Cécile Bois y sus Hijos: Un Vistazo a su Vida Familiar

22.11.2025

En la vida de Cécile Bois, como en la de muchos, los lazos familiares son un pilar fundamental. Aunque no se especifica directamente la edad de sus hijos en el texto proporcionado, se puede inferir la importancia de la familia en su vida a través de las reflexiones y descripciones que se presentan.

Es singular reflexionar, después de tantos años transcurridos, que la forma de nuestras relaciones sería precisamente esa. A las mujeres que se ha amado, como yo la amé, parece que desde el primer día se las ha visto tan cerca como un beso.

En aquel tiempo, Cécile Coudray era una de esas mujeres. Ella, que tenía treinta y dos o treinta y tres años, pero aún desfilaba con el vestido rosa virginal por su familia con la esperanza de encontrarle marido.

Una joven vestida de rosa salmón - Cécile Coudray - cantando "Hoy más que ayer, pero mucho menos que mañana": todos los amigos y parientes locales adormeciéndose mientras digerían, con dificultad, su ganso asado y liebre estofada; y una mujer con un vestido rojo sentada a mi lado, tan cerca que todo lo que tenía que hacer era extender mi mano para tocarla, como en mi sueño, tan cerca y sin embargo tan lejos.

Quizás una de esas jóvenes de rosa convertida en anciana y que no me ha vuelto a ver, se acuerde de aquel muchacho delgado, quemado.

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Hélène, la primera noche que la vi, llevaba un vestido de terciopelo rojo, lo que se consideraba audaz.

Era una joven de cabellos negros. O, ese gesto de molestia, la forma en que sus esbeltos hombros temblaban de repente, como tiembla un potro cuando siente el látigo contra su pelaje. Creo que si la llamaba así, era precisamente por el placer de ver ese gesto de cólera y por la voluptuosidad.

En nuestros países las uniones se forman durante grandes y solemnes comidas donde los hombres se presentan teniendo en mente las cifras de las dotes y las esperanzas, como se llega a una subasta conociendo el precio al que cada objeto se pone a la venta, aunque en ambos casos se ignora hasta dónde se llegará. Y para terminar, después de los quesos que los invitados comen...

Después, ya sólo queda entrar en el salón y elegir en ese círculo de jóvenes en vestidos rosas (antes de la guerra todas las jóvenes ... elegir, digo, entre esas muchachas con un pequeño medallón de oro colgando del cuello, guantes de hilo, el pelo recogido en un pequeño moño y las manos rojas, a la compañera para toda la vida.

El marido debía tener la edad del padre Declos. Mi primo había sido notario. Meses antes de la boda, había traspasado la notaría y comprado la casa que heredó. Había cedido su cargo unos meses antes de su matrimonio y comprado esta casa de la que Hélène ha heredado y donde vive. Mi madre me dijo que había sido de una belleza notable. Apenas lo permitía. Un día le hablé. Imaginé.

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Al regresar a casa esa noche, tenía la firme intención de volver a ver a Hélène y un plan de seducción establecido. Ella tenía veinte años, un viejo marido, belleza. No puedo. Me pregunto si el rostro del hombre que fui seguirá. Conoces la forma y el color del fruto que llevas. Así.

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