Cómo lidiar con un hijo adulto tirano
El fenómeno del hijo adulto manipulador es cada vez más frecuente. No se trata de un cuadro en el que hay un adulto inescrupuloso aprovechándose de padres bondadosos. Estas situaciones retratan a familias en las que los hijos están afligidos y llenos de problemas, mientras que los padres se muestran confusos, erráticos y desesperados.
¿Qué es el hijo adulto manipulador?
El hijo adulto manipulador es alguien que sigue manteniendo un vínculo muy estrecho con sus padres. Dicho vínculo se caracteriza por la dependencia y se vale con frecuencia del chantaje emocional para que no se establezca un límite. Aprisiona emocionalmente a los padres. Distorsiona las percepciones. El hijo adulto manipulador suele interpretar todas las situaciones a su acomodo. Evita asumir responsabilidades. Existe la idea de que son los padres los que deben tomar la responsabilidad por lo que él necesita o quiere.
Características del hijo adulto manipulador:
- No tienen mayor escrúpulo con el dinero o los gastos. A veces “piden prestado” dinero que nunca pagan. Otras veces, piden y piden, muchas veces lo mejor y lo más costoso.
- Faltan al respeto con frecuencia. No tienen problema en levantar la voz o arrojar las puertas contra el mundo, cuando se enojan.
- El hijo adulto manipulador tiene dificultades para tolerar la frustración.
Orígenes del comportamiento manipulador
Como resulta obvio, un hijo adulto manipulador no nace, sino que se hace. No se llega a ser así de la noche a la mañana. Detrás de esta condición hay una crianza seguramente muy bien intencionada, pero con un criterio deficiente. Lo más habitual es que estos adultos hayan sido niños sobreprotegidos o que hayan sufrido alguna suerte de abandono, emocional o físico, durante la infancia, que probablemente fue compensado con mayor permisividad. Por lo uno o por lo otro, es probable que a los padres les haya costado educar poniendo límites.
El niño caprichoso seguirá siéndolo, incluso hasta la vida adulta, si se le refuerza esa conducta. Seguirán actuando así con sus parejas y en sus trabajos. Les costará precisar sus metas y lograrlas. Por eso mismo, tenderán a prolongar la dependencia con sus padres. Lo bueno es que, sin importar la edad, esto puede revertirse en gran medida.
¿Qué hacer ante esta situación?
Llegados a la vida adulta, este ya no es un problema que deban resolver solo los padres, sino sus hijos también. Por más infantiles o adolescentes que se muestren, ya son adultos y tienen el deber y la responsabilidad de tomar las riendas de su destino. Por supuesto, es bueno que los padres contribuyan en ese proceso, pero no son los únicos encargados de hacerlo. El hijo adulto debe aprender a quererse de verdad y, en esa medida, a exigirse un comportamiento más elevado. Es bueno que piense en todo aquello que está perdiendo por su decisión de prolongar la infancia y la adolescencia para siempre.
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Por su parte, los padres deben abandonar la idea de que amar es complacer sin límites. También deben superar el sentimiento de culpa que los induce a lo anterior. Lo mejor que pueden hacer por su hijo es ayudarle a entender el significado de la palabra “no” y de la existencia de los límites. Sin letanías, sin reclamos, sin ultimátum que nunca cumplen.
Estrategias para padres:
- Mantén la calma, firmeza y distancia en tu actitud al expresar las expectativas.
- Pon límites de tiempo al ayudar a tu hijo a resolver una crisis.
- Alienta a tu hijo a resolver problemas preguntando: “¿qué ideas tienes?”
- Pon límites firmes si usa constantemente la culpa para manipularte.
- Mientras vivan contigo, alienta a tus hijos con empleo a contribuir parte de su paga como renta.
- Si no están empleados, para empezar, pídeles que te ayuden en la casa con la limpieza, jardinería u otras tareas.
- No les de dinero indiscriminadamente.
- Desarrolla una respuesta que puedas ofrecer en caso de que te atrape desprevenido.
- Recuerda que no es un concurso de popularidad. Prepárate para recibir el rechazo de tu hijo.
La culpa y el papel de los padres
La culpa enturbia las aguas para los padres de adultos problemáticos. La culpa juega trucos con sus mentes. Puede convencernos de que las batallas de nuestros hijos son culpa nuestra. Pero dado el papel de la genética, las influencias comunitarias negativas y las características de personalidad involucradas, los padres merecen darse dosis saludables de autocompasión. Así que si hiciste algo que te avergüence, discúlpate con tu hijo adulto y sigue adelante. Esfuérzate por no engancharte con ello, de otra manera puede servir como herramienta de manipulación para tu hijo adulto.
Tácticas de manipulación comunes
- Te convierte en un prisionero emocional amenazando con suicidarse o lastimarse.
- Miente mediante una “memoria selectiva”.
- No se enfrenta a la vida, pero tú sí.
- Tu hijo adulto toma dinero “prestado” porque no puede mantener un empleo constante.
- Ya te resignaste a que te falten al respeto.
Padres tóxicos y su impacto
Un padre tóxico es aquel cuyo comportamiento y actitudes ejercen un efecto nocivo en la vida de sus hijos. Durante la infancia, los niños son especialmente vulnerables a la influencia de sus padres, ya que están en proceso de formación y desarrollo de su identidad y personalidad. Los efectos negativos de tener un padre tóxico pueden manifestarse de diversas formas en la vida adulta. Por ejemplo, aquellos que fueron criados en un ambiente de reproches, castigos y crítica constante pueden desarrollar una autoestima baja y una falta de confianza en sí mismos que los sigue hasta la edad adulta.
Los adultos que fueron criados por padres tóxicos pueden experimentar dificultades emocionales que persisten a lo largo de sus vidas. La falta de apoyo emocional durante la infancia puede llevar a problemas como la depresión, la ansiedad y la dificultad para regular las emociones en la edad adulta. Además, las personas que han sido criadas por padres tóxicos pueden enfrentar desafíos únicos en sus relaciones interpersonales. Pueden tener dificultades para establecer límites saludables, confiar en los demás o expresar sus necesidades y deseos de manera efectiva.
Características de padres tóxicos:
- Control Excesivo
- Desvinculación Total
- Crítica Constante
- Falta de Empatía
- Victimización
- Generación de conflictos entre hermanos y favoritismo
Estrategias para manejar a un padre tóxico
Tener un padre tóxico puede ser un desafío considerable pero existen estrategias efectivas para manejar esta situación y promover el bienestar personal. Establecer límites implica decir "no" cuando sea necesario, expresar las propias necesidades y deseos de manera asertiva, y mantenerse firme en la defensa de la propia integridad emocional y mental. Buscar apoyo para sobrellevar las discusiones y disgustos que pueden aparecer es esencial para lidiar con un padre tóxico.
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Aceptar que no puedes cambiar a tu padre tóxico te libera de la carga de sentirte responsable de su comportamiento o de tratar de arreglar una situación que está fuera de tu control. Al aceptar que no puedes cambiar a tu padre tóxico, puedes enfocar tu energía en establecer límites saludables para proteger tu propia salud mental y emocional. Aceptar que no puedes cambiar a tu padre tóxico también puede fomentar la aceptación personal y el perdón hacia ti mismo por no poder cambiar la situación. Aceptar que no puedes cambiar a tu padre tóxico te brinda la libertad de vivir tu vida de acuerdo a tus propios términos y de priorizar tu propio bienestar emocional y psicológico.
Priorizar el bienestar propio es fundamental al lidiar con un padre tóxico. Esto implica cuidarse a uno mismo, tanto física como emocionalmente, y tomar medidas activas para protegerse de la influencia negativa del padre.
El Síndrome del Emperador
Este artículo tiene como objetivo ofrecer una visión clara sobre un fenómeno que desafortunadamente está adquiriendo unas dimensiones alarmantes en los últimos años, nos referimos al “síndrome del emperador o del niño tirano” o comúnmente conocido como el maltrato de los hijos hacia sus padres. El perfil del “pequeño tirano” suele ser el de un varón de 9 a 17 años, hijo único y de clase media-alta.
Es común, cuando recibimos a padres que están siendo maltratados por sus hijos, observar que los progenitores se sienten humillados, avergonzados, intimidados, amenazados, impotentes, frustrados y en ocasiones, tienen miedo a su hijo e incluso se sienten inseguros estando en su propia casa. Casi en la totalidad de los casos, la madre suele ser la principal víctima, el hijo suele dirigir la mayoría de los comportamientos violentos hacia su madre.
Características del Síndrome del Emperador:
- Ansiedad muy elevada.
- Egocentrismo.
- Autoestima muy baja.
- Parece que siempre están de mal humor o tristes.
- Se sienten muy frustrados.
- Baja tolerancia al malestar.
- Frecuentemente tienen ataques de ira, rabietas, insultan y agreden a los demás.
- Creen que tienen derecho a organizar la vida familiar.
- Falta de habilidades para solucionar problemas.
- Tienen muchas dificultades con las figuras de autoridad.
- Culpan siempre a los demás de todo lo que les sucede.
- No aceptan las normas de casa.
- Son altamente exigentes con las personas de su alrededor.
- Parecen carecer de empatía, es decir, no se ponen en el lugar de las personas a la que están haciendo daño.
Violencia filio-parental
Comienzan con un insulto, siguen con amenazas y acaban con agresiones físicas. El que actúa con violencia es un niño, niña, adolescente o joven, y el que la recibe, su padre, su madre, su abuelo, su hermano o su educador. Este tipo de violencia doméstica, llamada violencia filio-parental, va en aumento en occidente, China y norte de África, pero sobre todo en España. En las siguientes líneas analizamos el perfil de los hijos que ejercen este maltrato y el de los padres y las madres que lo sufren, detallamos el tipo de violencia que realizan y explicamos qué hacer en estos casos.
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Los expertos de la SEVIFIP la definen como el conjunto de conductas violentas reiteradas dirigidas hacia los padres, madres o adultos que ocupan su lugar. Pueden ser físicas, psicológicas tanto verbal o como no verbal y económicas y se manifiesta de diversas maneras, como detalla la ‘Guía básica de actuación en situaciones de Violencia Filio-Parental‘ de Euskarri, Centro de Intervención en Violencia Filio-Parental en Euskadi:
- Maltrato físico: escupir, empujar, golpear, pegar patadas, dar mordiscos, lanzar objetos, pegar puñetazos en puertas y/o paredes.
- Maltrato psicológico: intimidación verbal (gritos, amenazas, insultos repetidos, humillaciones, etc.); gestos amenazadores; manipulación; amenazar con matarse y/o huir de casa como forma de obtener lo que quiere o para controlar a su familia; rotura de objetos apreciados por los padres.
- Maltrato económico: robar dinero o pertenencias de la familia o amigos, así como contraer deudas cuyo pago recae en los progenitores.
¿Dónde acudir si mi hijo me maltrata?
Saber decir «no» puede ayudar a prevenir esta violencia. No tolerar faltas de respeto es vital, como se recomienda en la guía básica de actuación de Euskarri: ni un insulto ni un empujón. Pero si con frecuencia, no de manera aislada o puntual, tu hijo te descalifica, te quita dinero sin permiso o te agrede, estás sufriendo violencia filio-parental; también si sientes miedo a molestarle y evitas hacerlo. Su actitud no es normal, propia de la edad ni de la adolescencia. Y menos si es un hijo adulto mayor de edad.
Los expertos consultados recomiendan hablar con alguien de confianza y contactar con los servicios sanitarios o sociales de la localidad para pedir orientación y buscar apoyo. Acudir a asociaciones sin ánimo de lucro especializadas en este asunto como Euskarri o Fundación Amigó es la mejor opción. En el mapa de recursos de SEVIFIP las encontrarás por comunidades autónomas. A estos centros deberá ir toda la familia, pues el problema es familiar.
Si la conducta agresiva puede poner en riesgo tu integridad o la del resto de la familia ¿qué hacer? Habrá que contactar con la policía y poner una denuncia. Y aunque resulte difícil, en caso extremo, puedes pedir que tu hijo abandone la casa y que pase a formar parte de algún programa de acogida.
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