El Nacimiento del Cristianismo en Roma: Historia y Transformación
La historia del primer cristianismo no puede entenderse sin la Ciudad Eterna ni, por supuesto, sin la figura del primer emperador en abrazar la cruz.
De Secta Perseguida a Religión Oficial
Durante más de tres siglos, los cristianos fueron uno de los colectivos más perseguidos del Imperio Romano. Por lo general, el Estado romano era muy tolerante con los cultos, pero el mensaje cristiano tenía implicaciones que podían hacer peligrar pilares esenciales para la estabilidad del dominio romano, como el culto a los emperadores, un sistema político y económico que dependía de la guerra y una desigualdad clara entre clases, pueblos y sexos.
Quién les iba a decir a aquellos primeros cristianos que sería precisamente un emperador romano, Teodosio I llamado “el Grande”, quien en el año 380 convertiría su religión en el único culto oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica. Una conversión que, sin embargo, entrañaba grandes dificultades y que fue en buena parte adaptada a la idiosincrasia de la sociedad romana, convirtiéndola en una mezcla hecha a medida para su fácil asimilación.
El Edicto de Milán y la Libertad Religiosa
El emperador Constantino I, consciente de la fuerza que había cobrado el cristianismo entre la población del Imperio, ya había dado un primer paso histórico en el año 313 con la promulgación del Edicto de Milán, que puso fin a la persecución contra los cristianos.
Aun así, tal vez el mayor cambio que tuvo lugar en el mundo romano durante esos años no fue aquella conquista sino dos nuevas leyes que se promulgaron en los años 311 y 313. La primera del emperador Galerio y la segunda, mucho más afamada, de Constantino y Licinio. Esta última se conoce como Edicto de Milán y ratificó a los cristianos y otros cultos la posibilidad de expresar su religiosidad de forma libre y legal. Aquel fue el punto de inflexión que marcaría la historia de buena parte de la humanidad hasta nuestros días. Desde ese momento el cristianismo era ya uno más de los cultos permitidos en el mundo romano.
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Si bien no formaba parte de la religiosidad oficial del estado, el emperador Constantino se esmeró por dar a los cristianos la posibilidad de realizar sus ritos en espacios dignos. Aquí es donde vuelve a entrar en escena la basílica de San Juan de Letrán, para la que el propio emperador donó grandes cantidades de oro y plata para financiarla y ornarla. Incluso el propio terreno donde fue construida es significativo puesto que allí se encontraban hasta el momento los campamentos de la caballería personal del emperador Majencio, que fueron destruidos sin piedad como castigo a quienes habían sido fieles al usurpador.
¿Cuál es el objetivo del Edicto de Milán? En el texto aparece claramente un mensaje de "tolerancia". Puede decirse que el "Edicto de Milán" es enormemente moderno.
El Edicto de Tesalónica y la Oficialización del Cristianismo
El 27 de febrero del 380, Teodosio promulgó el Edicto de Tesalónica, mediante el cual el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio.
El 8 de noviembre del año 392, se invirtieron los roles que el cristianismo y el paganismo habían tenido durante siglos en el Imperio Romano. El emperador romano Teodosio I el Grande, a la edad de 45 años -tres antes de fallecer-, prohibió totalmente el paganismo e impuso el cristianismo, la religión llegada del Próximo Oriente que no había dejado de ganar terreno, sobre todo desde el reinado de Constantino a principios del siglo IV.
El llamado Edicto de Constantinopla prohibía toda práctica no cristiana, incluida aquella de carácter privado. Terminó así la difícil coexistencia entre ambas religiones que duraba desde el siglo I d.C., tres siglos en los que se habían alternado periodos de tolerancia con épocas de una persecución feroz.
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El Edicto de Tesalónica, que imponía a sus súbditos la ortodoxia católica, contenía los principios legales para erradicar el paganismo. Dos años después, Graciano el Joven, emperador de Occidente, desmantelaba el Altar de la Victoria, en el Senado, al estar dedicado a una divinidad pagana. En el año 386, Materno Cinegio, prefecto del pretorio de Oriente desde el año 384, viajó a Grecia y Egipto, y allí, por orden de Teodosio, clausuró templos y prohibió los sacrificios con fines adivinatorios. La prohibición a los cultos tradicionales se consumó definitivamente con el edicto de Constantinopla.
Lejos de inaugurar una época de tolerancia, el edicto invirtió los roles que durante siglos habían tenido los cristianos y los seguidores de las antiguas religiones. Este cambio se materializó en la persecución de quienes no querían someterse a la nueva ortodoxia, dando lugar a episodios como el asesinato de la filósofa Hipatia de Alejandría.
Este decreto llamado “Cunctos Populos”” este decreto le daba al cristianismo la máxima importancia y supondría la persecución contra quienes practicarán otra fe todos los pueblos deberían adoptar la religión que el divino apóstol Pedro hizo llegar a los romanos , esto significa según la sabiduría apostólica creemos en la divinidad y en la Santa Trinidad y divinidad integrada por Dios padre Dios hijo y Espíritu Santo solo los que obedecieran a este decreto podrían ser llamados cristianos.
Dificultades en la Asimilación del Cristianismo
Desde los inicios de su expansión, en Roma convivían una gran cantidad de cultos. La incorporación de dioses extranjeros o la asimilación a las deidades propias romanas se habían realizado frecuentemente y, de hecho, muchos dioses que consideramos romanos eran en su origen etruscos o griegos. En lugares que habían tenido una fuerte religión propia, como el caso de Egipto, existían dioses sincréticos como Serapis, mezcla del egipcio Osiris-Apis (que a su vez, era la fusión de estas dos deidades) y el griego Zeus.
No obstante, la gran mayoría de estos cultos tenían en común el hecho de ser politeístas y, por lo tanto, aceptar la existencia de otros dioses que no fueran los propios. Asimilar el cristianismo, y más aún establecerlo como religión oficial, era una tarea mucho más difícil puesto que reconocía a un único dios. Además, en principio rechazaba la idolatría, mientras que la mayoría de cultos del Imperio incorporaban en alguna medida imágenes, estatuillas o símbolos diversos.
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La alternativa que se encontró para facilitar la asimilación fue la de sustituir la miríada de dioses por los diversos santos, estableciéndolos como patronos de las actividades y las profesiones; santos que, irónicamente, en muchos casos habían sido martirizados por los propios romanos. Lo mismo se hizo con muchos templos, transformados en iglesias o reconvertidos a un culto cristiano.
La Nueva Comunidad Cristiana
Incluso antes de que Teodosio oficializara el cristianismo, la nueva religión había ganado suficiente popularidad como para que este último paso fuera inevitable. Es notable el caso de Juliano llamado “el Apóstata”, el emperador que gobernó entre los años 361 y 363 y que hizo un intento fracasado de restaurar la fe en los antiguos dioses.
El cristianismo tenía muchos elementos que lo hacían muy atractivo para las clases más humildes, que conformaban la mayoría de la población del Imperio: pobres, esclavos o de algún modo oprimidos podían encontrar consuelo en una religión que les concedía mayor esperanza que los dioses antiguos, cuyo temperamento y conducta en los mitos no eran precisamente un modelo a seguir.
Un paso imprescindible para formar parte de la comunidad cristiana era el rito del bautismo. Si bien a los recién nacidos se les podía realizar sin dificultad, en el caso de los adultos había que seguir un ritual por el cual la persona abandonaba públicamente sus prácticas paganas. En los días señalados, como la Pascua o el día de un santo patrón, se realizaban bautismos múltiples en las ciudades que contaban con un obispo o diácono y un baptisterio.
Uno a uno, el obispo o diácono tocaba la nariz y las orejas de los presentes, los exorcizaba con agua bendita y los ungía con aceite. La persona se volvía hacia poniente, por donde se oculta el sol, y proclamaba su renuncia al Diablo; después se volvía hacia levante -hacia la luz, es decir, Cristo- y se sumergía tres veces en una gran pila bautismal, que originariamente era una pequeña piscina, antes de que se introdujeran las más pequeñas con forma de fuente. Finalmente el obispo o diácono realizaba la unción final en la cabeza y el lavado de los pies.
Aunque la persona bautizada prometiera abrazar la nueva fe por convicción, ciertamente muchas conversiones se realizaban por interés. A medida que el cristianismo ganaba fuerza, formar parte de la nueva religión pasó a ser cada vez más conveniente: casos como el de la filósofa y científica Hipatia de Alejandría, que murió asesinada por una turba de fanáticos, eran incidentes extremos y raros, pero a un nivel menos visible las instituciones oficiales favorecían a los cristianos: desde la promulgación del Edicto de Milán en 313, durante el reinado de Constantino el Grande se prohibieron una tras otra todas las manifestaciones paganas públicas.
El Legado del Cristianismo en Europa
§27.- El cristianismo en Roma, Hispania y Europa. No hay solución de continuidad, en lo que a la confesionalidad del estado y del soberano se refiere, entre Teodosio y los reyes godos de Hispania, inicialmente arrianos y aliados del emperador Honorio.
El 8 de mayo del 589 se inicia el III Concilio de Toledo en el que Recaredo hace profesión de fe católica y abjura del arrianismo. Isidoro, arzobispo de Sevilla durante más de tres décadas (599-636), por una parte, inspira la acción política de los reyes godos, y, por otra, la acción pastoral y teológica de los ministros y estudiosos cristianos. En ese año el papa León III le corona como “emperador de Bizancio”, aunque después Carlos adopta el título de Imperator Romanum gubernans Imperium (“emperador gobernante del Imperio romano”).
Son expulsados de los diferentes países de Europa por los Reyes Católicos, los luteranos, los anglicanos y los calvinistas, por no ser de su confesión cristiana, o bien por ser judíos o musulmanes. Los musulmanes expulsan de su territorio a los heterodoxos, e igualmente los judíos a partir del momento en que tienen territorio propio.
La acogida de la libertad y la dignidad individuales, según sus posibilidades y necesidades de expresión, es decir, la recepción de los derechos subjetivos en el derecho público de los estados y de las iglesias, se produce al ritmo al que se diferencian la objetividad y la realidad, en sus diversos órdenes.
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