El Niño: Definición, Causas y Consecuencias
El Niño y La Niña son fenómenos intermitentes que afectan al clima de todo el planeta. Se gestan en las aguas del océano Pacífico, a la altura del ecuador.
¿Qué es El Niño?
«El Niño» o, en nomenclatura científica, El Niño-Southern Oscillation (ENSO), es un patrón climático natural que describe el calentamiento anormal de la superficie de las aguas del este tropical del Océano Pacífico. El Niño está asociado con la Oscilación del Sur, que son fluctuaciones en la presión del aire sobre las mitades oriental y occidental del Océano Pacífico. Generalmente, la atmósfera sobre la parte oriental del Pacífico Sur está dominada por áreas persistentes de alta presión, mientras que la región occidental está dominada por áreas de baja presión.
El Niño y La Niña son diferentes fases de un patrón climático que se da de forma recurrente en la zona tropical del océano Pacífico y que recibe el nombre de ENSO (por las siglas en inglés de El Niño-Oscilación del Sur). El Niño es un fenómeno de calentamiento, mientras que La Niña lo es de enfriamiento.
Ya en el siglo XVIII, los habitantes de la costa de Perú eran conscientes de que, en momentos puntuales, rondando las Navidades, las corrientes de agua eran más cálidas y los bancos de peces se ausentaban. Relacionaron este acontecimiento extraordinario con el nacimiento de Jesús, por lo que lo bautizaron como «El Niño».
Sus nombres provienen de los apodos que los pescadores latinoamericanos le dieron a este tipo de fenómenos a lo largo del siglo XVII, dado que, en ese tiempo, alrededor de la Navidad se notaba el agua más cálida que de costumbre, refiriéndose a la llegada del niño Jesús por esas fechas, según la tradición cristiana. La Niña vino más tarde, cuando se buscó la forma de referirse a su efecto contrario.
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Causas de El Niño
Las causas del fenómeno El Niño se encuentran en el sistema climático de la Tierra y están relacionadas con la interacción entre el océano y la atmósfera en la región tropical del Pacífico. Estas son:
- Variaciones en la temperatura superficial del mar: El Niño comienza con el calentamiento inusual de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Normalmente, los vientos alisios soplan de este a oeste en esta región y empujan las aguas cálidas hacia el oeste, acumulándolas en la región del Pacífico occidental. Sin embargo, durante un evento de El Niño, estos vientos alisios disminuyen su intensidad o incluso se revierten, permitiendo que las aguas cálidas se desplacen hacia el este.
- Cambio en la circulación atmosférica: el calentamiento del agua en la región ecuatorial del Pacífico cambia la circulación atmosférica global. El aire cálido y húmedo se eleva en el este del Pacífico, lo que genera una serie de efectos en cascada. Esto incluye un debilitamiento de la convección atmosférica en la región del Pacífico occidental, lo que puede llevar a sequías en lugares como Australia e Indonesia. Al mismo tiempo, se desencadenan patrones de lluvia más intensos en América del Sur, contribuyendo a inundaciones.
- Interacción con otros patrones climáticos: El Niño no opera en un vacío y puede interactuar con otros patrones climáticos, como la Oscilación del Atlántico Norte y la Oscilación del Atlántico Sur. Estas interacciones pueden amplificar o mitigar los efectos de El Niño en diversas regiones del mundo.
- Ciclo natural: el fenómeno de El Niño es parte de un ciclo natural. Junto con su contraparte, La Niña, este ciclo se repite aproximadamente cada 2 a 7 años.
En 1969, el meteorólogo Jacob Bjerknes estudió estas anomalías, determinando que el océano tenía influencia directa en los eventos atmosféricos. En concreto, el calentamiento de las aguas del Pacífico Oriental modificaba el patrón habitual de los vientos alisios, encargados de trasladar las aguas cálidas hacia el oeste. Esto devenía en el calentamiento, por encima de lo normal, del agua en el Pacífico Este, afectando a la costa de América Central y América del Sur.
De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, había un 55% de probabilidades de que el fenómeno de El Niño se diera en la segunda mitad de 2023. Tras tres años consecutivos marcados por La Niña, el fenómeno de calentamiento de El Niño podría empezar a ganar posiciones en el Pacífico en la segunda mitad de 2023.
Consecuencias Globales de El Niño
El Niño impacta el clima mundial por el aumento de las temperaturas, que generan, a su vez, temperaturas extremas o cambios en los patrones de precipitación, que conllevan tanto largas sequías en algunas regiones como lluvias intensas que pueden terminar en inundaciones en otras. Esto puede afectar la forma en la que la agricultura, la disponibilidad del agua o la seguridad alimentaria se manifiesta y articula en ese territorio. Además, el clima extremo puede asociarse con la presencia de otros fenómenos meteorológicos como tormentas de gran escala y largas olas de calor.
Los cambios en los patrones climáticos normales podrían provocar inundaciones y crear lagunas en lo que alguna vez fue un desierto. Además, El Niño puede provocar sequías y, en ocasiones, incendios forestales en los bosques tropicales húmedos de algunas de las regiones más húmedas de la Tierra.
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Su impacto es global y se extiende desde Canadá hasta Nueva Zelanda, de norte a sur y de este a oeste en todo el mundo. Los efectos los sienten muchas especies, desde el fitoplancton hasta los humanos.
Los cambios en los patrones normales de circulación oceánica pueden provocar importantes perturbaciones en la biosfera marina. Cuando El Niño tiene lugar, existen cambios en los patrones de precipitaciones que pueden provocar fuertes lluvias en zonas donde normalmente no llueve. Las precipitaciones pueden proporcionar grandes cantidades de agua a zonas normalmente secas, como la costa peruana.
A partir del modelo de Bjerknes se han establecido relaciones entre fenómenos meteorológicos de todo el mundo vinculados con El Niño, responsable de olas de calor y sequías en Asia, Australia y África. Riesgo en las condiciones de seguridad alimentaria: las sequías e inundaciones dan al traste con cosechas.
Asimismo, El Niño puede tener un impacto en la biodiversidad marina: por ejemplo, ya se ha observado la muerte de corales, el desplazamiento de algunas especies de peces y la alteración de las corrientes oceánicas.
Algunos científicos han llegado a relacionar este fenómeno con el nivel de desarrollo de los países, alegando que la acción de El Niño ha sido la causa de algunas de las hambrunas más grandes del siglo XIX, como puede verse en obras como Los holocaustos de la era victoriana tardía: el niño, las hambrunas y la formación del tercer mundo de Mike Davis.
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Además, hay estudios científicos que demuestran que las apariciones de este fenómeno meteorológico han tenido un gran efecto en las tendencias políticas y sociales del mundo. Las regiones más afectadas por sus efectos son los países del continente americano, Indonesia y Australia.
El Niño y su impacto en España
El fenómeno de El Niño puede tener un impacto en el clima de España, aunque este impacto es variable y depende de la intensidad y la duración del evento de El Niño en un año particular. Durante los eventos de El Niño, España puede experimentar un patrón de lluvias más irregular de lo habitual. En algunas regiones, como el noreste de España, se pueden observar condiciones más secas de lo normal, lo que aumenta el riesgo de sequías.
Este fenómeno tiende a estar asociado con un aumento de las temperaturas globales, y España no es la excepción. Durante un evento de El Niño, se puede esperar un incremento en las temperaturas promedio. Las condiciones más cálidas y secas pueden aumentar el riesgo de incendios forestales en España.
El fenómeno de El Niño puede influir en la circulación atmosférica en el Atlántico y en el Mediterráneo, lo que, a su vez, puede afectar la formación y el comportamiento de sistemas de alta y baja presión.
El Niño y el Cambio Climático
Una de las asunciones más generalizadas sobre El Niño es pensar que se debe al cambio climático, pero no está consensuado que sea únicamente por esta razón. Lo que está claro es que el cambio climático podría intensificar sus apariciones, así como empeorar la dimensión de sus consecuencias. De hecho, la Organización Mundial de Meteorología (OMM) estima que «en los próximos cinco años podrían incluso llegar a superar en más de 1,5ºC los niveles preindustriales durante menos de un año».
El Niño y La Niña son fenómenos naturales, que no tienen origen antropogénico, como sucede con el cambio climático. Sin embargo, las consecuencias de ambos se pueden combinar. Dado que El Niño es un fenómeno de calentamiento, se prevé que se dé un aumento de las temperaturas globales durante los próximos años. Es importante entender que una subida de las temperaturas medias globales no implica que vaya a hacer más calor durante todo el año y en todas las regiones del mundo. En algunas, de hecho, los fenómenos climáticos asociados a El Niño pueden llevar a un descenso de las temperaturas.
Los meteorólogos han podido determinar variaciones, con impactos locales desiguales. Indudablemente, si la consecuencia es una subida de las temperaturas en una región, el calentamiento global provoca que ese incremento sea mayor.
El Niño y La Niña también intensifican la virulencia y frecuencia de los eventos climáticos extremos, espoleados por el cambio climático. Cierto es que en los periodos donde ha primado El Niño, el número de eventos climáticos extremos y sus consecuencias han sido mayores que en los periodos de La Niña.
El Niño y La Niña: Fenómenos Opuestos
Por otro lado, «La Niña» es el fenómeno en el que descienden las temperaturas en la superficie de las aguas oceánicas. Ambos forman el ENSO, aunque aún existen interrogantes sobre cuáles son exactamente sus causas y la mejor forma de predecirlos.
Se podría decir que El Niño es la fase cálida de un fenómeno meteorológico y La Niña es la fase fría, aunque es más complicado que eso. Son fases opuestas de patrones climáticos complejos que pueden alterar las temperaturas globales y el cambio climático, provocando efectos atmosféricos extremos en todo el planeta.
El Niño ocurre con más frecuencia que La Niña, y ambos pueden durar casi un año completo y a veces más. En el propio océano, cuando una región se calienta, otra se enfría. Hay un equilibrio, y los cambios incluyen varios continentes, provocando, por ejemplo, sequías en África y precipitaciones en las Américas.
Generalmente sucede a El Niño, aunque no siempre. Su nombre indica oposición al concepto de El Niño y es conocido también como el «antiniño» o «el viejo». La duración de La Niña oscila entre uno y siete años.
La Niña implica una intensificación de los vientos alisios, lo que desploma la temperatura del agua y, por ende, condiciona los fenómenos climáticos. Por ejemplo, se produce un debilitamiento de la contracorriente ecuatorial, librando a la costa pacífica de América de las aguas cálidas que provienen de Asia.
Además, la corriente ecuatorial del sur recobra su protagonismo, arrastrando aguas frías hacia el trópico. Esta situación en el Pacífico provoca lluvias torrenciales en el Pacífico Sur, Caribe y Brasil, sequías en distintos puntos del continente americano y Oceanía, fuertes nevadas en América del Norte o huracanes en el Atlántico.
El invierno de La Niña en España está condicionado por otro fenómeno, la Oscilación del Atlántico Norte positiva (NAO+), que tiene como consecuencia modificaciones en la corriente en chorro, que se fortalece y se mueve hacia el norte. Por este motivo, el invierno de La Niña se prevé seco y estable, con lluvias en el noroeste y el litoral mediterráneo, donde podrían producirse danas.
El resto del territorio experimentaría temperaturas por debajo de lo normal y un aumento de precipitaciones. La Niña genera primaveras calurosas y secas, a excepción de Baleares y Andalucía.
Monitoreo y Predicción
Desde hace poco más de cuatro décadas se están monitoreando los avances de El Niño y La Niña de forma continuada, lo que permite no solamente contar con más información, sino también hacer mejores estimaciones y conocer de qué forma ayudar a mitigar sus impactos en las comunidades y el medio ambiente.
Cabe resaltar que, recientemente, la OMM ha advertido que el fenómeno de El Niño estaría llegando a su fin para dar paso a La Niña. Las proyecciones son que las temperaturas globales bajarán en la segunda mitad de este año, con un 50% de probabilidades de que ocurra entre junio y agosto y un 70% de que suceda entre agosto y noviembre.
El Niño: Una Amenaza para la Infancia
Tanto las sequías como las inundaciones que está produciendo El Niño, ponen en riesgo la vida y el futuro de los niños. Este fenómeno climatológico está produciendo una disminución de los derechos más básicos de la infancia. Los niños pasan hambre, enferman, no tienen acceso a la escuela y los sistemas de protección desaparecen.
El Niño no solo provoca sequías, la falta de lluvias hace que los campos se sequen y los animales mueran, privando a las familias de alimentos y medios básicos de vida. Muchas familias se ven obligadas a vender sus últimas posesiones para poder alimentarse hasta que definitivamente se quedan sin nada. En este proceso muchos niños y niñas son retirados de las escuelas y enviados a trabajos que ponen en riesgo su vida, también se reducen o eliminan los gastos en salud.
Los niños pasan hambre, sed, se debilitan y en ocasiones acaban sufriendo desnutrición. Una enfermedad que si no se trata de manera urgente puede acabar en la muerte. Los niños desnutridos son más vulnerables a las enfermedades e incluso cuando se trata a tiempo, puede dejar secuelas de por vida. Esta enfermedad puede hacer que un niño no se desarrolle correctamente a nivel físico y mental.
También las inundaciones son una de las peligrosas consecuencias del fenómeno El Niño. Muchos niños pierden a sus madres (que en muchos casos no han aprendido a nadar) y ellos mismos corren el riesgo de fallecer. Las inundaciones contaminan las fuentes de agua, y enfermedades como el cólera o la tifoidea pueden llegar a ser devastadoras.
Bien sea por el efecto de las sequías o por el de las inundaciones, las familias están teniendo que huir de sus hogares en busca de alimentos, agua o trabajo. Este éxodo hace que muchas personas dejen de tener acceso al sistema sanitario o alojamiento. En estos contextos de emergencia los niños se ven separados de sus familias, sin tener nadie a quien recurrir, aumentando su vulnerabilidad ante el abuso y la explotación. El sistema educativo se ha visto interrumpido, y con ello, el futuro de los niños.
Regiones Afectadas por El Niño
- Este y sur de África: En el este de África se estima que 22 millones de personas estarán en riesgo de caer en situación de inseguridad alimentaria, es decir, con dificultad para conseguir alimentos básicos. Etiopía, Somalia, Eritrea y Sudán del sur son algunos de los países más afectados. A principios de 2016 hemos visto cómo las inundaciones han afectado a más de 2,7 millones de personas. La situación del sur de África es aún peor, 30 millones de personas sufren inseguridad alimentaria tras el desastroso año 2015. Cerca de 14 millones de personas se enfrentan a la hambruna por la sequía que El Niño ha provocado. Esta situación empeorará a lo largo de 2016.
- Centroamérica: Por segundo año consecutivo, la sequía ocasionada por El Niño ha impactado en Centroamérica castigando a más de 4,2 millones de personas. Ha habido grandes pérdidas en las cosechas de café, maíz y frijol, que son los cultivos principales que permiten la superviviencia en la región. Agricultores estacionales con trabajo temporal han perdido sus ingresos y las reservas de alimento. En "el corredor seco" de Centroamérica, conformado por El Salvador, Guatemala y Honduras, más de 3,5 millones de personas padecen inseguridad alimentaria. Al menos 2,8 millones necesitan asistencia alimentaria inmediata, atención sanitaria y apoyo para mejorar los medios de vida.
- Asia y Pacífico: El aumento de la temperatura y la sequedad del ambiente se está dejando notar en toda la región. Los ciclones son más intensos en el sureste asiático y más frecuentes en el norte de Asia y el Pacífico, dejando intensas lluvias y un alto riesgo de inundaciones. Las comunidades de esta región sufren los efectos de las sequías y las inundaciones, que hacen que el suministro de agua sea menor, se acaben los alimentos y aumente el riesgo de enfermedades.
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