El Legado Familiar y los Nombres Propios: Una Mirada a las Tradiciones Onomásticas
Antaño fue usual imponer al niño el nombre del santo del día, eguneko izena, tomado del santoral cristiano o también el nombre del padrino o la madrina.
En algunas familias se ha perpetuado la memoria de los antepasados, reproduciendo sus nombres en los nuevos vástagos.
Se han conservado nombres enraizados en tradiciones populares, bien por la proximidad de un santuario, los santos patronos de la localidad o devociones particulares.
Algunos de ellos han sido adaptados al sistema fonético vasco: Cecilia se convierte en Zizili; los nombres que comienzan por “R” adoptan una “E” inicial: Ramón da Erramon.
También hay apócopes y adaptaciones de nombres: Peru (Pedro), Mañe (Marina). Durante el segundo decenio del siglo XX se registran nombres del nomenclátor de Sabino Arana: Mikel, Andone...
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En los nombres femeninos destaca la abundancia de María y de su correspondiente en euskera Miren. Datos similares se han constatado en Busturia (B) y en Elosua (G).
En Agurain (A) de hombre han sido comunes: Juan, José, Jesús, Andrés, Pedro y Pablo y los nombres compuestos de Ignacio y María. De mujer destaca María seguido de Carmen, Begoña, Aranzazu, Estibaliz, Puy, Concepción y Pilar.
Se ha sido reacio a repetir el nombre del padre o la madre para evitar los diminutivos que se arrastran de por vida.
Las familias acomodadas han sido más propensas a perpetuar los nombres.
En tiempos pasados hubo tendencia a poner los nombres de los patronos de la villa, Cruz y Magdalena.
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En Aria (N) para hombres se han recogido: Francisco, Isidoro, Enrique, Iñaki, José y Agustín.
Antiguamente existió la costumbre de acortar los nombres, manteniendo la parte final, así Cente a quien se llamaba Inocente y Ceto a Aniceto.
En el Valle de Carranza (B) se ha constatado una escasa variedad en los nombres, quizá debido a que no se ha acostumbrado recurrir al santoral cristiano para imponerlos.
Como además es una sociedad endogámica donde tampoco hay muchos apellidos diferentes, la diversificación se obtiene a partir de estas limitaciones.
Se ha denominado a las personas atendiendo a la parte final del nombre, creando diminutivos, aumentativos y nuevas derivaciones.
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A mediados del siglo XX en las niñas se generalizan los nombres compuestos de María tales como M.ª Pilar (Pili), M.ª Dolores (Loli) y M.ª del Carmen (Mari Carmen); entre los niños: Jesús y Jesús M.ª, Ignacio (Iñaki), José Miguel y Francisco Javier (Javier, Paco).
Estuvo de moda añadir nombres de familiares, hermanos difuntos, tíos, padrinos, etc.
En San Martín de Unx (N) hoy día, en ambos sexos, se acostumbra poner un nombre corto. Están de moda los nombres euskéricos (Mikel, Unai...) o los topónimos (Javier, Leire...).
En Zuberoa son nombres de varón usuales: Jean y Pierre con sus variantes, y Beñat. En algunas familias se transmiten los nombres masculinos de una generación a otra en el mismo orden.
Algunos nombres tienen adaptaciones populares con la finalidad de embellecerlos, así a una mujer llamada Telesfora le pueden llamar Flora; a Leona, Leo y Porfi (Porfiria), Sofi.
En Mezkiritz (N), a la hora del bautismo, antaño se seguía un orden determinado: al niño se le ponía el nombre del abuelo paterno y a la niña el de la abuela materna.
También se creía que de no ponerle el nombre del santo la criatura moriría (Sangüesa-N).
Se recurría igualmente al nombre de algún familiar fallecido recientemente o a los nombres de los abuelos que, en ocasiones, actuaban de padrinos.
La abuela materna elegía el nombre del primer hijo varón del matrimonio de la casa.
Así en Zeanuri (B) se ha consignado el cambio de nombres a lo largo de períodos de tiempo extensos. Así en el año 1700 los nombres de varón fueron: Francisco, Pedro... Los de mujer: María y sus compuestos, M.ª Antonia, M.ª Bentura... En 1800 son similares, si bien hay gran abundancia de nombres compuestos. En 1900 se vuelve a los nombres simples que presentan una gran diversidad.
En Zerain (G) en una relación de nombres de la localidad de 1542 el nombre de varón más común era Joan, seguido de Pedro y Domingo.
En las primeras décadas del siglo XX los nombres de pila usuales eran José, Juan, Antonio y Francisco entre los varores y María, Juana, Josefa, Jesusa, Teresa, Dolores y Julia entre las mujeres.
En Allo (N) se ponía el nombre del santo del día recurriendo al Calendario Zaragozano.
En Mirafuentes (N) en tiempos pasados los nombres más comunes eran Gregorio, por la cercanía del santuario de Sorlada, y María. También fueron clásicos Pedro, Miguel y Juan entre los hombres, y Catalina, Isabel o Josefa entre las mujeres.
En Obanos (N) en la primera mitad del siglo XX han sido nombres representativos: Trinidad, Pilar, María, Eugenio, Fulgencio, Carmen e Higinio.
Se mantienen algunos nombres familiares. En Sangüesa (N) a mediados del siglo XIX un porcentaje elevado de nombres corresponde al santo del día, se pone muy poco el nombre de María y no aparece el de Jesús. En el año 1900 predomina el nombre de María y sus fiestas principales, y algunos nombres se corresponden con el santo del día. Figura el de Francisco por la devoción a san Francisco Javier y a san Francisco de Asís. Aparece por primera vez el nombre de Jesús. A mediados del siglo XX llama la atención la cantidad de nombres compuestos, a veces hasta tres. Estuvo de moda añadir nombres de familiares, hermanos difuntos, tíos, padrinos, etc. Fue frecuente el nombre Javier, sólo o combinado, y María en compuesto.
En Sara (L), en los años cuarenta del siglo XX, los nombres de pila más usuales eran: Ganes, Piarres, Pello, Piarrezume, Joset, Kose, Mizel, Mixel, Xemartin, Mattin, y entre los de mujer: Mayi, Kattalin, Katrin, Jeane, Mai-Luis, Mariana, Mari-Jeanne... Éstos no diferían mucho de los de épocas anteriores aunque habían aparecido nuevos, eran más frecuentes los nombres de varón como Francisco, Domingo y José y existían muchos compuestos, cosa rara en épocas anteriores.
Dicen que había que obrar así “ya que de otra manera el santo se podía enfadar” (Bermeo-B) o “lloraría” (Busturia-B).
En una relación de nombres de la localidad de 1542 el nombre de varón más común era Joan, seguido de Pedro y Domingo.
Fue frecuente el nombre Javier, sólo o combinado, y María en compuesto.
Es actor, tiene 30 años y es de nacionalidad mexicana.
Es su primera vez en un plató de televisión.
Tiene 11 años.
Empiezan a sonar los acordes iniciales de La chica del bikini azul y se pone a cantar la canción que popularizó Luis Miguel como ídolo juvenil.
Desafina, pero no titubea.
En el público, su madre le anima, pero a él le hacen falta pocos vítores: el escenario es suyo.
Ni en sus mejores sueños preadolescentes podría haber imaginado entonces que 15 años después, la noche en que conocería a Luis Miguel, verían juntos el vídeo de aquella actuación.
Recientemente, Diego Boneta ha explicado los grandes sacrificios que ha tenido que hacer para transformarse en Luis Miguel.
No ha sido un camino fácil la caracterización.
Por un lado, tuvo que perder 10 kilos, someterse y varias sesiones de bronceado.
Boneta y Luis Miguel también comparten raíces españolas.
Pepa, la abuela materna del actor, nació en Murcia, y tras casarse con Otto, un portorriqueño que estudiaba Medicina en España, se mudó con él a Estados Unidos, donde nacieron sus tres hijos.
Décadas después, Lauro y Astrid siguieron su ejemplo cuando abandonaron México D. F. rumbo a Los Ángeles velando por el futuro de Boneta y sus dos hermanos.
En los últimos años, una y otra vez se decía que Silvia Pinal estaba a punto de fallecer, y una y otra vez, ella salía del hospital con la sonrisa intacta y demostrando que aún era la mujer fuerte y aguerrida que conquistó al mundo con su talento.
Silvia Pinal, como ya hemos mencionado, era la bisabuela de Michelle Salas, la hija de El Sol: "Hasta siempre, Silvia. Tu legado será eterno por tu inconmensurable talento, que deja una huella indeleble en el mundo de la cultura. Te recordaremos siempre" ha escrito la empresaria y diseñadora en sus redes sociales.
Desde el momento en que murió mi abuelo, mi familia se convirtió en un matriarcado, y hasta la fecha sigue siéndolo.
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