Clínica Corachán Maternidad: Servicios y Experiencias
Si tienes pensado dar a la luz en la Clínica Corachán de Barcelona, puede que necesites saber qué tipo de atención ofrecen.
Acceso a la Clínica Corachán por Urgencias
Si te pones de parto, deberás formalizar los trámites del ingreso en el Servicio de Urgencias. Desde allí, te acompañarán a la zona obstétrica (4ª planta) dónde te estará esperando la comadrona. Si no fuera así, al salir del ascensor, llama al timbre que está en la puerta. Posteriormente, te llevarán a la sala de monitorización prenatal y según la valoración, te quedarás ingresada o te darán el alta.
Parto Programado
En el caso de parto programado por una inducción o cesárea, tendrás que dirigirte al Departamento de Admisiones situado al lado de la recepción del edificio Corachan 2 (Plaça Dr.
Experiencia Personal en la Clínica Corachán
Aunque ante todo, quiero dejar claro que se trata de una experiencia personal. El día de la intervención estaba nerviosísima, os podéis imaginar.
Una vez llegamos a la Clínica Corachán, fuimos directamente a Admisiones, donde justo una semana antes, nos habían atendido muy amablemente haciendo un tour por las instalaciones de lo más maravilloso y estupendo. Primero, no les funcionaban los ordenadores, con lo que no pudieron darnos etiquetas informatizadas y segundo, y lo que es aún peor: NO TENÍAN HABITACIONES DISPONIBLES.
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Me dijeron que cogiera mis cosas y me esperara en el pasillo de la planta de maternidad, hasta que media hora antes de la intervención, me hicieron pasar a una micro sala de registros para colocarme la sonda y la vía del suero y prepararme para entrar en la sala de parto. Obviamente la familia tuvo que irse porque en esa micro sala no había sitio ni para dos. Para entonces, ya pasaban las 15h de la tarde, y allí nadie me venía a buscar.
De repente una enfermera vino preguntándome si el camillero había venido a rasurarme, a lo que respondo que a mí nadie me ha tocado un pelo (de hecho aún hoy sigo esperando al camillero a que me rasure, menos mal que ya venía rasuradita de casa). Total, que como el camillero no llegaba y se hacía tarde, me pidieron que yo misma me cambiase de camilla (atención, aquí es importante entender que el hecho de tener una sonda en la uretra y una vía intravenosa no hace que las cosas sean más sencillas).
Salí del quirófano, recién operada y me metieron en otra micro sala de registro. Suerte que él estuvo allí y no se despegó del pequeño, porque lo que es a mí, apenas me lo mostraron unos segundos y se lo llevaron sin decirme nada mientras me cosían.
A partir de aquí todo fue un cúmulo de entrar y salir personas del hospital, mi padre super enfadado, la responsable de atención al cliente que me había atendido la semana anterior y me había asegurado que “todo iría estupendamente” me decía que había conseguido encontrarme una habitación en una planta diferente a la maternidad hasta la mañana siguiente.
Y así fue, a las 7am y después de pasar toda la noche despierta (no creo que nadie pueda conseguir dormir un minuto justo la primera noche de ser madre), los taladros hicieron que los 3 nos sobresaltáramos de un salto en la cama. Finalmente al día siguiente nos dieron una habitación en la planta de maternidad.
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No era una habitación como la que me habían enseñado la semana anterior, con una baño estupendamente reformado, dos ventanas de luz, amplitud de espacio, etc.. sino todo lo contrario. En esa habitación no cabía ni un ramo de flores.
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