El Origen de la Filosofía en Grecia: Un Viaje a sus Raíces y Características
El origen de la filosofía occidental se encuentra en la Antigua Grecia, concretamente en Jonia, en la península de Anatolia.
De hecho, se cree que Pitágoras de Samos fue el primero en utilizar el término.
La Filosofía surgió, según indican todos los manuales al uso, a partir del momento en que salimos de la primitiva oscuridad en la que los seres humanos acudíamos a los mitos para explicar los sucesos del universo y comenzamos a hacer uso de la Razón para dar respuesta tanto a esas antiguas preguntas como a otras de nuevo cuño.
Se trata del denominado “paso del mito al logos”.
Por un lado -nos dirán esos manuales- el pensamiento mítico utiliza relatos protagonizados por seres sobrenaturales que son aceptados de manera dogmática, sin espacio para la reflexión crítica.
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La voluntad de tales seres resulta totalmente arbitraria, por lo que el universo se convierte en un caos falto de toda legalidad, sometido únicamente al capricho de los dioses.
Periodos de la Filosofía Griega
La filosofía griega se divide en tres períodos: el presocrático, el griego clásico y el helenístico.
Periodo Presocrático
En el primero, se comenzó a criticar la tradicional concepción mitológica del mundo y se buscó una alternativa natural y unificada (filosofía de la naturaleza, hoy conocida como cosmología); en la que se partía de un pricipio originario y una materia primordial.
Thales de Mileto (s. VII - s. VI a. C.) se adelantó a las teorías evolutivas al afirmar que el agua era el elemento primero de todas las cosas que existen, lo que dio comienzo al universo; una idea que los griegos llamaban arjé (del griego ἀρχή, fuente, principio u origen).
Para Pitágoras (quien sostendría la novedosa idea de inmortalidad del alma y su transmigración tras la muerte), la esencia y la estructura de todas las cosas podía ser determinada por relaciones numéricas; los números, por tanto, eran el principio determinante y estructura de toda la realidad.
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Periodo Clásico
A mediados del siglo V a. C., con la aparición de los sofistas (los que enseñaban sabiduría y buena ciudadanía) y de Sócrates, el hombre pasó a ser el centro de las reflexiones filosóficas; alejándose así de la cosmología y poniendo el foco en la ética y la política, así como en la naturaleza del lenguaje, las normas sociales y las leyes.
Sócrates (470 - 399 a. C.), que dedicó su vida a la búsqueda de la verdad, afirmaba que toda indagación filosófica debía partir del reconocimiento de la propia ignorancia.
No dejó ningún escrito, por lo que casi todo lo que se sabe sobre él se debe a los textos de Platón, su discípulo, al incluirle en sus diálogos.
De hecho, la frase más famosa que se le atribuye, «sólo sé que no sé nada», en realidad proviene de un fragmento de Apología de Sócrates, de Platón, en el que Sócrates, supuestamente, dice: «Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe.
Sócrates es reconocido como el padre de la filosofía política y de la filosofía moral (o ética); y su mayor contribución al pensamiento occidental es el «método socrático» (o mayéutica).
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Consiste en mantener un diálogo reflexivo y razonado en el que se descartan hipótesis una tras otra en busca de la verdad, siempre partiendo de una premisa en la que ambos estén de acuerdo.
Platón (427 - 347 a. C.) es uno de los filósofos más destacados de la historia.
Sus obras, siempre en forma de diálogo, constituyen un punto central de la filosofía occidental.
Escribió sobre los más variados temas; entre otros, política, ética, psicología, antropología, metafísica o cosmología.
Su mayor aportación filosófica es la teoría de las ideas o teoría de las formas, en la que hacía una distinción entre el mundo sensible y el mundo inteligible; que viene a decir algo así como que la realidad no es otra cosa que nuestra percepción de la misma.
En la Alegoría de la caverna, de su libro de la República, Platón explica a modo de metáfora la relación del ser humano con el conocimiento.
En ella, un grupo de prisioneros, que viven desde que nacieron en la profundidad de una cueva, tienen las piernas y el cuello encadenados, de tal manera que sólo pueden mirar hacia una pared.
Tras ellos se encuentra un muro, y al otro lado del muro hay una hoguera.
Entre el fuego y el muro pasean continuamente hombres que portan variados objetos, proyectando sombras en la única pared que ven los presos.
Los escritos de Aristóteles abarcaron multitud de temas (política, ética, zoología, estética…), transformó muchas de las áreas del conocimiento que abordó; y se le considera el padre de la lógica y de la biología.
Aunque existen reflexiones previas, es en su trabajo donde se encuentran las primeras investigaciones sistemáticas sobre ambas materias.
Una de sus aportaciones fue la «filosofía primera» o teología (término usado por primera vez por Platón); conocida por sus discípulos como metafísica (palabra que más tarde adquiriría un significado más amplio), y a partir del s. XVII como ontología (considerada hoy en día una parte de la metafísica).
No obstante, su principal aportación, que resultó influyente durante más de 2000 años, es su investigación acerca de los principios del razonamiento válido o correcto; la lógica.
La parte central de su estudio es el silogismo o deducción; que en sus propias palabras es «un discurso en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa diferente».
Es decir, en el silogismo se establecen dos premisas (una universal y cierta, y otra particular relacionada con la primera) y una conclusión: A=B y C=A, por tanto, C=B.
Periodo Helenístico
Finalmente, en el período helenístico (o post-aristotélico), caracterizado por la decadencia de las polis y las guerras por suceder a Alejandro Magno, surgieron entre otras varias corrientes filosóficas que situaban la salvación individual en el centro de sus preocupaciones.
Así, Epicuro de Samos defendía una doctrina basada en la felicidad, consistiendo ésta en una continua pero prudente búsqueda del placer; tanto corporal como intelectual.
Los estoicos iban más allá, ya que su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.
Por otro lado, surgió el escepticismo, corriente basada en la duda; que exigía evidencias a las afirmaciones, y no emitía juicios, sólo opiniones.
El "Paso del Mito al Logos" y sus Interpretaciones
La Filosofía, por su parte, nace alrededor del s VI a. de C. en el momento en que es planteado el que se considera el primer problema filosófico expresado en la pregunta por el arché de la physis (Naturaleza), el cual, según Guthrie, se referiría “en primer lugar, [al] estado originario a partir del cual se ha desarrollado el mundo múltiple y, en segundo lugar, [a] la base permanente de su ser”.
Una pregunta que implicaría asimismo una nueva estrategia de respuesta basada en principios racionales que explicarían la naturaleza última de lo real (el agua para, por ejemplo, Tales de Mileto, considerado el primer filósofo).
La identificación de tal principio supondría la existencia de un orden racional en el universo que el ser humano es capaz de conocer a través de su propia racionalidad y del análisis crítico.
El universo deja así de ser un caos y pasa a convertirse en un cosmos ordenado según las leyes de la Naturaleza.
La humanidad, gracias a la Filosofía, dejaba atrás el oscurantismo mitológico para descubrir la Razón y, consecuentemente, la Filosofía y la Ciencia.
Todo desarrollo posterior del pensamiento racional partiría de ese descubrimiento griego.
Burnet y la Filosofía como epifanía de la Razón
Una de las interpretaciones más conocidas acerca de cómo se produce este “paso del mito al logos” es la del “milagro griego” que John Burnet desarrolla a principios del siglo pasado.
Según esta tesis, la Filosofía habría surgido exclusivamente como producto de la genialidad griega sin conexión alguna con el contexto histórico y cultural de la época ni, mucho menos, con otras tradiciones culturales.
El relato de Burnet acerca del nacimiento de la Filosofía guarda, paradójicamente, un profundo paralelismo con multitud de mitos de creación: un caos previo (bien en la propia Naturaleza o bien en la manera de explicarla), un principio sobrenatural o trascendente (dioses o la Razón) y el resultante universo ordenado (cosmos/Filosofía).
Solo habría una diferencia: esa estructura pasa de ser parte de una teoría de la realidad (ontología) a serlo de una teoría del conocimiento (epistemología).
Así, los tres elementos mencionados ya no se refieren a principios objetivos que desembocan en la conformación del ser de lo real, sino a los diversos modos de comprensión por parte del sujeto del ser de lo real: uno, el del mito, irracional y desordenado, y otro, el del logos, racional y ordenado.
Ambos ámbitos -el de la racionalidad del universo y el de la humana- estarían, como apuntábamos más arriba, íntimamente ligados.
La tesis del “milagro griego” supone situar la racionalidad humana (encarnada en la Filosofía) como fundamentada en un origen ahistórico, sin conexión alguna con el contexto histórico y cultural de la época ni, mucho menos, con otras tradiciones culturales.
No creemos baladí este paralelismo dado que supone situar la racionalidad humana (encarnada en la Filosofía) como fundamentada en un origen ahistórico que entronca con el planteamiento platónico de la propia teoría de Burnet: la historia -el mundo de la materia, el del desarrollo histórico de lo real y su comprensión- infecta la auténtica realidad representada por una racionalidad que no le debe nada al mundo de la historia y que, por tanto, se coloca por encima de ella y de todo lo que la habita.
Así, el nacimiento de la Filosofía tendría desde su origen un estatus fundamentalmente opuesto al del resto de relatos: mientras ella tiene su origen en una dimensión (la de la Razón) “venida de otro mundo” en donde las verdades son únicas y absolutas, cualquier explicación que no encuentre su origen en el logos griego estaría impregnada de una historicidad -y, por tanto, de multiplicidad y relatividad- que lo alejaría de la Verdad de la Razón.
El nacimiento de la Filosofía en su contexto
Cinco décadas después de la publicación de la obra de Burnet, en 1965, Jean Pierre Vernant criticaba su eurocentrismo galopante: “En el transcurso de los últimos cincuenta años [...] la confianza de Occidente en este monopolio de la razón ha sido puesta en entredicho.”
Así, factores como la crisis de la física o el contacto con otras civilizaciones habrían tenido sus repercusiones: “Occidente hoy ya no puede considerar su pensamiento como el pensamiento, ni saludar en la aurora de la filosofía griega el nacimiento del sol de la Razón.”
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