Álvaro Urquijo y el Legado de Enrique Urquijo: Una Historia de Música, Familia y Superación
Hay tres palabras que siempre salen de la boca de quienes recuerdan a Enrique Urquijo: sensible, frágil y vulnerable. Una persona que no era de este mundo, como decía siempre su hermano Álvaro Urquijo, capaz de sentir las cosas con una intensidad inabarcable. Cada palabra de dolor que escribía en sus canciones traspasaba su cuerpo. Se quedaba "en pelotas" sobre el escenario y desnudaba sus emociones que a quema ropa.
A través de su relato, se perfilan los rasgos de una persona sentidísima, hipersensible y rota. Las líneas de un Enrique al que el mundo de la música perdió un 17 de noviembre de 1999. Su cuerpo apareció sin vida con una sobredosis, en un portal de la calle Espíritu Santo del barrio madrileño de Malasaña. Tenía 39 años.
La sinceridad y honestidad de aquellos temas que hablaban de amor, pérdida y soledad habían atravesado a toda una sociedad. El día de su muerte, hacía dos días que Enrique había salido de un centro de desintoxicación. No era la primera vez. El músico llevaba años tratando de lidiar con su adicción a las drogas, siempre había mostrado su disposición a salir de aquel oscuro bucle. Especialmente tras el nacimiento de su hija María en 1994. Pero aquella vez, hubo algo que truncó su suerte.
Su alta voluntaria se registró un 15 de noviembre. Algo que pidió el propio Enrique. Como estuvo menos del tiempo por el que pagó, le reembolsaron un dinero. Ese fue el principio del fin. "Se vio en la calle, con dinero en mano, con documentación, cosa que no tenía desde hacía un año", cuenta su hermano Álvaro. Con ese remanente fue a visitar a su camello en un piso del barrio de Malasaña.
"Yo estaba tocando fuera de Madrid y no me lo podía quitar de la cabeza. Cuando terminamos el concierto, tras la última canción me llamó mi mujer. Solo dijo 'Álvaro, ha pasado' y un largo silencio. Me quedé destrozado", recuerda su hermano. Enrique Urquijo había muerto. La noticia corrió muy rápido entre la prensa y en unas horas su familia había sido informada de lo sucedido.
Lea también: La historia de Álvaro de Luna
Sobre ello reflexionan personas como Ana González, mucho más su responsable de prensa. El hombro sobre el que se apoyó mucho tiempo Enrique, su amiga y confidente en los momentos más duros. “A Enrique le dolía la vida, hablábamos de ese dolor y de porqué él era así, porque le pasaban las cosas que le pasaban. Él siempre quiso dejar todo lo negativo que le pasaba”, cuenta.
“Enrique solo tenía 17 o 18 años cuando empezó con Los Secretos, le llegó el éxito y las drogas muy pronto”, cuenta Ana. "Cuando no se enganchaba a las drogas, se enganchaba a las personas", continúa su amiga. Es lo que opina también Miguel Ángel Bargueño, autor de Adiós tristeza (Libros Cúpula). “Era un tipo brutalmente honesto. En sus canciones estaba su vida. Tenía una sensibilidad fuera de lo común. Era frágil y vulnerable. A él le afectaban mucho estas experiencias negativas y encontró esa vía de escape”, explica Bargueño.
Era el año 1994, “el año con más altibajos para Enrique”, como dice uno de sus amigos de infancia en el documental Enrique Urquijo. Volver a ser un niño. Hacía dos años que había comenzado su proyecto en solitario, con Los Problemas, donde dio rienda suelta a sus composiciones más personales, con rancheras, versiones y temas propios. “Al principio le pareció raro mi consejo, pero me hizo caso y se puso en contacto con Salvador, su médico y psicólogo personal”. Un hombre que conoció la parte más íntima y oscura de Enrique. También fue el año en que nació su hija María. Alguien por quien Enrique estaba dispuesto a todo. Llegó a estar limpio algo más de 12 meses, tras su nacimiento. Y a ella le dedica dos de los temas más bellos de su cancionero: 'Agarráte a mí María' y 'Pero a tu lado'.
No hay que olvidar que Urquijo era un hombre de su tiempo, de los años ochenta, cuando las drogas duras entraron masivamente en España. Una moda a la que Enrique se unió demasiado pronto, marcado por la muerte de su amigo Canito. Aquel suceso desataría el primer gran evento de La movida, la puesta en largo de las bandas de aquel momento que se reunieron por primera vez para rendir homenaje al músico fallecido. Era el 9 de febrero de 1980 y allí fue donde actuaron por primera vez Los Secretos, la banda que Enrique y sus hermanos formaron sin Canito. No faltó nadie.
Más de veinte años después de su muerte, la dimensión artística de Enrique Urquijo sigue vive. Reivindicada por los músicos actuales y por sus hermanos, que continúan recordandole sobre los escenarios. Enrique no solo fundó uno de los grandes grupos de los ochenta (Los Secretos), también se coló en los corazones de todos aquellos que alguna vez escucharon su música, con esa capacidad única que él tenía de estremecer, desgarrar y calar hondo.
Lea también: Conoce a Álvaro Pombo
Álvaro Urquijo ha escrito un libro honesto y valiente. No ha esquivado ningún charco: habla sin tapujos de las malas relaciones con alguno de los músicos ocasionales que tocó en la banda, de la falta de escrúpulos del productor que se aprovechó de su inocencia o de cómo las drogas les llevaron, a sus hermanos y a él, de viaje al centro del abismo. «Yo lo que quería era tener en algún tipo de formato los recuerdos para que no se fueran olvidando», me cuenta Álvaro cuando le pregunto por la génesis de estas páginas. Dice que la cuestión era hacer una especie de «recuento de todas las memorias», para luego ya decidir qué hacer con eso: quizá un musical (como le llegan a proponer), quizá un biopic…
Precisamente, el fallecimiento de Enrique en «el último noviembre de los años noventa», como canta Quique González (que compuso para él la famosa Aunque tú no lo sepas), es uno de los puntos que Álvaro aborda en el libro: «La cantidad de droga que consumió aquella noche en absoluto era alarmante. Ni mucho menos fue una sobredosis intencionada». De hecho, la forense que analizó el cuerpo de su hermano fue clara al respecto: Enrique no había tomado heroína esa noche. Fumó coca base y tomó varios Tranxiliums provocándose, por tanto, una sobredosis involuntaria de calmantes, que tomaba para combatir el subidón ocasionado por la coca.
En el libro cuenta la anécdota de cuando fueron invitados al programa estrella del momento, el Un, Dos, Tres e, instantes antes de salir, Chicho Ibáñez Serrador preguntó que por qué no estaban listos Los Secretos con su vestuario. Tampoco su inocencia les ayudó en aquellos primeros años. Álvaro vuelve a ser muy claro en este punto: «Estaba a la orden del día que todo el mundo se metía en el baño a meterse rayas, y a nosotros nos pilló muy tiernitos, muy recién salidos del horno de un colegio y de nuestro ambiente familiar… Y yo me enfadé mucho, porque nos dimos cuenta de que era una mierda, y Enrique el primero, incluso antes que yo. Todos pensamos ‘pero esto cómo no se avisa’: yo estaba indignado, tenía una dependencia que me hacía sentir ridículo, avergonzado…».
Al regresar al camerino, tiene varias llamadas de su mujer: «Ha pasado», le dice. Ya he comprobado, sigo diciéndole, que crees mucho en la Ciencia, pero… ¿Pudo haber algo, en aquel momento en el que Enrique perdía la vida, de esa telepatía que algunos hermanos dicen tener? «El mundo de la energía cerebral, las ondas cerebrales está muy poco estudiado… Yo ahí me quedé un poco sorprendido… No soy espiritista ni ultradevoto, pero sí es verdad que tenía un mal presentimiento y no sé por qué me vino esa angustia.
Sobre todo, fue una despedida que no acaba, porque en cada canción que la formación actual de Los Secretos (compuesta por Álvaro Urquijo, Ramón Arroyo, Jesús Redondo, Juanjo Ramos, Santiago Fernández y Txetxu Altube) sube a un escenario se hace presente Enrique, y su recuerdo sigue más vivo que nunca: durante el confinamiento, Pero a tu lado se convirtió en un verdadero himno de fortaleza y superación.
Lea también: Vida y Obra de Álvaro de Luna
La historia de Los Secretos, uno de los grupos más míticos y longevos de la música española, va intrínsecamente ligada a la trágica desaparición de Enrique Urquijo, líder de la banda hasta su muerte en noviembre de 1999, momento en el que su hermano menor, Álvaro, cogería las riendas del grupo. Es de dominio público que Enrique tuvo muchos problemas con las drogas, igual que lo es que tuvo un talento descomunal para escribir algunas de las mejores canciones que se han hecho nunca en castellano.
Fue en 1982 cuando, después de llevar unos meses enganchado, Álvaro le vio las orejas al lobo y supo que era el momento de intentar parar. Ese año, después de cerrar la exitosa gira de su primer disco con tres noches de lleno absoluto en el mítico Rock-Ola de Madrid, el pequeño de los Urquijo se vio con 250.000 pesetas de las de entonces en el bolsillo y fue entonces cuando puso en marcha su plan para dejar la heroína:No había tenido tanta pasta en mi vida. Compré una buena cantidad de heroína y la dividí en papelinas con monodosis, cada una con un poco menos que la anterior. Era mi plan para rebajar el consumo y dejar de consumir. En la biblioteca de casa había una enciclopedia que nadie tocaba, metí cada papelina en un libro y planifiqué el consumo.
Álvaro Urquijo ha querido con este libro aclarar algunos capítulos de la vida de Los Secretos, entre ellos el de la muerte de su hermano Enrique. Y no fue como la mayoría pensábamos que fue, o como nos vendieron que fue en los días que sucedieron a aquel nefasto 17 de noviembre de 1999, en el que Enrique Urquijo amaneció sin vida en un portal de Malasaña. No, no fue la heroína la que acabó con su vida. Al parecer según cuenta Álvaro, su hermano había fumado coca base que, combinada con los barbitúricos (legales) con los que se trataba la depresión, fue letal.
Dicho esto, Álvaro Urquijo ha escrito una biografía escrita a calzón quitado, en la que el músico cuenta la historia de su vida y de su banda. Y sí, las drogas están presentes. Igual que lo está el amor incondicional hacia su hermano, la pasión sin límites por la música, el respeto hacia sus padres a los que les debe todo o el agradecimiento a su pareja por haber sido su cable a tierra. Un libro interesantísimo y emocionante para dejar constancia de la historia de un grupo único con una asombrosa capacidad para sobrevivir a las circunstancias más adversas. Larga vida a Los Secretos.
Familia. Su historia, la historia de los hermanos Urquijo, nace en los años sesenta en el revuelto salón de una familia madrileña de clase media donde siempre sonó la mejor música. "¿Por qué siempre nos han asociado a la clase alta? Éramos una familia de lo más normal", explica ahora su hermano Álvaro. Javier (1958), Enrique (1960) y Álvaro Urquijo (1962) tenían una segunda familia, Fem, su colegio de barrio, en el que también estudiaría poco después la pequeña de la familia, Lidia (diez años menor que Álvaro), y al que asiste hoy la hija de Enrique, María, de cinco años. "Profesores y ex alumnos hemos mantenido siempre contacto, el 80% de nuestros amigos salieron de allí", recuerda Álvaro.
Álvaro, aún con la voz herida durante su primer contacto en estos días con un medio, intenta dar una explicación a la respuesta que siempre encontraron: "Nunca hemos sido personajes públicos pero sí nos hemos sentido muy queridos. Nuestro grupo nunca buscó temas comerciales aunque hayamos mantenido relaciones cordiales con las discográficas. No nos importa el dinero ni la música de moda. Lo nuestro ha sido como un tubo de desagüe hacia el público, que nos lo devuelve en forma de cariño. Nos ha ayudado mucho la sensibilidad de la gente porque al final las canciones se hacen para quien las va a oír en su casa. Hemos trabajado siempre muy libremente, muy felizmente".
Álvaro Urquijo quiere zanjar el asunto y, aun reconociendo que su hermano era un chico con problemas, pide "que se haga justicia con mi hermano. Quiero aprovechar esta ocasión para dar las gracias, desde el dolor de mi familia, por todo este respeto que hemos podido palpar. Ha sido muy emotivo. Hemos sentido que Enrique era muy querido. Y no es sólo un tópico. La información primera fue muy dura e inexacta, aquellos textos multiplicaron nuestro dolor, no hacían honor a la verdad. Luego se ha tratado el tema con más delicadeza.
Álvaro, por su parte, se justificaba con un "nadie nos dijo lo malo que podía ser, teníamos dinero, éramos jóvenes... Nos dimos cuenta y pusimos fin. De aquella época no queda nada". De Pía dicen los más allegados que fue la mejor de sus novias, sensata, sensible, la que intentó poner orden en su vida. Se conocieron hace unos tres años y durante el último vivieron juntos. Lejos quedaba ya la relación que mantuvo con Almudena, la madre de su hija María, de la que se separó hace más de dos años. "¿Con Pía? Sí, le iba muy bien, ¡esta muerte ha sido un mazazo enorme por tantas razones...!", relata la voz entrecortada de Álvaro insistiendo en lo inesperado del suceso en este momento en que su hermano parecía tan recuperado.
Pero, por encima de todas, la mujer de su vida era la pequeña María, una niña guapísima a la que su padre paseó por estudios y locales de ensayo contagiando a todo el mundo de la ternura que desprende la cría. "Ahora María es lo más importante para todos nosotros", continúa Álvaro. "De momento está con su madre fuera de Madrid y estamos estudiando cómo darle la noticia. Es una monada de niña y super inteligente. Enrique estaba muy orgulloso de ella. Fardaba de niña y con razón".
Enrique eligió otro mundo. Nunca ocultó su adicción a la drogas desde los revoltosos ochenta. Vivió por y para la música, desde el lado más difícil de la vida, y creó las más bellas canciones del pop español. En su última aparición en público, en la entrega de los Premios Amigo, su aspecto era saludable y presumía ilusionadísimo de su más inmediato proyecto: el segundo volumen de grandes éxitos de Los Secretos.
Álvaro continuará abanderando la libertad, la valentía que siempre tuvo el sonido Urquijo, su sello de distinción: "Se está olvidando en el mundo de la música la vía de la sinceridad, eso que los americanos llaman feeling". Enrique se llevó una gran dosis del feeling Urquijo. El cielo, un cielo protector, no lo pudo esperar más. Lo citó la misma noche que a Paul Bowles.
En «Siempre hay un precio. La historia jamás contada de Los Secretos» (Espasa), Álvaro Urquijo se confiesa y cuenta su verdad. Dice que la historia de la banda es la suma de grandes momentos creados a partir de «retos imposibles, situaciones complicadas y momentos muy difíciles». «Para llegar hasta donde estamos hemos tenido que pagar un precio carísimo».
Según Álvaro Urquijo, de alguna manera, «este libro es un poco de perdón» a sus padres. «Les hicimos pasar muchos disgustos, no fue fácil al comienzo. Todos piensan que ser famoso es que te manden un talón con miles de euros, pero qué va. Firmábamos autógrafos y no teníamos ni para comprar tabaco». Y es que, entonces hubo ladrones de canciones, también, tal vez, de sueños.
Álvaro Urquijo no cree que a Los Secretos les asistiera ninguna «maldición», a pesar de que las circunstancias hicieron que perdieran en accidentes a dos de sus baterías. «Malditos, no, lo que pasa que nosotros no éramos precisamente unos angelitos y por timidez o inseguridad pisamos terrenos un poco fangosos. Pero, ¿quién no tuvo un traspiés en su vida? ¿Quién no ha perdido a un ser querido?» Además, advierte de que, cada uno de ellos «no solo eran baterías, eran musicazos y componían. Fue como si te cortaran un brazo».
Urquijo dice que su hermano se fue sin saber que era un «genio» musical. «No creo que lo supiera. Éramos autodidactas, hasta el punto de que era casi como un ejercicio científico lo que hacíamos, como prueba y fallo; hasta el hecho de encontrar un acorde nuevo. Era como un juego».
Álvaro Urquijo lucha por sobrevivir y porque su hermano tuviera el lugar que se merece en la música. Tal vez, el universo le devuelva un poco de toda esa mala suerte que de cosas que les pasaron.
Álvaro Urquijo acaba de presentar la biografía de Los Secretos, Bajo el título Siempre hay un precio (editorial Espasa). El hermano del desaparecido Enrique Urquijo ha contado en primera persona toda la historia de la banda madrileña desde sus orígenes hasta hoy. Lo que sin duda ha llamado la atención, es el capítulo que el músico ha querido dedicar a las circunstancias en las que murió su hermano el 17 de noviembre de 1999.
Álvaro Urquijo lleva 40 años escuchando que Los Secretos están acabados y sin embargo su huella en la música sigue intacta. Acaba de publicar el libro: 'Siempre hay un precio', la biografía de Los Secretos.
Con las perspectiva que da el tiempo cree que las drogas no hacen mejor a las personas: "Es un engaño y es ficticio". Su hermano Enrique Urquijo falleció en 1999 y aún lo tiene muy presente. Estaban muy unidos tanto personal como profesionalmente. "A mi hermano le gustaba que le quisieran y dependía mucho de ese amor. Era una persona frágil y yo sentía la necesidad de quererle como si fuera mi hermano pequeño siendo mi hermano mayor".
Álvaro señala que si analizas todos los sucesos que los forenses llaman muerte por drogas como los casos de Michael Jackson o Prince se trata de muertes por mezclas medicamentosas y ese fue el caso de su hermano. "Enrique cuando tenía una mala racha y se metía un homenaje para después volver al redil tomaba unas pastillas que le dejaban dormido un montón de horas. Llevaba meses sin tomar nada porque estaba fenomenal, y en la primera recaída que tuvo pues esa mezcla terminó con él".
Enrique Urquijo, el recuerdo de su padre es uno de los grandes protagonistas de la nueva temporada de Imprescindibles de La 2. Canciones como Agárrate a mí, María o Pero a tu lado iban dedicadas expresamente a ella. Su hermano Javier asegura que “es lo más bonito que se ha escrito en español". Su compañero de Los Secretos, Ramón Arroyo, también adora esta canción: “Sublime. Como declaración de amor, es para su hija, pero también es una declaración e amor universal”.
A día de hoy, vemos en María el reflejo de su padre: morena, ojos grandes, y una boca llamativa que nos recuerda a Enrique. Falleció cuando ella tenía tan solo 5 añitos y no tiene muchos recuerdos de él aunque ha escuchado toda su obra y su madre Almudena Navarro siempre le ha dado buenas referencias de su padre. Siempre he estado muy unida a mi familia paterna. He pasado bastante tiempo con mi tío Álvaro y hemos escuchado mucha música juntos. Mi madre también me ponía las canciones de mi padre para que lo tuviera presente, y se ha ocupado de explicarme quién era y de que entendiera sus sentimientos. Siempre me he mantenido al margen de lo que dicen de él desde un punto de vista sensacionalista. Cuando veo cómo le recuerdan y admiran me siento muy orgullosa. La verdad es que me sigue pareciendo uno de los cantantes españoles que ha escrito cosas más bonitas” dijo María en 2020 en una entrevista para la revista Mujer Hoy.
María Símun: La Hija de Enrique Urquijo Triunfa en el Mundo de la Moda
Con 26 años, María Símun ya está consagrada como una diseñadora de éxito y su primer gran trabajo fue para Rosalía en 2016, que la que la propulsó hacia arriba. Se seguían mutuamente en redes sociales y se conocieron en un concierto de la cantante en Lavapiés. Desde ahí, empezó su relación y comenzaron a trabajar juntas hasta que Rosalía se presentó en su primera gala de los Grammy Latinos con un vestido plateado con cuello alto y pedrería diseñado por Símun. “Me gusta vestirla en su faceta urbana”, apunta María en una entrevista para el diario ABC.
Desde entonces, ha desarrollado su carrera como diseñadora hasta llegar a la Semana de la Moda de París 2019, presentar sus colecciones en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid y vestir a otras artistas de la talla de Aitana, Bad Gyal, Mala Rodríguez, o incluso parte del vestuario de Esther Expósito en la serie Élite. Tanto en un concierto para los 40 Principales en 2019, como en su reciente gira de 11 Razones, Aitana también ha vestido diseños de María Símun. En esta última ocasión, un conjunto rosa de dos piezas, con vaqueros rectos de tiro alto y cremallera, y en la parte superior un top de tirantes estilo corsé.
tags: #alvaro #urquijo #hijos #biografia