Yo te cuido y tú me cuidas: Un análisis profundo de la interdependencia en el cuidado
En el intrincado entramado de la sociedad, el cuidado mutuo emerge como un pilar fundamental para el bienestar colectivo. La idea central es simple pero poderosa: "o yo te cuido a ti o tú me cuidas a mí", una interdependencia que trasciende edades y condiciones.
El envejecimiento de la población y la necesidad de un nuevo enfoque
El catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia, José Viña, aboga por "introducir reformas en el sistema sanitario para adaptarse a los nuevos tiempos, marcados por el envejecimiento de la población". El sistema de salud actual, diseñado en los años 50 y 60, requiere un cambio radical para abordar las nuevas necesidades de los pacientes y la vejez.
Leocadio Rodríguez-Mañas, director científico del CIBER Fragilidad y Envejecimiento Saludable-CIBERFES, coincide en que "los sistemas de salud se desarrollaron en los años 50 del siglo XX y no han sido capaces de adaptarse a las nuevas necesidades de sus usuarios". Ahora tratan en un 70% de su tiempo a enfermos de entre 70 y 85 años que sufren diferentes enfermedades ya crónicas que no se curan, que además van acompañadas de otras patologías y que dejan secuelas. Esta ineficacia e ineficiencia cuesta muchos miles de millones de euros y mucho sufrimiento.
España es ya el país del mundo con mayor longevidad, pero ocupa la 17ª posición en longevidad libre de dependencia y esto es un asunto preocupante. En el año 2000 se predijo que un tercio de las personas que ahora tiene más de 65 años sería dependiente. Si continuamos en esta línea, en el año 2050 será la mitad, lo que significa que la mitad de la población cuidará de la otra mitad: o yo te cuido a ti o tú me cuidas a mí y no podremos hacer otra cosa más que cuidarnos unos a otros.
José Viña se ha preguntado qué tenemos que hacer para llegar a esa situación. “Cuidarse es una responsabilidad individual, algo altruista, no egoísta”. Aunque ha dejado claro que no le gusta hablar de economía en estos casos, ha recordado que un anciano dependiente cuesta 14.000 euros al año y un anciano vigoroso 900. El Gobierno de España publicó en agosto de 2020 que había en nuestro país 1.344.369 personas dependientes, de las cuales más de 234.577 no tenían ninguna prestación.
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Viña ha aportado, durante su intervención en la Fundación Ramón Areces, una serie de pautas para alcanzar una vejez lo más saludable posible. Y así se ha referido, por ejemplo, al estrés y a la necesidad de controlarlo. “Un poco de estrés es saludable, pero también engancha y mata y es necesario buscar la tranquilidad y la paz interior. Si el estrés te supera, entonces es dañino”. Ha recomendado dedicar 20 minutos de respiración consciente o meditación porque “no solo reduce ese estrés, sino que aumenta la creatividad y baja la ansiedad”.
El valor del cuidado: Más allá de la obligación
Un estudio cualitativo a través de entrevistas semi-estructuradas reveló que las metáforas expresadas a través de los sentimientos muestran sentimientos comunes en hombres y mujeres: amor y satisfacción. Se identificaron sentimientos exclusivos de mujeres, que beben de mandatos de género. Las metáforas encontradas desvelan los significados que se atribuyen al cuidado. Las mujeres son conscientes del valor de cuidar, pero lo normalizan.
En la categoría “metáforas vivenciales” encontramos que el cuidado es vivido desde el amor: el amor de pareja y el amor filial. Las metáforas del amor de pareja expresan aceptación de la situación sobrevenida como una etapa de la relación de pareja: “Yo hago lo que siento, que yo siempre lo he querido muchísimo y lo sigo queriendo. Ya está” (Norberta. Red 3).
Las metáforas del amor filial enuncian la importancia de dar lo que se ha recibido en el seno de la familia: “Me nace porque es mi madre y ella me lo ha dado todo y ahora hay que devolvérselo” (Santiago. Red 2).
Casi de manera unánime las mujeres que cuidan de sus progenitores “sufren” más por sus parejas que por ellas, y las de los hombres van referidas a la poca ayuda que tienen: “Y mi marido también, como es un hombre así, pues no me dice ni pío, tú sabes que muchos hombres por ahí: ‘Sabes qué, por qué no salimos, por qué esto, lo otro’, pero nos hemos acostumbrado a no salir, pero a mí muchas veces me da pena por él, porque a mí me da igual de salir que no, ¿eh? Pero me da pena muchas veces por él” (Marta. Red 5).
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Las “metáforas emocionales” muestran que existen sentimientos comunes en hombres y mujeres, como son el amor y la satisfacción, sin embargo, encontramos sentimientos que son exclusivos de las mujeres. Estos sentimientos beben de los mandatos de género en los que son socializadas las mujeres, donde cuidar es algo natural y propio de la naturaleza femenina. Las cuidadoras expresan obligación, culpa, renuncias y resignación:
“Mucha gente me dice ‘hay que ver la vida que tú llevas’. Digo, ‘bueno, la que Dios me ha destinado’. Peor hubiera sido que hubiera llevado otra vida. Me hubiera estado pegando. O me hubiera tenido que separar. Pero gracias a Dios, me ha tocado un hombre muy bueno, que hemos tenido la desgracia, o la suerte, no lo sé, de que haya caído malo” (Manuela. Red 11).
Estos sentimientos confrontan con los de los hombres que expresan que lo que hacen es algo excepcional, orgullo, y que se sale del patrón social marcado, expresan satisfacción: “Hombre, yo ya te digo. No sé cómo terminaremos. De momento me querían hacer un monumento, pero yo no quiero monumento ninguno. Yo creo que tengo que hacerlo, porque me ha tocado a mí, punto, y ya está. ‘Te has ganado la gloria’ muchos dicen, ‘te has ganado la gloria’. Digo, bueno, pues cuando llegue arriba, Dios que haga conmigo lo que quiera” (óscar.
Respecto a las vivencias del cuidado, para los hombres, cuidar no es un “trabajo-trabajo”, cuidan si no tienen trabajo. Las personas cuidadoras consideran que cuidar no es un trabajo. Los hombres cuidan porque no hay nadie que pueda hacerlo en su entorno. Los sentimientos expresados por las mujeres son ambivalentes: resignación y satisfacción, observándose diferencias de género. Los sentimientos que expresan ellos son acordes: satisfacción y orgullo. Las metáforas encontradas nos han desvelado los significados y los valores que se le atribuyen al cuidado. Las mujeres son conscientes del valor de cuidar, pero lo normalizan.
El edadismo y el capacitismo: Barreras para el cuidado mutuo
La OMS define el edadismo como “la discriminación por edad, además de hacer referencia a los comportamientos inadecuados y prejuiciosos relativos a la edad y dirigidos hacia las personas con edad avanzada”. Es una de las grandes formas de discriminación de nuestra sociedad, por detrás del racismo y el sexismo, que sufren en este caso las personas por el simple hecho de ser mayores.
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El capacitismo, por su parte, es “una forma de discriminación o prejuicio social contra las personas con discapacidad”. Alana Officer y Vânia de la Fuente-Núñez, expertas de la OMS, explicaban en una entrevista para 65Ymás, en junio de 2019, que el edadismo incluye tres dimensiones: estereotipos, prejuicios y discriminación.
El antídoto contra la plaga del sentimiento de inutilidad, el “helplessness”, que se genera en algunos mayores como resultado de ciertas conductas que se pueden interpretar como edadistas o capacitistas, basadas en determinados prejuicios y estereotipos-incluso cuando nacen de las mejores intenciones-, no consiste en ignorar a los mayores, dejar de cuidarlos o abandonarlos a su suerte.
Por el contrario, el remedio está en promover un concepto de cuidado mutuo (care partnership) en la conciencia de todas las partes, basado en la premisa de “dar y recibir”. Si interiorizamos (o recuperamos) la idea de que todos cuidamos de todos porque todos somos valiosos y tenemos algo que ofrecer, los jóvenes a los mayores y viceversa, nadie tiene por qué sentirse ofendido cuando se le intenta facilitar la vida, porque es parte del intercambio de cuidado bidireccional. Yo te llevo las bolsas y te cedo el asiento, pero tú ilústrame con tu sabiduría y enséñame a preparar esa receta que tanto me gusta.
Herramientas para impulsar una cultura preventiva
Si tenemos que hablar de herramientas fáciles de aplicar para impulsar la cultura preventiva de una empresa, os recomiendo los consejos y acciones que Anabel Carrillo comparte a menudo en su blog, como impulsadora del cambio hacia la generación de entornos más seguros, eficientes y responsables, con amplia experiencia en Formación, Mentoring y Cultura Preventiva.
- Método NOSACQ-50: Es una de las herramientas más utilizadas para evaluar el clima preventivo en las organizaciones. Se trata de un cuestionario de 50 preguntas clasificadas en 7 dimensiones relacionadas, por un lado, con la gestión preventiva por parte de la dirección y, por otro lado, con actitudes colectivas de todos los miembros de la organización.
- La curva de Bradley de Dupont: Mundialmente reconocida, la curva de este modelo representa la evolución de la cultura de seguridad en las organizaciones desde lo reactivo o instintivo hacia lo interdependiente o colectivo y anticipativo.
Tabla resumen: Pautas para una vejez saludable
| Aspecto | Recomendación |
|---|---|
| Estrés | Controlarlo mediante respiración consciente o meditación. |
| Sueño | Dormir de 6 a 8 horas diarias para prevenir el deterioro cognitivo. |
| Ejercicio | Practicar ejercicio físico personalizado, multicomponente y social. |
| Alimentación | Evitar comer en exceso y asegurar una hidratación adecuada. |
| Relaciones | Huir de las relaciones tóxicas y sonreír más. Eliminar el odio. |
| Trabajo | Aumentar la creatividad y encontrar espacios para pensar. |
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