¿Cómo nacen las emociones?
El interés de los científicos por la naturaleza de las emociones ha ido en aumento en las últimas décadas y hoy constituye uno de los temas de investigación más fructíferos.
Las emociones desempeñan un papel fundamental en la supervivencia, el mantenimiento de la especie, las relaciones sociales y la comunicación.
Emoción indica movimiento e interacción con el mundo. Esta es una conducta que incluye todos los cambios que se producen en el cuerpo disparados por un amplio rango de estímulos que vienen de todo cuanto rodea al individuo (o que también puede producirse desde la evocación de la memoria de tales estímulos) y que indican recompensa (placer) o castigo (dolor).
Señala F. Mora que nuestras emociones son nuestra identidad y que nada de lo que sucede en la corteza cerebral se produce asépticamente, sin el filtro emocional. Todo lo que se percibe por los sentidos es analizado, primeramente, en las áreas específicas de la corteza cerebral. De allí, pasa al filtro del sistema emocional, donde esas percepciones sensoriales se etiquetan como buenas o malas, atractivas o rechazables, interesantes o neutras. A continuación, la información, ya coloreada con significado emocional, pasa a las áreas de asociación de la corteza cerebral, donde se construyen los procesos mentales, de razón y pensamiento, y se elaboran las funciones ejecutivas complejas.
La emoción se halla estrechamente vinculada a los sentimientos, pero son realidades cerebrales diferentes. Según propone Damasio (2005), las emociones preceden a los sentimientos. La emoción es la respuesta del organismo ante un estímulo emocionalmente competente, es decir, un objeto o suceso con importancia biológica. Se puede afirmar, entonces, que un sentimiento es una mentalización -consciente y razonada- de la emoción.
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Todos los estados emocionales pueden describirse a partir de dos dimensiones continuas fundamentales:
- el valor (positivo o negativo) de la emoción (valencia), que se distribuye a lo largo del eje agradable-desagradable;
- la fuerza de la emoción (intensidad de activación).
A estas dimensiones pueden añadirse otras complementarias, como el grado de control, la compatibilidad con las normas sociales de referencia y la novedad o familiaridad de los eventos elicitantes.
El enfado, por ejemplo, sería un estado emotivo caracterizado por una valencia negativa y por un nivel de activación moderado; la ira, por su parte, tendría igualmente valor negativo pero un grado de activación mayor. Cualquier emoción podría ordenarse a lo largo de estos dos ejes.
Las emociones primarias se describen como “programas de acción complejos y en buena medida automáticos, establecidos por la evolución; […] se trata de un universo de acciones que se ejecutan en el cuerpo y que van desde las expresiones faciales y las diferentes posturas hasta modificaciones que afectan a las vísceras y al medio interno” (Damasio 2005). Las emociones secundarias, por su parte, son comportamentales o sociales. Surgen de la combinación de las emociones primarias y se desarrollan con el crecimiento del individuo y con la interacción social. Cada emoción va asociada a la aparición de alguna modificación de carácter fisiológico, cognitivo y/o motor en el sujeto que la experimenta. Los estímulos susceptibles de provocar estas reacciones poseen lo que se conoce como “competencia emocional” (Damasio 2005).
Componentes de las emociones:
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- Componente cognitivo, vinculado al procesamiento de la información y cuyo substrato orgánico es el sistema nervioso central.
- Componente de sentimiento subjetivo, que sirve, desde el sistema nervioso central, para monitorizar el estado interno del organismo y la interacción que éste ha tenido con el ambiente.
En la actualidad, una parte importante de la investigación de la emoción tiene lugar gracias a los adelantos tecnológicos que permiten escrudiñar el cerebro y su funcionamiento. No obstante, es posible también llevar a cabo investigaciones experimental a partir del análisis pormenorizado de las dimensiones de la emoción y de los componentes involucrados en los procesos.
La anatomía de las emociones nos explica lo que sucede en nuestro interior cuando sentimos emociones. ¿Qué sucede en nuestro interior cuando sentimos miedo, tristeza, felicidad? La respuesta a esta cuestión no es sencilla y no puede resumirse en una sola frase. Todas las personas sentimos emociones, ya sean positivas o negativas. «No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta».
Con frecuencia, los conceptos de emociones y sentimientos se confunden. Ambos son experiencias subjetivas y relacionadas, pero constituyen fenómenos mentales diferentes. Un sentimiento es parecido a una emoción. Digamos que las emociones son básicas, primitivas y unidireccionales (aparecen de forma automática al presentarse un estímulo) y nos impulsan hacia la acción. Las emociones, en general, son más intensas y menos duraderas que los sentimientos. Los sentimientos se mantienen más tiempo que las emociones y surgen después de las emociones.
Las emociones se originan gracias a una estructura cerebral llamada Sistema Límbico. El sistema límbico, comúnmente conocido como cerebro emocional, tiene un papel fundamental en la aparición de los estados emocionales. Es aquí donde las emociones tienen su base neurológica. No obstante, los procesos límbicos impactan en áreas como la memorización y el aprendizaje. El sistema límbico no constituye una región anatómica dentro del encéfalo, sino que se compone de una red de neuronas distribuidas por el cerebro. Existen zonas en las que el sistema límbico actúa de una forma más específica.
La amígdala tiene una gran importancia en el procesamiento emocional, en la anatomía de las emociones. Este núcleo cerebral juega un papel central en las reacciones emocionales básicas. Se sitúa al lado de cada hipocampo: hay una en cada hemisferio. «La amígdala revisa constantemente toda la información que llega al cerebro a través de los distintos sentidos con el fin de detectar rápidamente cualquier cosa que pueda influir en nuestra supervivencia”, explica Feinstein (2010).
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Cualquier recuerdo sobre la fiesta a la que ha acudido Clara se procesa de forma detallada en el sistema límbico. En él, el hipocampo, se encarga de catalogar lo que la otra chica y el resto de amigos le hicieron sentir y si se vio a sí misma feliz o quizás incómoda en ese evento. Si sus conversaciones fueron relajadas o tensas. La evidencia científica muestra que las estructuras prefrontales son las principales encargadas de organizar el comportamiento y la toma de decisiones. En condiciones normales ambos hemisferios cerebrales trabajan de forma complementaria en la regulación y control de las emociones.
Funciones de los hemisferios cerebrales en las emociones:
- Hemisferio derecho: Es dominante en el control del tono emocional, con un mayor procesamiento de las emociones negativas (ej., el miedo o la ira). Muestra mayor vinculación con aspectos automáticos relacionados con la supervivencia inmediata. Lesiones prefrontales localizadas en este hemisferio se relacionan con la aparición de un síndrome psicopático.
- Hemisferio izquierdo: Es dominante en la interpretación de las emociones positivas. Realiza el control cognitivo de los estados emocionales a través del lenguaje.
La corteza orbitofrontal es una estructura que sirve de cauce de las órdenes emocionales hacia otras zonas del lóbulo frontal encargadas de la planificación y creación de estrategias. Por esta razón, la corteza orbitofrontal tiene especial importancia en el control de los impulsos irracionales. Las lesiones de esta región pueden originar la aparición del síndrome prefrontal orbitario que se relaciona con conductas impulsivas e irritables.
António Damasio, neurocientífico y médico neurólogo, parece haber sido el autor que mejor ha descrito la importancia del hemisferio derecho en la anatomía de las emociones. Damasio defiende que el procesamiento emocional depende del procesamiento de la información somática. Esto quiere decir que, las emociones implican unas aferencias desde el cuerpo, e implican también unas eferencias hacia el cuerpo. Para Antonio Damasio el cerebro es el teatro de las emociones.
Las emociones son respuestas fisiológicas. No siempre somos conscientes de qué y dónde las sentimos. Nos vale normalmente con un “estoy bien o un estoy mal”. Siempre y cuando mantengamos estas emociones en una zona tolerable no nos paramos a pensar. ¿Pero qué pasa cuando se intensifican o duran más de la cuenta? Nos cuesta gestionarlas. Cuando te desborde lo negativo, piensa en eso del “Todo pasa”. “Todo cambia nada es”.
Según el profesor de neurociencias Antonio D’Amasio, los sentimientos son experiencias mentales del estado en que encuentra nuestro cuerpo. La emoción es una alteración del estado físico que se puede medir por medio de la presión arterial o latidos del corazón. La emoción nace de estímulos externos, son instintivos y de corta duración. La intensidad de la emoción y su ineficaz gestión producen disfunciones intelectuales y trastornos emocionales. Surgen espontáneamente y son nuestro motor; nos predisponen a actuar, con más o menos urgencia. Y no existen emociones buenas y emociones malas, en todo caso de la emoción surgen conductas favorables o desfavorables.
Pueden aparecer dificultades a la hora de gestionar y/o canalizar las emociones, y hay que tener en cuenta, por tanto, la repercusión que esto puede tener en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Todo el mundo tiene un rico paisaje interior contorneado por emociones; no solo dan significado y color a la experiencia cotidiana, sino que las emociones comúnmente influyen en la toma de decisiones.
Muchos expertos hoy en día creen que las emociones son estados mentales breves que surgen de la interpretación consciente de la mente de las sensaciones corporales que ocurren automática e inconscientemente en respuesta a los estímulos en un entorno en constante cambio como una forma de regular la excitación, dirigir la atención y motivar el comportamiento. Las emociones son una fuente de información rápida e ineludible sobre cómo mantenerse a salvo, sobrevivir y prosperar en un entorno en constante cambio. La emoción está estrechamente relacionada con la actividad motora (ambas están mediadas por el sistema nervioso autónomo) y se cree que motivan una respuesta conductual.
Se cree que las emociones se originan en la amígdala, ya que codifica la naturaleza de los estímulos entrantes. Si bien todas las emociones son importantes y sirven como fuente de información, las emociones generalmente se clasifican como positivas o negativas. Las emociones positivas incluyen felicidad, amor y orgullo; fomentan una sensación de expansión y crecimiento psicológico.
Los científicos distinguen entre sentimientos y emociones, aunque a veces usan coloquialmente los dos términos indistintamente. Las emociones se consideran las reacciones corporales automáticas e inconscientes a los estímulos, mientras que los sentimientos son las interpretaciones conscientes, subjetivas y mentales que hacemos de esos cambios físicos. Se piensa que las emociones son universales, experimentadas por todas las personas de la misma manera.
La capacidad de ejercer control sobre nuestro estado emocional requiere una serie de habilidades cognitivas, para cambiar los pensamientos o los comportamientos de uno, para evitar que la emoción se lance o para evitar que se exprese. La mayoría de las veces, la regulación de las emociones es útil para regular a la baja o amortiguar la intensidad de las emociones negativas, como la ira, la decepción o la ansiedad. Un repertorio saludable de habilidades de regulación emocional evita que las personas se comporten de manera contraproducente cuando están emocionalmente activadas.
Componentes clave de la regulación emocional:
- Autoconciencia: darse cuenta de lo que se siente y poder nombrarlo.
- Aceptación emocional, en particular aceptar la incomodidad de las emociones negativas sin juzgarlas ni tomar medidas para cambiarlas.
- Reevaluación cognitiva, reformular un evento negativo como uno más positivo.
Debido a que las emociones son importantes y estimulan gran parte del comportamiento humano, las personas se benefician de la capacidad de ser conscientes, controlar y expresar bien sus emociones, lo que los psicólogos pioneros Peter Salovey de Yale y John Mayer de la Universidad de New Hampshire consideraron inteligencia emocional. El Centro de Inteligencia Emocional de Yale identifica cinco habilidades componentes de la inteligencia emocional: reconocer, comprender, etiquetar, expresar y regular las emociones. Reconocer y comprender las propias emociones, a su vez, depende de la autoconciencia.
El manejo de las emociones, especialmente las difíciles, es una habilidad tan crítica, según los investigadores, que es un pilar fundamental del éxito en la vida. Si se mantienen, las emociones negativas generalmente se asocian con efectos fisiológicos perjudiciales.
Las emociones humanas básicas tienen expresiones faciales características que las personas están preparadas para reconocer, incluso desde la distancia: la sonrisa de felicidad, los ojos muy abiertos y la boca abierta de sorpresa, la boca hacia abajo de tristeza, las cejas fruncidas y el rostro enrojecido de ira, el nariz arrugada de asco. Las personas pueden enmascarar sus emociones, y percibir con precisión las emociones de los demás depende no solo de detectar su expresión facial, sino también los breves destellos de emoción conocidos como microexpresiones. Reconocer los patrones posturales y los gestos no verbales que acompañan a la expresión emocional puede aumentar la precisión.
Existe evidencia de que la voz es una herramienta especialmente poderosa para expresar emociones, y los investigadores han identificado distintas firmas de audio de 24 emociones, desde la ira (gruñidos y fuertes estallidos entrecortados) y el asombro hasta la simpatía y el triunfo. Las expresiones faciales evolucionaron como señales emocionales rápidas y universales, interpretadas con mayor fiabilidad que las vocalizaciones sin palabras. Sentirse feliz en compañía de otras personas puede ser una forma importante de controlar las emociones.
La estructura de nuestro cerebro tiene cincuenta mil generaciones de historia evolutiva, con sus propios éxitos de supervivencia. De las emociones a los sentimientos, el neuropsicólogo Raúl Espert ha estudiado el cerebro desde hace muchos años.
Por lo tanto, podemos decir que el sistema límbico está relacionado con la memoria y el aprendizaje. La parte de nuestro cerebro dedicada a los pensamientos se desarrolló a partir de la región emocional. Estas zonas cerebrales siguen estado muy vinculadas mediante circuitos neuronales, lo que significa que hay una relación entre pensamientos, sentimientos y emociones.
La relación entre neocórtex y sistema límbico amplió el número de posibles reacciones ante los estímulos emocionales. El neocórtex nos permite leer, interpretar y controlar nuestras emociones. Ocurre que hay muchas emociones gestionadas desde el sistema límbico, donde el cerebro termina tomando decisiones independientemente de los lóbulos frontales, nuestro cerebro se adelanta dejándose llevar por la activación del sistema límbico, impidiendo que el neocórtex haga su labor.
La parte del cerebro que recibe la información de origen sensorial es el tálamo (una estación de relevo que se comporta como un cerebro en miniatura). El tálamo se encarga de enviar esta información a otras partes del cerebro, como el neocórtex, que se ocuparía de analizar la información y crea una respuesta para la situación del momento. Cuando el cerebro comienza a funcionar en base a esa vía neuronal más corta, surgen respuestas que pueden no estar relacionadas con la situación del momento. Esta misma respuesta inmediata, ha podido ayudar a los primeros seres humanos a sobrevivir hoy.
Las conexiones neuronales de los pensamientos están conectadas con las de las emociones, de hecho, cada circuito neuronal no puede funcionar independiente al otro. La microbiota son microorganismos (generalmente bacterias) que viven dentro de nuestro ecosistema intestinal. Este microbioma está relacionado con nuestras emociones. El nombre más científico del eje que las vincula se llama eje microbiota-intestino-cerebro.
Los nueve metros de nuestros intestinos están regidos por el llamado sistema entérico, una red de varios millones de neuronas que regulan la peristalsis (el tránsito intesinal) y que funcionan gracias a varios neurotransmisores, pero fundamentalmente a la serotonina (el 90% de la serotonina corporal se encuentra en la zona abdominal, no en el cerebro). Este neurotransmisor está muy implicado en las emociones y el sueño. El intestino tiene dos plexos, y los dos tienen millones de neuronas.
El sistema microbiota-intestino-cerebro es lo que nos hace sentir las emociones a través del cuerpo, con una mirada de microrganismos que, indirectamente, pueden llegar a alterar la homeostasis cerebral. Como hemos dicho antes con el estrés crónico o agudo, aumentan los factores inflamatorios (citoquinas) y la flora bacteriana cambia. Cuando estamos en una situación de estrés, tenemos un nivel alto de cortisol.
Si hablamos de emociones, debemos hacer referencia al gran neurocientífico Antonio Damasio, que ha vinculado las emociones al cuerpo (especialmente a las vísceras abdominales), y los sentimientos a la mente (cerebro) para interpretar dichas sensaciones.
El cerebro tiene marcadores somáticos, o sea, zonas del cerebro que “leen” o informan al cerebro acerca de lo que ocurre en las vísceras abdominales a través del nervio vago, el sistema hormonal, y el sistema nervioso autónomo. Cuando sentimos miedo, lo que pasa por vía cerebral es que nos enteramos de que algo pasa: se desestabiliza la homeostasis y se entera la corteza sensorial.
La amígdala tiene varios núcleos y si la estimulamos, por ejemplo, durante una cirugía cerebral el paciente siente miedo. La autopsia cerebral de estas personas revela una pérdida importante de neuronas en von economo en ínsula, giro cingulado anterior y área 9 de Brodmann. Esta zona es la sede de la moral, de la ética, la persona pierde la empatía y no entiende a los demás. Las emociones son fundamentales para tomar decisiones y para el proceso de aprendizaje-memoria.
El sentimiento es la percepción de un estado del cuerpo interpretado por la corteza prefrontal, siendo las emociones sensaciones somáticas.
La emoción se genera como una respuesta organizada a un acontecimiento externo o un suceso interno (pensamiento, imagen, conducta, etc.). Primeramente tiene lugar el proceso perceptivo del evento, al que le sigue una valoración. El resultado es una reacción neuropsicológica, comportamental o cognitiva.
Comencemos con las emociones básicas que fueron las que primero aparecieron -al nacer- y veamos cuál es su función (según P. Aparece cuando algo es gratificante o positivo para nosotros. Desde una persona que nos gusta, un lugar o una situación que nos hace sentir bien. Sentimos que nuestro cuerpo se expande o se abre a la situación. Acercarme a otras personas para compartir aspectos positivos. Se da ante situaciones de carácter amenazante. Cuando tenemos miedo percibimos una amenaza -real o imaginada-. Tengo pensamientos sobre la amenaza. Podemos reaccionar de tres maneras: quedándonos bloqueados, huir de la situación o atacar. Normalmente la huida o la evitación suele ser la opción elegida. El miedo tiene una función de protección. Es una emoción que aparece ante la percepción de una pérdida de cualquier tipo -muertes, separaciones, pérdidas de trabajo, pérdida de nuestra residencia habitual-. Sentimos un nudo en la garganta y dolor en el pecho. Nuestro cuerpo se contrae. Aislarnos, reposar. La tristeza nos sirve para reintegrar: incorporar esa nueva situación o experiencia, asimilar la pérdida y seguir hacia delante. Os recomiendo el artículo de nuestra compañera Marta de la Fuente: «Las pérdidas emocionales. Es una emoción que aparece cuando percibimos que se está realizando una injusticia -pérdida de algo que sentimos como nuestro- o sentimos una amenaza a nuestra integridad o una provocación. Se relaciona con otras emociones secundarias como la frustración. La rabia es una emoción muy relacionada con la interpretación que hacemos de la situación, considerando que se ha producido un abuso o una injusticia. A veces pensamos que la situación es un obstáculo para conseguir una meta. Levantar la voz o cambiar a un tono serio. La sorpresa aparece ante un estímulo inesperado. Reaccionamos, es decir, nos genera sobresalto o desconcierto. Sin duda es la emoción más adaptativa de todas, ya que nos permite sobrevivir, ya que su función es la de rechazar aquello que es peligroso. Valoramos negativamente el estímulo y pensamos en rechazarlo. Existe un acuerdo claro sobre cuáles son las emociones básicas pero no sucede así en cuanto a las emociones complejas. Diferentes autores y expertos han tratado de representar visualmente este “mundo de las emociones complejas”. El modelo cromático de las emociones que proponen José Luis Díaz y Enrique O. Aparece cuando nos sentimos vulnerables y con una sensación de malestar, al percibir que no somos aceptados por los demás o que hay una parte de nosotros o nosotras que no queremos mostrar y que queda expuesta al juicio de los demás. La culpa se relaciona con nuestro código ético o moral. Aparece cuando hemos hecho algo que va en contra de nuestros principios o anticipamos que hemos podido dañar o perjudicar a otra persona. Sentimos orgullo cuando hemos hecho algo tan bien que supera nuestras expectativas o valoramos nuestra manera de comportarnos de forma muy satisfactoria. El orgullo, en su justa medida es conveniente, porque nos hace tener un buen nivel de autoestima, pero en exceso nos puede aislar y podemos recibir rechazo de los demás. El placer es una emoción muy intensa que se da cuando hemos satisfecho nuestras necesidades básicas -comer, beber, relaciones sexuales…- pero también lo experimentamos cuando hacemos actividades que nos gustan -tiene que ver con la satisfacción vital-. Como todas las emociones el placer podría ser una emoción desfavorable según como la gestionemos. “Siento placer cuando como sushi. Es una comida que me encanta”. Los celos aparecen asociados a la anticipación de la pérdida de algo o alguien importante en nuestra vida. También se manifiestan celos en procesos de comparación con otras personas, lo que poseen, y nosotros o nosotras no poseemos. Los celos pueden tener una función motivacional, estimularnos a alcanzar algo que otra persona tiene y que consideramos que también está a nuestro alcance. Pero no siempre tienen esta función de acicate o estímulo, muchas veces, los celos son una emoción autodestructiva y muy perjudicial para el entorno de la persona que los siente.
En Área Humana hemos asumido una misión con la que estamos muy comprometidos, aportar conocimiento y trabajo para mejorar el bienestar emocional de las personas. Y en este objetivo es fundamental enseñar técnicas y herramientas para que las personas mejoren sus competencias emocionales.
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