres sometidas a presiones personales, sociales, ideológicas, etc. Para muchos no hay nada dañino en esto, se ha convertido en un derecho que emancipa a la mujer y la hace más dueña y señora de sí misma, pero equivocadamente no saben que tras el aborto, muchas personas, no solo las madres, si no quien ha rodeado la circunstancia acaba sufriendo y sintiéndose culpable de lo ocurrido, y un gran dolor se apodera de ellas.

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Raquel no juzga, Raquel extiende los brazos y le dice a quien se acerque “me importas tú, te quiero a ti” porque Raquel se centra en quien sufre, no en lo que hizo, no en la criatura que ya no está en este mundo.

A quienes leéis estas líneas os pedimos la oración por este proyecto, por las personas que se acerquen a él, por quienes voluntariamente cedan su tiempo, y porque se genere una cultura que apueste por la VIDA, porque como nos recuerda el pasaje del hijo prodigo, quien convive con el pecado, quien se aleja del Padre, termina sufriendo sus graves consecuencias. Pidamos para que sepamos colaborar con el Padre que sale al encuentro, que acoge y devuelve la dignidad de hijo y no tengamos la tentación de ser hermano mayor.

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Fruto del amor son también la misericordia y el perdón. En esta línea, es muy emblemática la escena que muestra a una adúltera en la explanada del templo de Jerusalén, rodeada de sus acusadores, y luego sola con Jesús que no la condena y la invita a una vida más digna (cf. Amoris laetitia, 83

En Burgos, así como en otras 40 diócesis españolas, un equipo formado por diez personas y que incluye sacerdotes, psicólogos, una matrona y orientadores acompaña desde hace ocho años a personas que han pasado por esta experiencia.

«Cuando uno vive algo doloroso es difícil pedir ayuda. Casi lo fundamental es que quienes formamos parte del proyecto seamos verdaderamente reflejo de misericordia porque si estas personas intuyen un mínimo de juicio, un mínimo de rechazo o un mínimo de superioridad, es muy difícil que experimenten el amor de Dios que todos necesitamos y se fíen. Proyecto Raquel no es solo una metodología, sino un equipo diocesano.

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