Ana Caro de Mallén: Biografía de una Dramaturga del Siglo de Oro

29.12.2025

Lo más probable es que Ana Caro de Mallén naciese en Granada en el seno de una familia morisca hacia 1590. Tras las sublevaciones y guerras del último cuarto del siglo XVI, la población morisca había sufrido una gran represión que se tradujo en ejecuciones, deportaciones y esclavitud.

Tal sería el caso de Ana, cuyos padres adoptivos fueron Gabriel Caro de Mallén y su esposa Ana María de Torres. Gabriel, de origen noble, era procurador en la Audiencia de Granada y bautizó y adoptó a la niña para protegerla. Esto ocurría en 1601 y por entonces Ana tenía ya unos diez años de edad. En la partida de bautismo figura como “esclava”.

La ley obligaba a quien adoptaba a demostrar que podía tener hijos biológicos y el bautizo y prohijamiento de Ana no se produjeron hasta un año después del nacimiento del primer hijo engendrado por la pareja, Juan. Al poco la familia se trasladó a Sevilla, donde Ana Caro de Mallén pasó el resto de su vida.

Allí frecuentó los mejores círculos literarios y empezó a hacerse un nombre como escritora, de modo que llegó a ganarse el apelativo de “décima musa sevillana”, otorgado por Luis Vélez de Guevara en El diablo cojuelo. Su nombre aparece asimismo en otras obras sobre literatura y literatos, siempre reconocida como poeta y dramaturga.

¿Cómo pudo lograr una niña, de orígenes moriscos y sin formación, convertirse en una de las más brillantes dramaturgas de nuestra literatura del Siglo de Oro?

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Familia y Primeros Años

Siguiendo los análisis biográficos realizados por Lola Luna, Sánchez Arjona y Juana Escabias, Gabriel Caro Mallén, el padre adoptivo de nuestra protagonista, había nacido en Lora del Río en 1569 y ejercía como procurador de la Real Chancillería y Audiencia de Granada. Fue allí donde contrajo matrimonio, el 10 de junio de 1596, con una jovencísima Ana María de Torres, que solo contaba con 21 años. La pareja tuvo a su primer hijo, Juan, en 1600 y adoptaron a la futura dramaturga solo un año después.

Ana siempre estuvo interesada, desde muy niña, por la lectura y el estudio de los clásicos (especialmente de Séneca y Marcial) así como por los grandes literatos de su tiempo (era gran admiradora de Luis de Góngora, al que incluso dedicó unos versos), hecho que tan bien se reflejaría en los pocos escritos que de ella han llegado hasta nosotros.

Pero su feliz infancia pronto iba a verse truncada por el temprano fallecimiento de su madre, con solo 31 años y a la que estaba especialmente unida. Al poco tiempo, su padre volvió a casarse con Alfonsa de Loyola, una mujer también natural de Granada y con la que tendría otro hijo. Este tuvo muy claro desde niño su inclinación por la vida religiosa e instó a sus padres a trasladarse a Sevilla para comenzar su formación en el convento de Santo Tomás de la capital hispalense.

De este modo, toda la familia (a excepción del hermano mayor de Ana que permaneció en Granada con su esposa Lucía de Azpeitia) se trasladó a la ciudad. Fue allí donde la escritora comenzó a formar parte de las principales tertulias literarias, adquiriendo una gran notoriedad por la calidad y originalidad de sus escritos. Como ya mencionamos con anterioridad, son muy pocos los que han llegado hasta nuestros días.

Trayectoria Literaria

Parece, siempre siguiendo a Luna y Escabias, que Ana comenzó escribiendo relaciones de sucesos, de las que se conservan cuatro de ellas: la primera, de 1628, donde homenajea a un grupo de misioneros españoles asesinados en Japón (en recuerdo a su hermano Juan que se preparaba para ser misionero en Oriente); la segunda, de 1633, en la que narra la incursión en Marruecos del ejército español; y las tercera y cuarta que recogen, respectivamente, la ocupación de Tillemont de Flandes por Mosén Chatillón y sus tropas y los festejos celebrados en Madrid por la llegada de la princesa de Cariñán y por la coronación, en 1637, de Fernando III de Hungría (primo de Felipe IV) como Rey de Romanos, y por la que cobró 1.100 reales.

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En 1637 viajó a Madrid en una de las pocas ocasiones en las que abandonó Sevilla. La ocasión fue narrar las festividades hechas con motivo de la visita de una prima de la reina. Allí conoció a María de Zayas, con quien entabló amistad y de quien recibió también elogios en sus Desengaños amorosos.

La fama de Ana fue en aumento y llegó a convertirse en miembro de las más importantes academias literarias, relacionándose con grandes personalidades de la época, entre ellas María de Zayas, novelista excelsa cuyas obras tuvieron gran difusión en su tiempo. De Ana María llegó a escribir esta que «de la señora doña Ana Caro, natural de Sevilla, ya Madrid ha visto y hecho experiencia de su entendimiento y excelentísimos versos, pues los teatros le han hecho estimada y los grandes entendimientos le han dado laureles y vítores, rotulando su nombre por las calles».

En 1639 el ayuntamiento de Sevilla le encargó la realización de la pieza teatral titulada Loa sacramental (de la que se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de España). En esta obra los protagonistas son cuatro personajes (un portugués, un guineano, un francés y un morisco) que realizan, cada uno en su idioma, alabanzas a Dios y a la ciudad de Sevilla.

Parece que también publicó un auto sacramental (hoy perdido) y titulado La cuesta de Castilleja, que fue representado en la ciudad en 1642. Tres años después, el ayuntamiento de la capital andaluza volvió a encargarle, con motivo de las fiestas del Corpus, la pieza teatral Coloquio entre dos, conservado en la biblioteca colombina de Sevilla y por la que cobró 300 reales, algo especialmente relevante y a tener en cuenta dado el nulo papel que una mujer podía desempeñar en el mundo literario del siglo XVII.

Ese mismo año de 1645 Ana Caro de Mallén publicó su soneto «Marinero feliz que nunca hallados...» y, en 1646, su último soneto dedicado a Inés Jacinta Manrique de Lara.

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Obras Principales

Por lo que respecta a sus comedias, dos son las que han llegado hasta nosotros. La primera, bajo el título Valor, agravio y mujer, donde presenta a Leonor, una heroína que, para recuperar su honra, no duda en hacerse pasar por hombre y conquistar a la amante del traidor Juan, quien previamente la había engañado. La segunda, titulada El conde Partinuplés, estrenada antes de su publicación, en 1653, en la que la protagonista Rosaura, emperatriz de Constantinopla, ha de contraer matrimonio para garantizar la sucesión a la corona. Así, y con la ayuda de la maga Aldora, tratará de conquistar a quien desea como esposo, empleando a lo largo del texto mitos clásicos como el de Cupido y Psique o incluso el famoso Juicio de Paris (en referencia a la elección de maridos).

Muerte y Legado

Aunque siguieron apareciendo obras suyas impresas hasta 1653, hay documentos que parecen indicar que falleció en noviembre de 1646 y que probablemente fuese a causa de la peste. Murió el 6 de noviembre de 1646 a causa de la peste y fue enterrada, siguiendo los datos aportados por Juana Escabias, en la actual parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla, hoy dentro del edificio que fue el Convento de San Pablo el Real del que los frailes dominicos (a los que pertenecía su hermano Juan) fueron expulsados durante la desamortización de Mendizábal.

Pero lo que sin duda parece claro es que Ana Caro Mallén fue una mujer única en su tiempo, una autora profesional que cobraba por sus obras y que obtuvo un gran reconocimiento en vida hasta verse eclipsada su labor en siglos posteriores.

Sus obras, plenas de ironía y crítica social constituyen, hoy en día, una referencia en el mundo literario del Siglo de Oro español y un ejemplo de valentía y talento solo al alcance de muy pocos.

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