Culebra que Toma Leche Materna: Mito o Realidad
Las serpientes, debido a sus movimientos de reptación, su habilidad para desaparecer repentinamente, el brillo y la fuerza fascinante de sus ojos, han sido la fuente de numerosas leyendas. Especialmente a consecuencia de su fatal mordedura, el temor ancestral llevaba a deidificarlas para aplacar su furia, o a ser consideradas como el origen de todos los males, la encarnación del demonio.
Pero más allá del miedo sobre la serpiente existe una gran admiración, pues el hombre primitivo la consideraba como un ser poderoso, e incluso hoy, se la venera. Su verdadera naturaleza se ve deformada y disfrazada por la superstición. La presencia simbólica de la serpiente aparece en culturas primitivas actuales, en el Egipto antiguo, en la mitología griega y romana, en la Biblia, en la América Precolombina y en el folklore actual.
Las numerosas alusiones al símbolo de la serpiente en todas las culturas, hace pensar que este reptil constituye uno de los arquetipos fundamentales que la humanidad haya inscrito en su memoria.
¿Denigradas o Idolatradas?
Pocos animales han alcanzado en las tradiciones míticas y religiosas un significado tan diverso y ambivalente como la serpiente. Según la opinión popular, la serpiente comía polvo (Gen 3,14, Miq 7,17 e Is 65,25). Es temida (Sab 17,9) por su astucia (Gén 3,1) y por su veneno (Sal 140,4) y como símbolo de falsedad (Gen 48,17), maledicencia y difamación (Sal 140,4) astuta malignidad (Mt 3,7; 23,33), peligro mortal (Eclo 21,2; Prov 23,32) pero también caracterizada por su sagacidad.
Al decir que la serpiente es el más astuto de todos los animales del campo que Yahvéh Dios había creado, el hagiógrafo da a entender que en la elección de este animal, cuya astucia era proverbial (Mt 10,16) han sido causas determinantes sus costumbres y su aspecto externo (Prov 30,19).
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La serpiente era considerada en el folklore popular como animal maligno, astuto y traidor por excelencia. En muchos pueblos antiguos, como describiremos a continuación, era objeto de culto como diosa de la fecundidad. El autor bíblico elige a la serpiente como figura de un ser inteligente y malhechor, enemiga de Dios y del hombre y que la revelación posterior y la tradición cristiana han identificado con el demonio. Esta herencia simbólica negativa queda plasmada en el relato donde la serpiente tienta y engaña a Eva (Gén. 3, 1-5) y Dios se presenta como juez que inquiere lo sucedido.
En la pena impuesta a la serpiente hay que distinguir la expresión externa tomada de las características de la serpiente y de la espontánea aversión que hacia ella se siente y el contenido metafórico que va directamente contra el demonio tentador (Gén. 3, 14).
La sentencia divina contra las serpientes: “Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás del polvo de la tierra todos los días de tu vida” será motivo de inspiración de una de las más insólitas fábulas cristianas donde se narra que cuando la Virgen huía hacia Belén intentando salvar la vida del hijo que llevaba en su vientre, Jesús, y siendo acompañada por José, iba ella montada en mula cuando en el camino una serpiente se atravesó a los pies del cuadrúpedo provocándole un susto tal, que comenzó a brincar y a punto estuvo de caer María de ella.
Los indios chiriguanos, que todavía pueblan una extensa zona de Bolivia, mantienen la creencia de que cuando una niña por primera vez experimenta el ciclo menstrual, no duda en manifestarlo a una vieja hechicera con la seguridad de que ésta, con una numerosa compañía armadas de garrotes, no vacilarán en internarse en los campos para dar golpes a diestra y siniestra hasta hacer pedazos a las serpientes causantes del mal.
Cuando alcanzan la pubertad las jóvenes de algunas tribus del África del Sur celebran una ceremonia en la cual las niñas danzan hasta caer rendidas en torno a una gran serpiente de madera o de barro cocido.
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En las zonas rurales alemanas se mantiene la creencia de que enterrando los cabellos de una mujer menstruante, nacen serpientes, y en distinta forma esta superstición está enraizada en los campos de América donde se afirma que las trenzas de una mujer untadas con grasa de ampalagua, para que se conserven fuertes y brillantes, se convierten en serpientes apenas traspasan los umbrales de una iglesia.
A lo largo y ancho de Mesoamérica, la serpiente posee un sentido fertilizante y anuncia a las lluvias bienhechoras que producirán abundantes cosechas. En los muros de Bonampak (México) se ven pintadas algunas danzas de tipo ceremonial. Se ejecutaban para influir favorablemente en los resultados de la caza y para obtener buenas cosechas, y tenían un carácter religioso ya que los que participaban observaban periodos de continencia y de ayuno.
Los tchokwé de Angola aseguran la fecundidad de sus mujeres colocando una serpiente de madera en la cama matrimonial. Los tupí - guaraníes del Brasil consideran que nada puede asegurar mejor la fecundidad de una mujer que los golpes en las nalgas utilizando una piel de serpiente.
Actualmente, en la ciudad india de Silaba, todos los veranos se celebra una festividad para conmemorar su especial relación con las serpientes. Los días anteriores a la fiesta se da una cacería de serpientes en los campos y alrededores de la ciudad y con un desfile de serpientes comienza el festejo. Todo el gentío acude a admirar a las cobras y a presentar sus respetos, de esta forma los habitantes de la ciudad renuevan el pacto con el dios Shiva. Después de la fiesta se deja a la cobra donde fue encontrada y se las libera con gran gratitud y así las cobras no le harán daño en el resto del año. Las serpientes son consideradas como símbolo de la fertilidad en toda la India y las mujeres hindúes que desean ser fértiles adoptan a una cobra hembra.
En las tradiciones orales de los vascos se cuenta que una deidad masculina de serpiente, el Sugaar, protege los rebaños, aumenta la fertilidad de los animales domésticos, tiene poderes curativos y ahuyenta tanto a la muerte como a la enfermedad.
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En A Pedra da Serpe de Penalba (Pontevedra), se efectuaba un rito de fecundidad, que consistía en que los casados sin hijos, debían ir de noche a la piedra del petroglifo y realizar allí el acto sexual. Para que la ceremonia tuviese éxito, debían llevar un cuartillo de leche sin hervir de vaca, que estuviese criando a un becerro, mientras la pareja yacía allí, la serpiente bebería la leche. En este mito la leche sirve para desencantar a la serpiente, conjurarla para recibir su favor y conseguir que la pareja estéril pueda procrear hijos.
Referencias bíblicas y de los autores de la Antigüedad clásica, contribuyeron a la imagen medieval de la serpiente como un ser asociado al mal y a los vicios. Los naturalistas antiguos aceptaron la idea de que las serpientes son malvadas, por su aspecto repulsivo se le asocia generalmente como genio de mal, con las tinieblas, con la tierra.
El gran naturalista, Linneo, las describió de la siguiente forma: “cuerpo frío, color pálido, esqueleto cartilaginoso, piel sucia, aspecto feo, ojo calculador, olor ofensivo, voz ronca y veneno temible”. Francis Buckland escribió en 1858: “Las serpientes son las criaturas menos tiernas y bárbaras”.
Esto contrasta con los relatos y leyendas en las que se habla de la actuación benefactora de las serpientes, que protegen a aquellos que son atacados defendiéndolos y muestran sus sentimientos de afecto y fidelidad. Pausanias hace mención a la intervención milagrosa de una serpiente en la guerra entre los arcadios y helenos. El poeta Homero, refiriéndose a la serpiente, dice que es un ser que puede transmitir a los mortales la voluntad de los dioses.
Para la mentalidad popular de los pueblos antiguos, la serpiente era un animal considerado inmortal, ya que aparecía en primavera renovado, tras el largo letargo invernal, y por tanto era considerado como símbolo de inmortalidad. Y los escritores romanos como Ovidio, Plinio y Eliano recogen la curiosa creencia de que la médula espinal del hombre sobrevive en la tumba en forma de serpiente.
En la India prevédica las serpientes eran los dioses y guardianes de las aldeas. El culto de las serpientes está tan difundido en este país que cada año, en diferentes regiones, poblaciones enteras adoran al dios Serpiente, como en el caso de los mirasans del Punjab.
Leche y Culebras: Creencia en Asturias
Todavía hoy, sorprendentemente, es creencia general y común en Asturias que las culebras maman tanto de las vacas, como de las mujeres. La culebra tiene un mamar muy dulce. E hipnotiza. Hipnotiza a la madre que da de mamar. Luego ella mama y mete su cola en la boca del niño, que sigue dormido succionando, mientras ella se lleva la ganancia.
La culebra se enrosca a las patas traseras de las vacas para mamar. Una leyenda narrada por una anciana, me decía cómo en tiempos se había matado un cuélebre (serpiente alada de la mitología asturiana) poniendo a hervir una gran olla de leche frente a su morada.
Historias como estas empapan la vida de miles de asturianos a diario.
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