Cómo Calmar a un Niño con un Berrinche: Consejos y Técnicas
Rabietas, enfados, pataletas; hay muchas formas de referirse a estos arranques que los niños tienen de vez en cuando, sobre todo si no pueden disponer de inmediato de algo que están pidiendo. Y la realidad es que, a menudo, ni padres ni madres saben cómo reaccionar ante estas conductas: algunos se angustian, otros se estresan mucho y se desesperan. Para controlarlas con éxito, te dejamos una guía para berrinches creada por especialistas, así podrás manejarlos de manera inteligente sin que tu hijo se sienta invalidado.
Por qué se Desencadenan las Rabietas
Lo primero que tenemos que entender, según el psicólogo Michael Potegal, es que es muy normal que un niño tenga rabietas. Según un estudio de la Asociación Nacional de Psicólogos Escolares de Estados Unidos, se producen con mayor frecuencia entre los 12 y los 15 meses, se incrementan entre los 18 y los 36 meses, y continúan hasta bien entrados los 4 años. Y esto ocurre más que nada porque los niños aún están desarrollando sus habilidades motoras y lingüísticas, y al no hacer las cosas bien (según su propia percepción) o al encontrar complicado hacerse entender, se sienten muy frustrados y lo expresan así, con una pataleta.
Para empezar, un berrinche es la palabra coloquial para designar a una rabieta o arrebato. Como se dice que los niños gritan y lloran fuertemente, como ”berreando”, es decir, como lo hacen los becerros, se acuñó el término berrinche. El berrinche suele aparecer cuando hay una gran carga de frustración, miedo o ansiedad, y se empieza a crear dentro del niño hasta que está tan lleno de tensión que solo una explosión puede liberarla.
La acumulación de tensión es lenta y progresiva. Generalmente, te das cuenta de que tu hijo no entiende que está acumulando malestar y que, por ende, viene un berrinche en camino. Otras veces el berrinche aparece de una forma rápida e inesperada. Durante el arrebato, el niño está abrumado por su propia rabia interna. Lo mejor que puedes hacer mientras dura el berrinche es mantener la calma. Una vez que se haya cansado, tu hijo necesitará que lo abraces y le hagas sentir seguro, ya que perder el control lo ha asustado. Sí, ¡aunque no lo creas, es así! Debes abrazarlo.
Un estudio apunta que el 73,9 % de las veces ocurre porque no se les da lo que los niños piden, un 57 % no se hace lo que quieren y un 32,6 % porque no se le entiende en lo que desean o quieren. Estas frustraciones se mezclan con tristeza o quejas, con las que procuran llamar la atención. La gran mayoría de los padres, un 83,4 %, además de satisfacer en parte los deseos del niño, le habla con dulzura y lo carga.
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Guía para Berrinches, Paso a Paso
Seguro que más de un padre primerizo ha hecho alguna vez una búsqueda en Internet poniendo algo parecido a “cómo manejar una rabieta”. Y, lo más probable es que haya tantos resultados que elegir uno adecuado haya resultado abrumador. ¿Qué hacer? The New York Times recopiló hace unos años en un artículo los consejos de varios psicólogos infantiles y otros profesionales, con los que creó una práctica guía para berrinches.
1. Asegúrate de que tu hijo esté protegido y llévalo a un lugar aparte
Este punto parece obvio, pero si tu hijo o hija está en un lugar en el que se puede hacer daño, o sí mismo o a otros (tiendas, restaurantes, parques con muchos niños), lo mejor es que alejarlo y llevarlo a otro lugar para hablar. La psicóloga infantil Ellen Braaten especifica que, si el niño está cansado o asustado, debemos tratar de hacer el traslado de forma racional y no de manera muy emocional, es decir, sin agresividad o sin asustarlo más.
2. Procura estar calmado
Schrag Hershberg, psicóloga clínica y autora del libro The tantrum survival guide, explica que “el padre o la madre debe ser el termostato de la situación, no el termómetro”. Es decir, hay que controlar la temperatura. En este caso, tu labor es mantener la situación en calma mientras tratas de transmitirle tranquilidad a tu hijo. Aunque lo que haya pasado no sea tu responsabilidad, sí lo es mantener la situación controlada.
3. Reconoce el detonante
Los berrinches son una forma de expresión, nos recuerda Ellen Braaten. Cuando se manifiestan, lo que en realidad ocurre es que el niño está tratando de hacerte saber algo. Quizá esté cansado, molesto o hambriento, entre otras cosas. Lo siguiente es verificar si se siente bien y seguro. Si el detonante es haberle dicho que no a algo que pide o a alguna actividad que lo pone en peligro, trata de explicarle con serenidad por qué no puede hacerlo.
4. Consulta tus herramientas
Cada rabieta es distinta, por eso los especialistas consideran recomendable tener una serie de recursos en los que puedas apoyarte, como abrazar a tu hijo. No se trata de apretarlo o limitarle el movimiento, sino de hacerle saber que lo quieres y que estás ahí para escucharlo.
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5. Distráelo
Esto puede abarcar desde darle otro juguete distinto al que está pidiendo, hasta llevarlo a otra habitación para que se sosiegue. Esta respuesta es mucho más recomendable para los niños más pequeños.
6. Escoge actividades relajantes
Hacer una actividad que calme al menor y al adulto: si el niño es más mayor, podéis hacer algún ejercicio de respiración, o una cuenta regresiva.
7. Ignora el berrinche: que no es lo mismo a ignorar a tu hijo
Vasco Lópes, profesor de psicología clínica del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, señala que “en lugar de responder al porqué de su berrinche, enfócate en otro aspecto. Por ejemplo, si quiere usar su camisa favorita y no puede (está sucia o lejos de tu alcance), dile que le vas a ayudar a ponerse sus zapatos”. Ignorar la rabieta tendrá mejor efecto con los niños más mayores, ya que te permitirá enfocarte también en los aspectos positivos: si volvemos al ejemplo de la ropa y los zapatos, cuando tu hijo deje de patalear felicítalo, se sentirá mejor.
8. Ofrécele un descanso a solas
Esto no es sinónimo de un castigo, se trata de decirle que lo dejarás a solas un momento mientras se calma y que cuando esté listo, lo estarás esperando para hablar.
9. Evita los reproches
El profesor Lópes recomienda que “después de que el momento de tensión termine, pasa página. No menciones de nuevo lo que ha pasado ni le recrimines, es probable que él mismo olvide lo que pasó o que lo entienda. Si el niño es más mayor, quizá se sienta avergonzado. Si la necesidad de conversar es muy urgente, hazlo cuando tu hijo se haya calmado por completo”.
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10. Crea un plan para que no se repitan
Completamos la guía para berrinches con este consejo del Dr. Potegal: si reconoces los detonantes, ya sabes cómo y cuándo se producirán. La fatiga o el hambre pueden ser los primeros que debemos tener en cuenta, y como a los niños les resulta complicado manejar sus sentimientos cuando experimentan alguna de estas dos circunstancias, lo manifiestan de esta forma un tanto explosiva. Prevé la situación llevando encima algún tentempié que le puedas dar cuando tenga hambre, o haz que se eche una siesta o se vaya a dormir por la noche a su hora.
Otras Técnicas para Calmar Berrinches
- Empatía: Averigua qué le pasa a tu hijo y enséñale cómo quieres que se comporte con calma.
- Encontrar un lugar seguro: Procura un espacio donde se pueda desahogar libremente, abrázalo y bésalo.
- Conversar: Transmítele que entiendes su molestia, pero que le prestarás atención cuando se calme.
- Mantente firme: Demuéstrale amor y protección, pero también límites.
- Enséñale a respirar profundamente y contar hasta diez: Practica esta técnica en momentos de calma.
- Desvíale el foco de atención: Ofrécele otra cosa segura y divertida que le guste.
- Acompáñalo mientras se desahoga: Hazle saber que estás ahí, sin interrumpir su proceso.
- Abrázalo: Demuéstrale amor y atención, limitando sus movimientos con afecto.
- Anticipación: Prevé situaciones que puedan provocar berrinches, como el hambre o el cansancio.
- Paciencia: Mantén la calma y enséñale que hay alternativas a su frustración.
- Menos preguntas, más vocabulario: Ayúdale a expresar sus emociones con palabras.
Manejo de Berrinches en Público
Ir con tu hijo al supermercado, a una tienda o a hacer algún trámite administrativo y que, de repente, comience a tener una rabieta: llora, grita, se tira al suelo revolviéndose y pateleando… Una situación de lo más común que suele venir acompañada de miradas recriminatorias por parte de desconocidos que parecen culpar al padre o a la madre por el mal comportamiento de su hijo. ¿Cómo actuar en esos casos? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo sin ‘ceder’ al motivo de la rabieta?
- Mantener la calma: Identificar el motivo de la rabieta e intentar empatizar con ellos.
- Validar la emoción del niño: Darle tiempo para que regule sus emociones, ofreciendo cercanía y tranquilidad.
- Argumentar nuestra postura: Darles una explicación de por qué no podemos acceder a su petición.
Berrinches en Niños con Autismo
Los berrinches en niños con autismo no son simples rabietas por capricho. En la mayoría de los casos, responden a una sobrecarga sensorial, a la frustración por no poder comunicarse o a la alteración de una rutina que les da seguridad. Cuando tu hijo entra en crisis, lo más importante es que tú mantengas la calma. Tu regulación emocional es clave para ayudarle a regularse.
- Reduce los estímulos: Apaga luces intensas o baja el volumen. Si es posible, lleva al niño a un entorno tranquilo.
- Usa un tono de voz suave y constante: Aunque esté gritando, tu serenidad puede ser un ancla.
- Evita razonar en pleno berrinche: No intentes explicarle nada en ese momento. Su cerebro está en modo de supervivencia.
- Ofrece contención, no castigo: Si necesita contacto físico, puedes abrazarle con firmeza pero suavidad.
Cuándo Buscar Ayuda Profesional
Aunque las rabietas son comunes, cuando son muy extremos, pueden indicar algún tipo de problema que necesite de un especialista. A veces se deben a desórdenes internos, como ansiedad o hiperactividad, por lo que, si observas signos de algún trastorno de este tipo, no dudes en pedir ayuda.
Si las rabietas se tornan inmanejables y la carga emocional resulta excesiva y persiste en el tiempo, probablemente indique desajustes futuros y desórdenes psicológicos. Puede pasar que dejarlo solo para que se calme aumente la capacidad que tenga para destruir cosas o lastimarse. Demasiado frecuentes (varias veces a la semana). Provoca agresiones. Afecta las relaciones familiares.
Existen varios tipos de profesionales que pueden ayudar con los berrinches, incluyendo psicólogos infantiles, terapeutas ocupacionales y pediatras.
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