¿A qué huele la leche materna? Explorando los aromas y sabores de la lactancia
La leche materna es mucho más que alimento para el bebé; es un universo de sensaciones que influyen en su desarrollo y bienestar. A diferencia de la leche de fórmula, la leche materna es única para cada mujer y varía en sabor, densidad, color e incluso olor.
El sabor cambiante de la leche materna
El sabor de la leche materna suele ser dulce, aunque esto depende de cada mujer y del momento de la lactancia. La leche materna producida por cada mujer es diferente y su sabor suele ser dulce, pero depende de cada mujer y del momento de la lactancia en que nos encontremos.
La leche materna no tiene un sabor estándar, el sabor de la leche materna es cambiante y sorprendente. Todos los alimentos que la madre consume suelen tener compuestos volátiles que llegan a la leche y la “saborizan”.
La leche materna no es de un sabor. ¡Pues claro que existe! Lo que pasa es que el sabor natural de la leche materna no es siempre igual, sino que tiene un sabor variado y amplio.
Influencia de la alimentación materna
La alimentación tiene mucho que ver en la forma en la que influirá en la composición de la leche que produzca. La alimentación de una embarazada debe ser variada y saludable y, sobre todo, tener en cuenta aquellos alimentos que debe excluir de su dieta durante los meses que dure la lactancia, aunque según nos dice la matrona, “exceptuando el alcohol, no hay ningún alimento prohibido como tal en la lactancia, tan solo mantener una dieta sana y equilibrada y una adecuada hidratación”.
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Como decíamos, que la leche materna producida por cada mujer sea diferente hace que la leche producida sea única, y por supuesto, “la alimentación tiene mucho que ver en la forma en la que influirá en la composición de la leche que produzca”, afirma la matrona y añade que esto, precisamente, es uno de los aspectos más beneficiosos de la alimentación a base de leche materna porque “los bebés amamantados van a ir acostumbrándose a diferentes sabores y texturas, lo que hace que sean lactantes a los que va a resultar más fácil el inicio de la alimentación complementaria y van a rechazar menos alimentos”, asegura la experta.
Y sin duda, cada vez que la madre come un nuevo alimento, el bebé prueba ese nuevo sabor.
El color de la leche materna
Además, algo curioso que ocurre con la leche materna es que su color puede ser variable. Estamos habituados a ver la leche materna de color blanco o, intuitivamente, pensar en color blanco cuando hablamos de leche, pero lo cierto es que la leche materna puede ser de distintas tonalidades, “tiene ciertos tonos amarillentos y una consistencia y olor diferente a la leche tratada artificialmente”, explica matrona.
La vainilla y la leche materna
La vainilla tiene un olor reconfortante, cálido. Te aísla de la crueldad y te lleva de nuevo a tu primera infancia, al sustento primario del regazo de la familia. La leche materna tiene un ligero aroma de vainilla, y no es casualidad que los productos para bebés suelen tener también ese olor o sabor.
La afinidad por la vainilla parece surgir antes del nacimiento, según la doctora Pamela Dalton, de Monell Chemical Senses Center, un centro de investigación. La vanilla se encuentra en el líquido amniótico y en la leche materna por lo que las personas están expuestas a ella desde muy pronto.
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El problema del olor rancio en la leche materna congelada
Muchas madres se preocupan al descongelar su leche y percibir un olor rancio o agrio. ¿A qué se debe este olor?
Esto se debe a la acción de una sustancia que se encuentra en la leche, llamada lipasa. La leche no está ni en mal estado ni es mala para el bebé.
La lipasa es una enzima que contiene la leche materna cuya función principal es la de fragmentar las grasas para que el bebé las pueda digerir mejor. Por tanto la función de la lipasa es necesaria y muy útil para el bebé.
La cantidad de lipasa en la leche materna varía de una madre a otra por lo que nos encontramos con madres que su leche tiene más cantidad de lipasa y otras a las que se le activa con más facilidad. Esto no quiere decir que todas las madres tengan problemas con la lipasa de su leche.
Lo que ha ocurrido, es que la lipasa produce un efecto de saponificación de la grasa en el proceso de congelación y hace que esta presente un olor rancio, que no siempre va a resultar desagradable a todos los bebés, ni tampoco va a suceder en todas las madres, ya la cantidad de lipasa en la leche materna varía de una madre a otra.
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Ese olor que tiene se debe a que la leche sufre un proceso en el que se rompen sus glóbulos de grasa. Cuando esto ocurre se activa una enzima llamada lipasa, que se encarga de la digestión de las grasas. Y sucede cuando se congela la leche materna a -20ºC.
Algunas madres tienen en su leche mayor cantidad de estas lipasas que ya empiezan a romper los glóbulos de grasa poco después de haber extraído la leche. Si el olor es más rancio o ácido, es posible que sea más un efecto de la oxidación, que de las lipasas.
Este olor te lleva a rechazar darle la leche al bebé, pero algunos niños no tienen reparo alguno a consumir la leche.
Como es imposible saber de antemano la cantidad de lipasa que tiene la leche, y tampoco es posible conocer si el bebé la aceptará o no, lo más razonable es hacer una prueba antes de arriesgarse a tener que tirar tu personal banco de leche, ese valioso líquido que tanto esfuerzo te ha supuesto obtener.
Mi recomendación es la siguiente: extraer algo de leche, dejarla unas horas en la nevera antes de congelarla para permitir que la lipasa actúe. Después congelarla durante unos días, y luego observar qué pasa cuando la descongelas.
En el caso de que la leche tenga ese olor a rancio ya no hay tratamiento que valga, si el bebé la rechaza, no tendrás más remedio que tirarla.
¿Cómo evitar el olor rancio?
Pero sí puedes prevenir que te vuelva a suceder, si antes de congelarla, la escaldas, (no hervirla). Para ello, es suficiente con poner la leche en un recipiente a calentar hasta que empiece a formarse espuma contra los bordes del recipiente. En ese momento, se aparta del fuego, se deja enfriar y estará lista para congelar, sin que presente olor a rancio cuando la descongeles, ya que escaldándola has conseguido desactivar la lipasa. Esta leche será una opción más saludable que ofrecer al lactante leche de fórmula.
Para minimizar este problema, puedes probar las siguientes técnicas:
- Enfriar la leche rápidamente en un recipiente con agua fría y hielo y a los pocos minutos congelar la leche.
- Se puede optar por escaldar primero la leche. Este proceso consiste en calentar en un cazo la leche y cuando empiecen a salir alrededor de la misma unas pequeñas burbujas, lo retiramos del fuego y enfriamos rápidamente como he descrito en el punto uno. Una vez fría, se etiqueta y se guarda en el congelador.
Con estos consejos, cuando descongelemos la leche, ésta tendrá un sabor más parecido al de la leche recién extraída y el bebé no la rechazará por su sabor ni por su olor.
Otros factores importantes en la lactancia materna
Además del olor y sabor de la leche materna, existen otros aspectos importantes a tener en cuenta para una lactancia exitosa:
- Aumento de peso del bebé: La mayoría de las gráficas de peso están hechas con niños alimentados con biberón. La OMS tiene gráficas para niños alimentados al pecho.
- Producción de leche: Las madres producen la cantidad exacta de leche que necesitan sus bebés si el agarre es correcto y la lactancia es a demanda.
- Galactogogos: Medicamentos que estimulan la producción de leche, pero deben usarse con supervisión médica.
- Suplementos vitamínicos: Los lactantes menores de un año alimentados al pecho deben recibir un suplemento de 400 UI/día de vitamina D.
En definitiva, la función de la lipasa es necesaria y muy útil, no todas las madres presentan este problema, ni es mala para la salud del bebé. Solo afecta a su olor o sabor y por lo tanto a su posible aceptación, por lo que, si el bebé no la rechaza la puede tomar. Mi consejo, por ello, es probar antes y actuar después.
Nos han dicho durante años que esto es un problema y que la madre debe evitar comer ciertos alimentos. En cada país os van a recomendar no comer alimentos diferentes para que la leche no sea amarga. La lista es tan extensa que si nos priváramos de todos los alimentos que nos prohiben en todo el mundo, casi no podríamos comer ni beber nada de nada.
La ciencia ha demostrado que a los bebés les gusta la variedad y que maman con más interés si la leche sabe a algo diferente. Y es que ellos no conocen la leche con sabor neutro. Por ejemplo, el calostro tiene poca lactosa (el azúcar de la leche materna), lo que hace que su sabor sea salado.
En el caso de que la madre tenga una ingurgitación o una mastitis, la leche está más salada también. La leche también experimenta cambios de sabor cuando se la ofrecemos extraída al bebé.
Hay mitos que aseguran que la leche materna tiene sabores distintos según la alimentación de la mamá y según la etapa de la lactancia en la que se encuentre la madre. Y lo cierto es que hay mucha verdad en ello, ya que, a diferencia de la leche de fórmula artificial, “la leche materna producida por cada mujer es diferente”, asegura Verónica Valverde González, Vicepresidenta de la Asociación de Matronas de Madrid (AMM). “La leche materna va variando en sabor, densidad, color e incluso olor. Su sabor suele ser dulce, pero depende de cada mujer y en el momento de la lactancia en que nos encontremos. La fisiología de la lactancia materna es maravillosa, y es gracias a ella que el ser humano ha sobrevivido milenios”, añade la experta.
Por qué la leche materna es lo mejor para el bebé
La leche materna es el mejor alimento que podemos ofrecerle al bebé por varios motivos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda la alimentación exclusiva con leche materna durante los 6 primeros meses de vida y, junto con la alimentación complementaria, hasta mínimo los 2 años de edad.
La matrona nos cuenta que “los componentes de la leche materna son, principalmente, agua, proteínas, lípidos, hidratos de carbono, vitaminas, minerales e inmunoglobulinas que ayudan al desarrollo inmunológico del recién nacido, lo que previene de posibles infecciones o enfermedades en el futuro. La concentración de los componentes de la leche materna va variando en función de las necesidades del lactante”, dice.
Y nos pone un ejemplo: “si el bebé que ha nacido es un bebé prematuro , la leche producida por esa madre será la idónea para un prematuro de esa edad gestacional, adaptándose a sus necesidades nutricionales y a la inmadurez de su sistema digestivo. Igualmente, la leche materna también se adapta al número de recién nacidos, por ejemplo, si ha habido un parto gemelar, se producirá leche suficiente para ambos recién nacidos”.
Qué alimentos son los que hacen cambiar el sabor de la leche materna
De entrada no hay necesidad de evitar ningún alimento solo porque cambie el sabor de la leche o produzca gases a la madre, ya que esto no tiene porqué tener ningún efecto negativo ni sobre el bebé ni sobre la continuidad de la lactancia. Si notas que un alimento provoca un cambio en el sabor de la leche que hace que el bebé rechace tomarla es decisión tuya evitarlo o no.
Estos son los alimentos que más alteran el sabor de la leche materna:
- Ajo: se han realizado estudios que demuestran que el ajo, en cantidades suficientes, altera tanto el olor como el sabor de la leche. Pero, curiosamente, la mayoría de bebés de se sentían más atraídos por lactar cuando la intensidad del ajo era mayor. Así que, efectivamente, el ajo altera el sabor y olor de la leche, pero no hay razones de peso que hagan descartarlo de tu dieta.
- La cebolla y el puerro: tienen un efecto en la leche materna muy similar al del ajo, por la presencia de sulfuro alílico. Pero tanto el olor como el sabor, en el que caso de que no gustara al bebé, desaparece en unas horas como mucho, así que tampoco hay motivos para prescindir de ellos.
- Espárragos: tanto los verdes como los blancos contienen asparagina, responsable del cambio de olor y sabor.
- La col, las alcachofas y las coles de bruselas.
- El pimiento, de cualquier color.
- Las especias picantes y los condimentos fuertes también pueden alterar el sabor de la leche.
Según el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la lactancia no exige ningún tipo de dieta especial para la madre, más allá del sentido común. Como decíamos antes, una dieta sana y variada, sin contaminantes ni exceso de aditivos es todo lo que una mujer necesita para llevar adelante una lactancia beneficiosa para ella y el bebé. Evidentemente, si hay algún tipo de enfermedad o déficit nutricional será necesario que el médico haga recomendaciones concretas, como podrían ser los suplementos alimenticios. Pero esto no implica que haya alimentos obligatorios durante la lactancia.
Comer de manera equilibrada, evitar la sensación de hambre y no caer en los alimentos que no se recomiendan en ninguna otra etapa de la vida, como los dulces en exceso o los alimentos ultraprocesados es más que suficiente.
En lo referente al cambio de sabor y olor que provocan determinados alimentos en la leche, ya hemos visto que no hay razones para excluirlos de la dieta a menos que sea una decisión estrictamente personal por parte de la madre. Solo cuando percibimos molestias en el bebé, como vómitos, diarreas, erupciones o rechazo de la leche tras comer un alimento de manera repetida es cuando debemos eliminarlo de la dieta.
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