Itsaso Arana: Vida, Trayectoria y Colaboraciones en el Cine Español

26.10.2025

Eva es actriz. O lo era. Y la novia de. Pero ya no. No tiene casa propia. Ni alquilada. Se la presta un amigo. No es madre. Y no sabe si lo será algún día. Eva no es actriz ni novia de ni la vecina del cuarto ni la madre del niño de la vecina del cuarto. Entonces, ¿quién es?

Siempre han dicho que el verano en Madrid es lo más cercano al infierno pero, para Eva (Itsaso Arana), es la oportunidad de encontrarse a sí misma en una ciudad suspendida durante dos meses en una especie de duermevela estival. Un letargo viscoso que se rompe momentáneamente la segunda semana de agosto, cuando la ciudad revive de turistas y autóctonos en las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma, y donde el chotis se entremezcla con el sonido de las freidoras, las barracas de feria y las verbenas. Porque el día 15 es la Virgen de agosto.

En busca de sí misma, Eva decide tomar en pleno agosto una decisión que no suele ser habitual: quedarse en Madrid, en casa de un conocido, para pasear, observar y relacionarse con quienes salen a su paso por las calles de una ciudad en fiestas. Una experiencia que le cambiará la vida y su forma de enfrentarse al mundo a esta chica de 33 años y que dará pie a situaciones inéditas para ella fruto de la improvisación.

Itsaso Arana y su Colaboración con Jonás Trueba

Itsaso Arana (Tafalla, 1985) interpreta a la protagonista de La virgen de agosto, una película dirigida por Jonás Trueba (Todas las canciones hablan de mí) en la que esta actriz, vista en películas como Las altas presiones y Acantilado y series como El don de Alba o Vergüenza, ha escrito el libreto junto a Trueba.

El cine de Jonás Trueba es paseos por Madrid, encuentros fortuitos, enamoramientos, desenamoramientos, salas de cine, un concierto, citas de libros de filósofos o escritores y conversaciones en una habitación alquilada. Las calles de la pantalla son sus calles; los bares, sus bares; los actores, muchos de ellos, sus amigos. Un cine íntimo, exploratorio y minimalista, de pequeños gestos que esconden una verdad universal. O, al menos, una teoría.

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El cineasta que mejor sabe retratar Madrid y la generación de treintañeros urbanitas vuelve a las calles de su ciudad para contar la crisis de identidad de quienes se han visto atrapados entre la demolición de las estructuras sociales tradicionales y la promesa de un recambio que todavía no ha llegado: náufragos entre dos aguas. Itsaso Arana, en un momento de 'La virgen de agosto'. (BTeam) Y lo hace a través de Eva, una joven a punto de cumplir 33 años que se acaba de mudar provisionalmente a casa de un conocido y que se enfrenta a un agosto confinada en una ciudad aparentemente vacía y árida.

El Proceso Creativo de "La virgen de agosto"

¿Cómo has compaginado ser la protagonista del filme y, al mismo tiempo, coguionista junto a Jonás Trueba?

Es verdad que es más fácil entrar en el universo de una historia si la has escrito tú, como ha sido el caso. Ha sido un ejercicio curioso pero me he sentido muy privilegiada. Escribir tiene mucho que ver con actuar, porque tienes que ponerte en la situación que viven los personajes.

¿Cómo surgió este proyecto?

Es fruto de una experiencia previa que me llevó a participar en La reconquista, el anterior largometraje de Jonás Trueba. Para mí, actuar no es sólo interpretar un papel, sino entender el mundo que se despliega ante ti. Surgió de manera natural e hicimos juntos este proyecto desde un principio. Venía de actuar en teatro, así como escribir y escribir mis propias obras. Pero no había escrito antes nada para el cine. No me hubiera atrevido si no hubiera sido de la mano de Jonás y de quienes trabajan en la productora Los ilusos. Ya me parecía un privilegio estar como actriz en La reconquista, así que imagina haber podido escribir esta película con él.

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Explorando Temas Generacionales y Personales

Con una estructura dividida en 15 fragmentos equivalentes a los primeros 15 días de agosto -hasta el día de la Virgen de agosto-, Trueba sigue con la cámara el día a día de Eva, que, como en una fábula, se irá encontrando por ese Madrid en estado de excepción a fantasmas del pasado, del presente y, quizá, del futuro que la ayudarán a encontrar su camino.

Eva no es la única que se siente perdida. En los personajes de 'La virgen de agosto', resulta común una desorientación generacional provocada por la desaparición de antiguas certezas que servían para conformar la identidad individual. La precariedad y la inestabilidad laboral han hecho que las profesiones dejen de ser un rasgo identificativo para una juventud que muchas veces no se reconoce en un puesto de trabajo para el que está sobrecualificada: periodistas 'freelance' o profesores de academia de idiomas que en otra vida quisieron ser cantantes. Las migraciones hacen también que el lugar de nacimiento no siempre coincida con el lugar del que uno se siente.

El director también plantea el conflicto de la maternidad, que sobrevuela las cabezas de casi todos sus personajes femeninos. En 'La virgen de agosto' aparecen representadas las diferentes aproximaciones al hecho de ser madre: la antigua compañera de piso que después de tener un hijo siente que sus amigas, que su grupo social, la han dejado de lado; la soltera de 40 años que congeló los óvulos y cuyas opciones de ser madre se resumen en pagar o no la próxima cuota de la clínica de fertilidad, o la mujer joven y ansiosa que cae en brazos de la mística y la magia como última esperanza de concebir.

La Magia del Azar y las Fiestas en Madrid

En la película, además, el azar funciona como catalizador de la mayor parte de interacciones entre los personajes, lo que fomenta la sensación de un contexto urbano vivo, cambiante e inesperado. La noche y los espacios comunes son lugares de intercambio de teléfonos y de ideas. Son, en realidad, intercambio de oportunidades. Cada interacción supone un nuevo camino, una opción vital diferente e impredecible con infinitos finales. Además, las fiestas sirven como escenario de esa transformación, ese paso de lo viejo que representa la tradición -las raíces religiosas, la costumbre- a lo nuevo, a los futuribles.

Con su estilo sencillo e íntimo, contemplativo y naturalista, en el que los tiempos se ralentizan y hay espacio tanto para silencios como para disertaciones filosóficas, políticas y artísticas -es quizás ahí donde más se siente a Trueba hablar a través de sus personajes-, 'La virgen de agosto' es una película-milagro, una feliz anomalía en la que fondo y forma han encontrado una belleza sosegada y que se conforma como un registro del pulso de la época, sin ensimismamiento, sin apenas adornos, y sin duda como el trabajo más maduro y certero de su director.

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Vito Sanz: Un Actor Clave en el Universo de Trueba

Vito Sanz, es uno de los cinco nominados a mejor actor protagonista de los Goya 2025. El actor ha destacado en el panorama cinematográfico nacional por su versatilidad y talento interpretativo.

Vito Sanz inició su formación como actor en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) de Madrid, donde desarrolló una sólida base interpretativa que le permitió abordar diversos registros en su carrera.

En 2024, Vito protagonizó la película Volveréis, dirigida por Jonás Trueba. En este filme, interpreta a Álex, un cineasta que, tras catorce años de relación con Ale (interpretada por Itsaso Arana), decide organizar una peculiar fiesta de despedida para celebrar su separación. Su papel en la película le ha valido una nominación al Premio Goya como Mejor Actor Protagonista.

Jonás Trueba: Un Cronista de su Generación

El reciente estreno de «Volveréis» -última película del ya «veterano» cineasta Jonás Trueba (Madrid, 1981), nueve largometrajes con poco más de cuarenta años de edad, todos ellos realizados dentro de una condiciones de producción independientes, en el sentido más positivo que tiene este término- ha propiciado que varias referencias críticas asimilen al cineasta a los modos y maneras de Woody Allen. Aunque todavía me parece más próximo a otro cineasta francés más contemporáneo, Robert Guédiguian, por ese equipo humano invariable que, hasta el momento, acompaña al cineasta -entre ellos mi antiguo compañero de Cartelera Turia, el también cineasta Sigfrid Monleón-, una especie de «familia» como la del francés; y también por la ambientación de sus historias, sus vidas, en una misma ciudad, la de cada uno, Madrid en el caso de Jonás Trueba y Marsella en el caso de Robert Guédiguian.

Toda su filmografía respira una gran sinceridad y una gran capacidad para trascender los conflictos y dilemas de los personajes y pasar la pelota al espectador, para que reflexione sobre ellos o los aplique sobre experiencias propias (los personajes de Rohmer eran más explícitos a la hora de filosofar y por ello menos cálidos como personajes). Pero, sobre todo, su filmografía -y he visto los nueve largometrajes mencionados- se me aparece como una aventajada crónica de una reconocible parte de una generación que es la del propio cineasta.

Una historia de amor muy hermosa que está contada a través del cine con gran sensibilidad e inteligencia, logrando introducir al espectador en la vida íntima de sus protagonistas y haciéndole exclamar al final la misma profecía que, a lo largo del metraje, han ido haciendo sus familiares y amigos: Volveréis.

Trueba hace cine sobre cine y vida al modo de la vanguardia francesa de los 60, con una frescura y profesionalidad inéditas en el cine español. Se une así a toda una generación de cineastas españoles, jóvenes y muy preparados, que están haciendo un cine muy nuevo y muy interesante.

El Legado Familiar y la Desacralización del Cine

"Una de las grandes ventajas de pertenecer a una familia de cineastas es que desacralizas el cine; es el día a día, como comprar el pan". La frase de Jonás Trueba, hijo de Fernando y sobrino de David, muestra que llevaba el cine en el ADN desde que nació en 1981. Su filmografía, desde aquella opera prima titulada 'Todas las canciones hablan de mí' hasta 'La virgen de agosto', con la que podría lograr el César a la mejor película extranjera este sábado, no puede estar más alejada de la de su padre. Parece que Jonás, de forma inconsciente, quisiese distanciarse del estilo de su progenitor o de la fácil etiqueta 'hijo de'.

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