Cantidad de Lactosa en la Leche Materna y su Composición

26.09.2025

La leche materna se adapta a las necesidades del bebé y es el alimento ideal para su adecuado crecimiento y desarrollo. De hecho, la leche materna debería ser el único alimento que se administrará al bebé durante los primeros 6 meses de vida, lo que se conoce como lactancia exclusiva. A partir de ese momento, los bebés deberían comenzar a comer alimentos complementarios seguros y adecuados, mientras continuasen amamantando hasta por 2 años o más.

Tipos de Leche Materna

La composición de la leche materna varía según el tipo de leche (calostro, leche de transición o leche madura), la edad de la criatura, la hora del día, el momento de la toma, el estado de salud de madre e hijo, etc.

Calostro

El calostro es la leche de los primeros días y es un alimento rico en proteínas, minerales y vitaminas, contiene elementos (leucocitos y anticuerpos) que protegen al niño frente a infecciones y alergias. Difiere de la leche madura en el tipo de componentes y en las proporciones de estos. Su volumen varía entre 2 y 20 ml por toma, con un volumen de aproximadamente 100 ml en las primeras 24 horas. A mayor paridad, mayor rapidez en el aumento de volumen. El calostro aporta menos energía que la leche madura (67 kcal/dl comparado con 75 kcal/dl). Posee mayor contenido de sodio, potasio, cloruro e IgA. Altos niveles de sodio al inicio de la lactancia se relacionan con un probable fracaso de la misma. Esto se produce principalmente por el retraso en el inicio de las tomas, al no remover la leche del pecho. Su característico color amarillo viene dado por el betacaroteno.

  • Tiene efecto laxante, ayuda a expulsar el meconio y a prevenir la ictericia.
  • Favorece el crecimiento, acelera la maduración del intestino y previene la alergia y la intolerancia a los alimentos.
  • Es rico en vitamina A, reduce la gravedad de algunas infecciones como sarampión y diarrea y previene problemas oculares por falta de vitamina A.

Leche de Transición

La leche de transición se da durante la segunda semana posparto. La concentración de inmunoglobulinas y proteínas totales disminuye, mientras que la lactosa, la grasa y las calorías totales aumentan.

Leche Madura

La leche madura cuenta con el agua como componente principal (más del 90%).

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Componentes de la Leche Materna

Los principales componentes de la leche son agua, proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas. Existen tres puntos focales o áreas principales sobre las que interaccionan los nutrientes de la leche materna. En la formación del sistema nervioso central primero se da la división celular con la formación de las neuronas y la neuroglia, y después la mielinización. Este periodo se da desde el último trimestre del embarazo hasta los dos años de vida aproximadamente, para al final del segundo año tener una mielinización similar a la del adulto.

El sistema inmunitario es inmaduro al nacimiento y su maduración se da durante los primeros dos años de vida. Los inmunomoduladores de la leche materna favorecen la adquisición de este proceso. Los linfocitos T son los más presentes en calostro y leche materna. Se ha visto que los recién nacidos que son amamantados tienen un timo más grande que los que no lo son. La inmunoglobulina más presente es la IgA, especialmente en el calostro. La leche materna aporta también fagocitos, IgG, IgM, IgE, lactoferrina, lisozima, mucina, lípidos, componentes del complemento (C3), etc.

El hemisferio derecho es el dominante durante los primeros dos a tres años de vida. Las comunicaciones de tipo emocional modulan el cerebro, por lo que las experiencias tempranas son determinantes. La relación que el recién nacido establece con su cuidadora principal, quien suele ser su madre, condiciona sus emociones y modela su comportamiento. La regulación de las emociones entre madre e hijo favorece más adelante una autorregulación efectiva y un desarrollo emocional normal según la teoría del apego. La preocupación maternal primaria se da en un periodo POSNATAL de especial sensibilidad de la madre a las necesidades de su hijo. En el cerebro materno se dan cambios irreversibles para favorecer el cuidado.

Grasas

Las grasas (3,5 g por cada 100 ml de leche) proporcionan aproximadamente la mitad del contenido energético de la leche. Las concentraciones aumentan desde 2 g/100 ml en el calostro hasta alrededor de 4 a 4,5 g/100 ml a los 15 días posparto. Secretadas en pequeñas gotas, aumentan en cantidad a medida que avanza la toma, de ahí que la leche al inicio tenga un color azul grisáceo y, hacia el final, adopte un aspecto blanco cremoso. La fracción lipídica de la leche materna se da en una concentración de entre el 3% y el 5%. Tienen un papel fundamental en la formación de membranas celulares de múltiples tejidos, en el desarrollo del sistema nervioso y aportan la mitad de las calorías. Los más presentes son los triglicéridos, los fosfolípidos y el colesterol y los derivados de todos ellos. Su concentración varía según el momento del día o de la toma.

Con un promedio de 4,03 g de grasa por cada 100 gramos, la leche materna madura tiene un contenido de grasa muy alto. El contenido de grasa de la leche materna sirve para satisfacer la elevada necesidad de energía y calorías de los bebés a partir de un aporte relativamente pequeño de líquido.

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La leche materna tiene una mayor proporción de ácidos grasos insaturados que la leche de vaca. El ácido graso esencial -ácido linoleico-constituye el 10% del total de ácidos grasos en la leche materna, mientras que la leche de vaca contiene sólo un 2% de ácido linoleico. Además, la leche materna contiene una gran cantidad de ácido alfa-linoleico, así como otros ácidos grasos a los que se hace referencia conjuntamente como ácidos grasos poliinsaturado s de cadena larga (LCPs). Los más conocidos y los que representan mayor proporción, son el DHA (ácido docosahexaenoico) y AA (ácido araquidónico). Los LCPs son la base de todas las membranas celulares. Los LCPs están involucrados en la formación de sinapsis (conexión entre las células nerviosas) y son fundamentales para el desarrollo cerebral. Esto progresoa de forma especialmente rápida durante el último trimestre del embarazo y en los primeros meses de vida del niño. Después del nacimiento, el cerebro crece a un ritmo de 2 g al día - esto equivale a 60 gramos en un mes!

Hidratos de Carbono

El hidrato de carbono más importante en la leche humana es la lactosa, que favorece la absorción del calcio y crea un medio ácido en el intestino del niño que impide el desarrollo de gérmenes peligrosos para el bebé. El principal hidrato de carbono de la leche es la lactosa, que proporciona el 40% de la energía del bebé. La lactosa es importante para el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro. La lactosa también es de gran importancia para una flora intestinal sana.

La lactosa, un disacárido, es el principal carbohidrato de la leche materna. Presente en una cantidad superior que en la mayoría de las leches de fórmula (7 g por cada 100 ml de leche), constituye otra fuente importante de energía.

La leche materna contiene 10-12 gr./L de oligosacáridos, mientras que la leche de vaca solo contiene trazas. Ellos están presentes a un nivel de entre 1 y 1,2 g por 100 ml . Son carbohidratos no digeribles que estimulan el crecimiento de bacterias beneficiosas para la salud en el intestino, principalmente bifidobacterias. Los científicos hablan de las «propiedades prebióticas» de los oligosacáridos. Los hidratos de carbono no digeribles en la leche materna sobreviven completamente intactos al paso a través del estómago, ya que no son digeridos por las enzimas en el tracto intestinal. Estos, s llegan al colon sin digerir y proporcionan allí un sustrato para el crecimiento de las importantes, Bifidobacterias s y lactobacilos. Una flora intestinal en la que el Bifidus es predominante puede ayudar a proteger frente infecciones y alergias.

Las bifidobacterias son capaces de excretar sustancias que inhiben el crecimiento de patógenos (que causan enfermedades) y gérmenes. También son capaces de crear un ambiente ácido, y por ello antibacteriano, a través de la producción de los ácidos acético y láctico.

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Proteínas

En una concentración menor (0,9 g por cada 100 ml de leche) que en la leche animal, la proteína de la leche humana difiere tanto en cantidad como en calidad respecto a las otras. Las proteínas son el 0.9% del contenido de la leche materna. Entre ellas destacan la caseína, la seroalbúmina, alfa-lactoalbúmina, beta-lactoglobulina, inmunoglobulinas y otras glicoproteínas. Contiene ocho de los aminoácidos esenciales que provienen del plasma materno. Las proteínas más presentes en la leche materna son la lactoalbúmina (hasta 60%) y la caseína (hasta 40%), al revés que en la leche de vaca donde hay más caseína (hasta 80%) que lactoalbúmina (hasta 20%).

La leche humana contiene pequeñas cantidades de proteínas, sólo 8,10 g / L. Las proteínas consisten en el justo equilibrio de las caseínas y las proteínas del suero de leche.

Las dos » proteínas «principales presentes en la leche materna son las proteínas del suero de leche y la caseína. La proteína de suero tiene una consistencia similar al yogur y es fácilmente digerible, garantizando así el vaciado rápido del l pequeño estómago del bebé . La caseína, por otro lado, se coagula en el ambiente ácido del estómago más rápidamente y se digieren más lentamente. La parte nutritiva es la que se descompone en aminoácidos y está disponible para el crecimiento. Las proteínas que realizan una función protectora especial son las inmunoglobulinas (anticuerpos) IgA, IgG, IgM, IgE e IgD, por ejemplo. Cada madre produce un patrón único de inmunoglobulinas que depende de las infecciones a las que se haya expuesto a lo largo de su vida hasta ese momento. Esta protección especial, se transfiere al sistema inmunitario en desarrollo del niño.

Las inmunoglobulinas son el mecanismo principal por el que la madre pasa inmunidad al recién nacido.

Minerales

La proporción de calcio y fósforo en la leche de mujer es la adecuada, de modo que su absorción intestinal es inmejorable. Aunque la proporción de hierro y de zinc en la leche humana es baja, la absorción es muy elevada. Algunos de los minerales presentes en la leche humana son el sodio, el potasio, el calcio o el magnesio. Todos los minerales decrecen en los primeros 4 meses, a excepción del magnesio. El hierro presente en la leche humana es menor que en la leche de vaca, sin embargo, tiene mayor biodisponibilidad. El recién nacido a término amamantado exclusivamente durante los seis primeros meses de vida no tiene riesgo de anemia.

La dieta de la madre tiene una influencia limitada en el nivel de minerales y oligoelementos durante los primeros 5 a 6 meses de lactancia. Los minerales importantes para el bebé son el calcio (Ca) y el fósforo (P), ya que ambos son esenciales para la mineralización ósea. En contraste con la de la leche de vaca, la leche materna tiene una relación de 2.3:1 de Ca: P, que es perfecta para la absorción máxima de calcio.

Los oligoelementos también pertenecen al grupo de los minerales inorgánicos. Se les llama así porque son sólo aparecen y solo se requieren en cantidades mnimas o trazas. El oligoelemento hierro (Fe) es importante para la formación de las células rojas de la sangre y el desarrollo cerebral. Los bebés nacen con una «reserva de hierro» llena, que se ajusta a sus necesidades para 4-6 meses.

Vitaminas

El calostro es muy rico en vitamina A. La leche humana tiene vitamina D (una forma hidrosoluble de vitamina D3, la vitamina D sulfato), que protege del raquitismo a los lactantes alimentados al pecho. La vitamina E es muy abundante, favorece la absorción de las grasas. Ten en cuenta que la leche materna contiene los elementos y vitaminas que tienen los alimentos que come la madre.

La leche materna contiene normalmente cantidades suficientes de las vitaminas hdrosolubles, es decir, vitaminas del grupo B y vitamina C. La vitamina A es necesaria para el crecimiento y el desarrollo, para una piel sana, una buena vista y un funcionamiento eficaz del sistema inmunológico.

Hay algunas características de las vitaminas D3 y K (que son importantes para el desarrollo de los huesos) que deben tenerse en cuenta. Nuestra fuente natural de vitamina D3 es la luz solar. En los meses de invierno (de noviembre a febrero) solo producimos pequeñas cantidades de vitamina D3, debido al bajo nivel de radiación UV, y además la piel no es capaz de almacenarlo. La deficiencia de vitamina K puede desarrollarse en los primeros días de vida por varias razones: La cantidad de vitamina K en la leche materna es relativamente baja: El bebé tiene bajas las reservas de vitamina K al nacimiento La flora intestinal Bifidus-dominante de los niños amamantados- parece que sólo puede elaborar cantidades pequeñas de vitamina K.

Otros Componentes

Merece la pena mencionar a los nucleótidos. Ellos son el pilar de los ácidos nucleicos: el ADN, el portador de nuestra información genética, y el ARN que es responsable de la biosíntesis de las proteínas. En periodos de crecimiento rápido como durante infancia temprana, la producción normal dentro del organismo es insuficiente Por ello el organismo tiene que recurrir a una fuente de alimentación externa.

La leche materna es una combinación acuosa de nutrientes, células, hormonas, factores de crecimiento, inmunoglobulinas, enzimas... que ejercen una importante interrelación entre la madre y su bebé. El calostro está compuesto por proteínas, anticuerpos y beta-carotenos, y una baja cantidad de lactosa y grasa.

La Composición de la Leche Materna Varía

Recuerda que el bebé tiene la capacidad de regular la composición de la leche y adaptarla a sus necesidades. La composición de la leche va cambiando a lo largo de la toma. Al principio sale leche más aguada, al final sale leche rica en grasa. No es lo mismo tomar 100 ml de un solo pecho que tomar 70 del primero y 30 del segundo, o 50 y 50. Por este motivo se recomienda siempre vaciar un pecho antes de empezar con el otro, aunque la cantidad al final de la toma sea diferente.

Aunque la composición varía de una mujer a otra, de un día a otro, incluso dentro del mismo día y de la misma toma y también según la edad de gestación del hijo, existen unos rasgos comunes destacados en su composición que la hacen única.

Como los requerimientos del lactante no son siempre los mismos y varían sobre todo en función de la madurez, la leche materna modifica sus características de acuerdo a las demandas del niño, a su capacidad para digerir y metabolizar los distintos nutrientes, y a la mayor o menor necesidad que tenga de recibir protección pasiva, circunstancias sometidas a una permanente evolución. La leche materna se adapta a los requerimientos nutricionales. Tanto el volumen de leche, como la calidad de los nutrientes y de otros factores con misión defensiva, van a encontrarse en la leche de la madre en perfecta concordancia a las necesidades exigidas en cada momento. El volumen de leche producido por la madre aumenta progresivamente a partir de los pocos centímetros cúbicos segregados el primer día. Este crecimiento alcanza los 700 ó 900 ml/día que por término medio suele producir la mujer en un estadio de lactancia plenamente establecido. Además, la leche materna se adapta al apetito y a la madurez. Su cantidad y su composición varía según el grado de madurez del hijo. También se adapta a la capacidad digestiva y metabólica.

Ventajas de la Lactancia Materna

La leche materna permite alcanzar un óptimo estado nutritivo, evita alteraciones metabólicas y trastornos digestivos, porque la composición de la dieta no representará en ningún momento una sobrecarga de la capacidad funcional del aparato digestivo. También suministra protección antiinfecciosa y antialérgica. El efecto antiinfeccioso obedece a que el lactante no sólo recibe nutrientes por la leche. Además, en su composición existen una serie de sustancias que, por diferentes mecanismos, van a proveerle de una defensa local frente a agentes infecciosos (inmunidad pasiva prestada por la madre), mientras maduren los mecanismos que le permitan contar con su propia inmunidad activa.

Todo son beneficios. Obtiene un mejor estado digestivo y metabólico, mejor estado nutritivo, mayor protección inmunológica, menor riesgo de sensibilización alérgica, mejor evolución psicológica, menos enfermedades y menos mortalidad infantil y prevención de trastornos posteriores.

Intolerancia a la Lactosa

La intolerancia a la lactosa en bebés es una de las cuestiones que más preocupan a las mamás. La lactosa es un tipo de azúcar que se encuentra en los lácteos, principalmente en la leche. Para que el cuerpo pueda procesar la lactosa, necesita una enzima conocida con el nombre de lactasa. Además de ser una buena fuente de energía, la lactosa ayuda a los bebés a seguir fabricando la enzima lactasa. La leche materna sí contiene lactosa y, además, es necesaria. Hay que tener en cuenta que la leche de la mamá tiene incluso más lactosa que la leche de vaca, de manera que es más dulce y, por ello, la leche materna es la preferida de los bebés. Los niños que han nacido a término no suelen presentar intolerancia a la lactosa hasta pasados al menos los 3 primeros años. Los bebés prematuros pueden mostrar signos de intolerancia a la lactosa ya que presentan un sistema digestivo inmaduro, lo que no les permite digerir bien la lactosa.

A pesar de que no es lo común, es cierto que tu bebé puede sufrir episodios de intolerancia a la lactosa. Puede ocurrir que el bebé sufra un tipo de intolerancia a la lactosa temporal causada por ejemplo tras una gastroenteritis, en la que se produce un daño intestinal que provoca que se genere menos lactasa. Este tipo de intolerancia suele ser transitoria recuperándose a las pocas semanas. Si crees que tu bebé es intolerante a la lactosa, lo mejor será consultarlo con el pediatra.

En muchas ocasiones, se suele confundir tener alergia a la leche con tener intolerancia, pero no es lo mismo. En el caso de la intolerancia, el bebé puede sentirse mal, ya que el organismo no es capaz de procesar la lactosa y, aunque tiene riesgos, no es tan peligroso. La alergia, por su parte, se produce cuando el organismo identifica a la lactosa como una amenaza, por lo que intenta defenderse de ella. Esto desencadena una serie de mecanismos relacionados con el sistema inmune provocando síntomas que van desde rojeces hasta un shock anafiláctico.

Situaciones especiales

En casos excepcionales:

  • Un 60-70% de los niños nacen con exceso de un pigmento llamado bilirrubina que normalmente se resuelve solo. En contadas ocasiones para eliminarla habría que dar alimento con más frecuencia al bebé y quizá habría que incluir suplemento de leche
  • La leche materna tiene poca vitamina K. Actualmente se da un suplemento de vitamina K en todos los recién nacidos para prevenir la llamada enfermedad hemorrágica del recién nacido
  • En casos especiales la vitamina D puede ser insuficiente, por lo que en estos bebés no serán olvidados los suplementos de vitamina D (los biberones de fórmulas adaptadas la llevan ya incorporada).
  • Si la secreción láctea es insuficiente habrá que suplementarla con leche de fórmula.
  • Si contiene exceso de sodio, tóxicos o contaminantes por exposiciones maternas a ellos, estos podrían pasar al bebé produciéndole alteraciones.

Saber más

No se podría dar el pecho si el bebé naciera con enfermedades congénitas del metabolismo (fenilcetonuria, tirosinemia, galactosemia) o en el caso de padecimiento por parte de la madre de algunas infecciones (infección por VIH, tuberculosis activa cavitaria, etc.).

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