Cabrito Sans Font: Historia y Uso
Este artículo presenta cuatro prescripciones de carácter dietético de la primera mitad del siglo XVI, conservadas en el Archivo General de Navarra. Se trata de documentos valiosos debido a la escasez de ejemplos conocidos de este tipo de fuentes para el ámbito hispano renacentista y que muestran el interés de médicos y pacientes por la dietética, entendiéndola como régimen general de la vida de un individuo con el fin de mantener o lograr el restablecimiento de la salud.
En este trabajo presentamos cuatro prescripciones de carácter dietético de la primera mitad del siglo XVI, conservadas en el Archivo General de Navarra.
Prescripciones dietéticas para micer Juan Rena (ca. 1480-1539)
Una característica a destacar de las prescripciones dietéticas para Juan Rena es que la más antigua, además de ser la única fechada -mayo de 1524-, responde a unas notas escritas por él mismo. El propio enfermo establece cronológicamente los pasos a adoptar en todo lo relacionado con la ingesta de alimentos, la toma de medicinas, los baños y los masajes que debían aplicarse. No resultaría extraño que además de contar con el consejo de algún médico, para su elaboración hubiera utilizado un Regimen sanitatis que encontramos inventariado en su casa de Pamplona en 1525.
La segunda dieta, elaborada hacia 1528, fue redactada sin duda alguna por un médico. Su estructura es diferente a la anterior, poniendo especial énfasis en los alimentos que Rena debe o no consumir para pasar a prescribir ciertos compuestos medicamentosos. Si el primer texto finaliza con la receta de un ungüento que Rena debe utilizar, el segundo recoge toda una serie de simples medicinales que tenía que tomar. No obstante, es importante señalar que la redacción de la receta del ungüento, así como la relación de los simples medicinales de la segunda prescripción, están escritas por manos diferentes respecto al cuerpo general de cada dieta, lo que sugeriría la implicación de diversas personas en su elaboración.
Veneciano de origen, Juan Rena nació hacia el año 1480, sin que conozcamos dato alguno sobre su familia o sobre donde adquirió la sólida formación que le llevó a desempeñar puestos de responsabilidad en la administración castellana desde principios del siglo XVI. Lo cierto es que su periplo político-administrativo y su estatus religioso, le permitieron ocupar el obispado de Pamplona al final de su vida. Nombrado capellán de la reina Juana I de Castilla en 1508, fue mano derecha de Fernando II de Aragón (el Católico) y tras la conquista de Navarra, en su reestructuración administrativa, ejerció entre otras actividades como pagador de las obras y gastos extraordinarios de Navarra desde 1512 hasta su muerte. Como capellán de Carlos V sirvió en numerosos cometidos a la corona española. Las prebendas eclesiásticas de las que fue beneficiario y que tanto ansiaba fueron constantes a partir de 1523, ejerciendo como tesorero de la catedral de Pamplona entre 1530 y 1538. La anhelada mitra episcopal de la diócesis de Pamplona le llegó en la primavera de ese año de 1538.
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Por lo que respecta a las prescripciones dietéticas que nos ocupan, es necesario hacer notar el peso de la tradición medieval del galenismo árabe y latino respecto al baño y los masajes. Pese a la consideración del baño desde la perspectiva de la medicina preventiva en los tratados de higiene, el beneficio que de él esperaba el veneciano en 1524 es completamente curativo. Su planteamiento es claro y la propuesta es hacer uso de ellos antes de ingerir cualquier tipo de alimento, tanto a primera hora de la mañana como por la tarde antes de cenar, dejando un tiempo prudencial tras la comida del mediodía. La utilización del baño era percibida como una forma de sustituir el ejercicio o como medio de completar su acción.
Rena tomaba los baños de cuerpo completo o tan solo de las partes afectadas, aunque por la mañana, antes de entrar en el baño, se propuso "vntar el hígado con vngüento sandalino e rosado, e cada mañana antes de vntar el hígado haré con un lienço linpiar lo que de la vnçión del día antes quedado oviere". Los problemas en las piernas -probablemente gota- y estomacales parece que fueron su principal calvario. Los largos periodos de baño -entre media y una hora- debían de aliviarle los dolores, y este tratamiento se completaba con friegas de orina caliente (cuyo origen no se especifica) y un ungüento también caliente. Por la tarde, una vez distribuido el ungüento, sus piernas tenían que enfundarse en lienzos templados debiendo acostarse una hora antes de cenar, mientras que por las mañanas no parece que se cubrieran sus piernas antes de ir a descansar. Estas prácticas, que se llevaron a cabo desde el 12 de mayo hasta que "no hiziese eçessivo calor", formaron parte de un tratamiento perfectamente regulado, en el que se incluían píldoras y ungüentos.
En más de una ocasión el calor ambiental no se consideraba nada conveniente. De ahí que Rena afirme que si "hiziere de muncho calor haré poner sobre la vnçión del hígado vn lençezico delgado mojado en agoa rosada e vnas gotas de vinagre templado". No resulta por tanto extraña la importancia otorgada a los medicamentos calientes y a la humedad aportada por los baños en las prescripciones destinadas a Juan Rena, habida cuenta de que en 1524, la fecha de su "regimiento" más temprano, podía rondar los 44 años de edad.
Disposiciones que vuelven a quedar vigentes cuatro años después, cuando fue atendido por los médicos Juan de Elizondo, médico de Pamplona y de los destronados reyes de Navarra, y Martín de Santacara, primer protomédico de Navarra.
La estrecha relación de Juan Rena con Juan Vallés, nombrado protonotario y tesorero de Navarra en 1524 y 1528 respectivamente, ha quedado reflejada no solo en la relación epistolar conservada de la época en que Vallés estuvo en la corte al servicio de Carlos V entre 1519 y 1528, sino también en una serie de recetas que éste le proporcionó para tratar sus problemas en una pierna. Las aficiones de Vallés por la medicina son bien conocidas.
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No sería de extrañar que en una de sus obras médicas hoy desaparecida, las Flores de medicina y cirugía, se hubieran incluido algunas de las recetas que ofreció a Rena para la pierna: "Tómese una cabeça de carnero y pélese y quebrántese y quítensele los sesos, y tanbién se tomen los pies y las manos y se pelen. Ítem se tomen rayzes de maluauisco dos libras, mancanilla, corona de rey y heneldo, de cada uno dos manojos, simiente de alholuas y de lino, entera la simiente, de cada uno media libra. Todas estas cosas cuezan en la quantidad de agua que fuere sufficiente y cuezan hasta que la carne de la cabeça y de las manos se aparte de los huesos. Y con este baño quanto más callente se pueda suffrir se laue un ratico, y después de bañado y enxugado con un paño callente luego de presto se ponga el emplastro que está hecho y tenga siempre la pierna leuantada, digo tendida sobre alguna caxa. Este cozimiento se guarde para que en estos cinco o seys días se bañe con él cada día una vez o dos callentándolo siempre muy bien. Y los huessos se echen a mal por que se pueda lauar con las mesmas cosas que entran en el cocimiento".
La utilización de elementos farmacológicos, como píldoras, jarabes, tablillas y ungüentos se complementan con los alimentos y bebidas que el veneciano debía consumir en razón a su estatus social y a sus dolencias; un hecho que queda evidente tanto en el texto de 1524 como en el que se le prescribió hacia 1528. El número de comidas a realizar dependía de factores como la edad, la complexión, el estado de las fuerzas, el tiempo del año y la presencia o no de un cuadro morboso. Lo más propio para quienes tenían una complexión seca, acompañada de un fuerte calor innato y que acostumbraban a tomar alimentos exquisitos, era hacer dos comidas diarias.
Las dos prescripciones consideraban que la comida y la cena eran de obligado cumplimiento. La primera establecía la hora de la comida en torno a las 10 de la mañana y la de la cena entre las 8 y las 9 de la noche, muy en consonancia con lo planteado por Arnau de Vilanova dos siglos antes.
Respecto a los alimentos, la prescripción de 1528 de que el pan "sea hun día cozido" coincide con la propuesta de algunos regímenes medievales de no comer pan caliente ni aquel elaborado con más de dos días de antelación. Tampoco menciona las legumbres, salvo los "garbanços muy bien cozidos".
El Cabrito en la Dieta de Juan Rena
En este contexto, es importante destacar el papel del cabrito en la dieta de Juan Rena. La carne de cabrito, siendo una carne blanca y magra, era considerada fácil de digerir y nutritiva. Era especialmente recomendada para personas con problemas estomacales y digestivos, como parece ser el caso de Rena.
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La segunda dieta, elaborada hacia 1528, fue redactada sin duda alguna por un médico. Su estructura es diferente a la anterior, poniendo especial énfasis en los alimentos que Rena debe o no consumir para pasar a prescribir ciertos compuestos medicamentosos.
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