Controversia en torno al anuncio de Doritos con una mujer embarazada
El mundo de la publicidad siempre ha sido un reflejo de la sociedad, pero también un campo de batalla ideológico donde se cruzan diferentes visiones y valores. Un ejemplo reciente de esta dinámica es la controversia generada en torno a un anuncio de Doritos que presenta a una mujer embarazada. Este anuncio ha suscitado un gran debate con posiciones muy confrontadas.
Para entender mejor el contexto de esta controversia, podemos recurrir a la escritora Ana Iris Simón, quien en su libro "Feria" aborda temas como la nostalgia por el pasado, la crítica a la sociedad de consumo y la reivindicación de ciertos valores tradicionales. Aunque su obra no se centra específicamente en el anuncio de Doritos, sí ofrece una perspectiva interesante sobre los debates culturales y generacionales que subyacen a esta polémica.
Simón escribe sobre su familia, sus correrías de niña, los vínculos con sus primos, las risas con sus abuelos, el amor y el apego a los suyos. Teje una telaraña de recuerdos, vivencias y retazos de escenas que conforman el puzle de su idiosincrasia.
El nombre del primer capítulo, así como la frase con la que arranca este Feria (título que alude a su familia feriante, así como a una sociedad que, según ella, se ha convertido en una feria por el consumo de masas y la gentrificación) es una auténtica declaración de intenciones: “Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad”. Asegura que cuando comenta esa frase en alto siempre hay alguien que le pone mala cara.
Añade la autora, “nuestros padres a nuestra edad tenían niños, un adosado e hipoteca y hasta una Thermomix”. La narradora de 'Feria' afirma: “Cuando lo digo la gente piensa que soy gilipollas y pienso yo: tienes 32 años, cobras mil euros al mes, compartes piso y las muchas cosas que tienes que hacer antes de supuestamente asentarte son ahorrar durante un año para irte a Tailandia, comerte una pastilla y hacer arrumacos a tus colegas”.
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Simón prosigue relatando cómo la generación de sus padres se casó joven, se metieron en hipotecas y tuvieron hijos por lo que se ha convenido en llamar “imperativo social”. La pregunta que sobrevuela en su relato es: ¿No será que vivimos otro imperativo social basado en el desapego, en los vínculos inestables, en la precariedad material porque en realidad no podemos ser propietarios, basado también en posponer o incluso en no tener deseos de criar?
Encontramos en Feria una voz con fuerte componente de clase, con ideas tajantes sobre la élite cultural clasista, sobre la mirada distante y soberbia hacia la clase trabajadora, sobre la explotación, la precariedad y sobre un mundo (que ella conoce bien) de fuegos artificiales y purpurina. Una voz que sin complejos pugna con los feminismos: “Igual nos habíamos igualado por el lado malo. Yo quería ser un poco mujer florero. Creo que en realidad no quería decir mujer florero, sino ama de casa (…). Si estábamos intentando derruir el mito del amor romántico (…) no era porque fuera dañino, no lo negábamos tampoco, todo tiene sus cosas, sino porque éramos y somos mediocres y a los mediocres no les gusta intuir nada que aspire a lo sublime o a lo épico”.
O, sin esconderse y en varias partes del libro, ensalza el trabajo reproductivo y el trabajo en el hogar como el gran cometido de las mujeres: “Pensábamos en la posibilidad de que toda mujer ame a un fascista como escribió Sylvia Plath, quien también se preguntaba si no era mejor abandonarse a los fáciles ciclos de la reproducción y la presencia cómoda y tranquilizadora de un hombre en casa”. Sobre lo que se considera nueva masculinidad también lanza dardos parafraseando al Fary y su discurso anti el hombre blandengue. “La mujer es granujilla y se aprovecha del hombre blandengue. No sé si se aprovecha o se aburre, y entonces, le da capones y todo.
Ahora bien, ¿qué hay detrás de este planteamiento? Cano señala que es una especie de neocasticismo “entendido como la vuelta a lo popular, a los orígenes frente a ciertas tendencias europeizantes o que irían más allá de lo nacional, más allá del sentido chato. El problema son las soluciones que plantea al descontento. Los remedios y la cura que ofrece no hace más que prolongar la situación o la enfermedad”.
Según el profesor, Feria propone “una vuelta nostálgica al pasado que encierra ciertas trampas como la vuelta a lo 'normal', a la 'normalidad', a una especie de programa de normalización en el que todo el mundo permanezca en el sitio que le ha sido encomendado”.
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Son incuestionable, pues, las lecturas divergentes de Feria. Nos cuenta el profesor David Becerra: “Hay quien clasifica Feria como una novela reaccionaria, nostálgica, que idealiza un tiempo, un espacio y una forma de vida sin atender a lo conflictivo de esas vidas (es decir, despolitizándolas), pero también hay quien la lee como una novela que puede recoger las demandas de aquella juventud sin futuro que ocupó las plazas en 2011, y que reivindicaba la posibilidad de construir una narrativa estable de vida, frente a la inestabilidad de las vidas insertas en la lógica neoliberal”.
Para David Becerra, lo interesante es ver cómo se anuncian las contradicciones y cómo estas contradicciones nos hablan de la sociedad en la que vivimos. “La contradicción como síntoma de un malestar que nos puede conducir a imaginar políticas emancipadoras que nos liberen de la inestabilidad neoliberal, o a refugiarnos en unos ideales que a la postre tienen poco de ideal y mucho de problemático”, afirma.
Feria abre debates, y eso significa que todavía la literatura nos conmueve, nos turba, nos apasiona, nos saca de los espacios de confort. Ahora bien, a veces las novelas que generan debates lo hacen porque captan un problema compartido por el grueso de la sociedad y, como los cuentos folklóricos, ofrecen una guía para resolver simbólicamente ese problema de forma ordenada, sin poner en cuestión la causa que lo produce.
Según David Becerra, Feria capta muy bien el malestar de esa juventud sin futuro que no puede estabilizarse, pero la solución, volver al pueblo (a la tradición, la crianza, la costumbre) es una forma de desplazar el problema. “Ofrece una salida individual que en absoluto sirve para imaginar otras formas de organizar la sociedad en un sentido colectivo de emancipación.
Este análisis de la obra de Ana Iris Simón nos permite comprender mejor las diferentes perspectivas que pueden entrar en juego al analizar un anuncio como el de Doritos con una mujer embarazada. Algunos podrían verlo como una representación positiva de la maternidad, mientras que otros podrían criticarlo por perpetuar estereotipos de género o por promover una visión idealizada de la familia. En definitiva, la controversia en torno a este anuncio refleja las tensiones y debates que atraviesan nuestra sociedad en relación con la mujer, la familia y el papel de la publicidad.
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