Cómo Saber de Qué Lado Está la Placenta: Ubicación y Significado
La placenta es un órgano fascinante que se desarrolla durante el embarazo y juega un papel crucial en el crecimiento y desarrollo del bebé. Actúa como un puente entre la madre y el feto, proporcionando nutrientes y oxígeno esenciales, y eliminando los productos de desecho. Además, secreta hormonas fundamentales para mantener la gestación. Por tanto, su papel es muy importante durante el embarazo, por no decir fundamental. De hecho, es una de las cosas que los especialistas necesitan observar y controlar en cada una de las revisiones.
Lo normal es que se sitúe de tal manera que, después de producirse el propio nacimiento del bebé, se produzca su expulsión, lo que conocemos como alumbramiento y que es una fase natural del parto. Un proceso siempre auxiliado por una matrona quien, además, debe cerciorarse de que no permanezcan restos placentarios dentro del útero, pues podría producir complicaciones en el postparto.
Sin embargo, ¿qué ocurre en los casos en los que la placenta impide la salida del bebé? En estos casos, el parto vaginal no es una opción, la cesárea es la única vía posible. Pero, para ello, la placenta debe estar taponando por completo la salida del bebé.
Esto es “porque la placenta es un órgano que se forma durante el embarazo a partir de las mismas células que el propio bebé, pero que se especializan de otra manera”. Cuando se comienza a formar, se adhiere a la capa más interna del útero y, depende de dónde se coloque, tenemos la que podemos definir como primera clasificación y quizás de las más importante.
Ubicación de la Placenta en el Útero
La ubicación de la placenta en el útero es un factor importante que los médicos monitorean durante el embarazo. A continuación, se describen las diferentes posiciones:
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- Placenta anterior: Si se sitúan hacia delante, más hacia la propia barriga.
- Placenta posterior: Si están hacia atrás del útero, es decir, parecen pegadas hacia la espalda.
- Placenta fúndica: La que se sitúa en la parte más superior del útero.
Cualquiera de estas tres posiciones de la placenta se considera como normal durante el embarazo y no conlleva ningún control especial ni riesgos específicos.
Tipos de Placenta Previa
La primera de la que podemos hablar es la placenta de baja implantación, “cuando se inserta muy cerca del orificio cervical (por donde sale nuestro bebé)”. En estos casos, pueden aparecer complicaciones, “pero es algo que no se puede prevenir”. Se suele observar ya al principio de la gestación, con la primera ecografía incluso, y se ve cómo es su evolución en los sucesivos controles.
En este momento, “el cuello del útero sería la parte de abajo del globo (por donde lo hinchamos) o bien el cuello de la bombilla. Imaginemos que tenemos una pelota dentro y que queremos que salga, pero hay un trozo de carne que está cerca de esa salida”. Esto sería una placenta de baja implantación y podría dificultar mucho la salida de esa pelota.
Además, nos dice, “en ocasiones puede dar lugar a sangrados durante el embarazo, ya que los vasos sanguíneos que se deberían conectar con el útero pueden sangrar con mayor facilidad en esa zona, debido a que la inserción será subadecuada y habrá exceso de movimiento en esa zona”.
El siguiente tipo de placenta que puede llamarnos la atención es la placenta previa parcial, que “nos sitúa en la misma posición que una placenta previa total (de la que hablaremos a continuación), pero con algunas especificaciones”. En este caso, la placenta se implanta parcialmente sobre el orificio cervical interno, obstruyendo la salida del útero. Una circunstancia que tiene efecto directo sobre el parto.
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En líneas generales, nos dice la matrona, “se puede intentar un parto vaginal con una placenta de inserción marginal, pero se debe realizar una monitorización más estrecha de la evolución del parto”. De hecho, nos dice, “tampoco es muy seguro plantear un parto vaginal”. , que sí es una opción segura en algunos casos para mujeres con embarazos normales o de bajo riesgo”. Y, aquí, nos confirma la matrona, “esto implica necesariamente una cesárea el día del parto”. Es la única vía posible, “ya que le bebé no puede atravesar su propia placenta para poder nacer, está físicamente taponando la salida que tiene”.
También hay algunas placentas, nos explica la experta, “mucho más raras de ver y que presentan anomalías”.
- Placenta acreta: Un tipo de placenta que se inserta demasiado dentro, en la capa interna del útero y puede llegar a atravesarlo.
- Placentas bilobuladas: “Bastante curiosas”, que es cuando se encuentra dividida en dos.
- Placentas circunvaladas: Aún menos frecuentes, se caracterizan por la unión de las membranas y una depresión central con zona anular blanquecina engrosada.
Habitualmente, nos explica la matrona, “se inserta en el centro de la misma, pero hay veces que puede estar en un lateral (placenta con cordón de inserción marginal o placenta de raqueta) o en las membranas amnióticas (inserción velamentosa)”. No implica complicaciones, salvo en este último caso, “que puede suponer riesgos importantes, especialmente para el bebé”.
Por último, como hemos visto, la placenta va aumentando en tamaño según avanza la gestación, sin embargo, su diámetro suele oscilar entre los 15 y los 25 centímetros (su tamaño medio es de 18,5 cm), con un espesor de 3 centímetros y un peso aproximado de unos 500 gramos.
Placenta grande: se da en aquellos casos de eritobastosis fetal (afección que hace que los glóbulos rojos de un bebé no sean los suficientes), sobrepasando el 50% del tamaño del feto.
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Tipos de placenta previa
A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior.
Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.
Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:
- Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen ´dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
¿Cuáles son las causas de la placenta previa?
La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.
No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:
- Malformaciones uterinas
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple
- Haber tenido varios embarazos previamente
- Poco tiempo entre dos partos
- Haber tenido un parto previo por cesárea
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
- Edad materna avanzada
- Tabaco y abuso de cocaína
La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.
¿Cómo se diagnostica la placenta previa?
La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no.
Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande.
Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.
Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.
La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.
En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.
Síntomas y tratamiento
La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas.
Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. El principal síntomas es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.
El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.
En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:
- Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
- Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.
A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado.
Parto con placenta previa
La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad.
En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.
En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.
En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.
Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.
La placenta posterior: una ubicación común
La placenta posterior es una ubicación frecuente, y generalmente normal, de la placenta durante el embarazo. En la mayoría de los casos, la placenta posterior es normoinserta (está bien colocada) y no implica riesgos. Cuando hablamos de placenta posterior nos referimos a aquella que se adhiere a la cara trasera del útero.
Una placenta posterior normoinserta, es decir, ubicada en la parte alta y posterior del útero, suele ser un hallazgo de lo más habitual en las ecografías. En estos casos, el embarazo evoluciona de forma normal y no se asocia a riesgos añadidos.
- Placenta posterior alta y normoinserta: corresponde a la localización más frecuente. En este caso, la placenta está situada en la parte superior de la cara posterior del útero, lejos del cuello uterino.
- Placenta posterior baja: se detecta cuando la placenta se implanta en la cara trasera del útero, pero más cerca de la parte inferior.
- Placenta posterior marginal: ocurre cuando la placenta posterior llega hasta el borde del cuello uterino.
- Placenta previa posterior: es el caso más complejo, ya que la placenta posterior cubre parcial o totalmente el cuello uterino.
Muchas embarazadas se preguntan si es “mejor” tener placenta posterior o anterior. En realidad, ambas son posiciones habituales y no deben ser motivo de preocupación por sí mismas. La diferencia principal radica en la forma en la que la madre percibe los movimientos del bebé.
- Placenta posterior: situada en la pared trasera del útero.
- Placenta anterior: situada en la pared frontal del útero.
En la gran mayoría de los casos, la placenta posterior normoinserta no da síntomas y pasa totalmente desapercibida. Estos sangrados son una señal de alerta y deben consultarse siempre con el especialista.
La mayoría de diagnósticos de placenta posterior baja se realizan en las ecografías de control prenatal, lo que permite una vigilancia estrecha y un manejo adecuado para evitar complicaciones.
El diagnóstico de la placenta posterior se realiza mediante ecografía, siendo la abdominal la técnica de cribado habitual.
El seguimiento ecográfico es clave, ya que la localización de la placenta puede cambiar con la evolución del embarazo.
Cuando la placenta posterior es alta y normoinserta, no implica riesgos ni condiciona el parto.
El Método Ramzi: ¿Puede Determinar el Sexo del Bebé?
El método Ramzi es una técnica popular no invasiva que promete predecir el sexo del bebé durante las primeras semanas de embarazo. Aunque no está científicamente comprobado, muchas futuras madres lo utilizan como una forma divertida de intentar conocer el sexo del bebé.
Según este método, si la placenta está presente en el lado izquierdo, el bebé será niña. En caso contrario, será niño. Es fundamental leer el ultrasonido de manera adecuada.
El Dr. Saad Ramzi emplea la ubicación de la placenta como 'señal' para detectar el sexo fetal a las seis semanas de gestación, aproximación que algunos estudios consideran altamente fiable. De hecho, un informe encontró que este método predice correctamente el sexo del feto en el 97,2% de los hombres y el 97,5% de las mujeres al inicio del primer trimestre.
Es importante mencionar que el método Ramzi no tiene aval científico y debe ser tomado como una curiosidad sin valor diagnóstico. El análisis se realiza a partir de una ecografía realizada entre las semanas 6 y 8 de gestación, antes de que sea posible determinar el sexo fetal por métodos convencionales. Por lo general, el sexo del bebé puede determinarse con precisión en la ecografía de las 20 semanas.
Tabla Resumen de Tipos de Placenta Previa
| Tipo de Placenta Previa | Descripción | Riesgos | Manejo |
|---|---|---|---|
| Inserción Baja | Placenta cerca del cuello uterino, pero no lo cubre. | Posible sangrado, especialmente al final del embarazo. | Reposo, evitar actividades intensas, monitoreo regular. |
| Marginal | Placenta al lado del cuello uterino, sin cubrir la abertura. | Riesgo de sangrado durante el parto. | Monitoreo estrecho durante el parto, posible cesárea. |
| Parcial | Placenta cubre parte de la abertura cervical. | Sangrado significativo, posible necesidad de cesárea. | Hospitalización si hay sangrado, cesárea programada. |
| Total | Placenta cubre completamente la abertura cervical. | Hemorragia severa, riesgo para la madre y el bebé. | Cesárea obligatoria. |
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