Artal de Luna: Significado Histórico en Paterna

29.09.2025

Los orígenes históricos de la villa de Paterna nos trasladan en el tiempo a varios yacimientos arqueológicos ubicados en nuestro término municipal. Los primeros indicios de asentamiento humano en Paterna se remontan al Neolítico y Edad de Bronce y se han encontrado en las partidas de La Vallesa (la Lloma de Betxí) y Despeñaperros, en una zona de pequeñas lomas próxima al Río Turia que permitía el abastecimiento de agua. En dichas áreas dejaron impronta los íberos, habiéndose encontrado en La Vallesa restos de una muralla defensiva y paredes de pequeñas chozas.

Durante décadas se había especulado sobre el posible origen romano del núcleo de Paterna, sin que la arqueología arrojara pruebas concluyentes, hasta que en febrero de 2009 la excavación de una parcela permitió descubrir una villa romana, fechada entre los siglos I y III, el primer vestigio romano de un lugar habitado entre Valencia y Liria. En este momento tomaría Paterna su nombre actual, del latín paterna, ‘del padre’ o ‘de Paternus’.

En época musulmana Paterna era un núcleo de población importante. Poseía un recinto amurallado en la cima del antiguo alcázar (actual solar del Calvario y el Ayuntamiento), que fue residencia de los señores feudales hasta el siglo XV. Durante esta época se desarrolló la actividad cerámica y manufacturera y se produjo un desarrollo de la agricultura, incorporando nuevas tierras de regadío e introduciendo cultivos como el del arroz, la morera y la caña de azúcar.

La Llegada de Jaime I y Artal de Luna

El 10 de abril de 1237 se produce la entrada de forma pacífica del rey Jaime I de Aragón en el término de Paterna. Según el Llibre del Repartiment se hace entrega de la alquería de Paterna a Artal de Luna, uno de los designados por Jaime I para redactar los Fueros.

Los Luna como Señores Feudales

Los Luna se convierten en señores feudales entre los siglos XIII y XV. Pese a los estragos producidos por la guerra de la Unión (1348), que afectaron gravemente a la villa, durante esta época la cerámica de Paterna alcanza su máxima producción. Esta queda constatada tanto por la elevada producción como por la concentración de testares, hornos y talleres, así como en la calidad y variedad de estilos. Es así que nuestra cerámica figurará en distintos palacios y centros de poder europeos.

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Los jurados de la ciudad de Valencia, pretendiendo cumplir con el Fuero que prohibía plantar arroces en su término, se dispuso arrancar los arrozales en 1360. El principal objetivo era Paterna, pues se habían encontrado varios campos de arroz de cristianos y de musulmanes. Para ello mandaron la milicia armada de la ciudad, pero las autoridades de Paterna no cedieron, alegando no formar parte de la contribución de Valencia y la política de la fuerza fracasó. Algunos años más tarde, Pedro IV mandó reedificar el Alcázar de Paterna, que se hallaba en mal estado por la anterior guerra con Castilla.

Declive y Recuperación

Con todo, en el siglo XVI se inicia una crisis en la producción cerámica y, por ende, de la economía general de la localidad. Ello se vio agravado además por la rebelión de las Germanías (1520-1522), de marcado carácter antiseñorial, por lo que Paterna fue castigada y reprimida tanto por el Virrey de Valencia como por el duque de Segorbe.

Unas décadas después, la expulsión de los moriscos (1609) obligó al exilio a una buena parte de la población y Paterna sufrió despoblamiento y la casi total paralización de su ya frágil economía. A partir del siglo XVI se inicia un lento deterioro económico: cese de la producción cerámica e interrupción del relativo prestigio en el que se encontraba la población.

Antonio Pando y Bringas compró en 1746 la jurisdicción de Paterna al duque de Segorbe y Medinaceli, convirtiéndose así en el primer conde de Villapaterna. En 1769, por Real Decreto, se prohibió el cultivo de arroz, que venía haciéndose desde antes de la conquista cristiana, a fin de paliar las fiebres por paludismo. A lo largo de este periodo la agricultura fue prácticamente la única actividad económica que se desarrolló en la villa. Durante el siglo XVIII el acontecimiento más destacable sería el cambio en la titularidad de la posesión señorial de Paterna.

Es a principios del siglo XIX cuando comenzaron a aparecer las primeras casas-cueva, ya que no requerían apenas de materiales de construcción y se abrían en terrenos comunes. Durante el siglo XIX la población desarrolla la agricultura como actividad única y se construirán una importante cantidad de cuevas al no necesitar material constructivo y encontrarse en terrenos de propios.

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Hacia mediados de siglo se constata una cierta recuperación económica, con una diversificación de la producción. En las décadas siguientes el crecimiento demográfico provocó el inicio de un plan de ensanche urbanístico de la villa. El aspecto de Paterna fue cambiando para hacer frente a las nuevas necesidades sociales, económicas y políticas de la población.

Paterna en el Siglo XX

A principios del siglo XX Paterna contaba todavía con tan solo unos 3500 habitantes. Es hacia finales de la década de 1940 cuando comienza una cada vez más acentuada corriente inmigratoria, que se vio acentuada en 1963 con la creación del Polígono Industrial Fuente del Jarro. La rápida evolución hasta alcanzar los más de 70.000 actuales, es sintomático de los cambios operados a lo largo de dicha centuria.

Cuando se inicia el siglo XX Paterna está poblada por 3.500 habitantes. Tal es así que se están conformando verdaderos núcleos de población al margen del casco urbano.

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