Amparo Baró: Una Vida Dedicada al Arte del Teatro, Cine y Televisión

20.11.2025

Hablar con Amparo de cualquier tema era una fuente constante de elementos interesantes para compartir, discutir, recrearse en sus muchas pasiones. «Bajita y feíta» -como ella misma decía-, fue de una belleza arrebatadora. Una vida volcada en el arte del teatro con un espíritu a prueba de adulaciones y fracasos.

Amparo Baró San Martín, conocida como Amparo Baró, nació un 21 de septiembre de 1937 en la ciudad de Barcelona pese a ser hija de un aragonés y de una valenciana. A los 18 años de edad empezó la carrera de Filosofía y Letras para abandonarla un año más tarde debido a los problemas económicos de su familia pero, principalmente, porque vio actuar a Asunción Sancho en la obra de teatro 'Seis personajes en busca de un autor' quedándose prendada y despertando en ella la pasión por la interpretación.

Sus primeros pasos fueron en varias compañías de teatro aficionado, con las que llegó a hacer en 1955 su debut sobre las tablas con la obra de teatro 'El burlador de Sevilla y convidado de piedra'. En la temporada de 1956/1957 ya fue contratada por la compañía del Teatro Windsor en Barcelona y ese mismo año hizo su debut televisivo en la serie 'Galería de maridos'.

Inicios en el Teatro y la Televisión

Su primera oportunidad profesional le llegó de la mano de Adolfo Marsillach, que le dio un pequeño papel en Café del Liceo, de Jaime de Armiñán, en la que la actriz no tenía diálogo alguno, salvo una breve pregunta que le hacía al actor que interpretaba a su novio: “¿Me quieres?”. “Te quiero”, respondía él.

El papel que la haría despegar le llegó en 1957 cuando tuvo que sustituir a Amparo Soler en el personaje principal de la obra de teatro 'Harvey' de Mary Chase, recibiendo muy buenas críticas. Poco tardó en llegar su debut en el gran pantalla con la película 'Rapsodia de sangre' de Antonio Isasi-Iasmendi. También en ese mismo año, la compañía del Teatro Windsor estrenó una obra de teatro llamada el 'Café del Liceo' y con la que inició en 1958 gira con la compañía por varios Festivales de España.

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Cuando unos meses después de esa primera experiencia Marsillach le propuso participar en el montaje de Harvey, de Mary Chase, Baró no solo se aprendió su papel, sino que también memorizó el de otros actores. Entre ellos, el de la protagonista, Amparo Soler Leal. Por tanto, cuando la primera actriz tuvo que ser internada de urgencia para ser operada de apendicitis, Marsillach, que también era el director del montaje, se encontró con que Baró podía cubrir su ausencia sin necesidad de interrumpir las funciones. A partir de entonces, la actriz comenzó a ser una figura conocida, primero por los aficionados al teatro y más tarde por los de la televisión.

En 1959 formó parte de la obra 'La calumnia' de Lilian Hellman y digida por Cayetano Luca de Tena, en el cual interpretó un papel que supuso para ella un gran éxito personal además de emprender una gira por Sudamérica. Al mismo ritmo que iba creciendo su carrera sobre las tablas, también lo hacía su presencia en el mundo del cine, si bien este no llegó a despuntar tanto a lo largo de su carrera en comparación al teatro y la televisión.

En 1960 participó en la película 'Trío de damas' de Pedro Lazaga; y también empezó en la serie 'Mujeres solas' que terminaría tan solo un año más tarde. El que ya había sido su director, Antonio Isasi-Isasmendi, volvió a contar con ella en 1961 para su película 'Tierra de todos'; del mismo modo que lo hizo Tito Fernández para 'Margarita se llama mi amor'.

De nuevo volvería a la pequeña pantalla en 1962 con 'Chicas en la ciudad', que era una continuación de la antigua serie antes mencionada 'Mujeres solas'. Esta ya ascendiente carrera la llevó a ganar este mismo año el premio Antena de Oro por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España.

En 1963 participó en 'La chica del trébol' de Sergio Grieco, en la que compartió pantalla con Rocío Durcal; y estrenó también la serie de televisión 'Cuarto de estar'. En 1964 volvió a tener por compañera de reparto a Durcal en 'Tengo 17 años' de José María Forqué con Rocío Durcal. Daría comienzo también la serie 'Confidencias', que se extendería hasta 1965.

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“No he aparecido mucho en televisión -declaraba al diario Libertad en 1971 Baró que, a continuación, matizaba su respuesta-, aunque tampoco pueda decirse que poco. Hice tres programas de Jaime de Armiñán: Refranes, con Fernando Fernán Gómez; un Estudio 1, Las aleluyas del señor Esteve; un programa de la serie Visto para sentencia otro de Las doce caras de Eva y un próximo Estudio 1, con La casas de Quirós. Artísticamente es muy importante la televisión; pero yo he empezado en el teatro y ahí es donde sigo permanentemente”, comentaba la intérprete, caracterizada por su arrolladora personalidad -que en ocasiones era una forma de ocultar su timidez- y su voz, calificada en 1962 por el crítico de El Español como “una de las más cautivadoras malas voces de la TVE”.

Esa característica forma de hablar, sumada a un físico que no encajaba en el prototipo de estrella cinematográfica hizo que, mientras que en el teatro llegó a encarnar personajes principales en obras como La dama boba, La calumnia o Casa de muñecas, en cine apenas tuvo un papel protagónico. Fue en La banda del Pecas, de Jesús Pascual, estrenada en 1968 pero rodada unos años antes.

Fundación de su Propia Compañía de Teatro

Aunque para los espectadores más jóvenes el nombre de Amparo Baró está unido al de series como El internado o Siete vidas, la anécdota arriba referida demuestra que, para cuando la actriz catalana emprendió esos proyectos, ya tenía una amplia carrera profesional en la televisión, el cine y el teatro, sector este último en el que llegó a fundar su propia compañía en 1965 (algo inusual en una época en la que las mujeres necesitaban la autorización de sus padres, hermanos o esposos para trabajar, abrir una cuenta corriente o montar cualquier negocio).

A partir de estas fechas, la participación en la gran pantalla de la actriz fue decayendo, de forma que a partir de los años 70, su aparición en películas no llegaría ni a la veintena. Lo que sí siguió en auge fue su carrera dentro de la pequeña pantalla. De 1965 a 1984 participó en 'Estudio 1', que fue un producción dramática para Televisión Española y que consistía en una representación televisiva de una obra teatral. De 1965 a 1967 apareció en 'Tiempo y hora', una serie de televisión dirigida por Jaime de Armiñán. A la finalización de esta, recibió el premio Miguel Mihura por parte de la SGAE. En 1968 formó parte de la película 'La banda del Pencas' de Jesús Pascual y en 1969 en 'Carola de día, Carola de noche' de Jaime de Armiñán compartiendo pantalla con Marisol. Otra gran serie dentro de su filmografía fue 'Silencio, estrenamos' para TVE en 1974. En 1979 recibió el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos y en 1983 el Premio Asociación Independiente de Teatro de Alicante.

En 1987 volvió al cine con un papel en 'El bosque animado' de José Luís Cuerda; en 1988 en 'Soldadito Español' de Antonio Giménez-Rico; y en 1989 en la película musical 'Las cosas del querer'.

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En la década de los 90 participó hasta en ocho largometrajes entre los que destaca, por ejemplo, 'Al otro lado del túnel' de Jaime de Armiñán en 1992 o 'Boca a boca' de Manuel Gómez Pereira en 1995. También en este mismo año fue una de las protagonistas de la serie 'Juntas pero no revueltas', la versión española de la conocida serie 'Las chicas de Oro'.

El Éxito en "7 Vidas" y "El Internado"

A pesar de su mayor afinidad con el teatro, sería la televisión el medio que le proporcionaría su máxima cota de popularidad con Siete vidas, serie en la que interpretaba el papel de Soledad Huete y compartía plató con Javier Cámara, Paz Vega y Toni Cantó, antes de que el valenciano diera el salto a la política y se convirtiera en titular de la Oficina del Español de Isabel Díaz Ayuso.

Pero sin duda fue en 1999 cuando llegó el gran papel de su vida y el que le daría el gran reconocimiento de su vida: '7 vidas', en Telecinco. En ella interpretó a la mítica Sole, una mujer con fuerte carácter y que no dudaba ni un segundo en dar un colleja a todo aquel que le ponía por delante: tanto sus hijos como cualquiera de sus vecinos. Sus compañeros llegaron a asegurar que lo que nadie sabía era que estas collejas eran de verdad y que en algunas ocasiones eran hasta bastante fuertes. Más allá de lo anecdótico, esta interpretación le trajo consigo a la actriz más reconocimiento que el resto de su carrera. Recibió los premios Fotograma de Plata a Mejor Actriz de televisión; Premio de la Unión de Actores a mejor interpretación protagonista de televisión; Premio de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España a mejor interpretación femenina; y Premio María Guerrero. Y todo esto solo en el año 1999, algo que siguió en aumento en los siguientes años: Premio de la Unión de Actores a mejor interpretación protagonista de televisión en los años 2002 y 2003; y TP de Oro a Mejor actriz de televisión en 2004.

“Nunca creí que fuera a funcionar así; y no solo por ser un género poco explotado en nuestro país, sino también porque nos pusieron en domingo por la noche. Pero no cabe duda de que hemos enganchado al público”, declaraba en 1999 al diario ABC la actriz, que reconocía: "Con Siete vidas me he reconciliado con la televisión».

Ya en el año 2005 realizó uno de los pocos films de esta época: 'A falta de pan' de Martín Rosete, por el que recibió el Premio 'Palmera de Honor' de la Mostra de València.

A pesar del éxito de la serie, de la que se emitirían más de 200 capítulos, y de la que rodaría poco después, El internado, Baró no se olvidó de su particular romance con el teatro y, en 2011, después de más de una década, regresó a los escenarios.

Debido a su larga trayectoria profesional, en el 2006 fue homenajeada, junto a Alfredo Landa, por la Casa del Actor. En el año 2007 le llegó el papel que le hizo ganar su único Goya a Mejor interpretación femenina por la película 'Siete mesas de billar francés' de García Querejeta. También en este año se embarcó en el otro de los grandes proyectos televisivos de la actriz, la serie 'El Internado' en Antena 3, en el que interpretaba a Jacinta, también un señora entrañable pero muy firme, como Sole en '7 vidas', pero esta vez alejada de la comedia.

Fue también galardonada con el Premio Júbilo en honor a su trayectoria; así como la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. En el año 2009 recibió otro Premio TP de Oro a Mejor actriz de televisión por su mencionado papel en 'El Internado'.

Regreso al Teatro y Premios Finales

Lo hizo con Agosto (condado de Osage), obra de Tracy Letts galardonada con un Premio Pulitzer y en la que compartía cartel con una de sus compañeras de Siete vidas, Carmen Machi.

Ya hacia los últimos años de su vida, los premios no dejaron de llegar pero sus apariciones en la pantalla eran cada vez menores. En 2012 recibió el Premio Ceres del Festival de Mérida por la que sería su última obra de teatro: 'Agosto (Codado de Osage)' de Tracy Letts. También recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; el Premio Max a la mejor actriz protagonista por esta misma obra y el Premio de la Unión de Actores a Mejor actriz de reparto de cine por 'Mktub' (Paco Arango, 2011).

En 2013 realizaría, sin saberlo, la que sería su última obra audiovisual, 'Eutanas, SA', un cortometraje de ficción.

Un par de semanas antes de morir se tuvo que retirar de la película 'La puerta abierta' en la que compartía protagonismo con Carmen Machi, su gran amiga. Había incluso realizado las fotografías promocionales pero su débil estado de salud la obligó a retirarse y a ser sustituida por Terele Pávez. La versión dada en su momento eran 'unos problemas de espalda, nada grave' pero cuando acudió al hospital le información de que tenía un cáncer por el que no había nada que hacer.

Finalmente, el 29 de enero de 2015 falleció víctima de esta enfermedad, la misma que se había llevado hacía años a la que había sido su pareja durante 40 años. Tal fue el impacto de Sole en '7 vidas' que esta triste noticia no solo impactó al mundo de la interpretación sino que todos sus seguidores mostraron su tristeza a través de las redes sociales, especialmente recordando sus famosas collejas.

Han pasado cinco años desde que la discreta y talentosa Amparo Baró dejó este plano aústero de su talante lleno de desenfado y cinismo, que tantas veces conquistó a la audiencia y a jóvenes que ahora son actores de renombre, como Paz Vega o Paco de León.

Así la definió el actor de "Zapping Zone", pues Baró lograba destacarse en el cine, el teatro y en la televisión, donde hizo historia con papeles como "Galería de maridos", "7 Vidas", "El internado" y "Las doce caras de Eva".

En el cine la ganadora de un Goya por mejor actriz, formó parte de cintas como "Rapsodia de sangre", "Adiós Mimi Pompón", "Tengo diecisiete años", "El Bosque Animado" o "La banda del pecas".

Su talento no se limitó a las pantallas, pues además de haber creado su propia compañía de teatro en 1965 y de haberse destacado en las tablas por primera vez en "Las preciosas ridículas de Molieren", también se hizo merecedora del premio Ceres del Festival de Mérida por su rol en "Agosto".

Amparo nunca paró de ejercer su profesión, pues a pocos meses de su muerte, estuvo ensayando para la cinta de Marina Seresesky, "La puerta abierta", en 2014, pero tuvo que parar por unos fuertes dolores de espalda que posteriormente se convirtieron en un diagnostico de cáncer, la misma enfermedad que 40 años antes le había quitado a su pareja.

Desgraciadamente su miedo se hizo realidad y terminó quitándole la vida rápidamente por el avanzado estado de la condición. Fue una obra de mujeres fuertes, carismáticas y llenas de fantasmas la que volvió a subir a Amparó Baró a las tablas tras más de una década de sequía escénica. Una de esas casualidades planetarias que redondean un círculo perfecto con nombre de mes: Agosto, y de mujer: Violet Weston.

La obra de Tracy Letts, que puso en escena Gerardo Vera en el Teatro Valle-Inclán, no sólo supuso el regreso de una de las grandes actrices de raza del teatro español, sino que fue una vuelta con sentido, éxito y un merecido reconocimiento. Por ese 2011 Amparo era Sole y Sole era Amparo. El gran público la adoró por el fuerte carácter, la socarronería y las collejas de su alter ego en la televisiva serie 7 vidas, que protagonizó junto a Blanca Portillo, Toni Cantó, Javier Cámara o Paz Vega, aunque ya llevaba más de cuatro décadas siendo un rostro habitual en las pantallas de televisión y, sobre todo, del teatro. Por eso Agosto, su potencia dramática y ese cartel genealógico que compartía con Carmen Machi, Alicia Borrachero e Irene Escolarno pudo suponer para la actriz mejor vuelta a casa.

La propia actriz, fallecida ayer a los 77 años a causa de un cáncer, reconocía entonces la importancia que tuvo Agosto en su carrera. Esa inolvidable matriarca feroz, devorada por el cáncer, las pastillas y malísima llamada Violet Weston fue un retorno en forma de regalo. "No es que quiera hacerla, es que necesito hacer Agosto”, explicaba antes del estreno. Para ella era la ocasión perfecta para retirarse de los escenarios por la puerta grande. "A lo mejor esto es lo último que hago. No me importaría no volver a hacer teatro", decía a pesar de que nunca habló de retirada.

Acertó, a su pesar, ya que estaba preparando una obra con Gerardo Vera para volver a los escenarios en septiembre de este año. El director cuenta a El Confidenical que iban a preparar Maria Kowalska, de Jesse Heisenberg, para estrenarla en el Arriaga de Bilbao junto a Alejo Saura. La obra, que le llevó al hospital en Navidad el propio director, narra la historia de una superviviente del gueto de Varsovia. "Se emocionó muchísimo y me dijo que no podía haberle dado mejor regalo. Era un proyecto de futuro y ella necesitaba eso", asegura el director.

"Fue una de las referencias del teatro de toda una época. Una muestra de inteligencia, de talento y de riesgo desde sus comienzos en Barcelona de la mano de Adolfo Marsillach hasta la producción de Agosto", recuerda un consternado Vera con una mezcla de "dolor profundo y de satisfacción" por los momentos compartidos. "Fue un placer dirigirla y ver cómo abarrotaba el teatro día a día dando por última vez una muestra histórica de lo que una actriz puede hacer en un escenario".

Quizás esto haga que Agosto hoy crezca más todavía (si es posible) en la memoria de los espectadores. Su duelo interpretativo con Carmen Machí, que daba vida a su hija Bárbara en la función, es de los que no se pagan con dinero. Tanto que esta obra se ha convertido en una de esas que aunque no hayas visto, presumes de haberlo hecho. Un milagro teatral lúcido, intenso y provocador por el que ganó los premios Max, Valle-Inclán, Ceres y Fotogramas de Plata. Y los recogió, a pesar de que era poco dada a las alfombras, los focos y los flashes.

Irene Escolar, la siguiente heredera de ese árbol genealógico de grandes actrices del teatro español, compartió con ella escenario en Agosto. Interpretaba a su nieta, un papel que se acercaba mucho a la realidad porque Baró y su abuela Irene Gutiérrez Caba eran grandes amigas. "Fue lo más cercano que he estado de trabajar con mi abuela", asegura Escolar. Define emocionada a Baró como "una de las mejores actrices del país". "Es difícil describir lo que sentí trabajando con ella, pero hoy es importante hacerlo porque fue una de las experiencias que no olvidaré nunca. Ver trabajar a Amparo, cómo creaba los ensayos, su generosidad, su sencillez. Siempre estaba en su lugar, prácticamente no percibías que estaba allí. Lo hizo tan fácil", describre Escolar, que recalca por encima de todo su generosidad. "Hizo todo porque yo estuviera cómoda en nuestras escenas. Le impotaba que mi trabajo luciera y eso es una gran lección", rememora para contar ese abrazo que se daban abuela y nieta y en el que Baró la giraba para que el público viera su cara. "Es una anécdota pero demuestra cómo era".

Una Vida Forjada en el Teatro

"He tenido suerte desde el principio de mi carrera, porque he empezado con los mejores, he trabajado con los mejores, me han dirigido los mejores", decía Amparó Baró en 2011. Y no le faltaba razón. Desde que se quedó prendada de los escenarios con 14 años cuando descubrió junto a su hermano la magia del teatro, la actriz suma más medio centenar de títulos.

Debutó en las tablas ante el gran público con El burlador de Sevilla y convidado de piedra en 1955 pero su primer oportunidad le llegó dos años más tarde cuando tuvo que sustituir a Amparo Soler Leal en Las preciosas ridículas, de Molière, y compartir escenario con Marsillach. Fue el impulso perfecto para convertirse en una de sus musas. El gran salto en Madrid lo dio con La Calumnia (1961), de Lillian Hellman, dirigida por Cayetano Luca de Tena. Con quien también le llegó el reconocimiento con El cianuro ¿solo o con leche? (1963), de Alonso Millán y junto a grandes como Mari Carmen Prendes o Ana María Vidal(arriba).

En 1965 formó su propia compañía teatral, con la que representó obras como Los buenos días perdidos, de Antonio Gala y dirigida por José Luis Alonso y junto a Juan Luis Galiardo, Mary Carillo y Manuel Galiana, o Antígona, de Sófocles. Tras dos años de aventura empresarial, llegaron obras como La casa de chivas, de Jaime Salom, un éxitazo ambientado en la Guerra Civil que llegó a las 7.000 funciones; La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca dirigida por Gustavo Pérez Puigy junto a Manolo Gómez Mur, Jaime Blanch o Julia Caba Alba (arriba); La dama boba, de Lope de Vega o Isabelita la Miracielos, de Ricardo López Aranda, que protagonizó junto a Vicente Parra y Tele Pavez.

En los años 80 llegó uno de sus papeles más reconocidos por la crítica: su Nora de Casa de muñecas, de Henri Ibsen, que estrenó en 1983 en el Teatro Bellas Artes de Madrid junto a José María Pou, Asunción Balaguer, Joaquín Kremelo una jovencísima María Adánez. De hecho, fue el primer trabajo de la actriz hace ya 33 años. Ayer, frente a los recortes de prensa que le guardaba su padre y a los que ha acudido al conocer la muerte de Amparo Baró, Adánez recordaba que fue un exitazo de crítica y de público. "Estuvimos en cartel del 18 de septiembre al 8 de mayo, fueron 150 representaciones y 27.496 espectadores", contaba a este periódico. "Fue mi primera incursión en el teatro y tengo un recuerdo precioso. Era una actriz de raza, de talento, una todoterreno, que es algo imprescindible para ser actriz de teatro", afirma deteniendo su recuerdo en el sentido del humor de Baró, a quien se refiere como una madre teatral.

"Siempre Se Trabaja Mejor Con Los Mejores"

Baró siguió firmando grandes interpretaciones hasta que dejó las tablas en 1998 tras hacer La opinión de Amy, de David Hare, en el Teatro Fígaro junto a Fernando Delgado o Ángeles Martín. Pero antes destacaron sus papeles en Las mujeres sabias, de Molière que protagonizó junto a Pou, Gracita Morales o Ana Gracia a las órdenes de Miguel Narros; Un marido de ida y vuelta, de Jardiel Poncela y dirección de Marta Recadero; Materia reservada, de Hugh Whitemore en versión de Pou; El poder de la mandrágora, de Peter Shaffer junto a María Fernanda D’Ocón; o Siempre en otoño, de Santiago Moncada que se estrenó en el Teatro Reina Victoria en 1993 y donde compartió escenario con Julia Gutiérrez Caba e Irene Gutiérrez Caba. Las tres eran grandes amigas y en esa función consolidaron una gran complicidad que les acompañaba hasta hoy.

Julia Gutiérrez Caba recuerda el privilegio que supuso compartir escenario con su hermana Irene y con Amparo Baró en esta obra. Aunque ya se conocían porque habían trabajado con Jaime de Armiñán en televisión, Siempre en otoño fue especial porque durante las representaciones fue cuando aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad de su hermana. "Siempre hemos conservado un nexo muy fuerte desde esa etapa. Tuve la inmensa suerte de trabajar con dos grandes actrices. Amparo fue una gran actriz de una calidad incalculable", asegura.

La actriz resume con una descriptiva frase cómo fue trabajar con ella: "Siempre se trabaja mejor con los mejores". Gutiérrez Caba, representante de esa estirpe de grandes maestras del teatro de la añada de los años 30 junto a su hermana, Baró o Analía Gadé, asegura que en verdad "tuvimos la suerte de vivir una etapa en la que teatro significaba tanto, las funciones se llenaban de público y se daba mucho trabajo. Ahora las cosas han cambiado mucho por variados motivos, pero en esa época hubo una gran generación".

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