El Nacimiento y Ascenso del Imperio Bizantino

25.10.2025

El Imperio bizantino fue la continuación del Imperio romano en su parte oriental tras la caída de Roma en el siglo V d.C. El Imperio bizantino mantuvo viva la herencia romana en Oriente durante más de mil años. Realmente se trata del Imperio Romano de Oriente. Los bizantinos habían optado por el griego como lengua del estado en perjuicio del latín, se denominaban a sí mismos como romani, rômaikos, rômios o rhomáioi, es decir, romanos y seguirían siendo llamados Imperio romano de Oriente o Romania que perdurarían en el tiempo hasta el siglo XV.

Fundación y Consolidación

El origen del Imperio bizantino se remonta a la decisión de Constantino de trasladar la capital de Roma a Bizancio, renombrándola como Constantinopla en el año 330 d.C. Comienza con la fundación de Constantinopla. La nueva Roma se fundó como una ciudad cristiana. Para convertirse en la superpotencia que deseaba Constantino, necesitaba atraer a la gente de la zona occidental para que viviera allí. Para conseguirlo debía superar un importante escollo: traer agua potable a la metrópoli. El agua llegó a Constantinopla bajo el mandato del emperador Valente.

Junto al problema del agua, los bizantinos tenían que construir un sistema para protegerse de los ataques invasores, especialmente de los hunos, que ya habían arrasado buena parte del antiguo Imperio Romano. Para ello levantaron un sofisticado sistema de murallas, construidas a partir de mortero de caliza y ladrillo. Las paredes tenían una altura de nueve metros y un grosor de cinco metros. Sin embargo, la muralla sucumbió en el año 447 debido a una serie de terremotos de alta intensidad (Estambul está situada sobre una falla). En pocas semanas, y antes de que los hunos accedieran a la ciudad, consiguieron restaurar la fortificación. El imperio consolidó su poder y resistió a las invasiones bárbaras.

El Reinado de Justiniano I: Apogeo del Imperio

Es bajo el emperador Justiniano I (527-565 d.C.) cuando el imperio alcanza su máximo esplendor. Justiniano fue un líder visionario que tenía el objetivo de restaurar la grandeza del antiguo Imperio romano y logró recuperar grandes extensiones de territorio, como Italia, el norte de África y parte de España.

Justiniano, que era un militar sin los conocimientos ni la visión precisos para gobernar el Imperio bizantino, se rodeó de consejeros de confianza. El más destacado de ellos fue sin duda su sobrino, Flavius Petrus Sabbatius, al que adoptó como hijo y al que dio el nombre, por el que ha pasado a la historia, de Justiniano. Justiniano heredó de su tío una serie de hostilidades en curso entre el Imperio Bizantino y el Imperio Sasánida.

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En 530, el Imperio Bizantino logró derrotar a un ejército persa en la batalla de Dara (530), batalla de Satala (530), aunque al año siguiente las fuerzas romanas comandadas por Belisario fueron derrotadas pirricamente en la batalla de Calinico (531). A la muerte del rey Kavad I en septiembre de 531, Justiniano concluyó un tratado de paz de duración indefinida conocido como la Paz Eterna con su sucesor, Cosroes I (532).

Al igual que ocurrió en África, los problemas dinásticos en el reino ostrogodo de Italia supusieron una oportunidad para la intervención militar del Imperio Bizantino. A la muerte de Teodorico el Grande el control de la política ostrogoda cayó en manos de su hija Amalasunta, la cual ejerció el poder en nombre del rey niño Atalarico, hasta que éste falleció el 2 de octubre de 534. Ese mismo año Justiniano daría dos golpes de mano que le permitieron tomar Sicilia al mando de Belisario, y Dalmacia al mando del ilírico Mundo.

Belisario invadió Sicilia ese mismo año al mando de 7.500 hombres y avanzó dentro de Italia, saqueando Nápoles y capturando la ciudad de Roma el 9 de diciembre de 536. Allí recibió el ofrecimiento de los ostrogodos de ser proclamado emperador romano de occidente, al mismo tiempo que llegaban al lugar representantes de Justiniano para negociar una paz que situaría la región al norte del río Po en control de los godos.

Conflictos y Desafíos Durante el Reinado de Justiniano

Las políticas y las elecciones de Justiniano, y en especial su opción de utilizar consejeros eficientes aunque impopulares, por poco le cuestan el trono a comienzos de su reinado. En enero de 532, las facciones de las carreras de carros en Constantinopla, que normalmente se encontraban divididas y enfrentadas entre ellas, se unieron en una revuelta contra Justiniano que recibió el nombre de los disturbios de Niká, por el grito de guerra que empleaban los rebeldes (niká, que significa ‘victoria’). Mientras que las multitudes provocaban revueltas en las calles, Justiniano llegó incluso a valorar la posibilidad de escapar de la ciudad, pero permaneció en ella alentado por las palabras de su esposa Teodora. A lo largo de los siguientes dos días, ordenó una brutal supresión de las revueltas por sus generales Belisario y Mundus.

Tras una revuelta contra el imperio en Armenia a finales de la década de los años 530, y posiblemente motivada por las súplicas de los embajadores ostrogodos, el rey Cosroes I rompió la «Paz Eterna» e invadió el territorio romano en la primavera de 540. Primero saqueó Alepo y luego Antioquía (en dónde permitió a la guarnición de 6.000 hombres abandonar la ciudad), asedió Daras, y después se dirigió a atacar al pequeño, pero estratégicamente significativo reino de Lázica, cerca del mar Negro, obteniendo tributos de las ciudades que iba dejando atrás.

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Mientras que el esfuerzo bélico se centraba en Oriente, la situación en Italia empeoró. Los ostrogodos, dirigidos por los reyes Hildibaldo y Erarico (ambos asesinados en 541) y, especialmente, por Totila, consiguieron rápidos avances. Tras su victoria en la batalla de Faventia en 542, reconquistaron las principales ciudades del sur de Italia, y pronto tuvieron en su control la mayor parte de la península. Finalmente, Justiniano envió una fuerza de aproximadamente 35.000 hombres (2.000 de los cuales fueron derivados a invadir el sur de la península ibérica en manos de los Visigodos) bajo el mando de Narsés. El ejército llegó a Rávena en junio de 552 y derrotó a los ostrogodos decisivamente en la batalla del Monte Lactarius, en octubre de ese año, acabando con la resistencia goda.

Expansión y Desafíos Posteriores

Las fronteras del Imperio variaron considerablemente a lo largo de su historia. En su apogeo bajo Justiniano, abarcaron parte de los Balcanes, Asia Menor, Oriente Medio, Egipto, el norte de África e incluso parte de Italia y España. Este período se caracteriza por un renacimiento cultural y económico. Sin embargo, el imperio también enfrentó amenazas externas como las invasiones árabes.

A partir del siglo VII, las invasiones árabes, búlgaras y eslavas comenzaron a debilitar el imperio. Fue una época de declive debido a las guerras, las cruzadas y las divisiones internas. En 1204, Constantinopla fue saqueada por los cruzados, lo que debilitó gravemente al imperio.

Legado del Imperio Bizantino

El legado cultural del Imperio bizantino es inmenso y ha perdurado en el tiempo mucho más allá de su desaparición. Fue un centro de arte, arquitectura y conocimiento. Además, el arte bizantino es conocido por sus impresionantes mosaicos y su arquitectura religiosa, como la famosa iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. El cristianismo ortodoxo también es una parte fundamental de su legado. Por otro lado, la posición estratégica de Constantinopla, situada entre Europa y Asia, fue clave para el imperio.

El arte del Imperio bizantino se caracterizó por su esplendor y simbolismo religioso. Arquitectura: Uso de ladrillo, columnas, arcos semicirculares y cúpulas.

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Finalmente, el golpe definitivo llegó en 1453 cuando los turcos otomanos, liderados por el sultán Mehmed II, conquistan Constantinopla.

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