Alcohol y Tabaco: Efectos en el Embarazo

17.11.2025

Desde los tiempos más remotos, las distintas sociedades han consumido drogas de abuso que producen efectos intensos en el estado de ánimo, pensamiento y emotividad. Además, siempre han existido algunos individuos que se han apartado de lo acostumbrado en cuanto al modo, la cantidad y la situación en que este tipo de sustancias eran consumidas, por lo que podría considerarse que el uso abusivo de drogas y fármacos es tan antiguo como la civilización misma.

Una parte nada despreciable de la población consume sustancias con potencial adictógeno. Muchas personas son capaces de consumirlas con moderación o de forma esporádica, pero otras se convierten en consumidores compulsivos con enorme dificultad para abandonar el hábito. A este último grupo se les denomina drogadictos, término que incluye la desaprobación social.

La drogadicción representa uno de los grandes problemas de la humanidad, hasta el punto de ser considerada por algunos autores como una epidemia. Esta circunstancia hace que cada vez sea más frecuente encontrarnos con gestantes adictas a drogas. Aproximadamente la mitad de las mujeres que consumen drogas se encuentran en la edad de procrear (15-44 años).

Fisiopatología de la Drogadicción en el Embarazo

Efectos sobre la madre

Pese a que el embarazo cursa con un cambio metabólico que afecta a los procesos de absorción, distribución, metabolización y excreción de fármacos, los efectos que éstos ejercen sobre la madre no difieren mucho de los que se manifiestan en mujeres que no están embarazadas.

La consecuencia más importante que el abuso de drogas y fármacos acarrea en el embarazo es un deterioro general de la salud de la madre, por la nutrición inadecuada y la asistencia prenatal deficiente, la incidencia de enfermedades infecciosas severas y las graves tensiones psicosociales. Además, muchas madres adictas a drogas recurren a la prostitución para costearse su hábito, aumentando la incidencia de enfermedades de transmisión sexual.

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Las complicaciones más frecuentes durante el embarazo de una mujer adicta a las drogas son hepatitis, endocarditis y enfermedades venéreas. Entre las complicaciones no infecciosas nos encontramos la anemia como la más frecuente. Asimismo, la adicción a drogas suele condicionar un estilo de vida poco compatible con el cuidado de la salud personal. Además, uno de los efectos más importantes del consumo de drogas durante el embarazo, especialmente las que tienen gran posibilidad de crear toxicomanía, es que tanto la madre como el feto presentan dependencia.

Efectos sobre el feto

A menudo el feto, con tejidos en rápido crecimiento, mostrará alteraciones celulares tras la exposición al fármaco o droga. El principio fundamental consiste en que la administración afectará al tejido con un máximo índice de crecimiento y menor diferenciación en el momento de la exposición.

Además, existen ciertos factores fetales que pueden incrementar la acumulación de agentes tóxicos. Las enzimas hepáticas como la glucuronil-transferasa (que solubiliza muchas sustancias químicas, permitiendo su excreción renal) son de maduración tardía, por lo que sustancias fácilmente excretables por un organismo maduro son retenidas por el feto, que es a su vez más vulnerable.

Conviene diferenciar tres períodos básicos en el desarrollo del feto: fertilización, embrionario y fetal. Se caracterizan por la aparición de secuelas después de la exposición a un agente químico:

  1. La interferencia de los fármacos con los procesos de fertilización e implantación (desde el momento de la concepción hasta alrededor el día 17 de gestación) traerá como consecuencia la interrupción de la división celular y la correspondiente muerte fetal.
  2. El período embrionario (desde el día 18 al día 55 de gestación) se caracteriza por procesos de organogénesis y organización tisular. Durante este proceso tienen lugar la mayoría de los efectos teratogénicos. Estos efectos determinan la aparición de malformaciones morfológicas funcionales unidas a un grado importante de pérdida fetal.
  3. Durante el período fetal (desde el día 56 hasta el parto) se pueden presentar algunos efectos teratogénicos, pero lo más significativo suele consistir en un retraso del crecimiento intrauterino con aparición de alteraciones morfológicas y fisiológicas menores que pueden manifestarse en una fase tardía y en consecuencia serán difíciles de confirmar.

Las malformaciones más graves tienen lugar durante las primeras seis semanas de gestación, ya que éste es el período de organogénesis. Esta observación es sumamente importante dado que, a menudo, un embarazo temprano pasa inadvertido tanto para la madre como para el médico, lo que puede determinar una exposición a fármacos teratogénicos en la fase más crítica de la gestación.

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Alcohol y embarazo

Pese al auge y trascendencia actual de las consideradas drogas «ilegales», debemos considerar al abuso de alcohol y sus consecuencias como uno de los problemas de salud más importantes que aquejan a nuestro país.

El alcohol es la droga de mayor consumo en los países industrializados. España ocupa el primer lugar dentro de la Unión Europea en oferta y accesibilidad al consumo de bebidas alcohólicas, con un bar por cada 169 habitantes. Somos, además, el tercer país del mundo en cuanto a consumo per cápita después de Francia y Luxemburgo.

En realidad, el poder adictivo del alcohol resultaría más bajo de lo que se ha dicho si tenemos en cuenta que un gran porcentaje de la población consume bebidas alcohólicas diariamente. Así, otras sustancias como la nicotina son mucho más adictivas, porque entre los consumidores diarios la inmensa mayoría presentan dependencia y enormes dificultades en prescindir del cigarrillo un solo día, cosa que no ocurre con los que toman diariamente algo de vino con las comidas o alguna cerveza.

El alcohol es un tóxico hepático directo, aunque no afecta del mismo modo a todos los alcohólicos, sólo un 20%-30% de los adictos presentan cirrosis. Los cambios histológicos producidos en el hígado van desde el hígado graso (irreversible) a la hepatitis alcohólica (que suele revertir si se deja el alcohol) o a la cirrosis; aunque no es frecuente, la cirrosis puede evolucionar a carcinoma hepatocelular.

También afecta a otras partes del tracto gastrointestinal: pancreatitis, pero, sobre todo, produce alteraciones en la barrera mucosa gástrica y aumento de las secreciones que frecuentemente derivan en gastritis y duodenitis, y es considerado un factor de riesgo para padecer cáncer de esófago.

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Las alteraciones gástricas y hepáticas dificultan la absorción y almacenamiento de nutrientes y vitaminas como D-xilosa, ácido fólico, riboflavina, nicotinamida, ácido pantoténico, vitamina A y, sobre todo, tiamina. El déficit de tiamina es causa de neuropatía periférica y encefalopatía de Wernicke.

El consumo de alcohol es uno de los factores relacionados con el aumento del ácido úrico y consecuentemente con el desarrollo de ataques de gota.

El alcohol y sus metabolitos ejercen sobre el sistema nervioso central un efecto neurotóxico directo, pudiendo dar lugar a cuadros como la encefalopatía minor, caracterizada por jovialidad exagerada, falta de autocrítica, humor vacío, confusión mental moderada, fatiga intelectual, trastornos de la memoria, labilidad emocional, agresividad y empobrecimiento afectivo.

El sistema nervioso periférico también sufre la acción directa e indirecta (por deficiencia de vitaminas) del alcohol en un 20%-30% de los adictos. La causa más frecuente es el efecto tóxico directo sobre la permeabilidad de las membranas, alterando los sistemas de transducción de señales.

El alcohol puede generar sobre el corazón arritmias, insuficiencia cardíaca congestiva, fallo cardíaco e incluso coronariopatías. Es significativa la asociación entre hipertensión e ingestión elevada de alcohol.

Por lo que se refiere al sistema inmune, el alcohol afecta a la capacidad fagocítica de los macrófagos y polinucleares y es un tóxico directo sobre la médula ósea, produciendo anemia, aunque también puede ser producida por efecto hemolítico, como consecuencia de tres mecanismos: daño directo del etanol, déficit de ácido fólico y daño hepático acusado.

Efectos del consumo de alcohol durante el embarazo

Se estima que el 60% de las embarazadas son abstemias, un 1% consume más de 40 g de alcohol absoluto al día, un 2% consume diariamente esta dosis, un 17% bebe moderadamente (entre 20 y 40 g al día) y un 20% consume ocasionalmente dosis pequeñas (menos de 20 g). No debemos olvidar el contenido alcohólico de algunos medicamentos antitusígenos, que puede llegar a ser del 25% de su volumen, y que son habitualmente automedicados por las gestantes.

La primera preocupación sobre el consumo de alcohol durante el embarazo es el potencial efecto adverso que pueda producir en el desarrollo fetal. Se debe tener en cuenta que el consumo de alcohol durante el embarazo es la causa no genética más frecuente de retraso mental. Se considera que el alcohol es causante del 5% de los abortos espontáneos, pudiendo llegar al 45% en aquellas mujeres que beben 45 o más ml/día de alcohol absoluto.

No existe un nivel de consumo seguro ni una época concreta durante la gestación que elimine todo riesgo, por lo cual es aconsejable suprimir el consumo de alcohol totalmente y en cualquier momento, pues siempre cabe esperar un beneficio. Se ha documentado que una disminución en el consumo de alcohol, incluso en las semanas 24 a 26 de gestación, se asocia a una mejoría de los resultados perinatales.

La información de la farmacocinética materno-placentario-fetal de las sustancias tóxicas en humanos es limitada por consideraciones éticas y técnicas. Variables de confusión como el consumo asociado de varias sustancias tóxicas, la falta de fiabilidad y precisión de la información facilitada por las pacientes y las limitaciones en la realización de estudios experimentales prospectivos en humanos limitan la información disponible. Es razonable suponer que sustancias que atraviesan con facilidad la barrera hematoencefálica (como el alcohol, los opiáceos, la cocaína, los sedantes y los hipnóticos) atraviesen la barrera placentaria, ejerciendo su efecto sobre el feto. El bajo peso molecular y la liposolubilidad de estas sustancias facilitan el paso trasplacentario.

El alcohol ingerido y absorbido a nivel de la mucosa gastroduodenal alcanza la circulación materna rápidamente (un minuto) y, puesto que el paso a través de la placenta es por difusión simple, llega a la circulación fetal casi al mismo tiempo y alcanza los mismos niveles que en la materna. La absorción es rápida y completa, alcanzando un pico máximo a los 20 ó 30 minutos.

La eliminación fetal de sustancias tóxicas se realiza mediante biotransformación hepática y excreción renal, aunque se debe tener en cuenta la inmadurez de estas funciones en el feto.

El alcohol se fija al líquido amniótico y a los tejidos fetales, siendo metabolizado por la ADH fetal de baja actividad, manteniéndose una potencial toxicidad por diversos mecanismos que explican las diferentes consecuencias patológicas observables en el feto, el recién nacido y el niño.

Los efectos embriotóxicos o teratógenos del alcohol en el feto se pueden traducir en muerte, cambios dismórficos.

Durante el embarazo deben evitarse las bebidas alcohólicas. El consumo habitual es capaz de producir efectos adversos en el recién nacido, como retrasos de crecimiento o incluso el síndrome alcohólico-fetal, caracterizado por retraso de crecimiento, anomalías en el desarrollo craneo-facial y alteraciones del sistema nervioso central. Estos efectos dependerán de cada caso individual y es importante recordar que el alcohol tiene efectos diferentes en cada individuo y la tolerancia en el sexo femenino es aproximadamente la mitad que en el masculino.

El alcohol también puede alterar la menstruación y disminuir la fertilidad. Está catalogado como riesgo alto para la lactancia materna, es aconsejable evitarlo por completo o realizar un consumo muy ocasional y esperar a metabolizarlo hasta la siguiente toma (hasta entonces se le puede dar al bebé leche previamente extraída y conservada y durante la espera puede extraerse leche para evitar molestias, pero esa hay que tirarla). El tiempo de espera depende del peso materno y de la cantidad de alcohol ingerida; una mujer de 60 kilos debe esperar hasta la siguiente toma 2 horas y media por un vaso de vino o un tercio de cerveza (la cerveza sin alcohol y la 0,0 pueden tomarse durante la lactancia). Si no se toman estas precauciones pueden aparecer en el lactante sedación, irritabilidad, retraso psicomotor y convulsiones.

Según los estudios consultados, del 16 al 56% de las embarazadas ha consumido alcohol de manera puntual o habitual durante el embarazo. No existe ningún nivel de consumo seguro, no existen estudios que avalen que una pequeña ingesta esporádica esté exenta de riesgo. Beber alcohol en el embarazo es la primera causa no genética de retraso mental, puede provocar malformaciones faciales, cardíacas, renales, digestivas, morfológicas en las extremidades, alteraciones psicomotoras y conductuales, retraso del crecimiento y el desarrollo, hiperactividad, dificultad en el aprendizaje y la coordinación.

Las consecuencias de la adicción a drogas durante el embarazo incluyen un aumento en el riesgo de abortos, malformaciones fetales, retardo del crecimiento, daño hepático, hemorragia anteparto, prematuridad, pérdida del bienestar fetal durante el parto y daño cerebral. Además, el recién nacido puede padecer los síntomas de la abstinencia. Beber alcohol de forma abusiva durante el embarazo es la causa responsable del denominado "síndrome alcohólico fetal". Los niños afectos de este síndrome presentan retraso mental y un aspecto característico: baja talla, labio superior fino, nariz aplastada, ojos pequeños y borramiento del surco que va del labio a la nariz. Este síndrome solo suele presentarse cuando las madres son consumidoras habituales de grandes cantidades de alcohol durante el embarazo. Sin embargo, no hay ningún nivel de alcoholemia que se haya podido establecer como completamente seguro durante el embarazo. La embarazada que consume alcohol y otras drogas puede provocar crecimiento intrauterino retardado en su bebé.

Tabaco y embarazo

Parece que el tabaco aumenta los riesgos de rotura prematura de membranas, parto pretérmino, hemorragias anteparto, retraso de crecimiento intrauterino y, en resumen, aumenta la morbi-mortalidad perinatal. Por otra parte, se han descrito efectos en el peso del recién nacido cuando la madre es fumadora pasiva. No existe relación con malformaciones congénitas, excepto quizá un ligero aumento de hendiduras del labio o paladar. Datos recientes revelan un discreto aumento del riesgo de cardiopatía congénita.

El tabaco puede producir trastornos de la menstruación, tensión premenstrual y menstruación dolorosa; si se combina con anticonceptivos hormonales aumenta el riesgo cardiovascular. Compromete la fertilidad, las fumadoras multiplican por tres la probabilidad de tardar más de un año en lograr un embarazo.

Durante la crianza, aumenta el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante. El 76,9% de las madres no fumadoras amamanta a su hijo; solo el 57,1% de las fumadoras opta por la leche materna. En la leche de mujeres fumadoras hay mayores niveles de tóxicos y menores niveles de proteínas, vitaminas A, C y E y otros antioxidantes. Fumar puede producir disminución de la producción de leche. Hay mayor riesgo de obesidad y menor talla en lactantes amamantados por madres fumadoras. Las fumadoras abandonan antes la lactancia, pero todos los riesgos descritos son mayores si se opta por la leche artificial, por lo que pese a ser fumadora sigue siendo más beneficiosa la lactancia materna que la artificial.

El 30,31% de las embarazadas fuman, y únicamente abandona el tabaquismo durante la gestación el 25% de las fumadoras y sólo un 3% lo hace durante la búsqueda del embarazo. La combustión de un cigarrillo produce más de 4.000 sustancias, muchas de ellas tóxicas y más de 40 cancerígenas. La nicotina estrecha los vasos sanguíneos de la placenta y el monóxido de carbono disminuye el aporte de oxígeno al feto. El tabaco afecta negativamente a la gestación produciendo mayor número de embarazos ectópicos, abortos y partos prematuros, alteraciones placentarias (desprendimiento prematuro y placenta previa), preeclampsia, retraso del crecimiento fetal y anomalías congénitas vasculares, digestivas e inmunitarias fetales.

El tabaco y el alcohol afectan directamente a la salud bucodental, ambos disminuyen la respuesta inmunitaria de quien los consume, haciendo a estas personas más propensas a las infecciones. El tabaco altera la capacidad de cicatrización de las heridas de la boca y los microorganismos de la flora habitual de la boca. Esto puede producir desde mal aliento hasta patologías como las caries, gingivitis u otras enfermedades periodontales y la pérdida de algún diente. Se ha confirmado la relación entre el tabaquismo y el aumento del riesgo de desarrollo de cáncer oral.

Es importante que acudas a todas las revisiones que te aconseje tu dentista y te realices las higienes profesionales necesarias, totalmente compatibles con el embarazo. El consumo crónico de alcohol también se relaciona con la pérdida de dientes, con la erosión dental y con la gingivitis. Dado que el embarazo ya de por sí es una etapa delicada para las encías, aquí deberás centrar tus cuidados escogiendo una línea de productos específica: cepilla los dientes al menos dos veces al día o después de cada comida con el cepillo de dientes y la pasta dentífrica VITIS encías. Previene todas estas alteraciones optimizando tu higiene bucodental con el uso de una seda o cinta dental y el colutorio VITIS encías, al menos 2 veces al día.

Hasta un 10-20% de las embarazadas fuman, aunque frecuentemente tratan de reducir el consumo respecto al habitual antes de estar embarazadas.

Fumar durante el embarazo dificulta la correcta oxigenación del feto, y esto puede originar retrasos en el crecimiento y muertes intrauterinas.

Algunas mujeres embarazadas piensan que este tipo de acciones no implica ninguna consecuencia negativa para el feto, pero nada más lejos. Como ya es sabido, el hábito del tabaquismo es dañino para la salud.

En definitiva, toda mujer en edad fértil y con expectativas de quedar embarazada, debe saber la necesidad de evitar el consumo de alcohol y tabaco, al menos durante todo el periodo gestacional, y así evitar complicaciones en el feto.

Tasas de consumo de alcohol durante el embarazo:

Nivel de Consumo Porcentaje de Embarazadas
Abstemias 60%
Consumo > 40 g alcohol/día 1%
Consumo Diario 2%
Consumo Moderado (20-40 g/día) 17%
Consumo Ocasional (< 20 g/día) 20%

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