¿Cuándo Nació LeBron James? Un Recorrido por la Vida y Carrera del Rey
LeBron James, apodado "El Rey", ha sido una fuerza dominante en la NBA desde su debut en 2003. Con una combinación única de habilidades atléticas y visión de juego, LeBron ha sido parte de algunos de los equipos más grandes del país, como Los Ángeles Lakers, ganando campeonatos y premios MVP en el camino.
LeBron James nació el 30 de diciembre de 1984 en Akron, Ohio. Su historia es una de superación y éxito, tanto dentro como fuera de la cancha.
La Conexión con Akron, Ohio
En la vida existen muchas historias que se cruzan a causa de diferentes circunstancias. La de LeBron James y Stephen Curry es una 'ficción' que coincide más que otras. Las dos estrellas de la NBA no comparten solamente cuatro títulos NBA, MVPs y el dominio entero de la liga sino también comparten la región de proveniencia.
Esto no es todo, los dos nacieron, a distancia de cuatro años en la misma ciudad, en Akron, un pueblo de Ohio, pero sobre todo nacieron en el mismo hospital. La 'cuna de oro' de Estados Unidos, Akron , es un pueblo que cuenta con 190.469 habitantes donde dos de ellos ganaron, globalmente, ocho títulos de la NBA, el torneo más prestigioso del mundo de baloncesto.
En 1984, Gloria James dio a luz a su único hijo en ese sitio. LeBron , a diferencia de Steph, siempre estuvo muy legado a sus tierras, a su país. Su infancia pasada ahí le creó la conexión que llevó en las espaldas por toda su carrera. Aunque lejos de su ciudad se catalogó como el 'niño de Akron'.
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A pesar de las palabras de amor directas hacia su pueblo LeBron también es uno de los mayores benefactores de la zona. El jugador creó la fundación que lleva su nombre, 'King James' , que se ocupa de ayudar los niños crecidos en esas zonas y en dificultad como cuando en 2015 pagó la universidad a 2300 chicos que no tenían las posibilidades de acceder a estudios superiores. Esta fue solamente una de las miles de acciones que LeBron finalizó a favor de Cleveland.
El mayor logro del cuatro veces campeón NBA fue llevar el equipo de casa, los Cleveland Cavaliers, a un título inesperado, el primero y único de toda la historia de la franquicia que en 2016 vio el trofeo entrar en su tablero. Sus lágrimas dieron la vuelta al mundo al terminar el partido y su grito «Cleveland, this is for you!» emocionó una ciudad y un estado entero, el de Ohio. Durante las celebraciones en la ciudad declaró «No soy nada sin esta ciudad".
Paralelismos con Stephen Curry
Diferente es la historia de Stephen Curry , un chico que nació en Akron pero siempre fue cambiando de ciudad en ciudad. El motivo es simple, su padre Dell Curry, era también jugador profesional de la NBA y esto lo obligó a viajar mucho durante su carrera. En la temporada 1987/1988 Curry Senior pasó de los Utah Jazz a los Cleveland Cavaliers. Aquí se quedó solamente un año porque después se fue a los Hornets pero, mientras tanto, Sonya Curry dio a luz su primer hijo: Stephen Curry. Esto pasó exactamente en la misma clínica, donde solamente cuatros años antes había nacido LeBron James.
Stephen Curry nació el 14 de marzo de 1988, también en Akron, Ohio. Conocido por su destreza en el tiro de larga distancia y su habilidad para cambiar el juego, Curry ha dejado una marca indeleble en la NBA. Desde su tiempo en Davidson College hasta su estelar carrera con los Golden State Warriors, Curry ha sido un modelo a seguir dentro y fuera de la cancha. Con múltiples campeonatos de la NBA y premios MVP, su legado como uno de los mejores tiradores de todos los tiempos está firmemente establecido.
El jugador de los Golden State Warriors no tuvo durante su carrera el legado a Akron como lo tuvo LeBron. El tiempo pasó y ambos pisaron la NBA, se demostraron campeones, ganaron MVPs, ocho campeonatos totales y, curiosamente, se enfrentaron en cuatro NBA Finals consecutivas . Aquí se encuentra el milagro de Akron: dos de los jugadores más determinantes de este siglo nacieron en la misma sala.
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Un Momento Decisivo: El 7 de Junio de 2012
Para entender la magnitud de la carrera de LeBron James, es crucial recordar un momento específico: el 7 de junio de 2012. Quinto partido de las Finales de la Conferencia Este. El reloj marca 58 segundos para que finalice el encuentro. La afición del American Airlines Arena empuja a sus jugadores en la que puede ser una defensa decisiva. Todo el escenario se reduce a dos jugadores. LeBron James mantiene la mirada fija en Paul Pierce, dueño del balón. El de verde encara al ‘6’ de los Heat con un par de botes bajos y se levanta. Triple. Silencio en el pabellón. ‘The Truth’ se gira sonriente y se dirige al banquillo mientras hace gala de su sangre fría.
LeBron, que ha rozado la falta para evitar el triple del rival, no llega a comprender lo que acababa de ocurrir. La historia volvía a repetirse. Tras remontar un 2-0 inicial en la serie, los Celtics disponían nuevamente la oportunidad de ajusticiar al flamante MVP de la NBA - tercero en su haber - y resarcirse de la dura eliminación vivida la campaña anterior. Otro año sin conseguir aquello que más ansiaba: el anillo de campeón. Las críticas se cebarían con él, como había sucedido desde que se agenció la primera posición en el Draft de 2003. En aquellos instantes, miles de ideas recorrían su mente. La palabrería vertida en su presentación con los Heat le sobrevolaba la cabeza. «Not five, not six, not seven…». ¿Realmente era tan costoso el precio del éxito? Hacía apenas un año los Mavs dejaron a los de Florida en evidencia.
Tras ello, LeBron había decidido cambiar sus hábitos: leía libros, se mostraba más humilde y trataba continuamente de cohesionar a sus compañeros y ser más líder que nunca. Tal vez ningún deportista jamás había sido sometido a tanta presión. Por aquel entonces James era con diferencia el jugador más odiado de la liga. Repudiado por los aficionados tras su marcha de Ohio, tanto por las formas como por el hecho en sí mismo, la gran mayoría esperaba ver una nueva caída del Rey. Una de la que no pudiera levantarse.
En Massachusetts estaban preparados para dar la estocada final. El TD Garden vestiría sus mejores galas para llevar a sus Celtics a una nueva final y ejecutar al Rey frente los ojos de todo el mundo. Sin embargo, después de sufrir la daga de Pierce, algo despertó en su interior. Una esencia que ha vivido en él hasta el día de hoy. Un aura que por momentos le hace parecer más una deidad que un simple jugador de baloncesto. LeBron se sumió en su mundo. No intercambió palabra ni con sus compañeros ni con sus entrenadores después de la derrota. No podía permitir que Miami perdiera la eliminatoria.
Llegó el día del juicio. James apareció tranquilo en el pabellón, sin parafernalias, y se dirigió al vestuario visitante. Con algunas horas de margen, aprovechó para evadirse mediante un libro. El archiconocido Sinsajo, tercer ejemplar de la trilogía de Los juegos del hambre. Todas las cámaras se posaban sobre él. David Fizdale, asistente de Erik Spoelstra durante aquellos fructuosos años, fue una de las personas que vivió de cerca aquel proceso de redención que duró casi 48 horas. El propio Wade le confesó que no había nada de qué preocuparse. Dentro de la organización, todos sabían de la importancia de aquella noche para LeBron. Todos sabían que tenía que ganar el próximo partido.
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Era la hora. Más de 18.000 espectadores se habían congregado para ver la última caminata del monarca. Su penitencia hacia el cadalso. Con semblante impasible, el Rey se enfrentaba a una última batalla. Estaba calmado, pues era consciente de que todo dependía de él. Sabía que era capaz de lograrlo. Ya no era el jugador inmaduro que se desesperaba inútilmente en Cleveland. Los quintetos de ambos equipos saltan a la cancha, pero solo uno de ellos acapara todas las miradas. Sus ojos lo dicen todo. Agachado y apoyado sobre sus propios muslos, James alza la cabeza.
El partido comienza de poder a poder, con cada escuadra llevando su plan a cabo. Sin embargo, tras varias jugadas iniciales hay algo que empieza a alertar al público: Paul Pierce se ve netamente superado por James. Abierto, en penetración, al poste… el repertorio ofensivo del Rey parece no tener fin. Boston no consigue acertar con la tecla. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo y la ventaja visitante va in crescendo. Un murmullo comienza a recorrer las gradas del pabellón. Quizá sabedores de lo que está por acontecer.
Con poco más de un minuto para llegar al descanso, Chris Bosh recibe en la zona. Defendido por Ray Allen, aprovecha su ventaja en centímetros para soltar una especie de gancho sin demasiada fortuna. Brandon Bass y Kevin Garnett se disponen a coger el rebote cuando una sombra roja les sobrevuela y hunde la bola con una violencia pavorosa. Juwan Howard lo ve claro: los Heat van a volver a Miami y tendrán la oportunidad de ganar las Finales de Conferencia por segundo año consecutivo. 30 puntos de James al finalizar el segundo periodo.
Tras la reanudación el partido continúa el mismo esquema que en el primer tiempo, con LeBron algo más comedido pero igual de resolutivo cuando el balón recae en sus manos. No hay opción para los aguerridos locales. El encuentro se cierra con un contundente 98-79 para Miami. La eliminatoria vuelve a Florida con la sensación de que el resultado depende meramente del concurso de un único jugador. Saldo final para James: 45 puntos, 15 rebotes y 5 asistencias, con un 19 de 26 en tiros de campo ante la segunda mejor defensa de la temporada.
Aquel fue el día en que se forjó el hombre a quien comparan con Michael Jordan. La historia que aconteció después es de sobra conocida: los Heat sentenciaron el séptimo en casa y arrollaron a unos inexpertos Thunder en la final por 4-1. LeBron fue nombrado MVP de las Finales. Aquel día, hace seis años, estuvieron prestos a sepultar su figura.
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