A Veces Siento Que No Quiero a Mi Hijo: Causas y Soluciones
La relación entre padres e hijos es un viaje lleno de altibajos, ajustes y cambios constantes. A veces, este viaje puede tomar un giro inesperado, llevándonos a cuestionar nuestros sentimientos y a preguntarnos si realmente queremos a nuestros hijos. Este artículo explora las posibles causas de estos sentimientos y ofrece estrategias para afrontarlos.
El Amor Parental: Un Concepto Complejo
El amor parental impulsa el bienestar y desarrollo de los niños. Como tal, el "amor" en este caso sería todo lo que apoye y nutra la evolución de la personalidad única de un niño. Por el contrario, sería una distorsión definir como "amorosas" a las respuestas que resultan dañinas de cualquier manera el crecimiento psicológico de los niños, les causan heridas dolorosas a su psique o los predisponen para una vida de dolor y mala adaptación.
El amor parental incluye expresiones genuinas de calidez: una sonrisa o mirada amigable que comunica empatía y buen humor; afecto físico, trato respetuoso y considerado; ternura; la voluntad de ser una verdadera persona con los niños, en lugar de actuar el papel de "madre" o "padre"; y sintonía y sensibilidad hacia los hijos. Los padres en sintonía tienen la capacidad de ajustar la intensidad y el tono emocional de sus respuestas de acuerdo con las necesidades y estado emocional de sus hijos.
Sin embargo, durante mis observaciones de familias, he notado incontables ejemplos de padres con buenas intenciones que participan en comportamientos insensibles, fuera de sintonía o hirientes para sus hijos, mientras creen honestamente que los aman y que están haciéndolo por su bien. Estos padres dicen la verdad, aunque lo hacen a nivel defensivo, cuando le dicen a sus hijos adultos emocionalmente heridos, que los amaban y que hicieron lo mejor que pudieron para ellos.
Es cierto: hicieron lo mejor de lo que eran capaces, pero la mayoría de las veces, simplemente no fueron capaces de ver a sus hijos como personas independientes con sus propias necesidades. Sin importar lo bien intencionados, desafortunadamente muchas personas no están preparadas para la tarea de educar niños.
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Razones por las que puede ser difícil amar a los hijos
- Imagen propia negativa: Muchos padres tienen una imagen propia negativa que, sin saberlo extienden hacia sus hijos.
- Dificultad para aceptar el amor: Muchas personas encuentran difícil o intolerable aceptar amor, en particular las expresiones simples y directas de afecto de los niños.
- Traumas no resueltos: Los padres tienen traumas no resueltos en sus propias vidas.
- Ansiedad por el tiempo: Tener hijos le recuerda a los padres que el tiempo está pasando y tiende a incrementar su ansiedad por la muerte.
- Proyectos de inmortalidad: Los padres tienden a usar a sus hijos como proyectos de inmortalidad, lo que tiene un efecto destructivo en sus crías.
- Necesidades insatisfechas: La necesidad de cuidados y amor sin satisfacer de la infancia de los padres los hace enfocar estos deseos tan fuertes en sus hijos.
- Características desagradables: Debido a estilos inadecuados o problemáticos, muchos niños desarrollan características desagradables o intolerables.
Casi todos los padres sienten que aman a sus hijos. Pero lo que los padres sienten internamente debe tener un componente externo en acciones que son amorosas con el fin de lograr un efecto positivo en sus hijos. Las buenas intenciones de los padres no son reemplazo para un amor nutritivo, que solo puede ser proporcionado por un adulto independiente y psicológicamente saludable. Tanto la intención como la capacidad de amar son necesarias para sostener a los niños pequeños y su crecimiento hacia la madurez.
La suposición de que los padres, especialmente las madres tienen un amor "natural" para sus hijos es una parte fundamental de nuestro sistema de creencias y el núcleo de la vida familiar y de la sociedad. Pero, con mucha frecuencia, este mito tiene un efecto adverso, que lleva al fracaso aldesafiar los comportamientos negativos dentro de la vida familiar. También intensifica la culpa de los padres.
Estos sentimientos de culpa contaminan adicionalmente la situación para aquellos individuos que podrían ser incapaces, debido a su propia crianza, de darle a sus hijos el amor y cuidado que necesitan. Los niños sí necesitan y merecen amor, y nosotros debemos dárselo o sufrirán dolor emocional.
La Adolescencia: Una Etapa de Cambios y Desafíos
La adolescencia es una etapa de desarrollo cerebral y social que puede generar actitudes que los padres encuentran difíciles de soportar. El "objetivo" de la adolescencia es la independencia, y el cerebro adolescente está configurado para avanzar hacia la autonomía. Esta independencia se manifiesta de forma problemática, pues el adolescente no ignora que depende de sus padres para casi todo. Por eso insiste en tomar decisiones: la hora de llegada, el cuándo o de qué manera recoge su habitación, la ropa que lleva, etc.
Hoy se viste de negro. Mañana con chándal. Al otro en camisa… Ayer era animalista. Antes de ayer, pacifista. Pasado mañana abrazará quizá otra causa, escuchará otra música, tendrá, a lo mejor, otras amistades y otras aficiones. No, no lo hace adrede para “marearte”, no tiene un plan predeterminado y, si se para a pensarlo, quizá lo entiende tan poco como tú, pero… Tu adolescente no sabe quién es y necesita tu comprensión y tu apoyo en todas las etapas y momentos de su personalidad, porque tu presencia ahí, apoyándole, es lo que más continuidad le da a su identidad.
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Crecer significa siempre romper algunos límites, sean corporales o de otro tipo. Esto no quiere decir, en absoluto, que los adolescentes no necesiten límites; de hecho, no pocas veces los que prueban los límites están buscando, de forma consciente o inconsciente, ser contenidos, que se les mire. ¿Recuerdas el famoso adagio de “quiéreme cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite? Pues podríamos usarlo para definir a nuestros jóvenes: en el periodo adolescente, una de las maneras más comunes de mostrar la necesidad del adulto es, precisamente, desafiarle y rechazarle.
¿Es mi adolescente insoportable o es que no tengo paciencia?
Hay, como venimos diciendo, una parte “natural” en esas actitudes adolescentes que, como madres, no soportamos. Pero que sean naturales no significa ni que debamos aceptarlas todas, todo el tiempo, ni que tengan necesariamente que parecernos bien. Podemos sentir, y decir, que nuestros hijos adolescentes están insoportables, o que nos caen mal.
No. No es falta de paciencia. Hay algunas razones por las que no deberías sentirte culpable si tu hijo te parece inaguantable:
- Objetivo: Educar, no ser amigo: A veces perdemos de vista lo fundamental, y nuestro objetivo, como madres o padres de adolescentes, es educarles.
- Comportamiento en casa: Si tu hijo o hija adolescente está particularmente inaguantable, te recomendamos que observes cómo se comporta en otros ambientes: con sus amistades, con otros adultos, etc.
- Incomprensión generacional: Nos guste o no, la adolescencia es una crisis, en el sentido de ‘cambio’, y todas las generaciones se edifican enfrentándose a los padres y siendo criticadas por estos.
Cómo actuar si tu adolescente es insoportable
Es duro constatar que tu hijo o hija adolescente está inaguantable contigo, pero eso no significa ni que hayas fracasado como madre, ni que debas aceptar la situación sin más. Lo más importante es que mantengas la serenidad, y que evites caer en una decepción excesiva. Cierto, tu adolescente no es perfecto, y quizá no sea la persona que a ti te gustaría, pero ¿por qué habría de serlo? Y ¿quién dicta las normas de la perfección? ¿Cómo empezar a soportar a un adolescente insoportable?
- Baja las expectativas: A menudo, inconscientemente, esperamos que nuestros hijos tengan comportamientos que no se corresponden con su nivel de desarrollo o a su personalidad.
- Confía en tu capacidad educativa: ¿Tu adolescente te contesta mal o se va a su habitación con un portazo cuando le das un consejo? Bueno. Pero recuerda que te ha escuchado, que tu opinión siempre cuenta para él, aunque quiera demostrarte que no.
- Separa comportamiento y persona: En educación es fundamental, para no perder la cabeza, tener siempre claro que lo que no nos gusta son los comportamientos, no las personas.
- Pregúntate por qué te enfada tanto: Párate un segundo a reflexionar qué es exactamente eso que te enfada tanto de tu adolescente y por qué.
- No te exijas tanto: Ni aunque leas todos los libros y todos los blogs sobre maternidad, ni aunque estés perfectamente convencida de cómo tienes que hacer las cosas conseguirás que tu adolescente sea perfecto.
Sentimientos de Rechazo en la Maternidad
La maternidad se percibe muchas veces como un estado idílico, rebosante de felicidad y amor incondicional. Pero la realidad es que, por diversos motivos, un importante porcentaje de madres no logra establecer un vínculo emocional con su bebé. O le supone un gran trabajo conseguirlo.
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Sentir rechazo hacia un hijo puede generar grandes mucha culpa y causar daños emocionales tanto en la madre como en el bebé. Pese a que son varias las mujeres con este sentimiento, las pocas que se atreven a exponerlo reciben juicios en lugar de comprensión y ayuda.
Razones para sentir rechazo hacia un hijo
- Embarazo no planeado: Cuando un embarazo no planificado ocurre, el impacto emocional puede dificultar la adaptación a este nuevo rol, y a su vez, obstaculizar la formación del lazo de apego una vez que el bebé nace.
- Depresión posparto: Esta condición, además de contribuir con un estado anímico triste, generar cambios bruscos de humor y produce ansiedad o problemas para dormir. También dificulta el adecuado establecimiento del vínculo de apego con el bebé.
- Expectativas sobre la maternidad: Para muchas mujeres, ser madre no es un deseo genuino, sino un paso que dan por presión social. Cuando enfrentan la realidad, pueden sentirse desbordadas, arrepentidas e incapaces de afrontar la situación.
- Heridas no resueltas: Hay madres que tienen un autoconcepto negativo y eso se lo transmiten a sus hijos. No son capaces de quererse y, por lo tanto, no pueden querer a los demás.
Cómo actuar al sentir rechazo hacia un hijo
- Acepta lo que sientes: No sirve de nada ignorar lo que sientes o hacer caso omiso a tus preocupaciones.
- Evita enfrentar esto en silencio: No tienes que hacer frente a este desafío a solas o en silencio.
- Busca ayuda profesional: Acudir a un psicólogo o terapeuta puede ser beneficioso para adaptarte a la maternidad y resolver los conflictos que puedas estar experimentando.
La Desconexión con un Hijo
La desconexión con un hijo o una hija es algo que solo sabe lo que es y lo que duele quien lo ha sufrido. Es como la maternidad… ¿Verdad que a menudo nos encontramos con ese comentario de “era la mejor madre del mundo hasta que fui madre”?
Pero la realidad es que sentirse DESCONECTADO de un hijo es tremendamente duro y como todas las circunstancias complicadas que atravesamos, a veces el apoyo que necesitamos cuando nos encontramos ahí va más allá de un simple consuelo.
Cuando nos sentimos desconectados de nuestros hijos, no hay intimidad emocional, no hay un contacto físico que te llene de amor, no hay risas, o no las que debiera, no hay aceptación. Y estos sentimientos de rechazo son muy muy dolorosos. No es solo un tema de culpa… es desaliento, desesperación, incomprensión…Y a menudo nos llega el bloqueo.
Si sientes que estás viviendo una maternidad desconectada, lo primero que necesitamos tener en cuenta es olvidarnos de nuestros hijos. Ellos no son el problema de la desconexión. No es una frase hecha… el FOCO HEMOS DE PONERLO EN NOSOTRAS. Cuando sufrimos esta desconexión de nuestros hijos, SIEMPRE se debe a que hay algo que NO HEMOS ENCAJADO.
Pasos hacia la Reconexión
- Comunicar las intenciones: Es tremendamente agradable que alguien te diga que quiere cambiar la forma en la que te trata, que quiere reducir los conflictos que existen entre vosotros o que necesita conectarse contigo.
- Definir los cambios: Es de vital importancia tener claros los cambios que queremos hacer.
- Compromiso: Tras hacer esta lista, es necesario que podamos adquirir un compromiso. Comentar a nuestro alrededor (pareja, abuelos, los propios hijos) eso que quiero lograr hará que no me relaje ante la primera dificultad.
- Decisión y acción: Ni que decir tiene que todo lo anterior no serviría de nada si no tomamos la firme decisión de cumplir con nuestro compromiso y logramos tomar acción.
Además de todos esos cambios que hemos definido anteriormente, la reconexión con nuestros hijos pasa por HACER cosas distintas. Con nosotras, con nuestra pareja y con nuestros hijos e hijas.
Algunas ayudas para reconectar
- Código SOS: Cuando alguno se encuentre mal, dentro o fuera de casa, puede hacer una señal que hayáis acordado previamente a través de la cual nos indican que necesitan contarnos algo en privado.
- Intimidad: Anécdotas de cuando erais pequeños (de mamá, papá, tíos, abuelos…). Podéis escoger esta actividad como ritual nocturno, o en las sobremesas. Les encanta.
- Tiempo de calidad: En exclusiva, si se puede, o todos juntos, no pasa nada. Pero seleccionar momentos en la semana en los que vas a apagar el móvil y vas a dedicarte a hacer alguna actividad con ellos: un bizcocho, juegos de mesa, o una excursión.
- Jugar: Mi propuesta es que asignes ratos a la semana en los que te permitas jugar.
- Diario compartido: Comparte tu día de alguna manera con ellos, y así, además, conseguiremos que ellos también tengan ganas de compartir lo que le ha ocurrido en tu ausencia.
Cuando el Amor y el Odio se Entrelazan
Cuando hablamos de amor y odio nos movemos en una línea sutil que separa cada emoción. Ambas son ambivalentes, el amor siempre lleva una pizca de odio y éste unos granitos del primero. Cuando amamos a alguien tiene en su mano darnos muchas alegrías, y al mismo tiempo, muchas frustraciones cuando no recibimos lo que deseamos. Este proceso tiene una base científica, ya que el amor y el odio comparten los mismos circuitos cerebrales.
¿Por qué se pasa del amor al odio?
Por lo tanto, la respuesta a la pregunta de si podemos odiar a nuestros hijos es afirmativa, pero tranquilo porque esto no te va a convertir en el protagonista de 'Saturno devorando a sus hijos' el famoso cuadro de Goya, es normal odiarlos pero con un odio sin consecuencias. Lo que es casi una trasgresión es reconocerlo en público.
Sin embargo, los padres convivimos con limitaciones, miedos, conflictos y necesidades insatisfechas. Estas son algunas de ellas:
- La decepción: La madre idealizada, la supermamá ha de producir superhijos.
- La envidia: Los hijos miran hacia el futuro y los padres los miramos a ellos: su fortaleza, su vitalidad, su tremendo potencial.
- La frustración: En este universo idealizado de la maternidad pensamos que con la llegada del bebé nuestro mundo se va llenar de luces multicolor, pero lo que surgen son noches de insomnio y poco tiempo para cuidarse.
¿Qué podemos hacer?
Estos sentimientos pueden ser una oportunidad de cambio, pero han de ser reconocidos. Si el malestar se mantiene negado y reprimido se puede convertir en rechazo hacia los hijos o hacia nosotros mismos. Es fundamental expresar con palabras lo que sentimos, sin dañar o lastimar.
- Describa lo sucedido.
- Indique cómo se siente por ello, poniendo nombre a la emoción.
- Haga una petición expresa.
- Manifieste las consecuencias positivas del cambio y/o las negativas de no hacerlo.
Este es un ejemplo: "Tu habitación está muy desordenada y esto me pone muy nerviosa, quiero que la ordenes pues el orden te va ayudar en tu vida, el desorden produce un desgaste mental y quita mucha energía". No obra milagros este sistema, pero estarán hablando del problema y de su solución: el orden y no de un ataque a la persona: "eres un vago y un desordenado".
Conclusión
Los sentimientos de rechazo o desconexión hacia los hijos son más comunes de lo que se cree. Reconocer estos sentimientos, buscar ayuda y trabajar en la relación puede llevar a una conexión más sana y armoniosa.
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