Bioética del Aborto: Argumentos a Favor y en Contra
En bioética confluyen concepciones diversas sobre el trato que los humanos hemos de dar a otros humanos y a los demás seres vivos, a la naturaleza, al planeta. Una de estas concepciones atribuye a fuerzas intangibles los fenómenos de la vida; otra reivindica el conocimiento científico como fundamento de la ética. Algunas más obedecen a intereses económicos, ideológicos, políticos.
Con ese telón de fondo y mediante la más esmerada construcción de consensos, en 2005 fue aprobada la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos.
Subsiste, sin embargo, la polémica respecto de cuestiones concernientes a la salud sexual y reproductiva, y muy señaladamente, al aborto. Aborto: tema de salud pública, de derechos humanos, de justicia social; de avance del conocimiento científico, de desarrollo de nuevos fármacos y biotecnologías; de impacto sobre personas y sociedades; de posiciones contrastadas en el ámbito global. De ello trata este texto.
Bioética: Una Ética Basada en el Conocimiento Científico
El mundo de hoy, caracterizado por la pluralidad y diversidad de creencias, requiere que los instrumentos por excelencia para la solución de controversias sean el conocimiento y los argumentos sólidamente fundados. Parto del postulado de Van R. Potter con el cual coincido plenamente: la ética de nuestro tiempo ha de basarse en el conocimiento científico, probado y comprobado, y no en creencias particulares.
Con ello en mente, V. R. Potter -destacado bioquímico norteamericano- convocó en 1970 a la humanidad a dotarse “urgentemente [de] una nueva sabiduría que le proporcionara ‘el conocimiento sobre cómo utilizar el conocimiento’ para la sobrevivencia del hombre y el mejoramiento de su calidad de vida”. Para esa nueva sabiduría Potter propuso el término bioética, la cual debía “cimentarse en la biología, ampliada más allá de sus límites tradicionales para incluir los elementos más esenciales de las ciencias sociales y las humanidades, con énfasis en la filosofía en sentido estricto, o sea, en el ‘amor a la sabiduría’”.
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La bioética, síntesis de conocimientos y valores, es para Potter una ética basada en el conocimiento científico. Potter no limita la bioética a una ética fundada en las ciencias de la vida, si bien éstas son su cimiento. Su propuesta contempla el análisis de los elementos más esenciales del contexto en el que se inscriben las diversas cuestiones de las que trata la bioética.
Bioética y Aborto
El debate sobre aborto en el ámbito de la bioética se encuentra empantanado desde hace ya largo tiempo entre quienes adjudican al cigoto un supuesto derecho absoluto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y quienes confieren a la mujer un supuesto derecho absoluto a decidir sobre su cuerpo. Ambos, lemas efectistas que simplifican una problemática compleja, con implicaciones graves para la salud individual y social.
En términos de un choque de absolutos, el debate sobre el aborto es un falso debate: apelar a derechos absolutos resulta improcedente en el ámbito del Derecho, ya que todo derecho encuentra su límite en el derecho de terceros; ante derechos en conflicto, lo que procede es la ponderación. Tampoco es válida la tesis de que el derecho a la vida es “el primero y superior” de todos los derechos humanos.
Ningún Derecho Humano tiene ni puede tener preeminencia sobre ningún otro; por naturaleza son indivisibles, interdependientes, complementarios y no jerarquizables. La propuesta gradualista liberó al debate sobre aborto del estancamiento en el que se encontraba, y en la actualidad rige en cada vez más países.
El gradualismo parte de la premisa de que el embarazo no es un acto, sino un proceso, y en consecuencia, atiende a las diversas fases del desarrollo embrionario. El conocimiento científico en genética y embriología humanas registran que en la primera fase del embarazo una proporción “no mayor del 20% de los cigotos producto de la concepción se desarrolla para dar lugar a un feto que pudiera llegar a ser un nacido vivo. Los cigotos tienen muy diferentes destinos; entre ellos, generar tejidos amorfos, embarazos anembriónicos, cigotos caóticos, tumores benignos y malignos, tejido embrionario con deficiencias orgánicas” tan severas que producen fetos anencefálicos y ausencia de otros órganos.
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De ahí que ni al óvulo fecundado, al cigoto, al blastocisto, al pre-embrión, al embrión o al feto se les pueda conferir estatus ni derechos de la persona con anterioridad al nacimiento. La neurobiología, por su parte, tras realizar y cotejar numerosos estudios, concluye que “desde el punto de vista científico, el ser humano, la persona, es resultado del desarrollo ontogénico cuando éste alcanza la etapa de autonomía fisiológica -viabilidad fuera del útero materno, ya que mientras tanto depende totalmente del aporte nutricional y hormonal de la mujer- y cuando su sistema nervioso ha adquirido la estructura y la funcionalidad necesarias para percibir estímulos sensoriales, experimentar dolor y adquirir conciencia y autonomía”, todo lo cual no sucede sino hasta la fase tercera y última de la gestación.
El gradualismo, pues, se corresponde con el concepto postulado por Potter de una ética basada en el conocimiento científico de la biología humana. La tesis gradualista reconoce a la mujer -persona jurídica- el derecho pleno a decidir sobre la interrupción del embarazo durante el primer trimestre. Al embrión lo reconoce como un bien tutelado jurídicamente -mas no como persona jurídica- cuya protección incrementa a medida que logra viabilidad extrauterina en el tercer trimestre de la gestación.
La Realidad Global del Aborto Voluntario
Desde hace ya varias décadas organismos gubernamentales y de la sociedad han recabado información sobre el aborto en el mundo a fin de conocer y comprender la dimensión y las especificidades del problema. Entre ellos, la Organización Mundial de la Salud, la División de Población y Desarrollo del Consejo Económico y Social de la ONU, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, el Centro de Derechos Reproductivos y numerosas instituciones académicas.
Aborto Inducido: incidencia y tendencias mundiales de 1995 a 2008, estudio conducido conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud y el Instituto Guttmacher, publicado en 2012 por The Lancet, proporciona un conjunto de datos que permiten profundizar en el análisis cuantitativo y cualitativo de la situación global del aborto y sobre sus particularidades en diversas regiones del mundo. La investigación se realizó en tres fases: 1995, 2003 y 2008. Los datos obtenidos revelan que a lo largo del período el promedio anual de abortos inducidos o voluntarios en el orbe fue de 44 millones.
La tasa mundial de aborto inducido registró un descenso importante entre 1995 y 2003, y se mantuvo prácticamente estable de 2003 a 2008.
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Cifras y Tasas. Estimación Global y Regional de Aborto Inducido 1995, 2003, 2008
*Abortos por cada 1,000 mujeres de 15 a 44 años de edad.
| Región | Tasa de Aborto Inducido en 1995 | Tasa de Aborto Inducido en 2003 | Tasa de Aborto Inducido en 2008 |
|---|---|---|---|
| Países Desarrollados | |||
| Países en Desarrollo | |||
| América Latina | 32 | ||
| Europa |
Las diferencias entre los países desarrollados y aquellos a los que eufemísticamente se les llama en desarrollo resultan significativas. Entre 1995 y 2008, la tasa de aborto voluntario de los primeros cayó en proporción de 3 a 1 respecto de los países en desarrollo (-15: -5). La disminución más notable tuvo lugar en Europa (-21). En contraste, y pese a una reducción de 5 puntos, América Latina registró en 2008 la tasa de aborto inducido o voluntario más alta del orbe (32 abortos por cada mil mujeres de 15 a 44 años de edad).
¿Cuáles son los factores que inciden mayormente sobre las altas tasas de aborto inducido en América Latina?
Normatividad del Aborto en el Mundo: Criterios Encontrados
A la par de las consideraciones bioéticas, precisamos identificar los elementos esenciales del contexto jurídico, socioeconómico, político y cultural en el que se inscribe la problemática del aborto inducido. En América Latina, el aborto se condena como pecado y se tipifica como delito; se penaliza a la mujer que aborta y a quien la auxilia para ello. Aún así, nuestra región mantiene la tasa más elevada de aborto inducido en el planeta.
La realidad latinoamericana es prueba fehaciente de que la penalización del aborto no evita, ni previene, ni resuelve este problema. Salvo Cuba, la Ciudad de México y Uruguay -que se rigen conforme al modelo gradualista- y Colombia -que amplió recientemente los supuestos para la interrupción legal del embarazo- América Latina se encuentra sumida en el oscurantismo respecto del aborto. Únicamente tres países en el mundo no admiten el aborto bajo ningún supuesto, y los tres son parte de nuestra región: Chile, El Salvador y Nicaragua.
La prohibición del aborto es atribuible a la influencia religiosa, política y económica que la iglesia católica mantiene en América Latina, la cual ha logrado subsistir -entre otras razones- debido a la polarización social: Latinoamérica es la región más desigual del orbe. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sostiene que la desigualdad constituye el “obstáculo mayor para reducir la pobreza, avanzar en el desarrollo humano, y para ampliar las libertades y opciones de las personas”. No extraña, por tanto, el atraso que nos caracteriza en numerosos ámbitos de la vida, particularmente los relativos a la cultura democrática y de los Derechos Humanos.
De ahí los obstáculos para la impartición de educación en salud sexual y reproductiva, y la falta de disposición de los legisladores para regular el aborto desde una perspectiva científica y acorde con los derechos de las mujeres.
Algunos Casos en América Latina que Sirven de Ejemplo
- Paulina: menor mexicana de 13 años de edad, miembro de una familia de escasos recursos; fue violada y quedó embarazada en 1999. Paulina y su madre solicitaron el aborto por violación en los términos y plazos que contempla la ley del estado de Baja California. El director del hospital se opuso al aborto; Paulina fue retenida en el hospital, donde se recurrió a dilaciones y presiones para disuadirla de abortar. El caso se presentó a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, la cual intervino para propiciar una solución amistosa entre las partes. El gobierno de Baja California reconoció públicamente su responsabilidad en la violación del derecho de Paulina a interrumpir su embarazo, la indemnizó y costeará los gastos de educación y salud de su hijo hasta que éste cumpla 18 años. El gobierno se comprometió asimismo a emitir un código de procedimientos para la interrupción legal del embarazo en Baja California, a fin de prevenir “la recurrencia de ese tipo de situaciones”.
- KL: menor peruana de 17 años de edad; gestó un feto anencefálico en 2001. Los médicos indicaron la interrupción de embarazo; el director del hospital no lo consintió. KL tuvo que llevar su embarazo a término y amamantar a la recién nacida durante los 4 días en que sobrevivió. La experiencia ocasionó depresión severa a KL. El Comité de los Derechos Humanos de la ONU conoció del caso y responsabilizó al Estado peruano por la violación de los derechos de KL: trato cruel, inhumano y degradante hacia una menor, y por “no tomar medidas para responder a las resistencias de la comunidad médica a practicar el aborto terapéutico”. El gobierno de Perú debió indemnizar a KL y promulgar un protocolo para el aborto terapéutico que impidiera que casos similares volvieran a ocurrir.
- Martha Solay: colombiana de 37 años de edad y madre de tres niñas, con un cuarto embarazo en curso en 2006. Falleció ese mismo año debido a un cáncer que no le fue tratado porque “pondría en peligro la vida del feto”. Dejó cuatro huérfanas. La Corte Constitucional de Colombia despenalizó el aborto en mayo de 2006; la sentencia no llegó a tiempo para salvar la vida de Martha.
Ética con Perspectiva de Género
A lo largo de su historia, la ética ha estado dominada por los hombres. Las teorías de los grandes filósofos del pasado que estudiamos hoy en día son teorías hechas por hombres, no por mujeres. En muchas ocasiones estas teorías reflejan explícita y únicamente el punto de vista y los valores masculinos; de hecho, los filósofos morales ocupan un lugar significativo dentro de la historia de la misoginia.
Lo que es cierto es que, a lo largo de su historia, la filosofía moral ha expresado muy poca preocupación por los intereses de las mujeres. La bioética no ha estado exenta del dominio masculino y, aunque tal vez en menor medida, ha expresado poco interés por la perspectiva y los intereses de las mujeres. Al partir de las teorías éticas de los filósofos morales del pasado, ha adoptado buena parte del enfoque masculino de estas teorías.
Este sesgo solamente ha sido claro a partir del avance de teorías desarrolladas por mujeres que han enfatizado la perspectiva de género. Ellas sostienen que las teorías desarrolladas por hombres suelen con frecuencia reflejar puntos de vista típicamente masculinos, mientras que las teorías éticas desarrolladas por mujeres -sobre todo a partir del siglo xx- han enfatizado otro tipo de valores, propiamente femeninos. Esto ha dado lugar a algo que algunas pensadoras han llamado ética del cuidado o ética femenina es decir, teorías morales que se han desarrollado a partir de lo que se toma como valores propios de la perspectiva femenina.
De este modo, se ha tratado de aplicar la ética femenina a problemas morales que surgen, por ejemplo, en el ámbito de la salud, como la enfermería, la reproducción asistida, la ética de la genética y el aborto, entre muchos otros temas.
Sin embargo, la ética femenina debe distinguirse de la ética feminista. Aunque comparten una preocupación básica por los intereses y los puntos de vista de las mujeres, estas dos teorías morales no son equivalentes, porque argumentar a partir de una perspectiva femenina no es necesariamente equivalente a feminismo. En términos generales, y a reserva de que analice con cuidado estas teorías más adelante, mientras que la ética femenina intenta desarrollar una filosofía moral a partir de lo que considera una perspectiva y valores propiamente femeninos, la ética feminista se propone analizar y criticar cualquier forma de injusticia de género y poner fin a la discriminación, desigualdad, exclusión y opresión de las mujeres.
Si bien las dos teorías pueden, en principio, llegar a conclusiones similares en cuanto a la consideración moral del aborto, tienen diferencias significativas y, en muchas ocasiones, pueden entrar en conflicto.
Ahora, por ética femenina entenderé básicamente la ética del cuidado, tal como ha sido desarrollada por Carol Gilligan y Nel Noddings. Para el feminismo liberal, una de las funciones principales de la ética en lo que respecta al tema del aborto consiste en la justificación moral de los derechos reproductivos.
Ética del Cuidado, Ética Femenina
En 1982, la psicóloga del desarrollo Carol Gilligan publicó el libro In a Different Voice. Psychological Theory and Women's Development. Este libro rompió los esquemas hasta entonces dominantes acerca del desarrollo moral de hombres y mujeres. Hasta ese momento, las teorías que abordaban el asunto no tenían ningún interés en mostrar las diferencias en el desarrollo moral según el género; cuando llegaban a hacerlo, sugerían que las mujeres eran, en promedio, menos desarrolladas moralmente que los hombres.
Gilligan se centró en la teoría más acabada sobre desarrollo moral, la teoría de Lawrence Kohlberg, quien había propuesto una escala de seis etapas por las que pasan los niños en su desarrollo moral. Según Kohlberg, en las primeras dos etapas hay una orientación hacia evitar castigos y recibir premios; en las etapas intermedias hay una conformación hacia la moral convencional; y finalmente, en las dos etapas superiores hay una orientación hacia una moral de tipo contractualista y de obediencia a reglas éticas universales.
Pero también describe esa voz a partir de otros elementos: es una voz concreta y específica, una voz que no es competitiva o combativa, sino colaborativa, dado que pone más énfasis en las relaciones interpersonales que en la individualidad. De este modo, mientras que las voces morales de los hombres tienden a resaltar la imparcialidad, la justicia, los derechos, la aplicación de reglas universales y la responsabilidad hacia códigos abstractos de conducta, las voces morales de las mujeres se enfocan más en el cuidado, en la responsabilidad hacia los otros, hacia individuos reales, en la preocupación por el sufrimiento de esos otros.
A esta perspectiva moral propiamente femenina Gilligan la llamó ética del cuidado: una ética que enfatiza valores como cuidado mutuo, responsabilidad en las relaciones, etc., por sobre valores típicamente masculinos, como la imparcialidad, la autonomía, los derechos, la aplicación de reglas abstractas, etc.
Sin embargo, al hablar de una ética del cuidado, Gilligan estaba básicamente describiendo un tipo de actitud moral distintivamente femenino, y no proponiendo una teoría normativa completa que nos diera lineamientos o prescripciones para la acción moral; es decir, no estaba proponiendo una teoría ética que compitiera o reemplazara a las teorías normativas tradicionales basadas en principios, como el deontologismo o el consecuencialismo, sino que les sirviera de complemento.
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