Azúcar en la alimentación de bebés recién nacidos

27.11.2025

La alimentación en los primeros meses es clave para el desarrollo del bebé. Antes de los 6 meses no hay que dar alimentos distintos a la leche materna o, si no se pudo, fórmula infantil. A partir de esta edad, el bebé necesita más energía.

Su aparato digestivo, sus riñones y sus músculos y nervios son más maduros y puede comer nuevos alimentos. La leche seguirá siendo lo principal. La alimentación en estas primeras etapas sirve para conseguir una buena nutrición, también para crear las preferencias para comer el resto de su vida y los hábitos más sanos.

Los dos primeros años de vida son una “ventana de tiempo crítica” para conseguir una buena salud, crecimiento y desarrollo. La falta de nutrientes en esta etapa tendrá efectos tanto a corto plazo (desarrollo físico, mental y motor inadecuado) como a largo plazo (adolescencia y edad adulta).

Alimentación complementaria a partir de los seis meses

A partir de los seis meses la mayoría de los bebés están listos para probar alimentos distintos a la leche materna con la alimentación complementaria. Se pueden introducir los primeros alimentos en forma de purés, triturados o con el método Baby Led Weaning (BLW), si el bebé está preparado. Es importante ofrecer estos alimentos bajo supervisión y en un entorno seguro.

Desde los 6 meses, es importante que el bebé vaya probando distintas texturas para estimular su desarrollo oral. Es normal que algunos días coma menos o rechace ciertos alimentos.

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Alimentos recomendados

Fuera de los alimentos que acabamos de ver, el bebé puede consumir casi cualquier otro de forma segura, pero recuerda, siempre vigilando la preparación y presentación adecuada para evitar riesgos.

  • Cereales: Cuando hablamos de cereales no nos referimos solamente a las papillas comerciales que se venden en cajitas (¡Ojo que pueden contener un exceso de azúcares libres!). Existen opciones naturales y saludables como el arroz, la avena, el trigo y la quinoa.
  • Verduras: Son esenciales para una dieta equilibrada.
  • Frutas: Las frutas son ideales para la alimentación del bebé. Todas las frutas son aptas, incluso las exóticas o las que se consideran más alergénicas. Sin embargo, es importante presentarlas en trozos seguros (por ejemplo, la manzana no debe ofrecerse cruda) para reducir el riesgo de atragantamiento.
  • Carnes y pescado: Las carnes magras y el pescado son fuentes importantes de proteínas y otros nutrientes. Las proteínas animales no deben exceder los 30-35 gramos al día.
  • Huevos: Los huevos pueden introducirse a partir de los seis meses. Es preferible cocinarlos completamente, ya que el huevo crudo causa alergias con más facilidad y puede dar más problemas de contaminación. Actualmente, no hay consenso sobre cuál es la mejor manera de que el bebé empiece a comer huevo, pero la clara causa más alergias que la yema.
  • Legumbres: Las legumbres son una excelente fuente de proteínas, fibra y carbohidratos saludables para el bebé. Son versátiles y pueden ofrecerse en forma de purés o trituradas.
  • Grasas saludables: El aceite de oliva, el aguacate y las semillas o frutos secos molidos son fuentes de grasas saludables.

Alimentos a evitar en menores de 1 año

  • Leche Entera de Vaca y Lácteos: Hasta los 12 meses, el bebé debe recibir solo leche materna o leche de fórmula adecuada para su edad. La leche de vaca entera puede causar problemas digestivos y no contiene el perfil adecuado de nutrientes que un bebé necesita. Entre los 9 y 10 meses, se pueden introducir pequeñas cantidades de yogur o queso fresco sin sal.
  • Azúcar: No se recomienda hasta los dos años. El azúcar es un alimento superfluo que puede predisponer a problemas de salud como la obesidad o la caries dental.
  • Bollería y ultraprocesados: La bollería industrial y los ultraprocesados, incluso algunos productos dirigidos a bebés como galletas y postres lácteos, suelen contener azúcar, grasas poco saludables y aditivos.
  • Verduras de hoja verde: Verduras como las espinacas, las acelgas y la borraja contienen altos niveles de nitratos que pueden provocar metahemoglobinemia, una condición que afecta la capacidad de la sangre para transportar oxígeno.
  • Frutos secos enteros y otros alimentos con riesgo de atragantamiento: Al iniciar la alimentación con trozos (Baby Led Weaning o BLW), es esencial evitar alimentos pequeños y duros como los frutos secos enteros, que son uno de los principales causantes de atragantamientos en bebés.
  • Pescado azul de gran tamaño: Pescados como el pez espada, el tiburón y el atún rojo contienen niveles altos de mercurio, que pueden afectar el desarrollo neurológico del bebé.
  • Carnes de caza: Aunque menos común, es importante evitar carnes de caza que hayan sido cazadas con munición de plomo, debido al riesgo de contaminación por este metal.
  • Algas: Las algas pueden contener niveles excesivos de yodo, que son peligrosos para el bebé.
  • Miel: Entre los alimentos prohibidos en menores de 1 año se encuentran la miel.
  • Sal: Entre los alimentos prohibidos en menores de 1 año se encuentra la sal.

El problema del azúcar añadido

Los primeros 1.000 días de vida de tu bebé son cruciales a todos los niveles. Todo lo que ocurra desde su concepción hasta que cumpla los dos años será determinante en su salud física y mental. Y en el caso de la alimentación que reciba, la evidencia científica señala que afectará a su desarrollo, salud y hábitos alimenticios futuros. Por eso, entre los productos superfluos a estas edades y que los expertos recomiendan introducir cuanto más tarde y en menos cantidad mejor, destacan los azúcares añadidos.

Un estudio reciente publicado en Science apunta algunas razones. A continuación, explicamos la importancia de la alimentación saludable hasta los 2 años, qué azúcares no se aconsejan dar a estos menores y los motivos de esta recomendación.

¿Qué azúcares no se recomiendan para menores de 2 años?

Sí, un bebé no debe tomar azúcar en sus primeros años de vida. Pero ¿qué azúcar? Hay que diferenciar entre el azúcar presente de forma natural en el interior de los alimentos (azúcar intrínseco) y el azúcar libre, ya que tienen consecuencias fisiológicas diferentes.

Como apunta el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), en su documento sobre ingesta de azúcar en bebés, niños y adolescentes, “el azúcar se encuentra de forma natural en las frutas, hortalizas y algunos granos, así como en forma de lactosa en la leche y los productos lácteos”. Es el azúcar intrínseco.

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Siempre que sea posible, los niños deben consumir el azúcar de esta forma, a través de la leche materna, la leche, los productos lácteos sin azucarar (yogur natural) y las frutas frescas enteras.

Azúcares libres a evitar

Pero hay otro que conviene evitar y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como todos los monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos y bebidas por el fabricante, cocinero o consumidor, además del azúcar presente de forma natural en la miel, los jarabes, los zumos de frutas y concentrados de zumos de frutas. Es el azúcar libre que en las etiquetas también se puede esconder en palabras como glucosa, galactosa, sacarosa, fructosa, sirope, néctar, dextrosa, almíbar, maltosa, melaza, panocha, trehalosa… ¡Ojo!

La ESPGHAN advierte que los alimentos o bebidas etiquetados sin azúcar añadido y/o azúcares naturales también pueden contenerlo. Según la normativa europea, no es obligatorio indicar el azúcar libre en el etiquetado, por lo que puede haber productos elaborados a base de cereales, alimentos infantiles para bebés y niños pequeños y bebidas como zumos de frutas que contengan estos azúcares y no se señale en la etiqueta.

No hay requerimientos nutricionales de azúcar libre para bebés, niños y adolescentes. Por tanto, la ESPGHAN recomienda que el consumo de azúcar libre se reduzca y limite al día a < 5 % de la ingesta energética para niños mayores de 2 años y adolescentes. Esto quiere decir que, de 2 a 4 años, la ingesta máxima diaria estaría en 15-16 gramos, es decir, 4 cucharillas.

En el caso de los bebés y menores de 2 años, la ingesta de azúcar libre debe ser incluso menor. La Asociación Americana del Corazón (AHA) matiza: hay que evitarlos. Por eso no caben darles bebidas que contengan azúcar en biberones o tazas, ni animarles a que se duerman tomando bebidas o leche azucaradas en biberón.

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Razones para no dar azúcar al bebé

¿Y cuáles son las razones de estas recomendaciones? El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica recuerda que hay evidencia consistente de que los azúcares libres contribuyen al aumento de peso, la obesidad, la caries dental y otros efectos adversos para la salud. En cambio, los azúcares intrínsecos “son menos preocupantes, ya que es menos probable que se consuman en exceso y contienen una amplia gama de nutrientes bioactivos que mejoran la salud, fibra, antioxidantes y fitoquímicos que reducen la inflamación y mejoran la función endotelial”.

En el caso de los más pequeños, además de la obesidad infantil y la caries, son varios los motivos por los que no se aconseja el consumo de azúcar libre.

  1. Interfieren en el desarrollo del gusto: Los bebés prefieren los sabores dulces, salados y sabrosos. Incluso los recién nacidos se muestran más interesados en las soluciones dulces, y no tanto en el agua, y los niños pequeños en los alimentos de alta densidad energética. Pero esta preferencia innata puede reforzarse o modificarse. Y en ello influyen mucho los padres y el entorno en la infancia temprana.
  2. Perjudican a la ingesta de nutrientes y cantidad de alimentos: El consumo de bebidas azucaradas y zumos de frutas en bebés puede desplazar a la lactancia materna o la lactancia artificial. Y, en consecuencia, puede afectar de forma negativa al aporte de nutrientes y disminuir la calidad de la dieta del peque. Además, los expertos apuntan que los líquidos con azúcar sacian menos que un alimento sólido con azúcar, lo que lleva a un consumo mayor de alimentos y de energía.
  3. Provocan molestias gastrointestinales: Como señalan los nutricionistas pediátricos, una mala absorción del azúcar de los zumos en bebés y niños susceptibles puede causar diarrea crónica, flatulencia, distensión y dolor abdominal, además de retraso en el crecimiento.
  4. Incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes: La recomendación de la AHA se basa en la disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular en los niños (aumento excesivo de peso y obesidad, presión arterial y niveles elevados de ácido úrico, dislipidemia, enfermedad del hígado graso no alcohólico), resistencia a la insulina y diabetes tipo 2 y también para mantener la calidad de la dieta.

Cereales para lactantes: ¿son siempre una opción saludable?

Los cereales son una fuente básica de nutrientes y energía junto a la fruta, la verdura, la carne, el pescado y los huevos. Aportan hidratos de carbono, proteínas, minerales, ácidos grasos esenciales, vitaminas (sobre todo del grupo B y ácido fólico) y hierro.

Los cereales para lactantes son harinas modificadas en las fábricas. Durante la fabricación se procesan mediante la hidrólisis o dextrinación. El cereal se modifica porque se rompen los hidratos de carbono en trozos más pequeños. Algunos de estos trozos son azúcares. Por eso incluso los cereales “sin azúcar añadido” llevan más azúcares libres.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (EPSGHAN) aconsejan evitar azúcares libres y añadidos, miel y edulcorantes en la alimentación de los lactantes y niños pequeños.

La EFSA en 2021 declara que no es posible establecer un umbral seguro en el consumo de azúcares libres y añadidos; por lo que su ingesta debe ser “lo más baja posible”. Los azúcares libres aportan calorías, pero no nutrientes. El azúcar que hay en alimentos como la leche o la fruta (no añadido) es bueno para la salud. Los lactantes no deben tomar azúcar porque tiene riesgo de producir caries, obesidad o diabetes entre otros problemas.

El azúcar, a partir de los 2 años, no debe ser mayor del 5% de las calorías totales. El azúcar, en menores de 2 años, debe ser aún menos o incluso evitarse.

¿Qué cereales son más recomendables?

Lo mejor es dar alimentos que se preparen en casa: sin sal ni azúcar, aptos para la edad y desarrollo del bebé. Así se adapta poco a poco a lo que come la familia. Lo óptimo serán cereales no procesados (no hidrolizados o dextrinados), de grano completo o cereal integral, que lleven la fibra del salvado.

Es importante mirar la etiqueta de la caja de cereales para ver si llevan estas ventajas. Se pueden dar de distintas formas:

  • Triturados:
    • Papilla con copos de avena cocidos disueltos en agua, leche, caldo o purés.
    • Avena instantánea sin azúcar.
    • Sémola de arroz o de trigo (sopa maravilla, cuscús).
    • Harina de maíz con leche, caldo o agua.
  • No triturados:
    • Pasta cocida (espaguetis cortados, fideos, macarrones…).
    • Arroz cocido o caldoso.
    • Pan.
    • Arepas.
    • Tortas de maíz, quinoa o avena sin azúcar.
    • Galletas caseras sin azúcar.

Hay muchas opciones. Se dará una u otra según lo que prefieran el bebé y la familia. Al principio se puede comenzar dándolos más diluidos y en pequeñas cantidades. Conforme el niño se vaya haciendo al sabor y la textura, se podrá dar más cantidad y más espeso, o dar en pequeños trozos.

Tabla resumen de alimentos recomendados y no recomendados

Alimentos Recomendados Alimentos No Recomendados (Menores de 1 año)
Cereales integrales sin azucarar (arroz, avena, quinoa) Leche entera de vaca
Verduras Azúcar y alimentos azucarados (bollería, zumos)
Frutas (presentadas de forma segura) Verduras de hoja verde (espinacas, acelgas) en exceso
Carnes magras y pescado Frutos secos enteros
Huevos (bien cocidos) Pescado azul de gran tamaño (atún, pez espada)
Legumbres Carnes de caza
Grasas saludables (aceite de oliva, aguacate) Algas
Miel
Sal

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